Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

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347940

Despertar sabiendo que un asteroide tiene tu nombre no es una historia que se pueda contar todos los días.  A pesar del inmenso honor que siento por este reconocimiento quiero también resaltar aquí algunas realidades alrededor de este “bautizo” y en general de lo que significa que podamos ponerle nombres al millón y pico de asteroides que conocemos y que flotan entre las órbitas de Marte y Júpiter.

“347940 Jorgezuluaga (2003 FZ128) http://ssd.jpl.nasa.gov/sbdb.cgi: que si no lo veo en una semana le cambian el nombre #QueHonor 
Mayo 20 de 2014
http://bit.ly/trino-asteroide

Tamaño del asteroide (347940) Jorgezuluaga en comparación con la ciudad de Medellín

Tamaño del asteroide (347940) Jorgezuluaga en comparación con la ciudad de Medellín

Como seguro muchos sabrán (o adivinaran al leer la introducción a esta entrada) un asteroide de unos 8 kilómetros en el cinturón principal ha sido bautizado con mi nombre.  Es un honor increíble que un objeto del Sistema Solar lleve el nombre y apellido que me pusieron al nacer.  El honor es aún más grande para alguien que esta vivo y que puede disfrutar, por ejemplo del reto de buscarlo y verlo en el cielo.  No sé si el Asteroide es afortunado o si la afortunada es mi mamá que con una gran visión me puso el nombre de una “piedra espacial”.

Me siento muy contento en especial por las personas más cercanas a mí, mis hijos, esposa, padres, hermanos, sobrinos, etc. que pueden contar la historia de que un pariente suyo ha servido como etiqueta para un cuerpo que posiblemente estará en el espacio por otros 5 o 7 mil millones de años más.  Pero más importante es que este reconocimiento valida el trabajo que he hecho en la Universidad de Antioquia, a veces con mucha dificultad y enfrentando el escepticismo de mis colegas, por el desarrollo de la Astronomía local y nacional.  Espero también que sea un aliciente para mis estudiantes que ahora saben que trabajando muy duro y persiguiendo las metas más altas (a veces contra la corriente) se puede conseguir premios inesperados en la vida, como ese de que sus nombres sean “inmortalizados” en el cielo.

Pero esta entrada no es el espacio para dar un discurso de agradecimiento.  En realidad la escribo como una entrada académica sobre lo que justamente significa que le demos nombre a las “piedras” del Sistema Solar.

Lo primero que me dijo Sofía, mi hija de 8 años, cuando se enteró de este reconocimiento fue: “Papi: ¿por qué los Astrónomos le ponen el nombre a los asteroides? es como si yo saliera por la calle y empezará a ponerle nombre a las piedras que me encuentre en el camino”.  Muy buen punto el de Sofía.  Solo un niño podría, en lugar de emocionarse, identificar un poco el “ridículo” del bautizo de una piedra.  El problema es que Sofía no sabe, tal vez por su edad, que los humanos somos unos bichos raros para los cuales estas cosas son realmente muy relevantes.

Ponerle el nombre a los Asteroides del Sistema Solar no tiene, primero, nada que ver con la ciencia detrás de estos antiguos restos de la formación del sistema planetario y segundo no afecta para nada lo que sabemos de ellos o lo que eventualmente les va a pasar.  Estamos hablando de una costumbre muy humana, esa costumbre de clasificar, marcar o etiquetar todo lo que vemos.  Las etiquetas usadas por la ciencia para nombrar las cosas son muy diversas.  Van desde nombres propios completamente nuevos, palabras de uso común, acrónimos hasta esquemas simplificados usando números y letras.  En realidad el protagonista de esta historia (el asteroide 347940), ya tenía una etiqueta, aunque no muy romántica: 2003 FZ128.  La etiqueta lo dice todo: el asteroide fue descubierto en 2003, en la segunda quincena de Marzo (F) y fue el objeto 3225 descubierto en esa quincena (Z128).  Obvio, ¿no?

Hoja de datos del asteroide  347940 Jorgezuluaga.

Hoja de datos del asteroide 347940 Jorgezuluaga.

Desde tiempos históricos, sin embargo, distintas culturas han decidido usar nombres de cosas terrenales (bien sea personajes reales o ficticios) para nombrar las cosas del cielo.  Así fue como personajes de todas las mitologías y culturas se ganaron su lugar entre las estrellas y las constelaciones.   Desde finales de los años 70 la Unión Astronómica Internacional (IAU), que es la máxima autoridad en temas de estándares astronómicos, decidió que nombres menos “literarios” pudieran ser asignados al menos a los cuerpos más abundantes del Sistema Solar: los asteroides. Así fue como llegó mi nombre allá.  Ahora bien: el nombre de otros 18,540 personajes, lugares, agrupaciones entre otros, había ya ganado esa honrosa distinción antes de mí (en este enlace encontrarán una lista completa en orden alfabético de los distinguidos hasta mayo 15 de 2014, incluyéndome).

