Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

Archivar para el mes “febrero, 2015”

Cuestión de Estrategia

Como dice la sabiduría (im)popular (y si no dice, debería) “A veces no hay mejor amigo que aquel que siempre te han dicho podría ser tu peor enemigo“.  Pues bien, yo creo que ese parece ser el caso de los Científicos y los Militares en Colombia, o al menos así debería ser en países como el nuestro, en los que la inversión real en ciencia de parte del estado, apenas si llega a ser un saludo a la bandera.  Y es que todo hay que decirlo (y así lo digo en los trinos abajo): en una sociedad como esta, llena de “humanistas” y políticos, parece ser que los únicos que saben que para ganar (o al menos para competir) hay que prepararse, son los militares.  La historia esta llena de casos que parecen demostrar esta afirmación.  En Colombia hemos empezado a notar (o tal vez no) como las fuerzas militares están dando muestras de saber, mejor que los supuestos organismos de promoción y financiación de la ciencia, “por dónde es que va el agua al molino” cuando de hacer apuestas atrevidas en desarrollo científico y tecnológico del país se trata.   Les presento aquí algunas reflexiones sobre este “estratégico” asunto.

“En cuestiones del desarrollo científico Colombiano siempre ha sido mejor hablar con Militares que con Políticos ¡ellos si saben de estrategia!
Febrero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-militares1

“Un militar es alguien que sabe que para ganar hay que estar preparado. Un político es alguien que tiene que ganar para prepararse”
Febrero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-militares2

Fotografía de la exitosa primera misión a la Antartida realizada por la Armada Colombiana en los últimos meses (2014-2015)

Fotografía de la exitosa primera misión a la Antartida realizada por la Armada Colombiana en los últimos meses (2014-2015)

¿Se acuerdan ustedes de ese tétrico personaje que hacía de supuesto villano en la película “Mi Pobre Angelito”? ¿un señor entrado en años, con cara de pocos amigos, que andaba siempre con las botas de nieve desamarradas y con una pala en la mano?

Si no lo recuerda o tiene el buen gusto (e intolerancia al mal cine) para no haberla visto, les cuento que el supuesto villano resulto ser, al final, quien salvo la vida del muchachito y además se convirtió en su mejor amigo.

Yo sé que una referencia al que tal vez parece un mensaje muy trillado, en una película tal vez muy popular, puede no ser la mejor manera de hablar de un tema tan serio; pero es que no se me ocurre una manera más “didáctica” para ilustrar mi punto central aquí.

¿A quién se le puede siquiera ocurrir en estos tiempos proponer una relación explícita entre la ciencia y los militares?” “¡desalmado!”, resuenan en mi oído los reproches de mis amigos humanistas imaginarios (y otros no tan humanistas, pero igual de sensibles).

Para nadie es un secreto la estrecha relación que el desarrollo científico y tecnológico han tenido a lo largo de toda la historia con la institución castrense (o la “guerra” como preferirían llamarla la mayoría).

Sería una miopía no reconocer por ejemplo que la Astronomía o la Física no habrían alcanzado a ser lo que son hoy sin las decididas (y multibillonarias) inversiones militares realizadas entre los años 40s y 90s.  Inversiones que nos permitieron desde entender como funciona el interior de las estrellas, construir telescopios espaciales de rayos X, ir a la Luna y traer 400 kilogramos de rocas de otro mundo, hasta entender mejor el funcionamiento de las fuerzas y las partículas elementales o saber que le pasa al cuerpo en microgravedad.

Esta bien que tampoco se puede estar uno sintiendo orgulloso por el número de bajas humanas que algunos de los proyectos militares que derivaron en los anteriores logros científicos, tienen en su haber.   Eso lo admite cualquiera.  Pero de ahí a “satanizar” el valor que la mentalidad e intuición militar podrían tener en la ciencia, especialmente en momentos en que los que deberían financiarla y ayudar a impulsarla están ocupados en otras cosas “más pertinentes”, hay mucho trecho.

Acaba de concluir la primera misión realizada por un equipo científico colombiano a la Antartida.  Después de más de 50 años de presencia de más de 40 países en el continente blanco, Colombia visita oficialmente por vez primera este importante puesto de avanzada para la ciencia mundial.  Los artífices de este importante logro no podrían ser otros en Colombia que los militares: la Armada Nacional.  Si bien a la mayoría nos parece un logro maravilloso (aunque no entendamos cabalmente sus implicaciones), no ha faltado el “periodista humanista” que salto a preguntar en un popular medio radial colombiano hace un par de días “¿y eso para qué?”; una pregunta que seguramente se hicieron los muchos otros “humanistas” en el Congreso de la República o peor aquellos que están haciendo fila para gobernar.

