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Archivo para el día “junio 18, 2014”

La Ciencia de la Autopublicación

Mientras vemos como el fenómeno del peer-to-peer derrumba o lentamente transforma negocios que parecían inmutables (la industria musical y la del cine, el negocio de los taxis, los hoteles y hasta el sistema bancario) los científicos seguimos sometidos a un sistema relativamente anticuado de publicación, muy lento para el ritmo frenético al que avanza la ciencia y lo peor de todo, dominado por mafias académicas y económicas que publican a quienes pueden pagar o a los que tienen la afiliación correcta. ¿Podríamos los científicos seguir los pasos de esos movimientos revolucionarios y “autopublicarnos” sin morir (profesionalmente) en el intento?

Después de la peer-to-peer economy deberíamos empezar a pensar en la “peer-to-peer publication” en ciencias: libres del yugo de las revistas
Junio 17 de 2014
http://bit.ly/trino-autopublicacion

P2PEl ciclo de vida de un artículo científico es relativamente simple: tienes una idea que piensas podría probarse rigurosamente; haces experimentos en el laboratorio, preparas observaciones o corres simulaciones para probarla; la idea original posiblemente se modifica pero si el camino es prometedor descubres otras cosas que se pueden desarrollar y presentar; organizas tus resultados y les das una forma que puedan leer tus pares.

Si todo fuera ideal lo que sigue debería ser sencillo y sobre todo gratis: tus pares leen el artículo, te retroalimentan y obligan a modificarlo hasta que adopta una forma que lo convierte en un nodo más de la telaraña del conocimiento científico.

Pero no es así: al terminar tu artículo (y en realidad en la mayoría de los casos desde el principio) debes decidir cuál es el journal que más le conviene a tu idea.  Bien sea que busques el máximo impacto o exposición o simplemente porque no quieres o no puedes pagar por ver tus ideas publicadas, la elección del journal se convierte en una fase clave del proceso de “creación” científica.  ¿Tiene esto algún sentido?

Si tu trabajo ha sido construído con rigor y el resultado posiblemente podría cambiar el curso de la ciencia (o al menos eso es lo que creemos todos los autores) ¿por qué debería el medio de distribución de un tercero afectar el proceso del paper? ¿tu artículo no debería ser igualmente valido si lo distribuye una empresa multimillonaria a si lo haces tu mismo con la ayuda de colegas que te ayudan a depurarlo y perfeccionarlo?

Posiblemente las respuestas a estas preguntas son bastante sencillas.  El modelo de publicación imperante en la ciencia no es una invención reciente.  Tampoco fue una invención del mundo capitalista ni ha sido siempre el negocio que para muchos ahora es.  En realidad es un modelo que emergió y evoluciono lentamente a lo largo de más de 350 años en el mundo occidental.  Tiene grandes bondades.  Los artículos solo pueden ver la luz si han sido revisados rigurosamente por uno o varios pares anónimos (una característica que convierte hasta al más condescendiente colega en un implacable juez) manteniendo a la ciencia relativamente limpia de errores y engaños (bueno, no tanto) y obligando a los científicos a aplicarse rigurosamente en demostrar lo que quieren probar.  La presentación del producto es normalmente impecable.  Empresas complejas formadas por editores y diagramadores se aseguran que los artículos se vean como productos acabados muy bonitos.

Pero ¿hace falta todo eso? si los artículos no se vieran tan bonitos, ¿serían entonces incorrectos? ¿hace realmente falta el sistema de distribución de las editoriales, los títulos de las revistas, los afamados factores de impacto entre otros elementos del sistema? si las revistas no les pagan a los pares para revisar los artículos ¿no podrían ellos revisarlos igual si el que se los pide es un colega, aún si no lo conoce? ¿es necesario esconderse detrás de un anonimato o de la intermediación de un editor “objetivo” para ser realmente implacable e impedir que se filtren los errores o los engaños?

No sé la respuesta a las anteriores preguntas, pero de lo que si estoy seguro es que la ciencia continuaría, incluso si no existieran los editores y los journals, o mejor si los editores fueran los mismos autores y los journals se reemplazaran, tal vez, por sus propios blogs o páginas personales.  Un verdadero sistema de autopublicación como el que sabemos empieza a imponerse en el mundo editorial en general.  Un sistema a-la “peer-to-peer” para compartir y distribuir la ciencia que se hace en todos los rincones del planeta.  Porque todo hay que decirlo: el valor de un artículo esta en quiénes lo escriben, en las observaciones, resultados o simulaciones que presentan, en su contribución al crecimiento del conocimiento científico.  El Journal y el Editor deberían ser secundarios.

No sé si todos ustedes saben que ya existe algo cercano a esto.  Se trata nada más y nada menos que de los “arXiv”, un repositorio de manuscritos creado en el Laboratorio Nacional de los Alamos hace más de 20 años y que ha cambiado radicalmente las costumbres de publicación y en general de distribución de la ciencia al menos en el mundo de las ciencias física.  Sin embargo, los arXiv siguen estando supeditados al sistema de publicación tradicional.  Cuando se creo originalmente, se hizo con el propósito de que se pudieran leer los papers antes de que estos llegaran finalmente impresos en las revistas (preprints).  Hoy se utiliza para dar a conocer artículos antes de que termine el tortuoso proceso de edición pero normalmente después de que los manuscritos han sido ya revisados por los pares e incluso de que los autores hayan pagado por el proceso.  Los pocos que se atreven (o nos atrevemos) a enviar manuscritos a los arXiv que no han sido aceptados o revisados por pares son vistos como bichos raros y sus trabajos como curiosidades que naturalmente no pertenecen todavía a la telaraña de la ciencia (ningún Editor, ni Journal ha dado su visto bueno).   Peor aún.  Aunque muchos editores hoy aceptan que se citen artículos hechos públicos únicamente a través de los arXiv, otros lo prohíben, en un claro acto de veto editorial que los favorece.