Se conocen alrededor de 1 millón de asteroides de los cuales aproximadamente 625,000 tienen denominaciones tan poco románticas como 2003 FZ128.  Las reglas dicen que los descubridores (es decir los astrónomos que registraron por primera vez su posición) pueden ponerle el nombre de algún personaje, lugar y organización.  El nombre no es arbitrario sino que debe cumplir unas reglas básicas: no deben parecerse a nombres ya puestos a otros cuerpos; deben ser pronunciables (pero ¿por quién? encuentren a un italiano o un gringo que pronuncie Jorge correctamente); no deben glorificar individuos o eventos políticos o militares (por lo menos no antes de que pasen 100 años).  Tampoco es que se le pueda poner el nombre del perro a un Asteroide.  Todos los nombres propuestos deben llevar una justificación escrita y son rigurosamente revisados antes de que se emita la circular aprobándolos.  Sin embargo hay una regla que se pasa de lo injusta: los descubridores no pueden poner su propio nombre a los objetos que descubran.

Y es que en el caso del 347940 hay un personaje que merecería con creces que su nombre residiera también entre los asteroides.  Se trata del Profesor Ignacio Ferrin, co descubridor de la piedra en cuestión.  Los que lo conocen saben que Ignacio es, como decimos por aquí, un “caramelo escaso”.  Su nacionalidad, al menos por su acento y rasgos culturales, parece indeterminada: 20% Gallego (Español), 70% Venezolano y 10% Colombiano, o como él dice, 100% del lugar donde haya comido en los últimos 6 meses.  Como lleva 5 años en Colombia, él se declara “gastronómicamente” Colombiano.

Ignacio Ferrín, descubridor de Jorgezuluaga.

Ignacio Ferrín, descubridor de Jorgezuluaga.

Ignacio me hizo el honor, pero ciertamente el honor es todo suyo.  Fue él, con su mejor estudiante hace más de 10 años, Cesar Leal, quienes se pasaron noches en vela y días sin descanso buscando entre miles y miles de fotogramas, rastros “invisibles” de piedras que se movían entre las estrellas.  Las fotos habían sido tomadas con un telescopio del Observatorio Nacional de Venezuela.  Después de mucho buscar encontraron cerca de 500 que parecían definitivamente objetos orbitando al rededor del Sistema Solar.  Tras descartar uno a uno aquellos que ya habían sido descubiertos antes, se quedaron con una “relativamente” corta lista de 12.  Como yo no he descubierto ninguno, para mi es lo mismo 12 que infinito.  Pero ver un asteroide por una vez no es suficiente para decir que existe y que merece un nombre.  Después del reporte original, los años pasaron para Ferrín y Leal hasta que llegaron por fin las confirmaciones.  Uno a uno los cuerpos descubiertos fueron confirmados y los dos investigadores Venezolanos empezaron la ardua tarea de encontrar nombres apropiados para ellos.

El último de esos cuerpos, nuestra piedra de unos 8 km (debo decir que su tamaño no ha sido medido con precisión y esta es solo una estimación con base en su distancia, brillo y albedo), tiene una órbita que lo sitúa a 300 millones de kilómetros del Sol.  A esa distancia debe recorrer la medio bicoca de 1,800 millones de kilómetros para completar una vuelta alrededor de él.  Este periplo le toma periódicamente unos 5 años.  Tuvieron que esperar Ferrin y Leal más de 10 años para que por fin la IAU y el Minor Planet Center (MPC) dieran el visto bueno para nombrar el cuerpo (eso ocurrió en el mes de octubre de 2013).

El resto de la historia es lo que vimos en el emotivo acto del 20 de mayo de 2014 en el Parque Explora (una versión en línea del evento puede verse en este enlace).  Además de ser un gran astrónomo observacional y un maestro, Ferrín creo una atmósfera de misterio alrededor del nombre del Asteroide y nos mantuvo en vilo hasta el último minuto cuando el auditorio estallo en aplausos al descubrir que un paisa había logrado un escaño entre esos más de 18,000 asteroides con nombre.

Trayectoria del (347940) Jorgezuluaga en el cielo por estos días.  Se encuentra en la constelación de la Serpiente.  Tiene una magnitud de +19 lo que implica que es hasta 10 veces más débil que Plutón.

Trayectoria del (347940) Jorgezuluaga en el cielo por estos días. Se encuentra en la constelación de la Serpiente. Tiene una magnitud de +19 lo que implica que es hasta 10 veces más débil que Plutón.  Crédito: Alejandro Osorio, Software: Sky Safari.

