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Elogio de la facilidad

Decirle a un joven que se dedique a hacer lo que le quede fácil en la vida no parece ser un consejo de una persona sabia, ni siquiera de una medianamente madura. La “dificultad” como medio para conseguir cosas importantes es un “meme” muy apreciado y divulgado por los “mayores.”  Sin embargo, una reflexión sobre el tema, incluso una superficial, muestra que la realidad de la vida, especialmente la de gente que muchos estaríamos de acuerdo en llamar “exitosa”, esta lejos del ideal de la “dificultad” y del “trabajo duro” que vendemos a diestra y siniestra.  En esta entrada les ofrezco algunas ideas de por qué deberíamos darle feliz sepultura al meme de la dificultad y empezar a promover y celebrar la facilidad como medio para alcanzar una vida, sino exitosa, un poco más satisfactoria.

“Me preguntan mucho que aconsejaría a un joven que busca carrera. Mi consejo siempre es el mismo: hagan solo lo que sea para ustedes realmente “fácil.” Solo dedicando una vida a lo “fácil” (que depende de cada uno) se pueden hacer cosas geniales y, dependiendo del azar, ser exitosos
Octubre 26 de 2019
bit.ly/trino-facilidad

¿Estamos todos condenados a llevar una vida como la de Sísifo, haciendo siempre tareas muy difíciles (arrastrando una roca) para que al final no produzcan ni en nosotros ni en los demás ninguna impresión duradera (la roca regresa al punto de partida)? ¡No lo creo!

Antes de que me acuse de intentar “pervertir” la mente de los jóvenes, que “ya de por sí son muy perezosos” (y que siempre lo han sido desde la perspectiva de los mayores), deme una pequeña oportunidad para explicar mejor a que me refiero aquí por “facilidad.”

Para ello le pido que piense un momento en una persona notable de la historia; alguna pensadora, artista o deportista a la que admire o recuerde (uso el género femenino por referirme a una persona.)  Ahora imagínesela haciendo aquello por lo que alcanzó fama imperecedera (escribir sesudos libros de filosofía, hacer experimentos, volar aviones, extraer figuras humanas del mármol,  hacer reír, cualquier cosa.)

¿Cree usted, de verdad, que esa persona consideraba realmente “difícil” hacer lo que hacía? o al contrario ¿tal vez adivina que tenía algunas aptitudes especiales que la llevaban a hacer con soltura, en su disciplina intelectual o física, eso que la hizo tan famosa?

No podemos dar una respuesta seria a las preguntas anteriores, si no definimos primero lo que es “difícil”.  Y no se trata de ahondar en eruditas etimologías o académicas definiciones psicológicas.  Simplemente podemos ser claros y directos:

Una cosa es difícil cuando toma mucho tiempo y energía en completarse, cuando se hace inicialmente mal y normalmente necesita varias (o muchas) repeticiones o intentos hasta conseguir un resultado aceptable.

Tomemos un caso sencillo: pintar un retrato (un rostro) con lápiz en una hoja de papel en blanco.  Difícil ¿no?

¿Cree usted que la persona que pinto este retrato encontró difícil hacerlo?

Cualquier persona con una motricidad fina normal y un manejo elemental de los materiales (lápiz y papel) puede completar la tarea y hacerlo bien.  Pero no nos digamos mentiras: el tiempo y el número de borrones necesario para alcanzar un dibujo medianamente aceptable variará mucho de una persona a otra.

Para mí (y para la mayoría de la humanidad) pintar un rostro es muy difícil.  En contraste, para alguien con aptitudes “naturales” para el dibujo (es decir, que no son producto del entrenamiento) o una facilidad también “natural” para aprender artes plásticas, el tiempo será menor y tal vez ni siquiera necesite repeticiones.  Decimos, que las personas así encuentran “fácil” dibujar rostros.

Es un mito, repetido hasta la saciedad (muchas veces por quienes tienen las aptitudes correctas) decir que para hacer fácil una tarea difícil, simplemente se necesita mucha práctica.

Reza el saber popular, que después de muchos intentos y años de repetición,  casi cualquier tarea se vuelve fácil.

Nada es menos cierto y cualquiera de nosotros puede atestiguarlo con su propia experiencia.

No quiero oponerme a la teoría psicológica que dice que después de alrededor de 10 años una persona puede volverse experto en cualquier cosa.  Imagino que existe evidencia empírica para una hipótesis tan prometedora (que como todas las hipótesis psicológicas solo tiene una validez estadística) pero lo que soy yo, personalmente, no le recomendaría a ningún joven jugar a la ruleta de los 10 años para hacerse experto en algún sueño.

Dejemos las falacias y miremos nuestras propias vidas para encontrar algunas evidencias de lo que afirmo: la mayoría de nosotros (especialmente si nos consideramos exitosos o satisfechos con lo que hacemos) terminamos dedicándonos en la vida a lo que nos era fácil hacer.

En mi caso, por ejemplo, recuerdo con claridad el día en el que viajando en bus de una biblioteca pública a mi casa en Bello (Antioquia, Colombia), y mientras leía (contra el consejo de todos los adultos) en mi asiento en el desvencijado vehículo, comprendí que entender casi cualquier concepto de física con el que había tenido contacto hasta ese momento era fácil para mí.

