Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

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¡No más “ateos”!

Antes de que se equivoque, esta entrada no es el inició de una nueva cruzada cristiana o musulmana para recuperar la tierra santa o imponer la sharía.  En realidad no soy creyente (pero si muchas veces irracional, como todos) y admiro a todos aquellos que los creyentes llaman “ateos” (pensando que es una especie de marca maligna).  Yo mismo me he hecho llamar ateo un incontable número de veces, pensando que esta etiqueta era buena.  Pero estoy cansado de usar el que realmente es un término propagandístico y de connotaciones peyorativas.  Me cansé del “ateísmo” y su connotación de “negar lo evidente” (es decir lo que piensa la mayoría).  En esta entrada argumento porque los no creyentes (en los dioses sobrenaturales de la historia) deberíamos decir en lo sucesivo ¡no más ateos! y al contrario promover, con el lenguaje, un abrazo secular a la inmensa diversidad filosófica y moral que existe mas allá de las creencias sobrenaturales de otros.

“¿Qué tienen en común las palabras ateo, pagano, bárbaro, gringo? Todas han sido usadas en la historia por culturas y organizaciones (normalmente intolerantes) para denotar (peyorativamente) a una inmensa cantidad de gente (muy diversa) que no creen en lo que ellas creen 🤦‍♂️
Junio 7 de 2019
http://bit.ly/trino-ateo

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No sé si lo habían pensado.

A mí me había estado rondando la cabeza esta idea un par de años.

Pero es que proponer cambiar el uso de palabras que todos usamos con alguna frecuencia y que prácticamente se atornillaron a la cultura, se antoja como una empresa imposible.

Pero alguna vez tenemos que comenzar y en el caso de la palabra “ateo”, lo mejor es que el cambio comience, precisamente, por aquellos que nos consideramos no creyentes (en los dogmas espirituales ajenos).

Pero ateo no es el único término peyorativo usado por muchos grupos humanos, clubes, naciones, organizaciones, iglesias, etc. para minimizar al resto de la humanidad que no piensa o siente como ellos.

Como lo menciono en el trino que comienza esta entrada aquí les presento una colección no exhaustiva de términos similares:

bárbaro, pagano, gringo, indio, negro, no-heterosexual (este es casi un chiste),  marica, …

Sin pretender dar aquí ninguna lección de historia o de filología, déjenme analizar solo un par de estas “joyitas”, para justificar por qué usar el popular “ateo” es mantener el mito de la existencia de una “disidencia divina” entre los seres humanos.

Que barbaridad

Las palabras pagano y bárbaro tienen y tuvieron siempre en la historia, un sentido peyorativo.  Al menos eso es lo que creo pensamos todos aquellos que compartimos un espíritu secular.

Los griegos (y después los romanos) llamaban bárbaros a todos los pueblos que no estaban en el radar de la cultura helenística (o de la “civilizada” Roma).  Aquellos que no compartían su lengua materna, tradiciones, historia y política.

Es cierto que en el ~300 a.e.c. (antes de la era común) era, en términos de calidad de vida, derechos ciudadanos, acceso a la información, etc., mucho mejor ser “griego” que ser un herrero egipcio. O que en el 50 e.c. (de la era común) los ciudadanos romanos vivían en una sociedad más organizada, justa y con mejor infraestructura que la de los campesinos Nubios.

Aún así, el término bárbaro realmente no denotaba nada “positivo”.

Era una palabra para meter en un saco todo lo diferente, lo que no había sido tocado por la “cultura”, lo que hablaba lenguas “impuras” (bar, bar, bar), en resumen, todo lo salvaje.

El carácter peyorativo de “bárbaro” trascendió el tiempo hasta convertirse en un insulto en casi todas las lenguas tocadas por el griego y el latín, es decir, las lenguas romances, las lenguas eslavas y hasta el inglés.  Paradójicamente todas esas lenguas eran originalmente “dialectos” bárbaros.

Lo más increíble es que, como pasa con el término ateo, ser bárbaro significaba, en realidad, ser más diverso, incluso más libre.

Por definición los Mayas y los Incas eran bárbaros, los Chinos eran barbaros, los avanzados Persas y después los árabes fueron bárbaros.  Fueron bárbaros también los Vikingos, que descubrieron América y dejaron hijos por toda Europa o los Visigodos (que con los árabes crearon la cultura hispana) y también los orgullosos rusos.

¡Qué barbaridad!

Una increíble cornucopia de culturas, religiones y lenguas, eran bárbaros.  ¡Qué bueno habría sido ser un bárbaro!

Que rico el paganismo

¿Qué me dicen ahora del término pagano?

Acuñado en el imperio romano por los cristianos extremistas de aquella época (los peores cristianos de toda la historia), “pagano” era cualquiera que no creyera en un solo dios (es decir, en el dios de ellos) y que adorara o hiciera sacrificios en templos o al frente de figuras que representaran divinidades menos poderosas.