No digo que los civiles no hubiéramos podido conseguir esto sin la ayuda de barcos o personal militar.  Pero les aseguro que si un equipo de científicos colombianos, suficientemente numeroso, todos miembros de distinguido Grupos A1, como le gusta llamarlos a Colciencias, le hubieran pedido a esta última institución dinero para construir, comprar o alquilar, da igual, un buen barco de investigación para llevar a cabo este logro, la respuesta habría sido un rotundo… … “Su proyecto esta ahora en la lista de elegibles.  Espero otro año para que le demos el no definitivo”.

Mi relación con los militares es escasa.   Debo confesar que tuve la suerte de no prestar el servicio militar por la (menos afortunada) condición de salir del bachillerato en un tiempo y una zona del país en el que los militares no veían con buenos ojos ayudar a entrenar al creciente ejercito de Pablo Escobar (!).  No tengo familiares en el ejercito, la armada o la fuerza aérea.  Ni contratos o proyectos en curso (lamentablemente) con ninguna de sus fuerzas.

Sin embargo, he tenido la fortuna de toparme con un par de ejemplos similares al que nos demuestra claramente ahora el caso de la misión a la Antartida.  En medio de mis andanzas promoviendo el desarrollo de la Astronomía o participando de los foros sobre el desarrollo espacial colombiano, he conocido a un par de oficiales de alto rango, en los que siempre he encontrado lo que para mí como científico, es una extraña actitud positiva hacia las que normalmente son consideradas ideas locas e impertinentes en este país lleno de necesidades. Tal vez sea un efecto de selección.  No todos los militares son como los que yo he conocido.  Tal vez.

Esta experiencia es abiertamente contraria a lo que he tenido (casi siempre) cuando tengo la mala suerte de hablar con políticos; siempre se presentan esquivos, demagógicos e ignorantes de los temas científicos; eso sí con muy contadas excepciones (la verdad solo he conocido un político diferente a este respecto, después les cuento quién fue).  Los militares al contrario de los políticos, parecen exhibir una actitud distinta hacia la ciencia y sobre todo parecen saber al menos un poquito sobre el tema.  Esto último no es extraño en tanto, a diferencia de muchos oficiales que pueden ser ingenieros e incluso científicos, la mayoría de los políticos vienen de carreras de Ciencias Humanas, que en el país del sagrado corazón de Jesús no ven una sola cátedra de ciencias en toda su formación profesional.

De nuevo, es posible que este generalizando o viendo patrones donde no los hay (¿quién no lo hace? en especial cuando se trata de sus cosas más queridas), pero cuando lo examino con cuidado se me ocurre realmente muy natural.  ¿Quiénes mejores para entender que para ganar, por ejemplo los espacios que otros podrían ocupar o reducir las ventajas frente a los competidores, hay que prepararse adecuadamente, que los mismos militares?.

También sería miope no reconocer que es muy fácil pensar apoyar cualquier iniciativa por loca que parezca cuando tienes de tu lado el 4 o 15% del PIB (inversión militar) en lugar del 0.4% (inversión en ciencia y tecnología).  Pero esto, en lugar de desanimarme a profundizar en este argumento, al contrario se convierte en combustible para continuar por este camino.

Pocos proyectos en la Ciencia pueden realmente alcanzar algo relevante en menos de 20 o 30 años de esfuerzo continuo.  En Colombia el proyecto de investigación más largo dura 7 años.  Los Gobiernos duran a los sumo 8 (y eso que a regañadientes) y cuando cambian, frente a la ausencia de verdaderas políticas de estado en temas estratégicos, echan al traste cualquier iniciativa de largo aliento.

No pasa lo mismo en las fuerzas militares.  Es cierto que debe existir una relación estrecha entre los más altos mandos del ejercito con el (muy volátil) comandante de todos ellos: el Presidente de la República. Pero también hay que decir que si algo hay que le sobrevive a los vaivenes políticos de nuestro país y de otros como el nuestro, es la estructura y estrategia de las fuerzas militares.

En países como Alemania o Estados Unidos, donde en su momento la investigación militar fue posiblemente la única fuente posible de financiación de la ciencia mas seria, la relación entre desarrollo científico y militar se ha mantenido.  Sin embargo el reconocimiento de la ciencia como tema estratégico ha trascendido las esferas militares para convertirse en un tema civil de primera línea.  Allá pueden “regodearse” (falsamente) de que la ciencia se desarrolla al margen de la “guerra” o de quienes están listos para hacerla (dirían mis amigos humanistas).

No es el caso sin embargo de nuestro país.

Mi propuesta es entonces sencilla: “cerremos filas” contra la desfinanciación de la ciencia y empecemos a buscar a las instituciones que crean en nuestras locuras, sea que estas se reviertan o no en beneficios en 30 o 50 años.  Si Colombia comienza, tal vez con la ayuda decidida de las Fuerzas Militares, un plan serio de inversión en Ciencia y Tecnología que trascienda los gobiernos de turno, podremos soñar con ganar las “guerras” del futuro, pero no contra los vecinos belicosos o los rebeldes de izquierda y derecha que azotan los campos, sino contra el atraso y la dependencia científica y tecnológica que nos aqueja desde hace décadas.

