Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

Enseñar y Administrar Investigando

Se esta hablando por estos días de un tema que ha estado en el aire por décadas en el entorno universitario: ¿son los profesores de planta en las universidades, con contratos fijos y carreras de investigación que se sobreponen a sus obligaciones docentes, buenos o malos para la educación universitaria? He aquí una visión del asunto desde la perspectiva de alguien, que como yo, podría considerarse uno de esos “profesores problema”

“Un verdadero maestro no te enseña, te hace amar tanto lo que sabe que después te es imposible no aprenderlo por tu cuenta #ReglasDeLaVida” 
Febrero 14 de 2013
http://bit.ly/trino-maestro

La mayoría de quienes nos educamos para ser científicos, aspiramos que algún día nos paguen para hacer investigación.  Ciertamente muchos científicos encuentran su lugar  en sectores de la sociedad ajenos a la academia, que van desde la industria hasta las finanzas, pero no nos digamos mentiras, la mayoría lo que queremos, profundamente, es hacer lo que han hecho los científicos desde Galileo.

Pero pagar a alguien solo por investigar es muy costoso.  Con beneficios que solo se obtienen a largo plazo y contribuyentes que quieren ver su plata convertida en cosas tangibles en plazos menores al tiempo entre juegos olímpicos, la mayoría de las sociedades humanas han optado por crear modelos para mantener a los costosos investigadores científicos. mientras producen resultados que la sociedad pueda reconocer.

La educación es uno de esos sectores en los que los investigadores han encontrado un nicho laboral natural.  Con un mundo más grande y demandas de poder intelectual cada vez mayor  ¿quién no necesita una educación del más alto nivel? y ¿quién la puede ofrecer mejor que alguien que conozca de primera mano la ciencia y la técnica porque justamente se la esta inventando?  Puede que ese no sea el origen histórico de la relación entre las universidades y la investigación, pero la verdad es que actualmente la cosa funciona así.

Ahora bien.  No hay que olvidar tampoco que siendo una actividad humana tan compleja, que requiere habilidades altamente específicas, el desarrollo a largo plazo de la ciencia (es decir la formación de nuevos científicos) exige a los mismos científicos ser maestros de sus propias disciplinas.  De no serlo ¿quiénes enseñarían a hacer ciencia a las nuevas generaciones?

El vínculo entre investigación básica (como un “mal necesario” en todas las sociedades modernas) con los centros de educación universitaria, donde no solo se enseña a científicos sino a todo un ecosistema de profesionales, ha estado sin embargo viciado, creo yo, desde el principio.  La investigación en la Universidad, la inevitable docencia y todas las otras actividades que vienen adjuntas con la fortuna de tener un contrato de trabajo a tiempo indefinido, son normalmente consideradas actividades, sino totalmente independientes, por lo menos con una intersección mínima.

Obviamente todos reconocemos que las labores administrativas son las que garantizan que llegue la plata a nuestros proyectos de investigación; también sabemos que los cursos son una buena manera de descubrir estudiantes talento para convertirse en nuestros asistentes como investigadores.  Pero yo no me refiero a este tipo de “acoplamiento mínimo” entre la trinidad investigación-docencia-administración.  Al fin y al cabo, para lograr lo anterior, un investigador bueno podría prescindir de las actividades administrativas contratando una buena secretaria y no tendría que convertirse en un buen profesor o dictar cursos para que le llovieran estudiantes con talento.

Yo estoy convencido, y creo que así actuo en mi día a día como “Profesor Problema”, que intenta no serlo, que una posible salida para la problemática expuesta al principio es la de reconocer que la administración, la docencia y la investigación en las Universidades podrían tener un “acoplamiento máximo” que garantizara que tantos tipos inteligentes dieran lo mejor de sí en cada uno de esos frentes.

El aprendizaje y la enseñanza están posiblemente entre los problemas científicos más difíciles de todos los tiempos.  Investigador de cualquier disciplina de la ciencia que no reconozca algo de verosimilitud en esta afirmación es porque desconoce la literatura que se ha escrito  por décadas sobre el problema.  Hoy, este, que deberíamos llamar “El” Problema, sigue abierto y una solución satisfactoria, un modelo científico efectivo, parece estar lejos de encontrarse.  Me atrevería a apostar que sabremos primero qué es la energía oscura o para qué sirve el DNA basura, antes que develar satisfactoriamente los misterios del aprendizaje y la enseñanza.

Lo que parecen desconocer todos los genios investigadores de las Universidades, que repelen con vehemencia cualquier responsabilidad que los ponga en frente a un grupo de estudiantes, es que la única manera de resolver los misterios de la enseñanza y el aprendizaje es justamente haciendo lo que ellos son obligados a hacer.  Tal vez nadie les ha contado lo que tienen entre manos.  Tal vez quiénes administran la educación justamente son los que menos saben que más que una máquina para producir gente con habilidades intelectuales, la educación superior es en realidad un laboratorio de ciencia avanzada.  Ciencia que también produce papers para Science y Nature y en la que se pueden obtener recursos para viajar por el mundo y comprar computadores.