¡Por Vaal!  Estos abyectos “criminales culturales” (los primeros cristianos, porque los de ahora son unas mansas palomas), pusieron en una misma bolsa semántica, toda la historia de las religiones y cosmogonias originales, desde el surgimiento de la agricultura hasta el nacimiento del mitológico de Jesús (bueno, en realidad hasta unas décadas después cuando un tal Pablo se inventó el cristianismo).

Pero otra vez, si me transportaran a aquel tiempo, y me dieran a elegir cualquier culto religioso (que para el estado de información y calidad de vida de aquella época era casi inevitable) posiblemente yo habría sido un puerco “pagano”.  ¡Qué rico!

Afortunadamente, el término pagano, aunque sigue apareciendo en el diccionario, ya dejo de usarse en la vida cotidiana. Lo usan solo académicos e historiadores y uno que otro camandulero.

Bueno, excepto en las “pacíficas” teocracias musulmanas en las que sigue usándose para denotar incluso a los cristianos de occidente, que en realidad creen en el mismo amigo imaginario, es decir en Alá.  Parece que el analfabetismo (que ronda por ejemplo el ~50% en Afganistan) no les permite entender a la mayoría de los seguidores de Mahoma, que “Al lah” traduce “Dios” en cristiano (God en inglés, Gott en alemán, Dieu en francés, etc.)

Pero ¡un momento!  Tampoco es un “accidente” que el término paganismo no se use ya mucho en occidente.

La razón para su entrada en desuso, fue precisamente que los descendientes de Abraham (judíos, cristianos y musulmanes) acabaron, por las buenas y por las malas, con todo el paganismo en nuestras sociedades (bueno, dejaron vivos unos cuantos “indios” “paganos” en Africa, América y Australia como para que todo el mundo viera que ahora son más tolerantes).

Nos quejamos de la reducción significativa de la diversidad biológica, pero casi nadie piensa en el crimen a la diversidad religiosa perpetuado por los tataratataratatara..(tatara x 1000) nietos de Adán.

Gringo, come home!

Si bien en Hispanoamérica llamamos gringo a todo el que sea de los Estados Unidos (o los que sean monos como ellos), muchos Brasileros usan el término para referirse prácticamente a todos los extranjeros.

Un Colombiano en Rio de Janeiro que hable portuñol es un gringo.  Un gringo en Sao Paulo, es un gringo pero mono, así como lo es un Japonés con sus gadgets tecnológicos en una playa en Salvador de Bahia.

Lo gringo representa lo no “brasileiro”, es decir lo que no nació y creció en el “pais mais grande do mondo”.

Yo sé que estos memes culturales han cambiado, especialmente después de los duros golpes sociales y económicos que ha sufrido Brasil recientemente, y (espero yo) después del nacimiento de una o dos generaciones de brasileros más cosmopolitas.

Pero el termino gringo quedó ahí para ofrecernos un ejemplo más de cómo se usan “bolsas semánticas” para meter a todo lo que es distinto (especialmente para “insultarlo”.)

Como sucede con lo bárbaro y lo pagano, ser gringo en Brasil, sin embargo, es en realidad, ser “infinitamente” más diverso cultural y lingüísticamente.

Es bueno ser gringo.

No más “ateo”

Finalmente llegamos al término que nos convoca: “ateo”.

Si por los monoteistas fuera escribirían “aTeo”, como escriben con descaro “Dios” por todas partes, imponiendo a no creyentes y politeistas por igual, la unicidad de su amigo imaginario.

Llamar ateo a una persona que no cree en el dios personal de los descendientes espirituales de Abraham es tan arbitrario como llamar monoteista (como un término que denota equivocación) a un cristiano o a un judío.  Creo que ellos no aceptarían tamaño apelativo.

Es cierto que los ateos se llaman ateos a sí mismos.

Yo lo he hecho muchas veces. Existen organizaciones de ateos y páginas de ateísmo en todo el mundo.  Uno de los mas importantes pensadores ilustrados y escépticos de la modernidad, Richard Dawkins, es, según sus propios términos, un “ateo militante”. En contraste, otro “ateo” famoso, Carl Sagan, nunca se denomino a sí mismo con ese apelativo (me corrigen si estoy equivocado, citándome por favor la fuente).

También es cierto que el término “ateo” surgió precisamente en Grecia, una sociedad politeista (no todas las embarradas son monoteistas) y se puso de moda justamente cuando en el renacimiento y después durante la ilustración empezaron a defenderse los valores muy útiles del racionalismo, el escepticismo y la secularización de la sociedad.

Pero no nos llamemos a engaños.

Hablar de “ateos” es una trampa lingüistica en la que hemos caído aquellos que no necesitamos suponer de la existencia de gnomos, divinidades del bosque, unicornios y espíritus santos, para justificar nuestras acciones morales, explicar el funcionamiento del mundo, su perfección u origen; tampoco lo necesitamos para reconocer la trascendencia de nuestra vida y las sutiles fronteras entre la vida y la muerte.

