Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

¡No más “ateos”!

Antes de que se equivoque, esta entrada no es el inició de una nueva cruzada cristiana o musulmana para recuperar la tierra santa o imponer la sharía.  En realidad no soy creyente (pero si muchas veces irracional, como todos) y admiro a todos aquellos que los creyentes llaman “ateos” (pensando que es una especie de marca maligna).  Yo mismo me he hecho llamar ateo un incontable número de veces, pensando que esta etiqueta era buena.  Pero estoy cansado de usar el que realmente es un término propagandístico y de connotaciones peyorativas.  Me cansé del “ateísmo” y su connotación de “negar lo evidente” (es decir lo que piensa la mayoría).  En esta entrada argumento porque los no creyentes (en los dioses sobrenaturales de la historia) deberíamos decir en lo sucesivo ¡no más ateos! y al contrario promover, con el lenguaje, un abrazo secular a la inmensa diversidad filosófica y moral que existe mas allá de las creencias sobrenaturales de otros.

“¿Qué tienen en común las palabras ateo, pagano, bárbaro, gringo? Todas han sido usadas en la historia por culturas y organizaciones (normalmente intolerantes) para denotar (peyorativamente) a una inmensa cantidad de gente (muy diversa) que no creen en lo que ellas creen 🤦‍♂️
Junio 7 de 2019
http://bit.ly/trino-ateo

Resultado de imagen para Ateismo

No sé si lo habían pensado.

A mí me había estado rondando la cabeza esta idea un par de años.

Pero es que proponer cambiar el uso de palabras que todos usamos con alguna frecuencia y que prácticamente se atornillaron a la cultura, se antoja como una empresa imposible.

Pero alguna vez tenemos que comenzar y en el caso de la palabra “ateo”, lo mejor es que el cambio comience, precisamente, por aquellos que nos consideramos no creyentes (en los dogmas espirituales ajenos).

Pero ateo no es el único término peyorativo usado por muchos grupos humanos, clubes, naciones, organizaciones, iglesias, etc. para minimizar al resto de la humanidad que no piensa o siente como ellos.

Como lo menciono en el trino que comienza esta entrada aquí les presento una colección no exhaustiva de términos similares:

bárbaro, pagano, gringo, indio, negro, no-heterosexual (este es casi un chiste),  marica, …

Sin pretender dar aquí ninguna lección de historia o de filología, déjenme analizar solo un par de estas “joyitas”, para justificar por qué usar el popular “ateo” es mantener el mito de la existencia de una “disidencia divina” entre los seres humanos.

Que barbaridad

Las palabras pagano y bárbaro tienen y tuvieron siempre en la historia, un sentido peyorativo.  Al menos eso es lo que creo pensamos todos aquellos que compartimos un espíritu secular.

Los griegos (y después los romanos) llamaban bárbaros a todos los pueblos que no estaban en el radar de la cultura helenística (o de la “civilizada” Roma).  Aquellos que no compartían su lengua materna, tradiciones, historia y política.

Es cierto que en el ~300 a.e.c. (antes de la era común) era, en términos de calidad de vida, derechos ciudadanos, acceso a la información, etc., mucho mejor ser “griego” que ser un herrero egipcio. O que en el 50 e.c. (de la era común) los ciudadanos romanos vivían en una sociedad más organizada, justa y con mejor infraestructura que la de los campesinos Nubios.

Aún así, el término bárbaro realmente no denotaba nada “positivo”.

Era una palabra para meter en un saco todo lo diferente, lo que no había sido tocado por la “cultura”, lo que hablaba lenguas “impuras” (bar, bar, bar), en resumen, todo lo salvaje.

El carácter peyorativo de “bárbaro” trascendió el tiempo hasta convertirse en un insulto en casi todas las lenguas tocadas por el griego y el latín, es decir, las lenguas romances, las lenguas eslavas y hasta el inglés.  Paradójicamente todas esas lenguas eran originalmente “dialectos” bárbaros.

Lo más increíble es que, como pasa con el término ateo, ser bárbaro significaba, en realidad, ser más diverso, incluso más libre.

Por definición los Mayas y los Incas eran bárbaros, los Chinos eran barbaros, los avanzados Persas y después los árabes fueron bárbaros.  Fueron bárbaros también los Vikingos, que descubrieron América y dejaron hijos por toda Europa o los Visigodos (que con los árabes crearon la cultura hispana) y también los orgullosos rusos.

¡Qué barbaridad!

Una increíble cornucopia de culturas, religiones y lenguas, eran bárbaros.  ¡Qué bueno habría sido ser un bárbaro!

