Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

En Defensa de los Binoculares

Nada mejor para observar el cielo como unos buenos binoculares.  Con ellos, en una sola “apuntada”, puedes ver casi 5 veces más estrellas de las que muestra un telescopio típico.  Mejor aún, con los binoculares puedes usar tus dos ojos (que por algo es que vienen por pares).  Los binoculares son livianos, portables, baratos y para terminar de ajustar, cuando esta de día, puedes usarlos también para observar otro tipo de “cuerpos celestes”.  

“Día por medio me ofrecen telescopios a la venta, pero en mi vida he comprado unos binoculares de segunda ”
Febrero 6 de 2014
http://bit.ly/trino-binoculares

Los telescopios están sobrevalorados como herramientas para la observación astronómica espontánea.  Cuando se observa el cielo por placer, para identificar estrellas invisibles a simple vista u objetos de “espacio profundo” y en general, pasar un buen rato, usar un telescopio es lo último que le recomendaría a cualquier entusiasta.

Para estas cosas existe un instrumento mucho mejor diseñado y que en términos efectivos brindará más y mejores resultados.  Se trata de los binoculares o prismáticos.

Los binoculares no son otra cosa que un par de telescopios puestos uno al lado del otro y apuntando exactamente en la misma dirección.  Mirar a través de ellos es toda una experiencia.  Contrario a lo que vemos en las (viejas) películas, en la que la imagen de unos binoculares aparece como dos óvalos superpuestos, cuando miramos a través de estos instrumentos, el cerebro fusiona las imágenes obtenidas por ambos telescopios, creando una única imagen circular que da la increíble sensación de haber metido la cabeza en aquellas cosas que se estan observando.

Para mí es sencillamente increíble que la mayoría de las personas prefieran meter su ojo en un “pitillo” óptico (un telescopio) que usar unos simples binoculares, que dicho sea de paso, juraría están en el 50% de los hogares de todo el mundo.

Pero, aparte del hecho que observar con dos ojos es mejor que con uno solo ¿cuáles son razones “poderosas” para preferir unos binoculares a un telescopio?

El primero y más obvio: son livianos y portables.  Salir con unos binoculares a un paseo con los amigos es tan fácil como meter la pantaloneta de baño para la eventualidad que nos topemos también con un “charco”.  Pero salir con un telescopio (decente) es una verdadera aventura.  Un telescopio completo puede robarle al baul del vehículo la mitad del espacio necesario para acomodar la pelota, las chaquetas, la maleta de la tía y todos esos implementos imprescindibles en el paseo.

Pero un momento.  No se confíen.  Cargar unos binoculares también requiere de cuidado.  No se recomienda meterlos en el baul del vehículo (al lado de los patines de la muchachita) o ponerlos en el piso mientras nos dirigimos a nuestro destino por una carretera de dudosa cobertura asfáltica (¡una carretera destapada!)  Llévelos siempre en un lugar donde no puedan golpearse.

Esta medida elemental de cuidado evitará que se “descolimen”, es decir, evitará que los dos “telescopios” siameses pierdan la alineación.  Mirar por unos binoculares descolimados es lo más cercano a hacer viscos a las bravas: terrible.  De todos los binoculares que hay en los hogares del mundo, juraría que el 95% están descolimados (y nadie parece darse cuenta).  Pare de leer y revise los binoculares de su casa.  Si los encuentra en esta condición busque ya al experto en mantenimiento óptico más cercano y pídale que los colime (en realidad le va a tocar pagarle)  Ya verá el resultado: nada más fantástico que mirar a través de unos binoculares perfectamente colimados.

La segunda razón para gastarse esa platica en unos binoculares en lugar de un telescopio, es el denominado “campo de visión”.

Cuando se mira sin instrumentos el cielo (es decir a ojo empelota o desnudo)  podemos captar una porción enorme de la esfera celeste: 30 grados en todas direcciones.  En este “campo” cabe 1 constelación completa.  Sin embargo cuando usamos instrumentos ópticos, el campo de visión se reduce considerablemente.

En unos binoculares el campo de visión (o field of view, FoV, para el gringo) oscila entre 2 y 10 grados, es decir es entre  6 y 30 veces menos que con el ojo empelota.  Si esta reducción les parece terrible, dejen que les de del campo que de un telescopio típico.  Dependiendo de la longitud focal y el tipo de ocular que se use, el campo de un telescopio puede estar fácilmente por debajo de 1 grado.  1 grado de cielo es la porción que se tapa cuando se extiende una mano… y se usa la punta del meñique para tapar el pedacito de cielo a dónde esta mirando el telescopio.

Pero esto no es lo peor.  Cuando se usa un telescopio para ver detalles en Júpiter o “deleitarse” con los anillos de Saturno, el campo de visión puede reducirse a menos de 1/6 de grado, es decir casi 400 veces menos que con el ojo desnudo.