Si no necesitas de esas hipótesis superfluas e injustificadas ¿por qué les ibas a dar un status de verdad llamándote “ateo”?

Nadie se llama a sí mismo “aunicornio” o “anomo”.  Mucho menos existe la “aesclavitud”, el “amachismo” o el “aterraplanismo”.

Los unicornios, los nomos, la esclavitud, el machismo y el terraplanismo son tonterías y no creer en ellas no te hace un ideólogo más que necesita un apelativo específico.

No creer en estas tonterías demuestra, en realidad, que eres una persona racional relativamente normal (sin mas apelativos.)

Gente normal

¿Cómo llamar en lo sucesivo a los no-cristianos, no-judíos, no-musulmanes y no-creyentes en los restantes millones de dioses de la historia?

Qué les parece: gente normal.

Porque todo hay que decirlo.  La existencia del Dios personal de las religiones semíticas (en este caso, el sustantivo común “dios” sí debe escribirse con mayúscula porque el contexto monoteista es claro), es bastante ajeno a las intuiciones mágicas de Homo sapiens, una conjetura que podríamos resumir (y simplificar) en la frase: todo niño es “ateo” hasta que la sociedad lo corrompe.

Los niños creen en monstruos, muchos tienen amigos imaginarios (¡que rico!), creen que los regalos de navidad se los trae un gordito que vuela o un muchachito en pañales con poderes mágicos, y casi todos adoran explicar el mundo a través de la acción de fuerzas mágicas.

Pero es obvio, son niños e ignorantes (en un sentido no peyorativo).

Sin embargo, creo que para cualquier niño sano sería muy difícil reconstruir las divinidades que han inventado sus creativos tatarabuelos, es decir personajes con barba, bondadosos y omnipotentes que se hacen los hüevones ante la esclavitud o la opresión de los indefensos. O entidades sin forma, sin rostro, sin materia, que solo existen si no piensas en que existen o si te empecinas que los sientes en tu corazón (o en tu hígado, había sirios que también eran cristianos)… ¡puf!

Mucho más difícil para un niño sería inventar la tonta idea de que hay uno solo.

Hay que ser muy poco creativo para ello, que es justo lo contrario a ser niño (o sencillamente a ser humano.)

Durante la temprana edad media (y esto poco se cuenta) el cristianismo, epítome del monoteismo, tenía un millar de dioses, empezando con los tres que forman la trinidad y siguiendo con una multitud de anti-dioses o demonios (había un demonio para la pereza, un demonio para la pecueca, un demonio para la masturbación, un demonio para… para todo).  Este falso monoteismo, además, elevó después a una categoría divina a muchos seres humanos, los santos.  Así, si Grecia tuvo un Hércules (mitad dios, mitad hombre), Alejandría (la cristiana, es decir la que no tenía ya biblioteca) tuvo su San Cirilo.

Pero dudo que se acepte socialmente llamar “normal” al no creyente en dioses.  Todos dirán que la palabra “normal” es muy relativa.  En estricto, lo normal, en las sociedades modernas occidental, es tener un carné dentro de alguna religión semítica.

Escéptico o no escéptico, esa es la cuestión

¿Qué tal llamarnos “escépticos” en lugar de “ateos”?

Es una alternativa tentadora.

Es más, es la alternativa que usan muchas organizaciones alrededor del mundo que no solo hablan abiertamente del absurdo de seguir creyendo en divinidades, sino que además combaten el terraplanismo, la astrología, las abducciones extraterrestres o los monstruos del lago Ness.

El problema es que el término escéptico implica un cierto grado de sofisticación intelectual, de cultura, de incredulidad extrema que, al menos, a mí, me incómoda (en realidad creo que no hay que ser muy inteligente y culto para no creer en dioses.)

Si ser escéptico es bueno ¿por qué no somos “escépticos” de la teoría atómica? ¿por qué no pedimos evidencia contundente de la existencia de los quarks o de las primeras bacterias sobre la Tierra?

En realidad, todos confiamos en los relatos científicos (¡sí! también son relatos) esencialmente porque han resultado ser consistentes y extremadamente útiles, pero más importante, porque son producto de la actividad intelectual de toda una sociedad de pensadores y no de la traba de algún profeta o de la propaganda de un santo.

El escepticismo, convertido en el “grito de guerra” de la sociedad secular podría volverse contra sus logros más increíbles (piensen no más en el hecho de que los terraplanistas se llaman a sí mismo “escépticos”)

Otras razones

¿Qué les parece “racional”?

En lugar de “ateos” podemos decir “personas racionales”.

Yo creo que esto se aproxima más a lo que significa ser “ateo”.

Una persona racional es aquella capaz de juzgar las hipótesis que se proponen para explicar el mundo y que, como diría Bertrand Russel, “evita seleccionar aquellas que sean injustificadas e innecesarias” (como la hipótesis de dios que hoy por hoy es completamente innecesaria).

