Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

En Defensa de la Burla

La muerte de un grupo de connotados caricaturistas franceses en manos de unos fanáticos musulmanes, ha abierto una discusión en la que hasta el Papa ha “metido la cucharada”: ¿es correcto burlarse de las creencias de otros? y con esto ¿se buscaron los caricaturistas el fatídico final que les toco? (aunque esto suena cruel y parece justificar la violencia, no lo es, y la verdad es que mucha gente inteligente y otra no tanto lo esta pensando).  El tema esta bien caliente.  Aunque se que casi todo lo realmente importante que tenía que decirse al respecto se ha dicho, tanto en favor como en contra, hay un hecho fundamental que quiero desarrollar aquí: la burla, la caricatura, el humor, es el último mecanismo que le queda a una minoría escéptica, atea, laica (escoja usted el término, da igual) para manifestarse contra el absurdo, en un mundo dominado por la religión.

“La burla inteligente, la caricatura y la ironía son el único “poder” que las minoría escépticas tienen en la sociedad ¡no se los pueden quitar!
Enero 16 de 2015
http://bit.ly/trino-burla

Sin palabras.  "Burla" por Martin Perscheid, http://bit.ly/1IVSKc7

Sin palabras. Una “burla” por Martin Perscheid, que vale la pena decir no fue asesinado por ningún grupo de fanáticos cristianos después de esta caricatura.  Vea: http://bit.ly/1IVSKc7.

¿Esta bien o mal burlarse de las creencias de otros? ¿no deberíamos ser tolerantes y “respetuosos” y dejar que cada uno crea lo que quiera y no ridiculizarlo? ¿burlarse y caricaturizar lo que otros consideran “sagrado” no es también una forma de violencia? ¿no hay demasiada libertad (o libertinaje) en una sociedad que deja que el mismo dios y sus embajadores en la tierra puedan ser ridiculizados?

Estas son algunas preguntas que se están escuchando en todas partes por estos días, después de que unos maestros del humor y de la sátira francesa fueran ajusticiados por unos fanáticos que no soportaron que Mahoma y sus líderes fueran ridiculizados y en algunos casos, ni siquiera eso, que aparecieran dibujados en una viñeta.

Aunque la mayoría reconoce este crimen como un acto de brutalidad fanática sin justificación y lo rechaza categóricamente, tanto del lado musulmán como del lado de los otros mil millones de dioses, empieza a surgir un consenso en la sociedad civilizada de que no se puede ir tampoco muy lejos al burlarse de la religión porque el tema es tan delicado que estas cosas terminaran tarde o temprano pasando.

Más delicado aún es el llamado de algunos a no burlarse en lo absoluto de la fe de los demás, por ser este un tema “sagrado” que debería estar (esta es mi inferencia) fuera de cualquier discusión intelectual.  En unas fatídicas declaraciones, el mismísimo Papa Francisco I, líder de miles de millones de católicos, comparo la burla a la religión, con la burla o ridiculización de la mamá de cualquier persona y la respuesta violenta a este acto, como algo humanamente inevitable.

¡Válgame señor!

¿Entonces? ¿deberíamos tener la libertad de burlarnos de la religión? o en su lugar deberíamos burlarnos solamente de la política, los deportes, el cine, la misma ciencia, es decir todas esas otras manifestaciones de humanidad cargadas también de una inevitable irracionalidad.

¡Por supuesto que debemos permitir burlarse de la religión! ¡de cualquier religión!.

Existen 2 razones que considero importantes para soportar esta afirmación.

La primera razón: casi todo en la Religiones milenarias es ridículo, risible, absurdo.  La burla es por tanto una consecuencia natural de este hecho básico.

No nos digamos mentiras.  Cualquiera que haya vivido un par de décadas de este y de finales del siglo pasado, que haya sido testigo, así sea involuntario, de los avances científicos y tecnológicos de nuestro tiempo, pero también de otros en temas sociales y culturales, debería reconocer que la mayoría de los hechos sobre los que se fundamentan las Religiones milenarias, son a todas luces absurdos y contrarios al sentido común ilustrado.