Como saben hay otro colombiano (es más, otro paisa) que puede contar una historia parecida.  Se trata de Antonio Bernal, un ingeniero aficionado a la astronomía que de aficionado no tiene un pelo.  Antonio lidero en 1986 por estos lares la campaña de observación del cometa Halley.  Fue co fundador de las agrupaciones más importantes de astronomía en Medellín y Colombia.  Fue maestro de muchos de los que en su tiempo en Medellín apenas dábamos los primeros pasos con entusiasmo y que lo admirábamos por su profesionalismo a pesar de que ninguna institución académica lo había acreditado como astrónomo.  Autor de libros, escritor para la revista Sky & Telescope.  Director del Planetario de Medellín por un tiempo.  Hoy Antonio, encontró su casa, además de entre los Asteroides del Cinturón Principal (el suyo lleva la denominación (1982592) Antbernal) en España, después de que como ya es común en nuestra tierra, ninguna institución, ni Medellín, ni en Colombia fueron capaces de ofrecerle la estabilidad y felicidad que un hombre con su talento debería tener.

Doble honor estar sentado hoy al lado de Antonio.  Y al lado de otros ilustres personajes como (775) Lumière, (777) Gutemberga, (3313) Mendel, (5102) Benfranklin, (8661) Ratzinger (sé, ese Ratzinger), (876) Scott, (3092) Herodotus, (6123) Aristoteles, (7014) Nietzsche, (79144) Cervantes, (8240) Matisse y hasta (2620) Santana (una lista de los más famosos nombres de Asteroides puede encontrarse en este enlace)

Como es común en este blog ya me estoy extendiendo mucho.  No puedo terminar sin decir que hay un nombre aún más grande que todos los Astrónomos de Colombia que han vivido.  Se trata otra vez de un Ingeniero y Matemático (que por estos lados y en su época era lo mismo que Astrónomo): Julio Garavito.  Su nombre esta grabado entre los más grandes filósofos y científicos, en un cráter en las regiones polares de la Luna, a tan solo unas “cuadras lunares” del gran Leibniz.

Termino con una lista.  ¿Qué tiene entonces de bueno y de malo para la Astronomía Colombiana este bautizo? (si, también tiene cosas malas):

Las cosas buenas: (1) un colombiano más; (2) ese colombiano soy yo (bueno, eso fue muy egoista); (3) un paso más para poner a la Astronomía en el top-of-mind de los colombianos; (4) el nombramiento es una “llave” para abrir las puertas de las oficinas y los cerebros de gobernantes y funcionarios que podrían ayudar a la Astronomía Colombiana en el futuro próximo; (5) es un aliciente para todos los estudiantes que están hoy estudiando Astronomía o quieren hacerlo y que ahora pueden agregar a sus sueños el de pasar a engrosar la lista de asteroides con nombres.

Las cosas malas: (1) que no haya un asteroide con el nombre de Ignacio (a todos mis estudiantes los conmino a descubrir uno, ojalá más grande que Jorgezuluaga y ponerle el nombre de Ferrin); (2) que no hayan más de 16 caracteres para el nombre; ya mi mamá me regaño porque no puse el apellido de ella, Callejas (este también es muy egoista); y finalmente pero no menos importante (3) que Venezuela lleve más de 30 o 40 años haciendo Astronomía incluyendo el descubrimiento de asteroides y que mientras tanto en Colombia nos toque parir micos para que nos prestén atención y nos den el apoyo para tener nuestros propios instrumentos.

Espero que cuando esto último pase le podamos devolver a Venezuela el gran honor que nos ha hecho Ignacio.  Él esta de primero en la lista.  Después de eso espero que podamos descubrir muchos más asteroides y nombrarlos como los otros cientos de ilustres personajes (o martires) de la ciencia nacional.  Ahora bien ¿quién creen que será el siguiente?

Actualización: Junio 4 de 2014

No puedo dejar pasar la oportunidad de subir esta bella caricatura que Alejandro Rua me hizo llegar a través de su esposa Lorena Aristizabal a quien queremos mucho por estos lares.

347940-Jorgezuluaga

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Un nuevo optimismo

En una era de calentamiento global, falta de privacidad en Internet, polución evidente de los oceanos, sobre población, entre muchos otros “males” de la modernidad, tener una visión optimista sobre el futuro parece un completo sin sentido.  Aún así, la historia reciente de nuestra especie nos ha enseñado que aún ante los panoramas más desoladores emergen cosas inesperadas, ocurren cambios globales en el comportamiento y en las reglas de nuestra sociedades que son capaces de enderezar el curso de un progreso en el que es cada vez más difícil creer.  Personalmente soy optimista.  No todo será perfecto en el futuro pero lo mejor esta todavía por pasar.