Una persona racional, además, es alguien que puede entender una argumentación y el valor de la evidencia empírica, lógica o matemática para evaluar el valor de la misma.

Nos vamos acercando.

Solo que hay un problema: todos los seres humanos somos significativamente irracionales.

La mayor parte de nuestra maquinaria biológica y mental difícilmente sigue principios “lógicos”.

Solo piensen, por ejemplo, en las fobias (lo menciono porque yo tengo una).

Los que, por ejemplo, le tenemos miedo a volar (aerofobia) eliminamos conciente o inconcientemente la evidencia de que el aéreo es el medio de transporte mas seguro que existe (por kilómetro recorrido y persona transportada).

Usamos hipótesis innecesarias para justificarnos y aplicamos razonamientos equivocados (“si un avión se accidenta casi todos mueren” ergo “el avión es peligroso”).

Ser racional es un ideal bonito, pero biológica y psicológicamente imposible en todos los aspectos de la vida.  No estoy diciendo que ser racional sea malo o imposible.  Solo que la etiqueta “racional” no es buena para clasificarnos a todos.

Ahora bien.  Hay irracionales de irracionales.  Los que creen en dioses, por ejemplo, son irracionales, como los que tenemos aerofobia.  Solo que a diferencia de estos últimos, los primeros se justifican diciendo que “hay que tener fé”; que ellos saben que no tienen “razones” para sus creencias y no hay lógica en ellas (también los hay que creen que sí, lo que es el colmo de la credulidad), pero que no les importa.

Los creyentes en dioses son “irracionales me-importa-un-culistas.”

¡Por Apolo!

Es como si sufrieras de una “fobia” y quisieras seguir sufriendo de ella toda la vida.

Yo, personalmente, descubrí que la “valeriana” es muy buena contra la aerofobia (bueno, al menos en mi caso).  Ojalá existiera una droga para curar la fé religiosa (porque la fé en general es buena – solo que monopolizada por la religión, especialmente cuando tienes fé en tus ideales o en ti mismo.)

Nihil novi

Las anteriores y muy incompletas reflexiones, me dejan finalmente arrinconado contra un extremo nihilista, pero creo yo, muy válido.

¿Y qué tal si los no creyentes, no nos llamamos de ninguna manera?

¿Por qué tendríamos que usar un término para denotar la negación de algo que solo le importa a gente irracional me-importa-un-culista?

Es como si los aerofóbicos exigiéramos al resto de la humanidad que duerme en los aviones (porque ese es el mejor síntoma de que no le temes a volar, que logras conciliar el sueño metido en esas batidoras aerodinámica) que se llamaran a si mismos “aerofílicos”

Dejemos que los creyentes se llamen ateos entre sí: “Ese Poncio Pilatos si que es un ateo”, “¡Tutankaton deja de ser ateo! ¡cambia su nombre a Tutankamon!”, etc.

A los que no tenemos ese problema, por favor, déjennos en paz.

¡No más “ateos”!, el título de esta entrada, significa que no sigamos usando ese término para referirnos a todos los seres humanos (casi) racionales y normales, que no tenemos afiliaciones a clubes supersticiosos.

¿La espiritualidad y la moral que?

Este asunto daría para una larga entrada.  Bastante innecesaria por cierto, en tanto ya autores, mucho mas versados que yo, han escrito sobre el tema (noten que no digo autores ateos, ni autores no creyentes; en lo sucesivo por “autor” se sobre entiende una persona normal y mayoritariamente racional que no necesita divinidades).

Pero al mencionar este espinoso asunto y tratar aquí el tema de los apelativos, me gustaría proponer un apelativo nuevo para todos aquellos que vivimos nuestra espiritualidad plenamente (¡sí! ¡sin dioses también hay espiritualidad!) y que poseemos conjuntos de valores morales y cívicos que nos hacen “buenas” personas y buenos ciudadanos; todos al margen de lo que dictan las reglas de los rebaños religiosos.

Creo que deberíamos hablar hoy, y me inspiró en las ideas de Steven Pinker, de una espiritualidad ilustrada (ilustrado no significa aquí “educado” o “culto”).

La espiritualidad ilustrada sería algo así como un sentido de trascendencia o una profunda intuición de la existencia de un increíblemente vasto y complejo universo dentro de nuestras propias cabezas (que deja de existir tan pronto cesa la vida de las neuronas, pero que puede derramarse un poco a través del legado literario, científico o artístico), todo en consonancia con el espíritu de la ilustración, a saber, aquel que reconoce la razón, la ciencia y el humanismo como los motores del progreso social (un mundo mejor para todos).

Aquí, si podríamos diferir de forma respetuosa.

Es posible que la espiritualidad ilustrada que me mueve a mí personalmente por la vida, no sea la misma espiritualidad que mueve a otros: no todos tenemos que tener una espiritualidad ilustrada.