Es cierto que la religión y sus libros sagrados están llenos de enseñanzas bonitas y muy profundas sobre la vida.  El problema es que al ser creadas o escritos (los libros) en tiempos en los que ignorábamos casi todo sobre el mundo natural y también hay que decirlo sobre el social, esas enseñanzas están salpicadas de las que a la luz de lo que sabemos hoy, son hechos ciertamente absurdos.

Creencias supersticiosas que han sido reemplazadas hace mucho tiempo por conocimientos soportados en evidencia empírica: la gente no vuelve a la vida después de morirse; las mujeres no se embarazan sin la intervención de un hombre o de un instrumento quirúrgico “equivalente” (!); pensar que el nivel del mar disminuya, no lo hace disminuir; nadie puede hablar sino tiene un cerebro y una faringe viva; etc.

Son cosas elementales.  No es “rocket science” como dicen los gringos.

Los símbolos son también una constante en las religiones.  Movimientos del cuerpo, rituales, ropas, palabras.  ¿Nos podemos burlar de eso?  Depende.  Si te pones una falda para infundir creencias supersticiosas a un grupo de personas con una educación limitada, supersticiones que al final terminan haciéndoles daño, burlarme de tu atuendo es lo de menos.

Esto me conecta con la segunda razón y la más importante por supuesto.  Imagino que para muchos creyentes que se toparon con este escrito la razón anterior es completamente invalida.  Las creencias (ridículas) de las religiones milenarias no necesitan ser validadas por la evidencia empírica o el sentido común; ese es precisamente el sentido de la fe.  ¡Así de increíble como parece!  Veamos entonces cuál sería otra razón para dar vía libre a la burla y la sátira sobre la religión.

Al lado de las religiones milenarias que se han convertido hoy en “mafias” organizadas, multimillonarias y poderosas, y que tienen miles de millones de adeptos, estados completos a su favor, los grupillos de ateos, escépticos e intelectuales pro laicos, son bacterias minúsculas.  Manejan medios de comunicación que apenas si leen unos pocos (como este blog por ejemplo).  Escriben libros para argumentar sus posiciones y tratar de disminuir la incidencia de la superstición y la pseudo ciencia que solo leen los que pueden comprarlos y peor entenderlos.

Ante esa desmesurada diferencia, entiende uno que la única reacción que parece notarse es la que provoca risa, la que satiriza y ridiculiza a la religión.  Es más fácil que la gente entienda lo ridículo y lo absurdo de la religión en una caricatura a que lo haga después de leer un artículo en “The Skeptic Maganzine” o en un libro (aun si es un Best Seller) como “The God Dellusion” de Richard Dawkins.  Cualquiera entiende la caricatura al principio de esta entrada.  Cualquiera.  Pero no todos podemos entender (o estamos dispuestos a entender) las cientos de líneas escritas para demostrar el absurdo de la religión escritas por intelectuales de la altura de Bertrand Russell, el mismo Dawkins o por el otro maestro del escepticismo Carl Sagan.

La burla es el pequeño poder que le queda al resto de la humanidad, a los que no somos “hinchas” furibundos de la superstición, para dar entender a todos el sin sentido de las creencias que los segundos quieren (y que seguirán) propagando por muchos años en el futuro.

Ninguno de esos intelectuales o caricaturistas “burleteros” saldrá nunca a decapitar sacerdotes u otro tipo de chamanes.  Ninguno se inmolara en la mitad de la plaza de San Pedro o en la Meca para reducir el número de creyentes.  Ninguno propondrá la creación de una “guerra laica” suicida.  No.  Todas esas son justamente las cosas absurdas de la religión de las que se están burlando.

La caricatura, la sátira, la burla no representa ninguna amenaza verdadera para las Religiones Organizadas.  Prohibirla o limitarla es quitar el único mecanismo de desahogo de esa minoría pensante que necesita manifestar lo que piensa en un mundo invadido por propaganda religiosa y supersticiosa.

Pero esto no solo pasa con la Religión.  En temas políticos la sátira y la caricatura han servido por siglos para que se escuche la voz de quienes no serían escuchados.  Ha sido usada para revelar el absurdo o los abusos que no son evidentes o que solo pueden ser vistos por quienes pueden ver más allá de la propaganda oficial.