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Big Bah!

Pocas cosas son menos discutibles en la Cosmología Moderna que el hecho que hubo un “Big-Bang”.  Pero también pocos son los términos científicos con más acepciones y usos inapropiados que este.  Después de la reciente publicación de un sugestivo modelo teórico que podría hacer por la expansión del Universo lo que alguna vez Hawking hizo por los agujeros negros, una polvareda viral se ha apoderado de Internet, sugiriendo, equivocadamente, que uno de los logros más fantásticos de la mente humana, podría tal vez estar equivocado.  Como siempre, la parte más interesante del modelo ha quedado opacado.  He aquí algunas impresiones sobre el nuevo trabajo y lo que considero son los aspectos más interesantes del mismo.  Aprovecho también para intentar clarificar algunos conceptos y hechos bien conocidos de la Cosmología, obtenidos después de más de un siglo de ingentes esfuerzos observacionales y teóricos, que ni este, ni otros modelos novedosos, seguramente van a cambiar.

“Si de algo está segura la Cosmología es que hubo un Big-Bang: con ‘singularidad’ o sin ella
Febrero 14 de 2015
http://bit.ly/trino-big-bang

bang1_1906123bLa escena empieza a repetirse con demasiada frecuencia.  Un artículo científico con un contenido sugestivo se publica en un journal especializadoCientíficos comunicadores, periodistas y aficionados con buen ojo, encuentran la historia y empiezan a hablar de ella en blogs, sitios de noticias y hasta en medios convencionales de comunicación.  La historia se hace viral, aún cuando el 99% de quienes la leen con avidez no pueden entenderla y una fracción muy pequeña recurrirá a la fuente original para hacerlo.  Al final solo quedan unos titulares de prensa “sensacionalistas”, una increíble confusión entre la mayoría de la gente y el “mal sabor de boca” entre los científicos al ver como todo el mundo consume con un mínimo escepticismo noticias del tipo “la-ciencia-se-partirá-en-dos-después-de-este-trabajo”.

Pero esta entrada no es para discutir, otra vez (ver mi entrada anterior Tres Universos) este interesante fenómeno sociológico y cultural, que parece estar complicando cada vez más la relación entre el público y los científicos

Lo que quiero aquí es comentar la última noticia que parece haber inundado cada rincón de Internet y según la cual (y cito literalmente) “Ecuaciones de la mecánica cuántica predecirían que el Universo no tendría un principio, es decir que tal vez no hubo un Big-Bang” (he aquí la entrada de blog – en inglés – que hizo popular la historia.) 

Big-Bang o no Big-Bang, he ahí la cuestión

Una representación gráfica de la evolución del Universo en los últimos 13,800 millones de años.  El Big-Bang sería lo que paso más o menos antes del nacimiento de la "radiación cósmica de fondo" (superficie verdosa)

Una representación gráfica de la evolución del Universo en los últimos 13,800 millones de años. El Big-Bang sería lo que paso más o menos antes del nacimiento de la “radiación cósmica de fondo” (superficie verdosa)

Digámoslo bien claro: ¡es obvio que hubo un Big-Bang!

Como la evolución biológica, la idea del Big-Bang, una manera muy popular de referirse a una teoría que nació en la segunda década del siglo XX, no esta en discusión en los círculos especializados en Cosmología.  Ningún cosmólogo serio duda de ella.  Y la razón es muy simple: la evidencia observacional y teórica de que hubo un Big-Bang es demasiado sólida.

La confusión viene del hecho de que no parece estar muy bien definido en la literatura popular, lo que se entiende en los círculos especializados por Big-Bang.  Los cosmólogos tampoco han ayudado mucho a precisar el término y autores muy respetados lo siguen usando para referirse a un instante de la historia del Universo en lugar de un período muy peculiar de esa misma historia.

El Big-Bang (o Hot Big-Bang como lo llaman los expertos) no es un único instante del tiempo cosmológico, sino la suma de las etapas por las que paso el Universo hace alrededor de 13,800 millones de años y que convirtieron un escupitajo de plasma informe y con propiedades muy peculiares en algo más parecido a lo que vemos hoy en día a nuestro alrededor, con núcleos atómicos y electrones revoloteando en un Universo en expansión.