Respeto cuáles sean los principios que te hacen valorar lo trascendente en tu vida.

Lo que nunca respetaré (como no respeto al machismo, al racismo, al sexismo, a la homofobia, etc.) es que tengas que postular para tu espiritualidad, injustificadamente y contra toda evidencia, la existencia de entidades inmateriales y bondadosas que mueven los hilos de la realidad.

Ahora bien, que no respete tus creencias irracionales no significa que no podamos ser amigos.

¿Nos tomamos una cerveza?

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Los números de Chernóbil

Esta de moda Chernóbil (otra vez).  Una nueva serie producida por HBO que se estreno apenas hace un mes, ha revivido de nuevo una radiofobia colectiva, es decir, ese temor, casi atávico, por el enemigo invisible de las “radiaciones ionizantes”.  Mucho se ha hablado del más grave accidente nuclear de la historia en estos 33 años; algunos han querido minimizar sus efectos y otros los han exagerado extraordinariamente (principalmente medios de comunicación, organizaciones antinucleares y naturalmente la población general.)  Pero para entender realmente la dimensión de la “amenaza nuclear”, los efectos pasados, presentes y futuros de Chernóbil (y de otros accidentes nucleares), hay que entender los números detrás de ellos.

“Ahora que vemos la serie Chernobyl de @HBOLAT, algunos números interesantes sobre la exposición a radiación: 1 Sievert (Sv) es la unidad moderna de radiación total recibida (=1 J/kg), 1 Roentgen (R) la unidad mencionada en la serie equivale a ~0.01 Sieverts (Sv) o 10 mSv
Junio 2 de 2019
http://bit.ly/trino-chernobil

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Como dice el refrán (y si no dice, debería) “los números harán tu vida mejor.”

Es muy distinto decir “el terremoto que sacudió a Japón en 2011 desvío el eje de rotación de la Tierra” a expresarlo como “durante el sismo de magnitud 9.2 al frente de la costa de Japón en 2011, el norte geográfico se desplazo 0.0000001% de su posición.”  ¿Notan la diferencia?

También es muy distinto afirmar que “el bosque alrededor de la planta de Chernóbil todavía es radioactivo”, a expresarlo en términos de “el nivel de radiación en la plaza de la abandonada Pripyat, a 5 km de la planta de Chernóbil, es aproximadamente de 1000 nSv/h, lo que equivale a 5 veces el nivel de radiación ambiental en la ciudad de La Paz (Bolivia)”

Yo sé que no a todos nos gustan los números. La verdad es que los seres humanos somos casi todos malos para manipularlos; simplemente hay unos que lo hacen más frecuentemente que otros. Pero tampoco nos gustan las verduras e igual nos las comemos. Así que ¡manos a la obra!

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Actividad, exposición y dosis

Para entender a Chernóbil, hay que conocer tres conceptos simples: actividad, exposición y dosis.

Se llama actividad al número de átomos, en un material radioactivo, que se descomponen en un segundo.

Si solo se descompone 1, decimos que la actividad es de 1 Becquerel (1 Bq=1 descomposición por segundo).

Normalmente, cuando lidiamos con sustancias radioactivas (como parte del Potasio en los bananos, ¡sí¡ los bananos contienen sustancias radiactivas) el número de desintegraciones es de miles de millones.

Los físicos entonces hablan de una actividad de 1 Curio, para referirse, sin muchas palabras, a 37 mil millones de desintegraciones por segundo (1 Ci = 37000000000 Bq).

A las personas que tienen cáncer de Tiroides se les administra Yodo radioactivo (¡si! una sustancia radiactiva se usa para curar).  Una dosis típica contiene Yodo suficiente para producir 100 mCi (mili Curios), es decir 100 milésimas de Ci.

¿Es eso mucho o poco? Digamos que no es normal.  Si fuera bueno, te lo darían en las hamburguesas.

Los médicos nucleares (¡sí! hay médicos nucleares) saben que si una persona toma más de 600 mCi de Yodo radioactivo en su vida (las centrales nucleares y otros procesos pueden producir este tipo de Yodo y descargarlo en la atmósfera), posiblemente esta intoxicada con radioactividad.

Hasta ahora todo fácil ¿no?

Pero ¿cuántos son los Curios de Chernóbil?

Los lugares más contaminados en 1996 alrededor de la planta destruída, tenían “suficientes elementos” radiactivos para producir 400 mCi por cuadra (un área de 100 por 100 metros).  Es decir, incluso si barrieras el campo de un estadio, no recogerías suficientes elementos radioactivos como para intoxicarte.  Bueno, aunque tampoco estarías a salvo.

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Exposición

Una cosa es que hayan elementos radiactivos y otra que hagan algo.