En síntesis los arXiv son un buen intento pero todavía no llegan a propulsar una revolución analoga a la que desataron en sus propios nichos fenómenos como Napster, Cuevana, Uber e incluso los mismos iTunes y Netflix (la reacción conservadora a los fenómenos peer-to-peer).

¿Cómo imaginarse un sistema de autopublicación científica capaz de mantener los altos estándares que autores (y no editores) han mantenido en estos 350 años?  He aquí un par de ideas aisladas (y posiblemente no muy originales):

  • Todos científico o equipo científico en el mundo tendría derecho a tener un sitio público en internet para dar a conocer sus trabajos.  Yo llamaría a estos sitios “Yournals” (para no desentonar con la tradición).  De la misma manera que cualquiera puede instalar un cliente-servidor de torrent, no sería necesario pedir autorización a nadie para empezar a “compartir” la ciencia que cada uno produce.
  • El prestigio de los trabajos publicados por un científico vendría única y exclusivamente de las citas recibidas.  No del Journal en el que es publicado.
  • La revisión por pares se mantendría.  Todo paper público en la red debería declarar explícitamente cuáles colegas han revisado el manuscrito durante su existencia.  La información de contacto completa de esos colegas debería ser pública para que cualquiera verificara la veracidad de esa revisión.
  • Un manuscrito sin ninguna revisión no sería naturalmente de confiar y por la misma razón sería equivalente a un manuscrito no publicado.  Aún si todos los colegas se negaran a revisar tu artículo, alguien podría interesarse tanto en él como para ofrecer una revisión que le diera al artículo una existencia mínima.
  • Las citaciones serían más sencillas.  Bastaría el título, autor y la fecha del artículo.  Adicionalmente cada artículo tendría un identificador único, análogo a los URL de las páginas web o las direcciones torrent, que lo distinguiría de otros artículos en el planeta.
  • En un sistema así la información más importante sobre el artículo sería quién lo publico y no quién lo edito o quien hizo la diagramación y cobro la cuenta . Y es que hoy por hoy el nombre del journal aporta posiblemente el 50% del prestigio de un paper, lo que no tiene ningún sentido.
  • El acceso a todos los artículos sería completamente gratuito.  Naturalmente los manuscritos estarían sometidos a algún tipo de licencia (por ejemplo Creative Commons) pero desaparecerían los fastidiosos “paywalls”.
  • La ciencia podría incluso imitar los mecanismos que han hecho a las redes sociales tan poderosas.  Los lectores de los artículos podrían indicar que les gusta el paper aunque no sean revisores.  Los “likes” a un paper podrían ayudar a encontrar ideas atractivas, inspiradoras o ingeniosas, aunque no tuvieran tantas citas.  Es cierto que la ciencia no es de emociones y “likes”, pero lo que propulsa a otros a hacer ciencia son las emociones de modo que esta variable no debería sustraerse.

¿Podría esta utopía hacerse realidad? Difícilmente. Pero por algo se comienza.  Comiencen por ejemplo por dar “like” a esta entrada 😉

Lecturas recomendadas:

Actualizaciones:

  • 19/06/2014.  Edward Villegas me llama la atención en los comentarios que muchas de las ideas (poco originales) de esta entrada ya han sido implementadas en la reconocida “Research Gate”.  ¡Bien por eso!  No lo sabía.  Los invito a todos que empecemos entonces a usar esta herramienta para aprender como empezar a compartir nuestra ciencia sin intermediarios.
  • 20/06/2014.  He pensado en un nombre para este nuevo fenómeno (si es que algún día llega a emerger).  Yo llamaría a los sitios de científicos y grupos que comparten sus trabajos sin intermediarios (y sin abandonar la revisión por pares) los “Yournals”.
  • 20/06/2014.  Nicolás Guarín comenta abajo que los Journals tradicionales tienen ventajas reconocibles: permiten una indexación y preservación adecuada de los manuscritos científicos.  Tiene toda la razón.  En la entrada reconocía también que el modelo tradicional de publicación tiene muchas otras bondades.  Sin embargo es también importante reconocer que modelos de intercambio de información peer-to-peer han terminado por inventar sus propios sistemas (igualmente robustos y confiables) de indexación y preservación.  Nada más piénsese en la web (que es en últimas un sistema de publicación peer-to-peer) o en wikipedia.  Si queremos crear un sistema de “Yournals” deberíamos constituir organizaciones que realizarán esas tareas “sucias”, como acertadamente las llama Nicolás, siempre y cuando, como lo hacen las respectivas organizaciones en el caso de la web y wikipedia, no se conviertan en organizaciones mafiosas que definen que y cómo se publica.  Su función sería únicamente de curaduría de la “metainformación” sobre las publicaciones.
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