George Lemeitre, el padre de la teoría del Big-Bang y Einstein, el creador de la teoría de la gravedad que la inspiro.  En un principio a Einstein le parecía la teoría de Lemeitre una abominación, aunque se basará en su propia teoría de la gravedad

George Lemeitre, el padre de la teoría del Big-Bang y Einstein, el creador de la teoría de la gravedad que la inspiro. En un principio a Einstein le parecía la teoría de Lemeitre una abominación, aunque se basará en su propia teoría de la gravedad

Así fue como lo propuso el mismísimo George Lemaitre, quién concibió la idea por primera vez alrededor de 1927.  De acuerdo con Lemaitre, las leyes de la gravedad descritas por Einstein sumadas con el entonces recién descubierto fenómeno de la expansión del Universo, conducían naturalmente a la conclusión de que el Universo habría pasado en un principio por un estado muy caliente y denso que el llamo el “huevo primigenio”.  

“Salvajes especulaciones teóricas con tintes teológicos y pseudo científicos”, decían algunos por allá a mediados del siglo XX.  El mismísimo Einstein, epítome de la intuición científica, prefirió reconocer que las matemáticas podrían equivocarse si predecían este sin sentido, a admitir, usando sus propias palabras, una “hipótesis abominable” como esta.  En 1949, Fred Hoyle, enemigo número uno de la teoría de Lemaitre acuñaría el término Big-Bang durante una entrevista para la BBC, para referirse peyorativamente a esta idea.  

El Universo le tenía reservada una sorpresa a Hoyle y a todos los escépticos del “Big-Bang”.  En los años 60, dos radio astrónomos americanos descubrieron una señal electromagnética procedente de cada rincón del cielo que tenía las características inconfundibles de lo que los teóricos habían predicho serían los “ecos” de ese “Big-Bang”, el calor remanente del infierno inicial.  La bautizaron, “Radiación Cósmica de Fondo”.  

Penzias y Wilson, descubridores de la Radiación Cósmica de Fondo, la prueba indiscutible de que hubo un Big-Bang

Penzias y Wilson, descubridores de la Radiación Cósmica de Fondo, la prueba indiscutible de que hubo un Big-Bang

Hoy, 50 años después de este descubrimiento y casi 90 años después de la atrevida hipótesis de Lemaitre, cientos de instrumentos, incluyendo telescopios en Tierra, en globos y en el espacio, no solo han confirmado sin ningún lugar a dudas que la radiación cósmica de fondo son los restos del Big-Bang, sino además que trae consigo secretos increíbles sobre lo que paso en aquellos violentos tiempos.

Si todo esto no fuera ya muy bueno, existe un segundo hecho difícilmente explicable sin apelar a un Big-Bang.

En los lugares más prístinos del Universo, aquellos no contaminados por la manía de las estrellas de crear elementos nuevos de la tabla periódica, la composición de los gases sigue una proporción constante y universal: por cada 3 kilos de Hidrógeno, hay siempre 1 kilo de Helio.

¿Cuál es la causa de que exista una proporción tan “particular” entre los dos elementos más abundantes del cosmos?.  Si el Universo hubiera existido por siempre en un estado parecido al actual (frío y muy diluído) la proporción de 3 a 1 no sería más que un simple resultado del azar.  Cabría preguntarse ¿por qué hay Helio en fin de cuentas? ¿por qué no solo Hidrógeno siendo el elemento más simple? ¿o por qué no existen todos los elementos de la tabla periódica en cantidades por igual?.  La respuesta a estas preguntas solo es posible admitiendo que hubo un Big-Bang.

Si se pone todo lo que sabemos sobre las reglas de la física nuclear en un Universo increíblemente caliente y denso, constituído por una proporción igual de protones y neutrones (lo que ya no sería arbitrario sino bastante justo), y que además se expande a la velocidad predicha por la teoría de la gravedad de Einstein, la proporción de 3 a 1 entre Hidrógeno y Helio es un producto natural de las leyes de la física.  En pocas palabras, solo en un primitivo Universo-reactor-nuclear que se expande, el Hidrógeno y el Helio podrían tener esta proporción como resultado de la acción de las leyes y no como una condición arbitraria, sobrenatural.

Singularidad o no Singularidad

Una cosa es el Big-Bang y otra la singularidad que se supone existió en el inició del tiempo.

Una cosa es el Big-Bang y otra la singularidad que se supone existió en el inició del tiempo.

Si el Big-Bang se apoya sobre bases observacionales y teóricas tan firmes ¿cuál es entonces la bulla?

El asunto crítico que el nuevo trabajo aborda no tiene que ver con el hecho de que el Universo haya pasado o no por un Big-Bang, en la acepción explicada aquí.  El problema estriba en que no tenemos todavía suficiente información para saber que tan altas pudieron ser las temperaturas y densidades de aquellos tiempos.

Si extrapolamos (groseramente) nuestro conocimiento sobre el funcionamiento de la gravedad (que se basa en el estudio de objetos muy normales, los planetas, el Sol, las estrellas y las Galaxias) a esas convulsionados tiempos, una conclusión parece inevitable:  no hay ninguna razón para no creer que la densidad y temperatura pudieron ser infinitas en algún instante del pasado.  A esta condición aparentemente inevitable los cosmólogos la llaman la “singularidad inicial”.  