Observar el cielo nocturno a través de un telescopio es como ir de visita a un museo y mirar las exposiciones a través de un pitillo.  Puede que los expertos disfruten mirándole las pecas a la “Monalisa” (así como los astrónomos avezados gozan viéndole el “bulbo” a Andrómeda, la galaxia), pero un visitante que llega por primera a un museo y que a duras penas sabe dónde esta la cafetería, tiene que ver tanto como sea posible.  Así mismo, si tu experiencia más larga mirando el cielo es cuando te fijas si va a llover, lo último que deberías usar es un telescopio.

La tercera razón para usar binoculares en lugar de telescopio al mirar el cielo por placer, es que, aunque parezcan pequeños y livianos, unos buenos binoculares pueden mostrar casi 5 veces más cosas que un telescopio.  Si bien es cierto que los telescopios típicos son más “bocones” (tiene lentes o espejos principales más grandes) y por la misma razón, pueden captar más luz que los binoculares, su campo de visión reducido y otros parámetros ópticos, limitan lo que pueden enseñarnos.

Así por ejemplo, al mirar a través de unos binoculares “7×50” (ya voy a explicar qué es eso) se pueden ver en promedio unas 300 estrellas en el campo de visión.  En cambio, usando un telescopio de casi el doble de diámetro a duras penas verás unas 60 estrellas en el mismo campo.  Espero que no empiecen a contar estrellas la próxima vez que miren a través de estos instrumentos.  Deben recordar que esas cifras son solo unos promedios.

Otra razón para que veamos más cosas por unos binoculares que por un telescopio, es que las imágenes que forman los primeros son más “ricas en luz”.  En la mayoría de los telescopios, no toda la luz que captura el objetivo llega a la pupila humana.  La cantidad de luz que baña al ojo al mirar por un instrumento óptico la llamamos “pupila de salida”.  En unos binoculares la pupila de salida es igual a la división entre el diámetro (el 50 en 7×50) y la magnificación o los aumentos (el 7 en 7×50).  En este caso la pupila de salida es cercana a 7 (= 50/7 milímetros).  Para unos binoculares 20×50 la pupila de salida será 2.5 milímetros.  En condiciones de completa oscuridad el diámetro de la pupila humana es justamente 7 mm.  Entre más grande la pupila de unos binoculares (siempre y cuando no pase de 7 mm) más brillantes y nítidas las imágenes.  Así, los binoculares 7×50 darán una experiencia de observación más “luminosa” que unos 20×50.  El problema es mucho más complejo que esto, pero ya ahí hay una guía interesante para escoger los binoculares que quieres de traído del niño dios.

Por último y no menos importante.  El costo.  Unos binoculares buenos pueden costar entre 2 y 3 veces menos que un telescopio mediocre.  Incluso unos binoculares “profesionales” no pasan de entre unos 200 a 300 dólares.  Bueno, bonito y barato.  ¿Qué más les pide el cuerpo?

Pero, como decimos en mi tierra, “de eso tan bueno no dan tanto”.  Dígame ahora qué tienen de malo.  En realidad poco o casi nada.  Con ingenio suficiente el defecto de unos binoculares se puede convertir en una ventaja.

Hay un par de cosas desagradables que hay que reconocer tienen los binoculares.  La primera es que deben sostenerse con la mano.  Nuestro “oscilador” interno, hace prácticamente imposible mantener unos binoculares quietos (por mucho que queramos).  Como resultado, ver detalles en la Luna o un objeto muy débil, puede ser bastante problemático.

Este inconveniente se vuelve más grave cuando los binoculares se hacen más pesados (20×80, 10×70) o tienen mayores aumentos (los aumentos hacen crecer a los objetos celestes pero también amplifican los temblores).  La solución es bastante simple (aunque no gratis): al comprar unos binoculares grandes o de gran magnificación es obligatorio comprar un trípode.  Punto.

Con los binoculares difícilmente vas a ver la gran mancha roja o la división de Cassini en los anillos de Saturno (para ello necesitarías 100 a 200 aumentos).  Tampoco verás las montañas de la Luna o los canales de Marte.  Pero, ¿quién dijo que ver esas cosas con un telescopio era fácil?

Contrario a las imágenes espectaculares del cielo que vemos en los medios y en Internet, ver a través de un telescopio a Júpiter o Saturno, puede ser bastante desalentador.  Para obtener buenas tomas o imagenes hay que tener un telescopio con seguimiento automatizado y una buena óptica.  Difícilmente puede hacerse algo si no se tiene  también una cámara fotográfica.

Así pues amigo, entusiasta de la astronomía; la próxima vez que le caiga una platica y se la quiera gastar en su hobby, olvídese de comprar un telescopio (a no ser que sepa exactamente como usarlo)   En su lugar y con la misma platica, cómprese unos binoculares decentes, un tripode firme y una silla de observación.  Si tiene suerte hasta le quedará plata para una cámara.

Cualquiera sea el caso ¡cielos claros!

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