“Hay solo dos cosas seguras sobre el futuro de nuestra especie: que es completamente incierto y que será mejor
Mayo 18 de 2014
http://bit.ly/trino-optimismo

Todas nuestras visiones apocalípticas del futuro comienzan en el mismo punto: el planeta se esta calentando paulatinamente y si se proyecta en el futuro las tendencias observadas y nada nuevo (natural o cultural) ocurre, la Tierra no será en unas décadas un lugar comodo para que vivan más de 8,000 millones de humanos.  O bien nos tenemos que morir la mitad o bien nos tendremos que adaptar a un planeta dominado por el hambre, la escasez y las guerras por recursos naturales otrora abundantes (agua y aire limpio).

Lo que desconocen esta y otras visiones “apocalípticas” sobre el futuro de nuestro planeta, es que el mundo en el que vivimos es mucho más complejo de lo que siquiera alcanzamos a imaginar.  Y cuando me refiero a complejo aquí, no hago referencia al hecho de que es cada vez más difícil de entender y abarcar en modelos simplificados (de la sociedad o la atmósfera).  La complejidad de la que hablo se refiere a que el planeta, la vida en general y en particular nuestra especie con sus múltiples formas de interacción, tiene un potencial increíble para que de ella emerjan propiedades inesperadas, impredecibles y en la mayoría de los casos benéficas.

Permítanme darles unos ejemplos no muy preparados para ilustrar este punto.  Hace poco se descubrió que los oceanos estaban empezando a exhibir una capacidad inesperada para “deshacerse” de parte del exceso de calor que están recibiendo de una atmósfera cada vez más caliente.  Las erupciones volcánicas de los últimos años han mostrado un interesante potencial para hacer más reflectiva la atmósfera y contribuir a reducir sutilmente las temperaturas en aumento.  En el terreno social un par de fenómenos culturales impensables en países reprimidos por décadas, han logrado derrocar regímenes criminales.  Twitter, cuya existencia nadie hubiera predicho en los 90, es hoy una herramienta social y política casi tan poderosa como otros mecanismos tradicionales y de menos acceso para los individuos de a pie.

Algunas de las cosas mencionadas arriba surgieron como fenómenos inesperados.  Propiedades emergentes de un sistema increíblemente complejo pero en el fondo regido por reglas muy simples (“si algo te molesta, trina”, “si la temperatura aumenta, las reacciones químicas en los oceanos y en la atmósfera se modifican”, etc.)

Si bien hasta ahora solo he mencionado cosas que eran completamente inesperadas, también existen aquellas propiedades que surgen de forma planeada y consensuada o que son precisamente respuesta a las crisis existentes.  Basta pensar en la historia de la casi inminente destrucción de la capa de Ozono, para darnos cuenta de que aunque es posible que gobiernos individuales, personas o facciones de la sociedad se comporten de forma imbécil ante riesgos graves, a la larga la sociedad humana y su complejidad inherente, termina encontrando la salida aún a los retos más difíciles y como resultado crea un mundo aún mejor para sus individuos.

Y es que el progreso no solo es una utopía intelectual.  Es una condición de permanencia o supervivencia.  El complejo sistema de nuestras sociedades toma a la larga las medidas necesarias para garantizar su permanencia y al hacerlo garantiza el progreso.  Si no fuera así no podríamos contar esta historia.

Se me vienen a la cabeza otros ejemplos.  Piensen en los casos de ciudades como Londrés y París.  ¿Acaso no eran ellas en los 1700 y 1800 cloacas contaminadas, poco habitables, llenas de crímenes, desigualdad social y enfermedad? ¿Qué son ahora?  Dos fantásticas ciudades, limpias hasta los tuétanos, socialmente avanzadas, el sueño de inmigrantes de todas las latitudes.  Ciudades con parques, excelsos sistemas de transporte y dónde casi todo el mundo vive bien.   Es cierto que esta descripción parece exagerada y desconocedora de las realidades más crudas que viven esas metrópolis, pero no creo que alguien ponga en duda que la Londrés y el Paris del 2014 son infinitamente superiores a sus respectivas versiones de 1800.  Piensen en lo que un parisino o un londinense pensaban del futuro de sus ciudades en ese entonces.  Así o peor pensamos sobre el futuro de nuestro planeta en pleno siglo XXI.

Ahora bien.  Soy consciente de que el pesimismo es un mecanismo evolutivo supremamente poderoso.  Es solo a través de reportes a veces exagerados sobre el futuro (o también realistas, aunque inconscientes de la naturaleza contingente y variable de los sistemas complejos) que logramos que esas propiedades emergentes aparezcan y modifiquen el curso de la historia.  Si no fuera por los movimientos ambientalistas de los 80 y 90 muchas especies se hubieran extinguido.  Hoy, aunque una inmensa cantidad de ellas desaparecieron, otras se salvaron de la extinción y conviven más o menos en equilibrio con una humanidad cada vez más grande.   Si no fuera por las historias apocalípticas sobre un planeta sin capa de ozono, tal vez no habríamos detenido el retroceso gradual de su extensión.  Es cierto que se produjo un daño permanente y posiblemente irreparable, pero el planeta sigue siendo habitable.