No hay noticia de algo en el Universo que tenga una propiedad con un valor “infinito”.  En realidad “infinito” es un concepto más que un número.  Los números naturales, por ejemplo se dice que son infinitos por que no hay nada que impida que si uno empieza a contar, termine algún día.  El infinito se refiere así a una condición sin límite más que a un valor concreto.  ¿Qué significa entonces el “infinito” de la densidad y temperatura del comienzo?  

Nadie sabe a ciencia cierta,  pero si hubo una singularidad inicial ella marcaría el inició mismo de TODO, incluyendo… prepárense… del espacio y el tiempo mismo.  ¡Increíble!.  En estas condiciones preguntarse por lo que ocurrió antes de la singularidad inicial, sería, como lo explica Stephen Hawking, como preguntar que hay al norte del polo norte.  La pregunta carece en sí misma de sentido.

Me atrevería a decir que no hay prácticamente ningún cosmólogo en sus cabales que actualmente acepte que todo comenzó en una singularidad.   La razón es que no hay que olvidar que la idea de la singularidad viene de extrapolar (groseramente) hacia atrás nuestro conocimiento sobre el Universo en condiciones normales a condiciones que nunca hemos explorado experimental o teóricamente.  Creer en una extrapolación es bastante atrevido, incluso para gente que es capaz de “inventar 3 teoría sobre el Universo al terminar el desayuno”.

Pero una cosa es confiar en que no hubo una singularidad inicial y otra es que alguien encuentre una “prueba” de ello.  Esta es parte de la “nueva noticia”.

De acuerdo al trabajo reseñado y bajo ciertos supuestos razonables, incluyendo admitir una versión alternativa de la teoría cuántica, el Universo podría no habría pasado por un estado de “singularidad”.  Es decir, el Universo nunca habría tenido durante el Big-Bang una densidad o temperatura infinitas.

Ahora bien.  Si no hubo singularidad, el espacio y el tiempo pudieron existir mucho antes que el Big-Bang y el tiempo podría tener una extensión infinita hacia el pasado.  Lo que no es correcto sin embargo es decir que esta conclusión elimina las fases muy calientes y densas por las que paso el Universo al iniciar los últimos 13,800 millones de años, es decir que elimina el Big-Bang.

¡No!  ¡el Big-Bang sigue ahí! La radiación de fondo y la proporción de 3 a 1 del Hidrógeno y el Helio lo evidencian.  Nos tocaría ahora es explicar por qué hace 13,800 millones de años las condiciones de ese supuesto Universo preexistente y eterno cambiaron para producir el Universo que vemos hoy.

La información en nuestras células también nos precede, ha existido desde hace miles de millones de años, pero igual se puede precisar la fecha de concepción de cualquiera de nosotros.

La información en nuestras células también nos precede, ha existido desde hace miles de millones de años, pero igual se puede precisar la fecha de concepción de cualquiera de nosotros.

Creer que eliminar la singularidad inicial es demostrar que no hubo un origen, es como pensar que cada uno de nosotros no puede señalar la fecha de su nacimiento, puesto que al fin y al cabo la información que llevamos en nuestras células se ha replicado en distintos contenedores (antes de ayer un pez, después un mono primitivo, hoy dentro de mí) desde hace miles de millones de años.  Esto suena muy sugestivo, pero es obvio que algo nuevo se construyo con esa información en el momento mismo de la concepción de cada una:  la materia y la información de la que estoy hecho me precedieron, pero eso no me quita el derecho a precisar el momento en que esa materia e información se convirtieron en quien soy.

El Universo, con singularidad o sin ella, empezó a hacer algo muy distintos de lo que era, hace alrededor de 13,800 millones de año.  La historia de lo que vemos hoy, tuvo un origen en aquellos tiempos.

¿Dónde esta la bolita?

¿Qué tiene entonces este trabajo realmente de especial?.  En realidad todo, pero las cosas más valiosas han sido pasadas por alto por la mayoría de las reseñas leídas en internet;  esto puede ser por una omisión involuntaria o porque son más difíciles de explicar o sencillamente porque no llaman tanto la atención como el asunto “engañoso” de la “singularidad” y el Big-Bang.

Las ideas de este nuevo trabajo están intímamente emparentadas con las ideas de Hawking sobre la evaporación de los agujeros negros.

Las ideas de este nuevo trabajo están intímamente emparentadas con las ideas de Hawking sobre la evaporación de los agujeros negros.

Leyendo el trabajo original (que pueden encontrar en este enlace) me he topado con ideas que se me antojan muy parecidas, en su aproximación e impacto, a los trabajos pioneros de Stephen Hawking y su teoría de la evaporación de los Agujeros Negros (teoría que además catapulto a la fama científica internacional a este físico inglés hace ya más de 30 años, incluso antes de que fuera conocido por el público por su famoso libro Breve Historia del Tiempo).