Me bastaba una sola leída para considerar que lo que decían los libros de texto o la abundante literatura de divulgación que leía del tema, era natural y si no, bastante fácil de recordar.

A mis compañeros, al contrario, les tomaba un poco más de tiempo y varias lecturas (acompañadas por explicaciones y analogías) entender los mismos temas y conceptos.

Nunca me sentí un genio (¡tenía compañeros mucho mas inteligentes!) Solo sabía que aquella tarea específica era más fácil para mí que para ellos.

Otros jóvenes que conocía, tan solo cinco minutos después de tocar por primera vez un balón de voleibol o de que les recitaran las normas básicas del deporte, se habían convertido en avezados jugadores: sacaban el balón con precisión y lo devolvían con soltura al adversario.

A mí me tomo semanas siquiera lograr que el balón, después de golpearlo con la muñeca (una acción extremadamente dolorosa y poco placentera para mi) pasará sin inconvenientes por encima de la malla.

Aún así, notaba como algunos compañeros disfrutaban hablando de física conmigo; y yo, por mi parte, encontraba más emocionante el “volei” que el “basquet.” Pero era obvio que ni ellos debían dedicarse a la física, ni yo a los deportes, y todos lo sabíamos.

Al final, algunos nos dedicamos a lo que nos quedaba fácil hacer.  Yo entré a estudiar física y algunos de mis compañeros se convirtieron en deportistas o maestros en el tema. Creo que la mayoría de los que elegimos a que dedicarnos, con ese criterio elemental de hacer lo que nos era fácil hacer, tenemos hoy una vida satisfactoria o somos exitosos.

¿De dónde viene entonces nuestra idea de que hacer cosas difíciles es el ideal de la vida, el camino seguro hacia una existencia plena y exitosa?

Esta es mi conjetura: una vez las personas descubrimos lo que nos es fácil hacer, queremos hacer muchas cosas, especialmente cosas cada vez más grandes o complejas, que ponen a prueba nuestra habilidad natural.

Los físicos, para los que es fácil entender todo lo que otros colegas descubrieron, quieren resolver los problemas abiertos y que otros aún más inteligentes que aquellos, no pudieron resolver en el pasado.  ¡Una tarea muy difícil!

El deportista (aquel para el cual mover el cuerpo siguiendo las reglas de cualquier deporte es muy fácil) termina enrolado en un equipo profesional, enfrentando a otros tal vez más hábiles o con mejor técnica para vencerlos y ganar una medalla ¡Una tarea muy difícil!

En todos esos casos el éxito se produce al superar tareas que encuentran difíciles o complejas personas para las que es muy fácil hacer la misma actividad.

Un cantante (alguien para el que es fácil comprender una armonía, seguir el ritmo o cantar afinado) se siente exitoso porque sus canciones son más reproducidas en YouTube o Spotify que otro cantante; no porque pueda componer o cantar mejor que su tío aficionado.

He de reconocer, sin embargo, que la vida es mucho mas compleja que estas ideas medio trilladas.

Personas que nunca creyeron que iban a ser deportistas terminaron dedicadas a eso por casualidad o necesidad; al final ganaron medallas o entrenaron a otros deportistas muy exitosos.  Estudiantes poco prometedores son hoy exitosos científicos que hacen con soltura actividades intelectuales consideradas por la mayoría muy difíciles.  También están aquellos testarudos a los que les dijeron toda la vida que no podían tocar el piano porque eran “sordos” para la música y que unos años mas tarde habían terminado su carrera en el conservatorio para convertirse finalmente en concertistas.

Pero no nos digamos mentiras: esos casos no son la regla sino unas afortunadas excepciones.

Jesús (si existió) era bueno para hablar en público y convencer a muchas personas de sus ideas; a Bill Gates se le dio fácil la programación y el liderazgo desde que era niño; de Miguel Angel se decía que dibujaba una circunferencia a pulso casi perfecta (y estoy seguro que lo hacía desde la más temprana edad); Newton entendió la geometría analítica después de leer solo una vez el inexpugnable libro de Descartes; Juanes aprendió solo a tocar la guitarra y Shakira nunca tomo formalmente un curso de danza árabe.

¿Por qué iba usted entonces a sacrificarse haciendo las cosas difíciles?

No. Si no lo ha hecho, empiece ya a pensar que es para usted fácil de hacer y dedíquese a ello.

Pero ¡ojo! La respuesta a la pregunta de “¿que es para mí más fácil hacer?” no puede ser “nada”: sentarse por horas a ver televisión; hablar pendejadas con los vecinos en la tienda de la esquina; dormir hasta tarde o no bañarse por días.

Todas esas cosas son fáciles de hacer para todos.  Piense en las que solo son fáciles para usted (o unos “pocos” como usted.)

Si aprender a tocar la guitarra le tomo un par de días, pero sumar fraccionarios le costo repetir quinto grado y su familia quiere que sea contador, hágalos leer esta entrada y convénzalos de que podría ser increíblemente exitoso si hace cosas difíciles pero con la guitarra (no con el interés compuesto.)

Para ponerlo en otros términos: el éxito en la vida consiste en descubrir aquello que puedes hacer con facilidad, para luego aplicarlo haciendo cosas difíciles y geniales.

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