Pero hay pesimismos de pesimismos.  Hay un pesimismo a ultranza que lo único que busca es vender libros, ganar adeptos a causas supersticiosas o simplemente demostrar lo malos que somos los seres humanos para justificar tal vez nuestra autodestrucción.  Así o peor.

Yo soy optimista.  La Selva del Amazonas no va a desaparecer.  Algo detendrá la continua deforestación observada o la cambiará por métodos más amigables (por qué todo hay que decirlo, buena madera seguiremos necesitando siempre).  Las costas no se van a inundar.  Llevan diciendo eso de Venecia, Londrés y Amsterdan en el último siglo y ahí siguen.  Obras civiles monumentales podrían reemplazar las barreras naturales que ofrece la geografía.  El avance tecnológico en materiales y técnicas de construcción dice cada vez más sobre nuestra capacidad de construir cosas que compiten con fuerzas geológicas y geofísicas.  La temperatura de la Tierra no volverá a ser la misma del triásico.  Es más, no creo que la Tierra vuelva a vivir siquiera una glaciación jamás a pesar de los poderosos ciclos astronómicos que las hacen casi obligatorias.  El agua dulce potable no se va a acabar sencillamente porque la “potabilidad” es una propiedad que podemos modificar a nuestro antojo con tecnologías cada vez más accesibles.  Mientras haya agua en la Tierra nuestros cuerpos podrán nutrirse de ella.  El océano no se volverá una cloaca llena de islas de basura así como Londrés, ni París se convirtieron en Chernobyl por culpa de los excrementos humanos y las ratas.  El futuro verá a los oceanos convertidos o bien en “reservas naturales” intocables, tan limpias como lo eran hace miles de años o en sitios adecuados para vivir y a la gente no nos gusta vivir entre basura.  Todas las bacterias serán resistentes a los antibióticos.  Pero los antibióticos serán cosa del pasado.  Puede sonar a ciencia ficción pero creo que falta mucho por ver en cuanto a lo que la ciencia hará para ayudar a nuestros primitivos sistemas inmunes.  Infartos, Cáncer, HIV serán cosas del pasado.  Otras enfermedades emergerán y matarán al principio a millones o miles de millones solo para ser vencidas después.

Me siento feliz por estar vivo justo en este momento de la historia.  Viendo desde la tribuna (y espero también, desde el campo de juego) los fantásticos progresos que se están produciendo para hacer de la Tierra un mejor vividero.  Creo en un futuro de progreso ininterrumpido.  Con dificultades, conflictos y retos por resolver, obviamente, pero a la larga, un futuro siempre mejor.

Hermana Sol

El 8 de mayo de 2014, la Universidad de Texas en Austin hizo un anunció histórico: una de las hermanas de “sangre” del Sol habría sido definitivamente descubierta.  La noticia ha pasado desapercibida en medios especializados y no especializados.  De confirmarse (aunque el trabajo es en sí mismo una confirmación de otros anteriores) el resultado es tan revolucionario como el descubrimiento de otras galaxias a principios del siglo XX o de otros planetas a finales del mismo período.  Lo más increíble de la historia es que el Sol mismo es el artífice indirecto de la especie inteligente que se encargó de reunirlo con su hermana perdida.  He aquí la historia sorprendente de esta reunión familiar imposible.

“HD162826 no es mas una estrella anónima. Es la primera estrella que sabemos se formo con el Sol http://bit.ly/hermana-sol. Deberíamos llamarla ‘Eos’
Marzo 9 de 2014
http://bit.ly/trino-hermana-sol

Mapa de la región del cielo dónde se puede encontrar a "Eos" la primera hermana del Sol descubierta por el hombre

Mapa de la región del cielo dónde se puede encontrar a “Eos” la primera hermana del Sol descubierta por el hombre (Fuente: nota de prensa original del McDondald Observatory.  Crédito: Iván Ramírez, McDonald Observatory)

Detalle de la ubicación de "Eos", la heraman del Sol en la constelación de Hércules (Crédito: Jorge Zuluaga, Universidad de Antioquia, Software: Stellarium)

Detalle de la ubicación y propiedades de “Eos” (HD 162826), la hermana del Sol en la constelación de Hércules (Crédito: Jorge Zuluaga, Universidad de Antioquia, Software: Stellarium)

Sus 22 nombres científicos no dicen casi nada sobre esta estrella antes anónima: HD 162826, HR 6669, HIP 87832, SAO 47009, IRAS 17495+4004, etc.  Aún así, ella no es como cualquiera de las restantes ~300,000 millones de estrellas que pueblan la Galaxia en toda su extensión.  “Eos”, como la llamaré en lo sucesivo, no es nada más y nada menos que la primera hermana del Sol descubierta por el hombre.  Así mismo la diosa “Eos” era hermana de Helios (Sol), dos titanes de la mitología griega con los que hoy honramos las dos estrellas hermanas.