La osadía de estos autores es intentar, como lo hizo Hawking en su tiempo con los agujeros negros, aplicar simultáneamente dos teorías que fueron desarrolladas y comprobadas en dominios muy diferentes, el microscópico ( la teoría cuántica) y el macroscópico (la teoría de la gravedad), a un mismo fenómeno: la expansión del Universo.  Es como mezclar manzanas y peras, como dice el dicho, pero si lo haces con intuición, elegancia matemática y rigor, tal vez puede ser el inicio de algo importante.

En el trabajo los autores describen el contenido macroscópico del Universo con las reglas de la teoría cuántica y la expansión con las de la teoría de la gravedad.  Al hacerlo deducen “nuevas” leyes para la expansión del Universo, su velocidad y cambio.  Estas leyes lucen muy similares a las conocidas tradicionalmente (y que son obtenidas solamente con la teoría de la gravedad) pero tienen elementos nuevos, no predichos previamente y que son la fuente justamente de las conclusiones más importantes del trabajo.

Según esas nuevas leyes, bajo una serie de suposiciones razonables, la expansión del Universo se debería estar acelerando justo en la cantidad que hemos observado que lo hace.  Voilá!  El dolor de cabeza de la Cosmología, a saber, explicar el origen de la expansión acelerada, que se hace normalmente introduciendo el concepto de una misteriosa energía oscura, quedaría resuelto.

Pero no todo es gratis: para que el modelo funcione correctamente debemos admitir que todo el Universo esta lleno de una nueva sustancia (invisible por supuesto), formada por unas partículas hipotéticas conocidas como “gravitones”.

Por difícil que sea admitir que estamos reemplazamos un misterio (el de la Energía Oscura) por otro (el de la existencia de los gavitones), existe una diferencia fundamental entre la energía oscura y esta nueva propuesta.

La idea de los gravitones ya estaba “gravitando” en la física desde hace décadas.   Si la gravedad funciona siguiendo reglas cuánticas (lo que algunos fervorosamente creen),  los gravitones serían algo así como las “partículas de la gravedad”.  Su existencia sería ubicua y su entrocamiento dentro del modelo planteado resultaría natural.

Una pregunta parece quedar de todo esto.  ¿Hay alguna manera de que verifiquemos o al menos pongamos a prueba la veracidad del modelo propuesto?.  Lamentablemente, ninguna por ahora.  De nuevo, la situación aquí es muy similar a la predicción de la “Radiación de Hawking”: casi nadie duda de que exista, pero su detección ha sido esquiva.

La ciencia sin embargo, no tiene afán (solo los humanos detrás de ella).  El proyecto científico es como un gran rompecabezas en el que lentamente se van agregando nuevas fichas aún cuando se entiende que el final esta muy lejos.  Este, como muchos trabajos por venir, podría brindar algo de luz sobre una esquina pequeña del rompecabezas o tal vez no ser más que un espejismo.  El tiempo y el interés de otros por desarrollarla mejor tienen la última palabra.

Otras lecturas:

Tres Universos

Desde que se inventaron los comunicados de prensa, cada dos o tres días ramas enteras de la ciencia sufren giros de 180 grados gracias a descubrimientos revolucionarios.  El Universo que nos “pinta” la prensa es fantástico y la ciencia de la que nos habla parece así avanzar a pasos agigantados.  Muy diferente es sin embargo el Universo que pintan los mismos artículos especializados que, aunque también exageran la mayor parte del tiempo, al menos son leídos por una comunidad mayormente escéptica y que entienden que de “de eso tan bueno no dan tanto”; o el de los propios científicos que entienden mejor el estado real del conocimiento, pero que se reservan para sí mismos o para sus colaboradores más cercanos, su propia visión del mundo.   ¿Cuál Universo, el de los científicos, el de los “papers” o el de los comunicados de prensa, es finalmente el Universo “verdadero”?

“Existen tres universos: 1) el que se describe en los artículos especializados, 2) el que existe en la cabeza de los científicos y 3) el fantástico Universo de los comunicados de Prensa 
Enero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-3universos

Así se verían (supuestamente) los "anillos" de J1407b un "exoplaneta" del mundo de ficción de los comunicados de prensa

Así se verían (supuestamente) los “anillos” de J1407b un “exoplaneta” del mundo (casi de ficción) de los comunicados de prensa.

No hay ninguna duda del enorme benefició que le ha hecho a la ciencia y a su difusión la existencia de comunicadores, periodistas y científicos por igual, que hablan de los descubrimientos científicos más recientes pero también de la ciencia establecida, en medios masivos de comunicación y ahora en Internet.  Me incluyó, por supuesto, en la última categoría, la de los científicos, esto para dejar constancia de que lo que digo a continuación es también una autocrítica.

