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Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

El Cosmos de Sagan

Hoy, 9 de marzo de 2014 se estrena en Estados Unidos (y el martes 11 en el resto del mundo) una nueva era de la que ha sido quizás la serie de divulgación científica para la televisión mas exitosa e influyente de todos los tiempos: Cosmos.  Su creador, escritor, productor y presentador, Carl Sagan no solo se convirtió en una figura de referencia en la divulgación de la astronomia sino que ademas (y como poca gente sabe) fue un prolijo cientifico planetario.  ¿Podrá esta nueva etapa de la serie competir en contenido e influencia a la mítica serie de los años 80?  Los que recordamos y vivimos el Cosmos de Sagan esperamos que así sea.

“Hay cosas que el nuevo Cosmos no tendrá: no tendrá la emoción del Voyager, ni el teatro, pero lo más lamentable es que no tendrá a Sagan
Marzo 9 de 2014
http://bit.ly/trino-cosmos

Carl Sagan entre los más fantásticos modelos planetarios que vi jamás

Carl Sagan entre los más fantásticos modelos planetarios que vi jamás

Muchos científicos y entusiastas de la ciencia que crecimos con la poderosa influencia de las sugestivas reflexiones y el tono emocional de Sagan, en una epoca en la que la única divulgación que escasamente veíamos era la de los programas educativos, le debemos al mismo Sagan y a su serie, una sensibilidad especial por la ciencia en su conjunto.

Los que lamentablemente no alcanzaron a ser influenciado por el Cosmos de Sagan, en las etapas mas sensibles de su vida, tal vez vean la serie original como una producción “ochentera”, presentada por un señor vestido a la usanza de finales de los 70, hablando de todo y a veces muy poco de astronomia y que dificilmente podría competir en espectacularidad y contenido informativo con las mega producciones actuales.

¿Qué tiene entonces de especial el Cosmos de Sagan y que todos los que crecimos con su decisiva influencia esperamos no pierda el nuevo Cosmos?

Si tuviera que empezar por lo primero que se me venga a la cabeza (y no necesariamente por lo mas importante) diría que el Cosmos de Sagan tenía a Sagan.  Su característico saquito de cuello alto y saco con parches en los codos, se convirtió para nosotros en la inconfundible presencia de esa poética versión de la ciencia que transmitía en la pantalla. Aún si el nuevo presentador, el carismático divulgador Neil deGrasse Tyson, se pusiera el mismo atuendo, dificilmente igualaría la personalidad de Sagan.  De todos los rasgos de esa personalidad, que posiblemente interpretaba solo como un actor, y uno muy convincente ante las cámaras, estaba esa continua fascinación que se reflejaba en su rostro cuando hablaba de casi cualquier cosa.  Al mismo tiempo, ese mismo rostro, que para un joven como yo, era el de un verdadero sabio, un ídolo, demostraba una genuina humildad frente a la pequeñez y fragilidad del hombre ante el Universo, humildad que por lo menos para mí fue aleccionadora.

Una “sonrisita” permanente  que se dibujaba en su cara (que vemos incluso en la escena que ilustra esta entrada) parecía demostrar como el conocimiento puede hacer feliz a alguien.  Consciente o inconscientemente esa sutil felicidad reflejada en el cara de Sagan terminó por hacer que muchos de nosotros, tal vez por simple efecto de neuronas espejo, sintiéramos una felicidad parecida cuando aprendíamos algo nuevo de él o de alguien más.  Soy escéptico pero realmente espero que deGrasse Tyson alcance a transmitir la misma humildad, la misma felicidad genuina, que quedo tatuada en nuestras mentes después de ver a Sagan en los 80 y 90.

La segunda característica del Cosmos de Sagan y que definitivamente hizo a esta serie histórica, es que sus capítulos no necesariamente trataban todo el tiempo de astronomía.  En contraposición con las a veces empalagosas series de hoy, tal y como la muy popular serie “Universo” de History Channel, cada capítulo del Cosmos de Sagan abordaba las temáticas centrales, desde perspectivas tan distintas como la vida personal de los protagonistas hasta el funcionamiento de la sociedad o del cerebro.  Debo confesarles que mi cerebro juvenil, ansioso por saber más de astronomía, se impacientaba ante esos (supuestos) “detours” y añoraba el momento en el que volvieran a aparecer las imagenes del Voyager, la representación de las galaxias o las estrellas.  Hoy, al mirar en perspectiva, me doy cuenta que lo que más aprendí en el Cosmos de Sagan, no fue sobre Astronomía o Física, sino sobre cómo la ciencia en su conjunto es un increíble proyecto social y cultural vinculado con casi todos los aspectos de nuestra vida. Qué mejor enseñanza podría recibir un joven aspirante a científico (o un soñador) que entender que la astronomia o la física no tratan solamente sobre saber la composición o el tamaño de las partículas de los anillos de Saturno sino también con conocer, casi en persona, a los hombres que en las frías noches holandesas vieron por primera vez con claridad esos anillos o ver de cerca la emoción de los hombres y las mujeres que llevaron hasta allá las naves espaciales que nos revelaron sus secretos.