Todas las estrellas de la Galaxia se forman en grupos de cientos a centenares de miles de ellas.  Cada una, incluyendo por supuesto el Sol, alguna vez fueron simplemente uno de muchos grumos en una concentración de gas y polvo puesta al azar en algún lugar del disco galáctico.  Pero solo una fracción de las estrellas viven acompañadas por sus hermanas de “sangre” a lo largo de toda su vida.  Las que lo hacen hoy en día forman lo que los astrónomos conocemos como “cúmulos estelares”.

Los cúmulos más poblados y masivos, llamados también “cúmulos globulares”, se mantienen enteros durante la vida incluso de las estrellas más longevas.  Algunas de ellas, incluso ven nacer varias generaciones de hermanas mientras están unidas por su mutua gravedad en el seno de estas multitudes monstruosas.  El cielo de un planeta en un cúmulo globular debe ofrecer una vista sencillamente espectacular.  Pero grupos relativamente menos masivos, también llamados “abiertos” o “galácticos”, pueden desintegrarse mucho antes incluso de que terminen de formarse los planetas de algunas de las estrellas que lo conforman.  Ese fue precisamente el caso del Sol y de Eos, su hermana recién descubierta.

El cielo de la Tierra primitiva, mucho antes que terminará siquiera la formación de otros planetas.  Crédito: Scientific American.

El cielo de la Tierra primitiva, mucho antes que terminará siquiera la formación de otros planetas.  En ese entonces entre 1,500 y 3,500 estrellas formadas de la misma nube del Sol, estaban empaquetadas en un espacio menor al que nos separa hoy de la estrella más cercana. Crédito: Scientific American.

A pesar de que no la sentimos en la vida cotidiana, la gravedad de la Galaxia es una de las protagonista de esta historia.  Existe la falsa idea de que el movimiento de las estrellas que forman el remolino de la Vía Láctea es producto de la atracción del gigantesco agujero negro que decora su centro.  Nada más lejano de la realidad.  Con apenas 4 millones de veces la masa del Sol este extraño cuerpo apenas si compite con los miles de millones de masa solares que hay tan solo en las estrellas del corazón de la Galaxia (una región también conocido como el abultamiento central).  Es esa concentración masiva de estrellas, más todas las otras estrellas de sus brazos espirales y disco, las que dominan el movimiento de todas las estrellas de la Galaxia.  Y fue justamente esa misma gravedad, regada por un espacio inmenso a través del disco, la que posiblemente creo los brazos espirales y ha conducido a veces a la formación misma de los grupos de estrellas de los que estamos hablando.

Pero su rol creativo es tan importante como su poder destructivo.  Cuando un grupo de estrellas nace, la gravedad de la Galaxia lo destroza con el tiempo, separando a las hermanas de sangre y regándolas sin piedad a través del disco galáctico donde se confunden con millones de estrellas similares.  Eso le paso precisamente al grupo en el que nacieron el Sol y Eos.  Se estima que entre 1,500 y 3,500 estrellas nacieron al mismo tiempo que el Sol, todas en la misma nube de gas y polvo hace más de 4,500 millones de años.  Miles de estrellas pequeñas, grandes y medianas como el Sol, estaban reunidas en un espacio más pequeño que el que nos separa hoy de la estrella más cercana (Próxima Centauri esta a solo 4.2 años-luz).  Las estrellas estaban empaquetadas tan apretadamente que desde el otro lado de la Galaxia posiblemente se veían como una única estrella con un brillo millones de veces mayor al del Sol.

En unos 100 a 200 millones de años, la suma de tres efectos, la perdida de una buena fracción de la masa del cúmulo cuando algunas hermanas explotaron barriendo gas y polvo que actuaba como pegante gravitacional, la aproximación fortuita entre algunas hermanas que produjo el efecto de “honda” gravitacional que ha impulsado a nuestras primeras naves interestelares (las sondas Voyager) y el lento pero seguro accionar de las mareas gravitacionales del resto de la Galaxia, dispersaron el cúmulo hasta que las hermanas perdieron los vínculos gravitacionales que las unían.