Sin embargo, se esta volviendo también un poco confuso para la mayoría, especialmente para quienes no tienen nada que ver con los avatares internos de la ciencia, una actividad dinámica y cambiante por definición, entender cuál es el Universo “verdadero”.

Todo parece indicar (o así lo parece demostrar el tono de los comunicados de prensa) que un día el Universo contiene materia oscura y al otro día no; que en la mañana descubrimos el planeta más parecido a la Tierra y en la tarde era solo ruido en la señal; que descubrimos los anillos gigantes de un planeta, pero que en realidad el planeta tiene la masa de una enana marrón; o que un lunes el Universo se formo después de la inflación y al viernes que ya no y tal vez lo hizo después de la colisión de dos “branas”.  En otras área de la ciencia, las cosas no son peores.  El café y el chocolate son un día los mejores amigos del envejecimiento y el cáncer y al otro antídotos eficaces.

Una “confusión” similar (aunque muy natural) se vive al interior de la ciencia misma.  Cada artículo que se publica en revistas especializadas, dice resolver posiblemente la mayoría de los problemas que estaban abiertos en su disciplina o es la semilla para una disciplina completamente nueva.  Aquí la cosa, sin embargo, es un poco más natural.  Los científicos describimos nuestro trabajo convencidos de su valor y aunque sería posible decir que la mayoría de nuestros papers son en realidad pequeños esfuerzos en un proyecto mayor, la verdad es que para ser publicado no se puede andar uno con demasiadas modestias.

A pesar de lo natural (aunque incómodo) que sea admitir esto, por lo menos la mayoría de los lectores de los artículos especializados son colegas escépticos que no tienen ningún problema en dudar, por defecto, de lo que leen; naturalmente también están dispuestos a admitir el poder o la calidad de una idea, pero sin desconocer que el camino hacia la “verdad” científica es bastante arduo y que necesita mucho más que algunos “milagros literarios”.

En tercer lugar esta el Universo que conocen o intuyen los científicos.  Aquel del que solo hablan con sus colegas o con sus estudiantes, pero que también se asoma en una que otra entrevista pública (aunque tal vez no sea lo más importante o notable para la mayoría).  Ese Universo, aunque también esta cruzado por pasiones y no esta exento de exageraciones, es posiblemente el más real de todos.  Solo quien esta metido con el fango hasta el cuello y lleva allí una buena fracción de su vida tiene una buena idea de que tan grave o prometedora es la cosa.  Pero de nuevo, la cosa no parece pasar de los entornos privados de los científicos donde se comentan las realidades a veces muy duras del avance científico, especialmente en la frontera del conocimiento.

Planetas similares a la Tierra: otra área en la que casi todo esta por hacer aún cuando los comunicados de prensa parecen indicar que la meta ya se consiguió.

Planetas similares a la Tierra: otra área en la que casi todo esta por hacer aún cuando los comunicados de prensa parecen indicar que la meta ya se consiguió.

¿Y entonces? ¿cuál es el modelo de realidad que debemos finalmente acoger?

Los comunicados de prensa no van a desaparecer.  Son muy importante en realidad para el avance de la ciencia misma.  A veces, ellos son la única manera para que la gente se de cuenta, así sea exagerando un poco, que hay un grupo de “nerds” tratando de resolver problemas muy difíciles y a los que les llevará seguramente mucho tiempo encontrar algo de valor, pero que aun así deben ser apoyados sin condiciones.

El tono de los artículos especializados no va a cambiar tampoco.  La mejor analogía que se me ocurre en este caso, es aquella con una corte en la que los abogados deben hacer lo que pueden para demostrar la culpabilidad o la inocencia del que esta en el banquillo.  Su profesión, como la de los científicos, les exige esgrimir los mejores argumentos en favor o en contra del “acusado”, con la esperanza de que al final la única ganadora sea la verdad.  Así, es posible que la mayor parte de los papers no expresen la verdad científica definitiva, pero de la suma de ellos, incluyendo los que se contradicen mutuamente, esperamos (y así lo hemos visto en el pasado) salga una que otra verdad.

Si los científicos se sinceran demasiado no podrían admitir que los comunicados de prensa sensacionalistas existieran (o participar directamente en su elaboración) y tal vez no podrían tampoco publicar tan frecuentemente como se los exige una sociedad en la que la eficiencia esta por encima de cualquier otra cosa (“un paper por año como mínimo”, te dicen, no importa que lo que buscas en realidad requiera un par de años, una década para resolverse así sea parcialmente).

El conocimiento científico es como un buen vino: necesita maduración, a veces incluso por décadas, antes de poder consumirse o compartirse con gusto.   Disfrutar de una observación o una medida recién salida de los instrumentos de un rover marciano o un telescopio espacial, es divertido, pero la interpretación de esos resultados tomará posiblemente muchos años antes de convertirse en algo creíble o de ser parte del conocimiento “establecido” sobre el Universo.

