Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

Otra falacia

Existe la “creencia” muy extendida de que existen profundas diferencias entre las (mal) llamadas ciencias “naturales” y ciencias “humanas”.  Estas diferencias (imaginarias) no han hecho más que separar a quienes nos dedicamos a las unas o a las otras, creando barreras artificiales que solo le hacen daño al proyecto científico.  Les propongo aquí que defendamos la idea de que solo hay una ciencia, la ciencia a secas; un proyecto social muy humano que busca develar los misterios de la naturaleza, sea esta la naturaleza humana o la del interior de los agujeros negros.

“Otra falacia: ciencias naturales y ciencias humanas.
La ciencia es un solo proyecto con muchas preguntas

Diciembre 12 de 2015
http://bit.ly/trino-ciencias-humanas

ciencias_humanasVisita a Medellín por estos días la Filósofa Norteamericana Martha Nussbaun, hablando entre muchas otras cosas del valor del humanismo y las artes para hacer de esta una sociedad mejor. Entre los escenarios en los que se ha presentado, está el Parque Explora, nuestro museo interactivo local de Ciencia y Tecnología.

Mientras leía los comentarios en los foros alrededor de su reciente conferencia sobre la Ira, descubrí una crítica vedada al Parque Explora.  Palabras más, palabras menos, la crítica señalaba que era bueno que de vez en cuando, Explora, dejará de presentar solo conferencias de ciencias naturales y también presentará charlas de ciencias humanas.

Razonable, ¿No?.

Pues, no.  La crítica no solo es injusta porque por los escenarios de Explora no solo han pasado premios Nobel de Física, Química o Medicina, sino también psicólogos, sociólogos, politólogos sin mencionar una decena de poetas, actores y músicos.  La crítica también esconde lo que considero es una arraigada creencia de que existen diferencias fundamentales entre las ciencias naturales y las humanas.  Creencia propagada muchas veces por los mismos científicos que se dedican a las unas o a las otras.

No podría decirles si somos los llamados científicos “naturales” (físicos, astrónomos, biólogos, químicos) los que hemos contribuido a sostener este “mito”; todo con el único propósito de que no se confunda lo que hacemos (que es obviamente muy importante) con los esfuerzos, “baldíos” para muchos, de comprender la naturaleza social y humana; o el dudoso esfuerzo de usar para ello principalmente las palabras y los razonamientos no numéricos (investigación cualitativa).

En contraste (y entiéndase por favor el tono irónico) los científicos “naturales” usamos los números y la lógica proposicional estricta para describir sistemas que se pueden “realmente” descomponer y describir, sea este una Galaxia o una sociedad de hormigas (¡!).  Más importante aún los científicos “naturales” diseñamos experimentos reproducibles, en los que el azar es controlado rigurosamente poniendo en evidencia los patrones que se esconden detrás de la infinita diversidad “natural”.

O tal vez son los científicos “humanos” (psicólogos, sociólogos, antropólogos, filólogos, politólogos) los responsables del “cisma”.  Ellos, que se dedican a disciplinas que respetan y valoran la condición humana, que no la ven *solo* como un fenómeno “natural” o biológico, señalan a sus contrapartes como técnicos “positivistas”, desprovistos (en su mayoría) de sensibilidad social o humana y con un reprochable fetichismo por los números y la reproducibilidad.

En contraste (otra vez en tono irónico), los científicos humanos usan la razón de forma rigurosa para describir y argumentar fenómenos normalmente asociados a la naturaleza humana o a las sociedades que formamos.  Ellos reconocen el valor de todas las formas de conocimiento y muchas veces comparan a las “ciencias naturales”, con “otras” formas de superstición o mito que nacen en el seno de las sociedades humanas.

¡Dejémonos de pendejadas!  Ciencia no hay sino una.  Preguntas y propiedades emergentes, muchas.

La misma palabra “natural” usada por científicos, sean estos físicos, economistas o sociólogos, es realmente chocante.  Un vicio histórico que a la luz de los más recientes descubrimiento biológicos, sociológicos o neurológicos, carece de todo sentido.  Se entiende que la use un teólogo para quién existe por principio una división entre lo natural y lo sobre natural (inaceptable por principio para la ciencia).  En la ciencia todo es “natural”, desde las hojas de un árbol, hasta una epifanía religiosa.