Trayectoria simulada de las hermanas del Sol después de 4,500 millones de años. Crédito: Scientific American

Trayectoria simulada de las hermanas del Sol después de 4,500 millones de años. Crédito: Scientific American

En una cruel coincidencia, hoy, los hijos del Sol estamos presenciando la lenta desintegración de un grupo similar.  Se trata nada más y nada menos que el grupo formado, entre otras, por las estrellas de la Osa Mayor.  Aunque la mayoría de las constelaciones son agrupaciones arbitrarias de estrellas sin ninguna relación física, las estrellas más brillantes de la Osa Mayor están ubicadas más o menos a la misma distancia y se mueven de forma unánime revelando una conexión pasada que podría rastrearse hasta hace algo más de 300 millones de años.  Hoy, dos estrellas de la Osa como Alioth y Megrez se encuentran ubicadas a una distancia de unos 8 años luz, la misma que separa al Sol de su vecina Sirio.

Fotografía de la Osa Mayor.  Crédito: David Malin.  Tomado de: http://www.davidmalin.com/fujii/source/UMa.html

Fotografía de la Osa Mayor. Crédito: David Malin. Tomado de: http://www.davidmalin.com/fujii/source/UMa.html

Una reunión imposible

Hasta aquí los hechos científicos.  La pregunta ahora es ¿cómo llegamos a este punto? ¿cómo es posible que desde nuestra pequeñez espacial y temporal hayamos podido encontrar una de las hermanas perdidas del Sol?  Al principio comparaba este descubrimiento con aquel de las primeras galaxias distintas a la Vía Láctea o el de los primeros planetas por fuera del Sistema Solar.  Ambos descubrimientos revolucionaron nuestra manera de pensar el Universo local y globalmente y revitalizaron de formas notables áreas enteras de la Astronomía.  Para mí, este nuevo descubrimiento es igual de espectacular.  Hemos descubierto la aguja en un pajar de 300,000 millones de hebras.

En una suerte de analogía, es como si el Sol, huérfano y separado tempranamente de sus hermanas, hubiera urdido un plan para encontrarlas.  Una versión novelada de esta historia rezaría de esta forma.

Un Sol joven notaba impotente como perdía a sus hermanos.  Por su naturaleza inerte se dio muy pronto cuenta que no lograría reconocer a sus hermanas en el futuro sin la ayuda de formas de materia más complejas.  Por suerte a su alrededor se estaban forjando briznas de materia más compleja, granos de arena primero, trozos de piedra después y finalmente planetas enteros.  En el tercer planeta de su séquito, formado mucho antes de que sus hermanas se dispersaran por la Galaxia, un milagro se forjo secretamente: la vida.   El Sol cultivo lentamente ese milagro por casi 1,000 millones de años hasta que su diversidad alcanzó un nivel apreciable y su dependencia del Sol se hizo inevitable.  Así nacieron los primeros organismos fotosintéticos, “comedores” de luz solar.  En el entretanto y después de 5 vueltas completas a la Galaxia, el Sol y sus hermanas se habían dispersado en un volumen tan grande que sus vínculos gravitacionales se habían diluído hasta hacerse casi nulos.  Todas eran ya, harina de costales diferentes.

Mientras Eos y las más de 1,000 hermanas del Sol se confundían entre estrellas similares, la vida se hizo visible y diversifico de forma explosiva.  Apenas hace 2 vueltas (de las 27 que han completado las hermanas alrededor del centro) organismos multicelulares complejos empezaron a poblar los mares, ríos y tierras emergidas del planeta.  El plan del Sol estaba dando sus frutos.   Pero tuvieron que pasar centenares de millones de años y ocurrir muchos desastres, grandes períodos volcánicos, impactos de asteroides, explosiones de vecinas casuales, para que la evolución (alimentada por el combustible permanente del Sol) creará un organismo con la capacidad de ver el cielo el cielo y las estrellas con un interés diferente al de orientarse o medir el tiempo como lo hacían ya muchas otras especies.

El Sol espero pacientemente a que esta nueva especie inventará la agricultura, domesticarán los animales, y sus individuos se reunieran en grupos e inventarán formas sofisticadas de pensar y comunicarse; incluso debió ver como se mataban entre sí mientras discutían asuntos completamente ajenos a los de su misión final: encontrar las “tías” perdidas.

El desenlace final de la historia comenzó hace más de 2,000 años (tan solo una cien milésima parte de una vuelta del Sol alrededor de la Galaxia que en lo sucesivo llamaré “año galáctico”) cuando los primeros humanos empezaron a pensar que las estrellas que veían en el cielo tenían una naturaleza similar a la del Sol.  Fue solo esta primera revelación la que empezó a tranquilizar a nuestra estrella.  El fin de su plan parecía estar cerca… ¡que equivocado estaba!  Tuvieron que pasar cerca de 1,900 años para que nos acercáramos siquiera un poco al entendimiento de la naturaleza real de las estrellas, pero sobre todo para que inventáramos las teorías y técnicas que nos permitirían encontrar las hermanas perdidas del Sol.