Que rico el paganismo

¿Qué me dicen ahora del término pagano?

Acuñado en el imperio romano por los cristianos extremistas de aquella época (los peores cristianos de toda la historia), “pagano” era cualquiera que no creyera en un solo dios (es decir, en el dios de ellos) y que adorara o hiciera sacrificios en templos o al frente de figuras que representaran divinidades menos poderosas.

¡Por Vaal!  Estos abyectos “criminales culturales” (los primeros cristianos, porque los de ahora son unas mansas palomas), pusieron en una misma bolsa semántica, toda la historia de las religiones y cosmogonias originales, desde el surgimiento de la agricultura hasta el nacimiento del mitológico de Jesús (bueno, en realidad hasta unas décadas después cuando un tal Pablo se inventó el cristianismo).

Pero otra vez, si me transportaran a aquel tiempo, y me dieran a elegir cualquier culto religioso (que para el estado de información y calidad de vida de aquella época era casi inevitable) posiblemente yo habría sido un puerco “pagano”.  ¡Qué rico!

Afortunadamente, el término pagano, aunque sigue apareciendo en el diccionario, ya dejo de usarse en la vida cotidiana. Lo usan solo académicos e historiadores y uno que otro camandulero.

Bueno, excepto en las “pacíficas” teocracias musulmanas en las que sigue usándose para denotar incluso a los cristianos de occidente, que en realidad creen en el mismo amigo imaginario, es decir en Alá.  Parece que el analfabetismo (que ronda por ejemplo el ~50% en Afganistan) no les permite entender a la mayoría de los seguidores de Mahoma, que “Al lah” traduce “Dios” en cristiano (God en inglés, Gott en alemán, Dieu en francés, etc.)

Pero ¡un momento!  Tampoco es un “accidente” que el término paganismo no se use ya mucho en occidente.

La razón para su entrada en desuso, fue precisamente que los descendientes de Abraham (judíos, cristianos y musulmanes) acabaron, por las buenas y por las malas, con todo el paganismo en nuestras sociedades (bueno, dejaron vivos unos cuantos “indios” “paganos” en Africa, América y Australia como para que todo el mundo viera que ahora son más tolerantes).

Nos quejamos de la reducción significativa de la diversidad biológica, pero casi nadie piensa en el crimen a la diversidad religiosa perpetuado por los tataratataratatara..(tatara x 1000) nietos de Adán.

Gringo, come home!

Si bien en Hispanoamérica llamamos gringo a todo el que sea de los Estados Unidos (o los que sean monos como ellos), muchos Brasileros usan el término para referirse prácticamente a todos los extranjeros.

Un Colombiano en Rio de Janeiro que hable portuñol es un gringo.  Un gringo en Sao Paulo, es un gringo pero mono, así como lo es un Japonés con sus gadgets tecnológicos en una playa en Salvador de Bahia.

Lo gringo representa lo no “brasileiro”, es decir lo que no nació y creció en el “pais mais grande do mondo”.

Yo sé que estos memes culturales han cambiado, especialmente después de los duros golpes sociales y económicos que ha sufrido Brasil recientemente, y (espero yo) después del nacimiento de una o dos generaciones de brasileros más cosmopolitas.

Pero el termino gringo quedó ahí para ofrecernos un ejemplo más de cómo se usan “bolsas semánticas” para meter a todo lo que es distinto (especialmente para “insultarlo”.)

Como sucede con lo bárbaro y lo pagano, ser gringo en Brasil, sin embargo, es en realidad, ser “infinitamente” más diverso cultural y lingüísticamente.

Es bueno ser gringo.

No más “ateo”

Finalmente llegamos al término que nos convoca: “ateo”.

Si por los monoteistas fuera escribirían “aTeo”, como escriben con descaro “Dios” por todas partes, imponiendo a no creyentes y politeistas por igual, la unicidad de su amigo imaginario.

Llamar ateo a una persona que no cree en el dios personal de los descendientes espirituales de Abraham es tan arbitrario como llamar monoteista (como un término que denota equivocación) a un cristiano o a un judío.  Creo que ellos no aceptarían tamaño apelativo.

Es cierto que los ateos se llaman ateos a sí mismos.

Yo lo he hecho muchas veces. Existen organizaciones de ateos y páginas de ateísmo en todo el mundo.  Uno de los mas importantes pensadores ilustrados y escépticos de la modernidad, Richard Dawkins, es, según sus propios términos, un “ateo militante”. En contraste, otro “ateo” famoso, Carl Sagan, nunca se denomino a sí mismo con ese apelativo (me corrigen si estoy equivocado, citándome por favor la fuente).