El efecto normal que la luz invisible (rayos X y gama) y las partículas (electrones, positrones, protones, neutrones y núcleos de Helio o partículas alfa), emitidas por los elementos radioactivos producen sobre la materia circundante (aire, agua, vacas, gente, etc.) es la de ionizar los átomos y moléculas de las que están hechas.  En condiciones normales, esos mismos átomos y moléculas son neutros y realizan sus funciones porque lo son; si están ionizados pueden haber problemas (cáncer, mutaciones, muerte celular, etc.)

Es por esto que decimos que la radiactividad produce “radiaciones ionizantes” y es a las radiaciones ionizantes a lo que le tememos cuando pensamos en lo nuclear (radiofobia).

La medida de cuánto puede la radiación ionizar el aire se expresa en una unidad que escuchamos con frecuencia en la serie de HBO: los Roentgen (si no la han escuchado cuando la vean por segunda o tercera vez, sé que lo harán; pongan más atención).

1 Roentgen de radiación produce cerca de 300 micro Coulombs de carga en 1 kilo de aire.  Pero ¡¿qué demonios es eso?!  No es muy importante saberlo; bastará con decir, por ahora que los lugares más peligrosos alrededor del núcleo del reactor expuesto de Chernóbil, al menos durante los días siguientes a la emergencia, registraban niveles de radiación cercanos a los 10000 Roentgen.

Muchos de los detectores con los que contaban los empleados, no podían medir más allá de unos 10 R, por lo que al principio las autoridades del reactor subestimaron (como vemos en la serie) la gravedad del desastre.

Fue solo cuando llegaron los primeros bomberos, y que fueron expuestos seguramente a entre cientos y miles de Roentgen mientras apagaban el incendio, que empezaron los peores efectos de la radiación a sentirse.

¿Cuántos Roentgen marca hoy Chernóbil?  Más de 30 años de medicina nuclear, nos han enseñado que la exposición no es la mejor manera de medir los potenciales efectos biológicos nocivos de la radiación.  Existe una cantidad mejor.

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Dosis

Una manera de medir la radiación ionizante, distinta a la capacidad que tiene para ionizar el aire (nuestros cuerpos no están hechos de esa sustancia), es decir una manera distinta de hacerlo con Roentgens, es determinar la cantidad total de esa energía que puede absorberse en la materia expuesta a ella.  A esta cantidad la llamamos “dosis”.

La dosis se mide en Grays (Gy), siendo 1 Gy igual a 1 Julio de energía absorbida (aproximadamente 4 calorías) por cada kilogramo del cuerpo en cuestión.

Cuando se desintegra un átomo, puede producir distintos tipos de radiación ionizante (recuerde, luz invisible y partículas).  Cada una de ellas produce efectos nocivos diferentes sobre el organismo.  Las más dañinas normalmente son las más rápidas (neutrones rápidos) y las más pesadas (partículas alfa).

De modo que expresar la radioactividad en Curios (desintegraciones por segundo) no ayuda, sino indicamos qué tipo de partículas están implicadas y cuánta energía por cada partícula es emitida.  Tampoco ayuda del todo expresarla en Grays.  Un Julio de energía de rayos gama depositado en el cuerpo humano producirá un efecto casi 10 veces menor que el que produce el mismo Julio de energía pero de neutrones veloces.

Por esta razón (y aquí llegamos al final de la enumeración de nuestras unidades), en años recientes se ha introducido un nuevo patrón, el Sievert, capaz de cuantificar el “daño” producido sobre el organismo, ajustado por el tipo de partículas que lo produce.

Así 1 Gy de rayos gama (1 Julio de rayos gama absorbido por kilogramo) corresponde (por definición) a 1 Sievert.  Pero 1 Gy de partículas alfa, corresponde en realidad a 20 Sieverts.

¿Ya se enredo?  No espero que entienda todo; pero al menos que sepa que 1 Sievert es en realidad una cantidad muy peligrosa de radiación ¡aléjese!

De los Sieverts a la realidad de Chernóbil

Llegados a este punto tenemos todos los elementos cuantitativos para juzgar en su justa medida a Chernóbil, Fukushima y todos esos mensajeros del apocalipsis que los medios y algunos activistas antinucleares nos han querido vender.

Para juzgar qué tan grave es una cierta dosis de radiación, hay que tener en cuenta los efectos biológicos que han sido observados a lo largo de décadas de investigación teórica y experimental en medicina nuclear.  Algunos de estos efectos no solo se han estudiado en el laboratorio o en entornos clínicos; los mismos desastres nos han enseñado a valorarlos de forma más realista.

Para empezar debemos distinguir entre una exposición única a radiación ionizante y la exposición continuada a ella (por períodos de días a años.)  Naturalmente las dos están relacionadas.

Así por ejemplo, si por alguna razón te expones por un período breve de tiempo (unos minutos) a 1 Sv de radiación, quizás no sientas nada inmediatamente.  En unas horas, sin embargo, sentirás desagradables efectos físicos, nauseas, mareo, tal vez fiebre.   Te recuperaras de esos efectos, pero a largo plazo la probabilidad de que desarrolles algún tipo de cáncer asociado específicamente con esta experiencia será de alrededor de un 5%.