Espero que la nueva cosmos conserve esa tradición y que Tyson parezca un cientifico tan integral como lo fue genuinamente Sagan.

El tercer elemento destacado y único del Cosmos de Sagan fueron las representaciones teatrales de la historia de la ciencia.  Quién recuerda una cara distinta de la de Kepler, si no es la del escuálido personaje sentado en una carreta huyendo con su madre por una injusta persecución   Quién, que haya visto la serie original, recuerda algo distinto sobre Humason y su increíble descubrimiento de la recesión de las galaxias, sin pensar en ese personaje de gafas sentado en la oscuridad en un observatorio real (el primero que vi en mi vida) esperando pacientemente a que se registraran espectros en placas de vidrio.

Lo poco que he visto de la nueva serie deja adivinar que el único protagonista vivo en la historia será el presentador.  Espero que las representaciones animadas que parecen ser características de la seria no sean las únicas que veamos.

En una epoca en la que crear simulaciones computarizadas de la realidad o ilustrar con sofisticados modelos informaticos conceptos difíciles de la ciencia, Sagan, y por supuesto los talentosos productores de la serie, nos sorprendieron con recursos audiovisuales dificilmente vistos en otras series de su época.  Cómo olvidar, por ejemplo, la magistral explicación de las extrañas condiciones que tendría nuestro encuentro con personajes de otras dimensiones espaciales, en esa famosa historia sobre “planilandia”.  Con el único recurso de unas figuras en cartulina, un escritorio, una manzana, tinta y un cuchillo, manejadas por supuesto con una magistral tranquilidad y claridad, Sagan nos transportó a otras dimensiones y permitió que intuyeramos lo imposible.  Cómo olvidar también esos enormes modelos del sistema solar, planetas tan grandes como Sagan mismo y cuya superficie estaba pintada con un detalle que apenas empezabamos a conocer a partir de las recién adquiridas imagenes de los planetas enviadas por naves como las Voyager.

Quién no aprendió por primera vez en el Cosmos de Sagan, de qué estaba hecho a un nivel fundamental su propio cuerpo.  Todos presenciamos esa inolvidable escena donde Sagan, convertido en un verdadero alquimista de la vida, mezcla elementos químicos en un oscuro laboratorio esperando que algo de allí saliera reptando.  El cosmos de Sagan nos enseño por primera vez que era un Gogol, nos permitió entender la verdadera escala de lo que una decena de miles de millones de años de historia cósmica realmente es, nos mostró cómo sería el cielo de un planeta en un cúmulo globular distante con la Galaxia adornando el atardecer y nos presentó al cerebro como una enorme biblioteca de recuerdos infantiles y conocimientos acumulados.

Pero la más notable de todas las herramientas audiovisuales creadas para el Cosmos de Sagan, es una secuencia animada que representa la evolución del hombre desde las primeras formas de vida y que esta musicalizada, como todo Cosmos, con la inconfundible música de Vangelis.  Nada más emocionante para un verdadero “Cosmofilo”  que escuchar y ver esta secuencia.  La incluyo aquí para su disfrute,

Desearía profundamente que los niños y jóvenes de esta generación recibieran una influencia tan profunda de la nueva Cosmos (o de cualquier otra serie o experiencia audiovisual) como la que recibí yo y muchos de mis amigos del Cosmos de Sagan.  Si este fuera el caso, la nueva serie habrá valido el inmenso riesgo de continuar Cosmos en la ausencia del irremplazable Carl Sagan.

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3 pensamientos en “El Cosmos de Sagan

  1. Andrés Felipe Rivera en dijo:

    Como olvidar el comienzo de la serie. Como olvidar esas primeras imágenes de Sagan y el mar. Como olvidar sus palabras en esa maravillosa introducción a la serie, palabras que me han acompañado durante largos años… “Come with me”
    Gracias profe (J. Zuluaga), por hacerme revivir esos lindos recuerdos.

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