¿Cómo serían las universidades si a todos los investigadores que hacen docencia, esta actividad se les asignará no como parte de un trabajo rutinario, que deben hacer porque lo incluye su contrato de trabajo, sino como parte de su propia contribución al crecimiento de la ciencia?

Soy consciente que la respuesta de la mayoría será que a los Astrofísicos o los Químicos Computacionales no se formaron para hacer investigación “humana”.  Una “inmensa minoría” de esos profesionales altamente especializados raramente siente esa fascinación por los complejos mecanismos de la mente, propia de los que se formaron como psicologos o antropologos.  Pero, ¿no es esto en realidad un prejuicio?  Un buen científico es sencillamente una persona curiosa, dispuesta a poner sus habilidades a disposición de cualquier problema que pueda ser atacado con el rigor y la disciplina de la ciencia.  La enseñanza y el aprendizaje necesitan muchos buenos científicos trabajando día y noche para formular preguntas y proponer soluciones a sus problemas.

Lo que soy yo me le apuntaría a esta aventura. En realidad ya lo hice.  A principios de 2013 tuve la oportunidad de recibir (a regañadientes) una capacitación de un grupo de biólogos (doctores en biología) sobre una modelo de enseñanza que se conoce como “Scientific Teaching”.  A pesar de recibir inicialmente el modelo en cuestión con el mismo escepticismo (e incluso desprecio) con el que vemos los científicos los problemas de las ciencias humanas, no tarde mucho en darme cuenta de lo mal científico que había sido hasta ese momento al menos en lo que en relación con el problema de la educación se trataba.  Una frase de los instructores de aquel taller quedo martillando en mi cabeza desde entonces: “si eres un científico tan riguroso, que no escribe nada en un paper sin poner 2 o 3 citas a la literatura que soporte cada afirmación que haces, ¿cuántos papers de educación lees antes de dar una clase?”

Yo no sé ustedes, pero a mí esto me cayo como un baldado de agua fría.  En ese momento me di cuenta que en lo que a la educación respecta, había sido durante casi toda mi carrera como profesor universitario, un verdadero “tegua”; alguien que solo se había guiado por intuiciones y prejuicios y no por la evidencia científica acumulada sobre el problema.  Hoy trato de leer un poco la literatura científica sobre como funciona la mente de mis estudiantes e involucro métodos e instrumentos de medida (educativos) en mis clases.  Estoy a años luz de ser un investigador didáctico pero por lo menos hago el esfuerzo.  Y les confieso: la cosa me ha gustado y no esta muy lejos de lo que hago día a día como investigador en otras áreas.

Con la administración pasa algo parecido (guardadas las proporciones).  Creo yo que los científicos universitarios podrían hacerlo mejor si se les formulara la administración también como un problema de investigación.  Al fin y al cabo ¿no hay también problemas que resolver en la administración en los que una buena dosis de disciplina científica y habilidades especializadas no hagan falta?

Tuve también recientemente una experiencia con este tema cuando participando de un “comité” en mi Facultad (justamente de esos que todos los científicos-universitarios maldecimos) descubrí que había un problema que podría ser solucionado con los mismos métodos que estaba aplicando para la solución a problemas de mecánica orbital (!).  Cuando me di cuenta de ello, el comité se volvió para mí en una experiencia científica similar a una reunión con colegas para discutir el contenido de un paper.  Puse mi creatividad al servicio de algo para lo que no creía que pudiera servir.  Como resultado, hoy la solución que estoy ofreciendo para el problema ha prosperado en las divisiones administrativas de la Facultad y quién sabe ¡hasta un paper podría escribir sobre el tema!.

En conclusión es cierto que los profesores-investigadores-administradores de nuestro modelo presente de universidades parecen estar dando muchos problemas, por lo menos para uno de los protagonistas de esa “trinidad”, lamentablemente el más sensible: la docencia.  Sin embargo la solución no puede ser tener investigadores puros y profesores puros.  Los investigadores también tienén que ofrecer lo suyo a estudiantes y los profesores tienén que investigar para darle a los estudiantes una dimensión de a lo que se enfrentarán.  Una posible salida es considerarlos a todos investigadores, pero de problemas diferentes.  Y no hacerlo tan solo a nivel nominativo.  Se debería incluir consistentemente dentro de sus contratos de trabajo y compromisos adquiridos.  Los “investigadores” en general deberían tener una carga de “investigación docente” cada período y como en toda investigación presentar periódicamente “resultados” de sus labores (incluso en la forma de papers y participación en eventos)

Les aseguro que el resultado podría ser más significativo de lo esperado.  Se los dice un “Profesor Problema” que esta tratando de cambiar.

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2 pensamientos en “Enseñar y Administrar Investigando

  1. Un artículo fantástico, me ha encantado. Gracias por compartirlo.

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