¿Cuánta radiación recibieron los primeros bomberos que llegaron a Chernóbil? Posiblemente unas decenas de Sv.  Precisamente por eso murieron unas horas a varios días después de esta severa exposición.

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En total 31 personas murieron en Chernóbil, incluyendo bomberos y empleados de la central (aquellos que vemos en la serie bajando a los alrededores del reactor destruído para tratar de encender las bombas de agua), por estar sometidos a niveles muy altos en las horas siguientes al desaste.

600 000 personas, los liquidadores, trabajaron en los siguientes meses y años para mitigar los graves efectos ambientales del desastre.  Se ha calculado que la dosis más alta recibida por los liquidadores más expuestos fue de 0.3 Sv (o 300 mili Sieverts, mSv.)  En promedio, sin embargo, estos 600 000 héroes anónimos, recibieron 100 mSv y los menos expuestos apenas absorbieron 5 mSv.

¿Murieron todos? ¡falso!

Para empezar, y como vimos antes, si bien 0.3 Sv (la máxima exposición recibida por los liquidadores) pueden ser suficientes (dependiendo de la persona) para producir algún malestar, es muy improbable que te mate en el corto de plazo.

La cifra exacta de personas que murieron por los efectos de la radiación después del desastre se desconoce.  Lamentablemente, el desastre ocurrió en un tiempo y un país en el que el seguimiento cuidadoso de todos los implicados era difícil.

Usando distintas fuentes de evidencia, la OMS y la ONU han calculado que el número total de muertos fue poco más de 9000.  Investigadores independientes han estimado que la cifra podría ser tan alta como 60 000.  Cualquiera que sea la verdad, es claro que no fueron millones.

¿Y los “niños mutantes” que nacieron después del desastre?  Los estudios epidemiológicos muestran que si mujeres embarazadas se exponen por una sola vez a 300 mSv, no hay mayores riesgos sobre el desarrollo del feto (distinguibles de otros efectos más comunes).

La dosis promedio de los habitantes de la zona cercana al desastre y que fueron trasladados a otras ciudades, fue de 10 mSv, muy por debajo del umbral para efectos nocivos sobre el embarazo (una exposición total de 50 mSv es considerada segura para un trabajador en el sector de la energía nuclear).

¿Y el cáncer? ¡mucho más difícil de cuantificar!  Los únicos datos fiables parecen indicar un incremento en un factor de 2-3 en la tasa de cáncer de tiroides entre las personas que eran niños durante el tiempo del accidente y que posiblemente tomaron leche contaminada con Yodo radioactivo y otros isótopos.

Aparte de eso y en la ausencia de estudios epidemiológicos anteriores a Chernóbil en esa misma zona, no se puede saber si las muertes por cáncer que se han producido entre los habitantes de la región, incluso entre los liquidadores, se produjeron por la exposición a radiación o por otros factores (contaminación ambiental, cigarrillo, obesidad, etc.)

Los epidemiólogos han calculado, por ejemplo, que fumar produce un riesgo de cáncer equivalente a una exposición de 1 Sv.  Ser obeso, 300 mSv.  Incluso ser fumador pasivo es casi tan “peligroso” como exponerse de súbito a 150 mSv, que es igual al riesgo que corren los que no comen vegetales.

Chernóbil ¿inhabilatable?

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Una cosa es recibir una dosis de radiación de golpe.  Otra muy distinta es dejar radiactividad regada por todas partes en miles de kilómetros cuadrados.  Ese, dice, la mayoría es el peor crimen de Chernóbil y con ello (generalizan) el riesgo de seguir usando la energía nuclear y exponernos a futuros accidentes.

Pero evaluamos con números, esta afirmación.

¿Cuál es realmente el nivel de radiación remanente en Chernóbil? ¿es realmente imposible volver a vivir en la denominada zona de exclusión (una región con cerca de 35 km de radio)?

Cuando hay una fuente permanente de radiación ya no se usa la dosis total, sino una “tasa” o “nivel” de dosis (dosis por segundo, por hora, por día, por año, etc.)

Aunque sea difícil aceptarlo, estamos sometidos todo el tiempo a radiación ionizante que no tiene como fuente ningún desastre nuclear pasado o presente.  Esta radioactividad es producida por isótopos presentes en las rocas con las que construimos nuestros edificios (ej. Uranio y Torio), en nuestros alimentos (Yodo, Carbono, Potasio) y en el aire que respiramos (ej. Radón).

La dosis que recibimos de estas fuentes ambientales depende de dónde vivamos.  Así por ejemplo, en Medellín (la ciudad en la que vivo) y en ciudades situadas a una altura similar sobre el nivel del mar (1500 metros), la dosis es de unos 70 nSv/h (nano Sieverts por hora).  En La Paz (Bolivia) asciende a unos 120 nSv/h, y en el lugar con los niveles de radiación ambienta más altos (Ramsar, cerca al mar Caspio en Irán), alcanza los 2000 nSv/h.  El promedio mundial se estima en unos 300 nSv/h.