Para usar una analogía, hablar de “ciencias naturales” es como decir “deporte de competencia”.

Pero ¿en qué soporto esta “extraña” idea?.  Separar a las ciencias “naturales” de las “humanas” es, simplemente, desconocer la naturaleza misma de la ciencia.

La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos acumulados sobre el mundo, sea este “natural” o “humano” (de nuevo la falacia).  La ciencia es una manera de obtener y depurar conocimiento sobre cualquier aspecto del mundo, usando para ello mecanismos que han sido también depurados a través de siglos de quehacer científico.  La ciencia, a diferencia de la superstición, no ha sido creada por un solo ser humano (o un par de ellos).  Es una propiedad social “emergente”, inesperada, producto de la interacción de muchos hombres y mujeres a lo largo de siglos.

Lo que diferencia a unos científicos de otros son las preguntas que buscan resolver usando para ello el modus operandi de la ciencia: observación, hipótesis, evidencia, experimentación, “falsación”, revisión por pares, etc.  En este sentido, existen tantas formas de ciencia como preguntas podríamos formular.  Siendo el número de preguntas virtualmente ilimitado, carece de todo sentido crear un sistema de unas pocas categorías para clasificar el quehacer científico.

¿Deberíamos entonces dejar de hablar también de “ciencias biológicas”, “ciencias físicas”, “ciencias químicas”, etc.?  ¡Pues sí!.  Como diría Richard Feynman, “la naturaleza no tiene la culpa de nuestros programas de estudio”.

La separación entre las ciencias (ya no en las falaces categorías de naturales y humanas), sino en las categorías más usadas de física, psicología, biología, medicina, sociología, etc. responde creo yo a la tendencia muy humana de clasificar las cosas para entenderlas mejor.  También es un vicio histórico de tiempos cuando creíamos que no existía ningún vínculo, por ejemplo, entre el pensamiento y el metabolismo, o entre la electricidad y el sabor a mantequilla.

Varios siglos de descubrimientos científicos no han hecho más que borrar las fronteras inexistentes entre las otrora bien diferenciadas disciplinas científicas.  Hoy, un químico puede terminar haciendo biología de la misma manera que un físico puede hacer economía, todo, sin dejar de ser científico.

¡Pero cuidado! No se puede confundir esta propuesta a unificar en un solo concepto todos los esfuerzo científicos con otro mito muy extendido: la idea de que todos los “científicos naturales” somos unos reduccionistas a ultranza.  El reduccionismo es aquel “mito” que supone que todas las manifestaciones naturales se reducen y pueden ser descritas en última instancia por las leyes simples de la “física”, la “química” o la “biología”.

¡No hay ninguna aspiración reduccionista aquí!

Ha sido la misma investigación científica la que nos ha enseñado que de la suma y la interacción de unidades “simples” (los individuos en un hormiguero, los átomos en una macromolécula, las neuronas en un tejido), emergen propiedades inesperadas, imposibles de predecir a partir de las leyes que rigen a las partes.  La psicología no puede predecir lo que pasa en un estadio.  La física atómica no puede predecir todas las propiedades de una proteína.  La biología celular no puede predecir la conciencia.

Es por esto que necesitamos formular preguntas a todos los niveles. ¿Por qué soñamos? y ¿cómo se comunican las neuronas? no son las mismas preguntas.  La respuesta a una no conduce deductivamente a la respuesta a la otra (aunque naturalmente se relacionan entre sí).

Lo que es común a quiénes persiguen la respuesta a ambas preguntas es el modo de buscarlas.  Revisan las observaciones disponibles.  Formulan una hipótesis.  Diseñan un experimento para poner a prueba la hipótesis.  Interpretan si los resultados falsean o soportan la hipótesis. Predicen nuevos comportamientos.  Y en el proceso se enfrentan abiertamente a la crítica de sus pares.  Eso es la ciencia.  Ambas cosas las hacen psicólogos y neurocientíficos por igual.

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Un pensamiento en “Otra falacia

  1. Gracias profesor por tan excelente documento. Estoy de acuerdo con sus tesis. feliz noche.

    *”La energía cósmica se encause hacia nuestro ser y nos muestre siempre la posible luz en el trasegar de la existencia “*

    *Luis Gilberto Osorio Casas.*

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