También es cierto que el término “ateo” surgió precisamente en Grecia, una sociedad politeista (no todas las embarradas son monoteistas) y se puso de moda justamente cuando en el renacimiento y después durante la ilustración empezaron a defenderse los valores muy útiles del racionalismo, el escepticismo y la secularización de la sociedad.

Pero no nos llamemos a engaños.

Hablar de “ateos” es una trampa lingüistica en la que hemos caído aquellos que no necesitamos suponer de la existencia de gnomos, divinidades del bosque, unicornios y espíritus santos, para justificar nuestras acciones morales, explicar el funcionamiento del mundo, su perfección u origen; tampoco lo necesitamos para reconocer la trascendencia de nuestra vida y las sutiles fronteras entre la vida y la muerte.

Si no necesitas de esas hipótesis superfluas e injustificadas ¿por qué les ibas a dar un status de verdad llamándote “ateo”?

Nadie se llama a sí mismo “aunicornio” o “anomo”.  Mucho menos existe la “aesclavitud”, el “amachismo” o el “aterraplanismo”.

Los unicornios, los nomos, la esclavitud, el machismo y el terraplanismo son tonterías y no creer en ellas no te hace un ideólogo más que necesita un apelativo específico.

No creer en estas tonterías demuestra, en realidad, que eres una persona racional relativamente normal (sin mas apelativos.)

Gente normal

¿Cómo llamar en lo sucesivo a los no-cristianos, no-judíos, no-musulmanes y no-creyentes en los restantes millones de dioses de la historia?

Qué les parece: gente normal.

Porque todo hay que decirlo.  La existencia del Dios personal de las religiones semíticas (en este caso, el sustantivo común “dios” sí debe escribirse con mayúscula porque el contexto monoteista es claro), es bastante ajeno a las intuiciones mágicas de Homo sapiens, una conjetura que podríamos resumir (y simplificar) en la frase: todo niño es “ateo” hasta que la sociedad lo corrompe.

Los niños creen en monstruos, muchos tienen amigos imaginarios (¡que rico!), creen que los regalos de navidad se los trae un gordito que vuela o un muchachito en pañales con poderes mágicos, y casi todos adoran explicar el mundo a través de la acción de fuerzas mágicas.

Pero es obvio, son niños e ignorantes (en un sentido no peyorativo).

Sin embargo, creo que para cualquier niño sano sería muy difícil reconstruir las divinidades que han inventado sus creativos tatarabuelos, es decir personajes con barba, bondadosos y omnipotentes que se hacen los hüevones ante la esclavitud o la opresión de los indefensos. O entidades sin forma, sin rostro, sin materia, que solo existen si no piensas en que existen o si te empecinas que los sientes en tu corazón (o en tu hígado, había sirios que también eran cristianos)… ¡puf!

Mucho más difícil para un niño sería inventar la tonta idea de que hay uno solo.

Hay que ser muy poco creativo para ello, que es justo lo contrario a ser niño (o sencillamente a ser humano.)

Durante la temprana edad media (y esto poco se cuenta) el cristianismo, epítome del monoteismo, tenía un millar de dioses, empezando con los tres que forman la trinidad y siguiendo con una multitud de anti-dioses o demonios (había un demonio para la pereza, un demonio para la pecueca, un demonio para la masturbación, un demonio para… para todo).  Este falso monoteismo, además, elevó después a una categoría divina a muchos seres humanos, los santos.  Así, si Grecia tuvo un Hércules (mitad dios, mitad hombre), Alejandría (la cristiana, es decir la que no tenía ya biblioteca) tuvo su San Cirilo.

Pero dudo que se acepte socialmente llamar “normal” al no creyente en dioses.  Todos dirán que la palabra “normal” es muy relativa.  En estricto, lo normal, en las sociedades modernas occidental, es tener un carné dentro de alguna religión semítica.

Escéptico o no escéptico, esa es la cuestión

¿Qué tal llamarnos “escépticos” en lugar de “ateos”?

Es una alternativa tentadora.

Es más, es la alternativa que usan muchas organizaciones alrededor del mundo que no solo hablan abiertamente del absurdo de seguir creyendo en divinidades, sino que además combaten el terraplanismo, la astrología, las abducciones extraterrestres o los monstruos del lago Ness.

El problema es que el término escéptico implica un cierto grado de sofisticación intelectual, de cultura, de incredulidad extrema que, al menos, a mí, me incómoda (en realidad creo que no hay que ser muy inteligente y culto para no creer en dioses.)