Dado hablar de Sieverts, nano Sieverts, etc. no es tan fácil, especialmente para los que no han leído este blog (¡ustedes ya se salvaron!), se ha sugerido entre los expertos desde hace un par de décadas, usar, como medida del nivel de radiación, el tiempo de exposición a la radiación ambiental promedio que tendrías que acumular para igualar una cierta dosis.

Me explico.

Como habíamos mencionado antes, la dosis recibida en promedio por los habitantes alrededor el desastre de Chernóbil fue de 10 mSv.  Para conseguir esa dosis, solo por exposición a la radiación ionizante ambiental, harían falta 4 años.  Es decir, los habitantes de la zona, en tal vez un par de días, “envejecieron radioactivamente” 4 años.

Obviamente los efectos de una dosis de radiación obtenida en un breve período de tiempo no son los mismos que una exposición continuada a un nivel de radiación muy baja.  Pero la comparación ayuda.

Prueben ahora con estos datos.

La máxima dosis recibida en la población de Fukushima durante el peor momento del desastre de la planta nuclear en esta zona en 2011, fue el equivalente a 13 años-equivalentes del fondo de radiación (13 años en unas horas o días).

Los liquidadores más expuestos de Chernóbil recibieron 100 años-equivalentes durante solo varios meses.

Si alguien se parará hoy debajo del reactor de Chernóbil para tomar una foto por solo 1 minuto, al material fundido del reactor (la denominada pata de elefante o el “coronium”), recibiría la dosis de 10 años-equivalentes.

Pero volvamos a la habitabilidad de Chernóbil.

Algunos estimativos (claramente exagerados) estimaban que Chernóbil no podía habitarse durante 26000 años (!)  Para estimar o (mejor desestimar) esta conclusión, basta que conozcamos los niveles actuales de radiación en la zona alrededor del reactor.

En esta página se reporta permanentemente las dosis que recibiría quién visitará la “peligrosa” zona de exclusión (y que reciben algunos habitantes que regresaron a la zona y no han muerto, además de toda la flora y fauna que hoy abunda en la región).

Como vemos, el nivel de radiación en la mayoría de los sitios es mayor a unos cientos de nSv/h.  Es decir varias veces mayor que la recibida en la ciudad de la Paz (Bolivia).

A unos centenares de metros del edificio del reactor (que hoy esta además cubierto con un moderno “sarcófago” de acero), el nivel de radiación no es mayor que 10 000 nSv/h, es decir, comparable con algunos de los sitios que tienen los más altos niveles de radiación ambiental en el planeta.

Ciertamente los niveles presentes están muy por debajo de los niveles considerados riesgosos para la salud.  Así por ejemplo. Si montarás una carpa en la zona adyacente al edificio del reactor, y permanecieras allí durante un día, recibirías una dosis total de 0.24 mSv, que es 100 veces menor que los límites de seguridad en la industria que maneja radiaciones ionizantes.

¿Entonces?

Esto no significa que deberíamos empezar a hacer encuentros de Boy Scouts en Chernóbil; o que debamos convertir algunas de esos miles de kilómetros cuadrados en tierras productivas para la agricultura (desplazando lobos, águilas y bisontes en peligro de extinción que han encontrado allí un nuevo paraíso terrenal sin los dañinos humanos); pero inhabitable, inhabitable, las tierras de Chenóbil no son.

Una comparadora de dosis

Preparando este blog me propuse hacer mi propia calculadora, que decidí llamar más apropiadamente “comparadora” de dosis de radiación ionizante.  No es nada que requiera mucho ingenio o inteligencia, pero tampoco se hace en un par de minutos.

En este enlace encontrarán la “comparadora”, que no es otra cosa que una hoja de cálculo (como las que se hacen en Excel) pero que puede usarse en Internet.  Para usarla, necesitan solamente una cuenta en Google.

Advertencia

Hablar del desastre de Chernóbil y sus consecuencias medio ambientales y humanas, radiaciones ionizantes, riesgo nuclear, contaminación por isótopos radioactivos, efectos de las radiaciones ionizantes sobre la salud, etc, etc. nunca es fácil.

Es posible que haya cometido algunos errores en esta entrada y agradecería al lector juicioso o informado que me lo hiciera saber en los comentarios.

Sin embargo, espero que la iniciativa implícita en este esfuerzo, rinda sus frutos: ponerle números a Chernóbil y a la supuesta amenaza implícita en la explotación de la energía nuclear, es mejor que describir cualitativamente unos peligros que tal vez no son tan graves.

Que cada quien, sin embargo, ¡interprete los números como mejor le parezca!

Algunas fuentes:

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