El primer gran descubrimiento que se produjo fue la espectroscopía.  3,500 millones de años fueron necesarios para que inventáramos la técnica necesaria para el descubrimiento de Eos.  Estudiando el arco iris producido por la luz de las estrellas al pasar por un prisma (o modernamente por el equivalente a una persiana microscópica) investigadores de la Universidad de Texas en Austin, determinaron con precisión la composición química de HD 162826 y muchas otras estrellas que sospechaban podrían estar emparentadas con el Sol.  Como era de esperarse, el Hidrógeno y el Helio dominan el panorama.  Pero fueron los raros elementos Bario e Itrio los que proveyeron las claves fundamentales.  Usando avanzados espectroscopios estos astrónomos trabajando en el Observatorio McDonald en Texas, descubrieron que la abundancia de estos elementos en el Sol y en Eos eran casi exactamente las mismas.  La probabilidad de que dos estrellas nacidas en lugares diametralmente opuestos de la Galaxia coincidiera a ese nivel era prácticamente nula.

El segundo gran descubrimiento que el Sol debió esperar para que se hiciera realidad su reunión con las hermanas perdidas, fue la medida del imperceptible campo gravitacional de la Galaxia.  La historia comenzó hace hace apenas 250 años (una millonésima del año galáctico) cuando William Herschel construyó el primer mapa de la Vía Láctea.  Pero fueron necesarios muchos años más, miles de observaciones dedicadas y el desarrollo de teorías físicas nuevas, para que en las primeras décadas del siglo XX, Bertil Linblad y Jan Oort desarrollarán las primeras ideas que permitieron medir y calcular la gravedad de la Vía Láctea cerca al Sol.

Pero esto no sería suficiente.  Después de 27 vueltas alrededor del centro, rastrear el camino de cualquiera de las vecinas del Sol para saber si se trataba de una de las hermanas perdidas, tomaría un esfuerzo mayor.   La paciencia del Sol se ponía otra vez a prueba.  Casi 100 años después de las ideas fundamentales de Linblad y Oort y solo después de la invención de máquinas capaces de calcular como ningún otro organismos vivo lo hacía, el mismo grupo de Astrónomos de la Universidad de Texas que había hecho las observaciones de  la composición de HD 162826 entre otras estrellas, rastrearon con computadores su movimiento dentro del disco de la Vía Láctea.   Cuál no sería la sorpresa, cuando descubrieron que una de ellas, nuestra “Eos”, parecía haber nacido justamente en la misma región donde se supone nació el Sol.

Nuestra estrella consiguió su cometido.  4,500 millones de años después de perder el vínculo con sus hermanas, una brizna de materia elemental que evolucionó en un planeta diminuto, nacido de entre los restos de polvo de su cuna, encontró por fin al menos a una de sus hermanas.  Con millones de estrellas revoloteando alrededor suyo la probabilidad de que efectivamente haya una relación de parentesco entre ellas no es del 100%, pero por incertidumbres similares se declara hoy la paternidad de muchos niños.

La novela de la reunión familiar del Sol con sus hermanas apenas comienza.  Todavía hay miles de hermanas perdidas; unas tan diferentes del Sol como Eos y otras mucho más parecidas a él.  ¿Cuántas de ellas tienen planetas? ¿podrá alguna albergar vida e incluso una civilización que evolucionó también bajo el secreto deseo de su estrella de encontrar a sus hermanas?

No se pierdan los próximos capítulos de esta novela que parecen deparar mucha más emoción de la que ya se ha visto.

Lecturas Recomendadas

Actualización:

  • Tuve la suerte de conversar con Iván Ramírez, investigador principal del descubrimiento de Eos (mi propio nombre para HD 162826) quien me comento un par de datos adicionales muy interesantes.
  • El año pasado habían descubierto una gemela del Sol, HIP56948, pero de nuevo el descubrimiento paso un poco desapercibido a pesar de su importancia.  Ahora bien hay que distinguir una “gemela” de una “hermana”.  Las gemelas, como explica Iván, son estrellas con propiedades casi idénticas a nuestra estrella así se hayan formado en otra parte de la Galaxia.  Algo así como un Sol 2.0.
  • Como es natural el nombre que yo escogía aquí, Eos, sigue la tradición occidental de asignarle nombres de personajes mitológicos griegos, latinos e incluso árabes o persas.  Pero es otro tiempo.  Me cuenta Iván que ellos ya habían decidido llamar a HD 162826, “Inti Wawqi” (Sol hermano en Quechua) e  “Intipa Awachan” a HIP56948.  Excelentes nombres que hacen honor al origen indígena de al menos uno de sus descubridores (Iván es Peruano y un 90% indígena como el mismo aclara) ¡Felicitaciones de nuevo para él!

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