Si ser escéptico es bueno ¿por qué no somos “escépticos” de la teoría atómica? ¿por qué no pedimos evidencia contundente de la existencia de los quarks o de las primeras bacterias sobre la Tierra?

En realidad, todos confiamos en los relatos científicos (¡sí! también son relatos) esencialmente porque han resultado ser consistentes y extremadamente útiles, pero más importante, porque son producto de la actividad intelectual de toda una sociedad de pensadores y no de la traba de algún profeta o de la propaganda de un santo.

El escepticismo, convertido en el “grito de guerra” de la sociedad secular podría volverse contra sus logros más increíbles (piensen no más en el hecho de que los terraplanistas se llaman a sí mismo “escépticos”)

Otras razones

¿Qué les parece “racional”?

En lugar de “ateos” podemos decir “personas racionales”.

Yo creo que esto se aproxima más a lo que significa ser “ateo”.

Una persona racional es aquella capaz de juzgar las hipótesis que se proponen para explicar el mundo y que, como diría Bertrand Russel, “evita seleccionar aquellas que sean injustificadas e innecesarias” (como la hipótesis de dios que hoy por hoy es completamente innecesaria).

Una persona racional, además, es alguien que puede entender una argumentación y el valor de la evidencia empírica, lógica o matemática para evaluar el valor de la misma.

Nos vamos acercando.

Solo que hay un problema: todos los seres humanos somos significativamente irracionales.

La mayor parte de nuestra maquinaria biológica y mental difícilmente sigue principios “lógicos”.

Solo piensen, por ejemplo, en las fobias (lo menciono porque yo tengo una).

Los que, por ejemplo, le tenemos miedo a volar (aerofobia) eliminamos conciente o inconcientemente la evidencia de que el aéreo es el medio de transporte mas seguro que existe (por kilómetro recorrido y persona transportada).

Usamos hipótesis innecesarias para justificarnos y aplicamos razonamientos equivocados (“si un avión se accidenta casi todos mueren” ergo “el avión es peligroso”).

Ser racional es un ideal bonito, pero biológica y psicológicamente imposible en todos los aspectos de la vida.  No estoy diciendo que ser racional sea malo o imposible.  Solo que la etiqueta “racional” no es buena para clasificarnos a todos.

Ahora bien.  Hay irracionales de irracionales.  Los que creen en dioses, por ejemplo, son irracionales, como los que tenemos aerofobia.  Solo que a diferencia de estos últimos, los primeros se justifican diciendo que “hay que tener fé”; que ellos saben que no tienen “razones” para sus creencias y no hay lógica en ellas (también los hay que creen que sí, lo que es el colmo de la credulidad), pero que no les importa.

Los creyentes en dioses son “irracionales me-importa-un-culistas.”

¡Por Apolo!

Es como si sufrieras de una “fobia” y quisieras seguir sufriendo de ella toda la vida.

Yo, personalmente, descubrí que la “valeriana” es muy buena contra la aerofobia (bueno, al menos en mi caso).  Ojalá existiera una droga para curar la fé religiosa (porque la fé en general es buena – solo que monopolizada por la religión, especialmente cuando tienes fé en tus ideales o en ti mismo.)

Nihil novi

Las anteriores y muy incompletas reflexiones, me dejan finalmente arrinconado contra un extremo nihilista, pero creo yo, muy válido.

¿Y qué tal si los no creyentes, no nos llamamos de ninguna manera?

¿Por qué tendríamos que usar un término para denotar la negación de algo que solo le importa a gente irracional me-importa-un-culista?

Es como si los aerofóbicos exigiéramos al resto de la humanidad que duerme en los aviones (porque ese es el mejor síntoma de que no le temes a volar, que logras conciliar el sueño metido en esas batidoras aerodinámica) que se llamaran a si mismos “aerofílicos”

Dejemos que los creyentes se llamen ateos entre sí: “Ese Poncio Pilatos si que es un ateo”, “¡Tutankaton deja de ser ateo! ¡cambia su nombre a Tutankamon!”, etc.

A los que no tenemos ese problema, por favor, déjennos en paz.

¡No más “ateos”!, el título de esta entrada, significa que no sigamos usando ese término para referirnos a todos los seres humanos (casi) racionales y normales, que no tenemos afiliaciones a clubes supersticiosos.

¿La espiritualidad y la moral que?

Este asunto daría para una larga entrada.  Bastante innecesaria por cierto, en tanto ya autores, mucho mas versados que yo, han escrito sobre el tema (noten que no digo autores ateos, ni autores no creyentes; en lo sucesivo por “autor” se sobre entiende una persona normal y mayoritariamente racional que no necesita divinidades).