Hay que educar más y mejor al público para filtre mejor la información que reciben incluso de fuentes autorizadas, especialmente cuando se habla de avances que apenas están saliendo del horno.  También para que aprecien el valor resultados científicos supuestamente “antiguos”, es decir con edades inaceptables para los estándares de “novedad” de los medios, 5 o 10 años, pero a los cuales un período saludable de maduración les ha conferido un valor más alto de “conocimiento establecido”.

No se debería presionar tanto a los científicos, especialmente a los más jóvenes, para que alardeen de pequeños logros.  Permitirles e incluso promover que trabajen por varios años hasta que se convenzan de que lo que van a decir tiene verdadera relevancia e impacto en el avance de sus disciplinas.  Alternativamente, el estilo de la literatura científica les debería dejar admitir la naturaleza eminentemente temporal de lo que dicen o reconocer abiertamente y sin ningún castigo, que el verdadero valor de sus papers se conocerá en los años futuros y que tal vez no sea muy grande.

Por otro lado los científicos mismos podríamos ser más sinceros y reconocer públicamente en cuáles aspectos del conocimiento científico estamos jodidamente atrasados y en cuáles prácticamente no hay duda de que lo que se sabe es coherente con el universo allá afuera.   Todas esas dudas y ese escepticismo que sentimos por el trabajo nuestro y por el de otros, debería ser evidente en la mayoría de nuestras manifestaciones públicas.  Nuestro trabajo, como comunicadores en algunos casos, debería ser el de enfatizar lo que apenas hoy, 20 o 30 años después de lo que en su momento fueron pequeños descubrimientos, se ha empezado a consolidar como una imagen más o menos segura del Universo.

Así, en lugar de estar alardeando públicamente de las fantásticas medidas de la polarización de la radiación de fondo y de sus posibles interpretaciones, deberíamos estar celebrando hoy, públicamente, la confirmación hecha con más de 30 años de observaciones detalladas del cielo en muy diversas longitudes de onda, de la imagen de un Universo que evoluciono a partir de un estado denso y caliente.  Aunque esto nos puede parecer obvio dentro de la cosmología, la verdad es que es de las únicas cosas de las que estamos casi completamente seguros.

Los populares resultados del satélite Planck que midió recientemente la polarización de la radiación de fondo y puso en entredicho el descubrimiento anunciado con bombos y platillos en 2014 de la observación de las huellas de las ondas gravitacionales producidas en los primeros instantes del Universo.  Tal vez nos deberíamos restringir a mencionar lo que se sabe con certeza: lo que 30 años de observaciones prueban sin duda alguna es que hubo un Big-Bang.

Esta gráfica muestra los hoy populares resultados del satélite Planck que midió recientemente la polarización de la radiación de fondo.  Gran revuelo ha levantado como su análisis detallado ha puesto en entredicho el descubrimiento anunciado con bombos y platillos en 2014 de la observación de las huellas de las ondas gravitacionales producidas en los primeros instantes del Universo. Para no confundir más a la gente tal vez deberíamos simplemente mencionar lo que se sabe con certeza y que Planck ayudo a consolidar: el Universo comenzó en un estado denso y caliente hace 13,800 millones de años.

En lugar de hablar del posible origen del Metano Marciano y su conexión con la existencia de vida en el planeta rojo, deberíamos concentrarnos en insistir que hay más agua en el suelo marciano del que creíamos hace 20 años cuando comenzó nuestra exploración detallada del planeta.  Tal vez nos tome otros 20 o 30 años comprobar el origen del Metano descubierto por el Curiosity, pero ya pasaron los 20 años que necesitábamos para convencernos que el agua en Marte es más abundante de lo que creíamos.

Nos ufanamos de descubrir planetas pequeños, muy parecidos a la Tierra, pero poco se menciona el hecho de que casi nada se podrá saber sobre esos planetas, más allá simplemente de que existen.  En su lugar, los comunicados de prensa deberían estar promulgando como un hecho establecido ya sin ninguna duda la existencia de planetas alrededor de otras estrellas, la mayoría de ellos muy diferentes a aquellos en el Sistema Solar.  Ya no hay nadie que dude de eso, pero mucha tela esta todavía por cortarse en el terreno de los planetas parecidos al nuestro.

En fin.  Es posible que nos toque todavía convivir un tiempo más con esta “trinidad de Universos”, desconociendo lo que saben los científicos y no se atreven a expresar sinceramente, leyendo más papers de los que deberían publicarse y sorprendiéndonos del Universo, casi de ficción que nos pintan los comunicados de prensa.  Pero si admitimos que deberíamos cambiar, tal vez radicalmente, la forma de comunicar la ciencia, quizás algún día podamos decir que al menos todos estamos hablando del mismo Universo.

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