La sátira política incluso se ha institucionalizado.  Es “tolerada” por los gobiernos y los políticos.  Gobernante que no entienda que su imagen será ridiculizada hasta el cansancio por quienes no están de acuerdo con sus manejos, esta literalmente ¡jodido!.  Aún así, la democracia continúa.  El mundo es incluso mejor.  Los gobernantes incluso tratan de ajustarse, de tomar decisiones menos “risibles” porque se dan cuenta que hay gente allá afuera que si nota lo que va en contra del sentido común.  La sociedad mejora.

¿Por qué la religión no puede aceptar esa misma condición?.  La razón es sencilla.  Estriba en la naturaleza misma de la enfermedad intelectual que la sustenta: la fe.  La creencia ciega, la sumisión intelectual.  Si permitiéramos que el dogma se discuta, se contraste con la evidencia empírica o el sentido común, las Religiones milenarias desaparecerían (no la religión, las religiones milenarias).  Si los padres de familia creyentes permitieran a sus hijos formular preguntas incómodas, burlarse de lo que es absurdo en sus tradiciones, en lugar de imponérselas sin ninguna razón verdadera, todas las creencias de la edad de piedra y otras del medioevo desaparecerían.

¿Que quedaría? Otras creencias por supuesto.  Nadie cree que la religiosidad desaparecerá completamente. Los estudiosos del cerebro han demostrado que esto no es posible.  Hace parte de los mecanismos forjados por la evolución para garantizarnos sobrevivir en un mundo contingente y azaroso.

Pero es mejor convivir con creencias irracionales adaptadas al estado actual de ignorancia sobre el mundo natural, que hacerlo con creencias de tiempos en los que la Tierra era el centro del Universo.  En un mundo sin Cristianismo, sin Islamismo, la gente creerá en cosas que en el futuro serán también vistas como tonterías.  En ese momento, tendremos que reemplazarlas por otras y así sucesivamente.

No se trata de eliminar la religiosidad.  Se trata de abandonar el modelo de las religiones de los tiempos de Roma y de antes, por un modelo que se adapte mejor a nuestro progreso del entendimiento del mundo natural, humano y social.

Mientras eso pasa (si es que pasa) hago un llamado vehemente a las minorías no creyentes, a los que no son esclavos intelectuales de la tradición de sus abuelos, para que se burlen cuanto puedan de lo que es absurdo, sea esto político o religioso.  Tal vez así, y solo tal vez, los niños que vean la otra cara de la moneda, puedan llegar a pensar alguna vez que es posible una vida sin esas Religiones, así como es posible una sociedad con mejores gobernantes e instituciones.

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Esta no es una caricatura y por lo tanto nadie la entenderá tan claramente como la viñeta del principio. El porcentaje de los que la leerán es también mucho menor comparado a los que verán la caricatura en toda su extensión. Esta es la traducción del texto: “uno encuentra mirando alrededor del mundo que cada pequeño progreso en los sentimientos humanos, cada progreso en la ley criminal, cada paso hacia la disminución de la guerra, cada paso hacia un tratamiento mejor del tema de las razas o la mitigación de la esclavitud, cada progreso moral que ha habido en el mundo ha encontrado la oposición de las iglesias organizadas del mundo. Puedo decir de forma bastante deliberada que la religión cristiana, tal y como esta organizada en sus iglesias, ha sido y todavía es el principal enemigo del progreso moral en el mundo” – Bertrand Russell.

 

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2 pensamientos en “En Defensa de la Burla

  1. aleko en dijo:

    Gracias señor Zuluaga por tratar de abrirle los ojos a una sociedad que esta feliz de tenerlos cegados..

    • Gracias Aleko por tu comentario.

      Definitivamente cada vez es más necesario que los que no estamos de acuerdo con la tolerancia ciega a la superstición nos expresemos públicamente.

      Que salgamos del closet, así eso implique enfrentarnos al rechazo general de una sociedad “cualitativa” y “tolerante”, para la cuál primero están los valores de la tradición que el respeto por la evidencia y lo conquistado por el intelecto y la ciencia.

      ¡Es una “pelea” de largo aliento!

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