Pero al mencionar este espinoso asunto y tratar aquí el tema de los apelativos, me gustaría proponer un apelativo nuevo para todos aquellos que vivimos nuestra espiritualidad plenamente (¡sí! ¡sin dioses también hay espiritualidad!) y que poseemos conjuntos de valores morales y cívicos que nos hacen “buenas” personas y buenos ciudadanos; todos al margen de lo que dictan las reglas de los rebaños religiosos.

Creo que deberíamos hablar hoy, y me inspiró en las ideas de Steven Pinker, de una espiritualidad ilustrada (ilustrado no significa aquí “educado” o “culto”).

La espiritualidad ilustrada sería algo así como un sentido de trascendencia o una profunda intuición de la existencia de un increíblemente vasto y complejo universo dentro de nuestras propias cabezas (que deja de existir tan pronto cesa la vida de las neuronas, pero que puede derramarse un poco a través del legado literario, científico o artístico), todo en consonancia con el espíritu de la ilustración, a saber, aquel que reconoce la razón, la ciencia y el humanismo como los motores del progreso social (un mundo mejor para todos).

Aquí, si podríamos diferir de forma respetuosa.

Es posible que la espiritualidad ilustrada que me mueve a mí personalmente por la vida, no sea la misma espiritualidad que mueve a otros: no todos tenemos que tener una espiritualidad ilustrada.

Respeto cuáles sean los principios que te hacen valorar lo trascendente en tu vida.

Lo que nunca respetaré (como no respeto al machismo, al racismo, al sexismo, a la homofobia, etc.) es que tengas que postular para tu espiritualidad, injustificadamente y contra toda evidencia, la existencia de entidades inmateriales y bondadosas que mueven los hilos de la realidad.

Ahora bien, que no respete tus creencias irracionales no significa que no podamos ser amigos.

¿Nos tomamos una cerveza?

Navegación en la entrada única

5 pensamientos en “¡No más “ateos”!

  1. Herman Ocampo en dijo:

    Buenas tardes. No quiero ser criticón pero ¿podrías cambiar “basto” por “vasto” en la frase “increíblemente basto y complejo universo”?
    Cordialmente…

  2. Juan Carlos Figueroa en dijo:

    Maravillosa entrada… Es un barrido muy interesante de temas profundos que “normalmente” pasan desapercibidos… Hubo 3 palabras “curiosas” dentro del escrito que sería bueno tratarlas en uno próximo: “psicología”, “principios” y “moral”. ¿que son? ¿que tan permeados por “relatos” están? ¿con que principios se construyeron los principios? En el fascinante escenario posapocaliptico donde toda la civilización desaparece y quedan un puñado de humanos, ¿volvería a surgir la misma psicología, moral y principios que hoy tenemos? ¿realmente es bueno para uno y para el mundo hacer siempre “el bien”?

    También me quedó sonando: ¿qué hace un astrónomo hablando con tanta determinación y frecuencia de temas culturales? Es interesante entender el origen de este hobbie. Obviamente los títulos no determinan los gustos del pensamiento, pero será acaso una necesidad, una maldición de ciertas carreras “puras” (física, matemática, etc) querer trascender sus fronteras e intentar darle una explicación al mundo en que se hayan? ¿por que se da este acercamiento a la filosofía, a la política, a la historia? Sería interesante analizar las posiciones de algunos pensadores post revolución cientifica (ideas “no exhaustivas”: Galileo, Descartes, Newton, Hubble, Russell, Curie, Pasteur, Euler, Pascal, Gauss, Godel, Hilbert, Maxwell, Leibniz Planck, Riemann, Fermi, Einstein, Bohr, Turing, Dirac, Feynman, Sagan, Hawking) ¿quienes y por qué traspasaron la frontera?

    Me gusta la Heineken

  3. Luisa Blandón en dijo:

    Comprender el razonamiento humano ha sido una tarea desde siempre. Seguimos escudriñando la razón de nuestro pensamiento. Lo que haces aquí, uniendo conjeturas e ideas que divagan entre un poco de historia y tu percepción propia del mundo es interesante aunque quedó inconclusa.
    El Tema de la religión es complejo, extenso y peligroso. Ser o no ser ateo, esa no es la cuestión. Que tal unas cervezas para definir el Para qué o el porqué de la necesidad de Una Etiqueta cuando podríamos enfocar nuestras energías en concienzar la máxima: trata a los demás como quieres que te traten a ti.

    Saludos.

  4. Carlos Mejia en dijo:

    De acuerdo, me llamaré un eukariota casi racional, relativamente normal
    Comparto la iniciativa

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