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Encuentros cercanos del séptimo tipo

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Esta entrada es sobre una película que tal vez no han visto. Sea que la vayan a leer o no después, por favor ¡vean la película!

Acabo de ver “Arrival” (la Llegada), la nueva película de aliens que ha “invadido” las carteleras del mundo (noviembre de 2016).  Si bien no puedo comparar la sensación que me ha dejado la nueva película con la impresión duradera de los (ahora) clásicos Contacto y 2001: una Odisea del Espacio, si puedo decir que su aproximación al problema del primer contacto con Aliens, me ha dejado de una pieza.  No hay duda de que es cada vez más sofisticada y posiblemente acertada la manera como el cine esta ilustrándonos el que podría ser el evento más importante de los ~400 siglos de historia de la mente humana (si es que algún día tenemos la suerte de que pase).  He aquí algunas impresiones de un fanático de la ciencia ficción y al mismo tiempo de un científico obsesionado (como muchos) por entender o prever cómo serán los “otros”.

“Arrival: un paso más adelante hacia la creación de películas inteligentes sobre encuentros extraterrestres ¡imperdible!
Noviembre 9 de 2014
http://bit.ly/trino-arrival

arrival_rated_payoff_1-sht_6Dice la hipótesis Sapir–Whorf que percibimos el mundo en una forma que depende profundamente de la manera como se organizan nuestro lenguaje.  O en otras palabras, que vemos el mundo como “hablamos”.

Esta es la idea en el corazón de “Arrival” (la Llegada) el más reciente film de gran factura, que aborda el “trillado” tema del contacto con una civilización extraterrestre.  Muchas otras películas (y series) lo han hecho en el pasado.  Algunas con seriedad y acierto – Contacto, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, 2001, Distrito 9 (dentro de lo que se podría esperar de un tema tan incierto como este) y otras son apenas una caricatura antropocéntrica y fantástica del asunto – El día que la Tierra se detuvo, El día de la Independencia, V la Batalla final.

Después de ver un puñado de aproximaciones diferentes al problemas y de reflexionar profesionalmente sobre el tema desde la ciencia, veo en “Arrival” una solución novedosa y sofisticada al que se sabe podría ser el obstáculo más grande que enfrentaremos cuando llegue el momento de encontrarnos con “los otros”: ¿cómo comunicarnos con ellos?

El asunto ha sido minimizado y hasta ridiculizado en otras películas.  Desde extraterrestres que hablan un inglés fluído (El día en el que la Tierra se detuvo, V la batalla final), o lo aprenden sin inconvenientes (ET), hasta otros que producen sonidos guturales extraños (El depredador) pero que usan un software en sus naves no muy difícil de “hackear” (Día de la Independencia).

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Todo esto es aceptable, excepto porque en las películas mencionadas, el problema de la comunicación es casi siempre lo de menos.  Con la única excepción del clásico Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (en donde el lenguaje es otra vez protagonista),  la comunicación con los extraterrestres se supone es resuelta por algún milagro y una vez superado este “pequeño” escollo, que vengan los demás problemas.

En “Arrival” es diferente: el lenguaje es la historia y al mismo tiempo el asunto mismo del intercambio con la civilización extraterrestre.  Podría uno esperar encontrarse algún asunto trillado en todo esto.  Pero la película esta lejos de tratar el tema de forma trivial.

La primera aproximación que tenemos a la “lengua” de los recién llegados es a través de una grabación de audio.  Ninguna sorpresa por supuesto.  Nada comprensible (como se esperaría de los sonidos producidos por cualquier especie distinta a la nuestra), pero en el rango audible (algo en lo que pecan los productores pero que hace de la película una verdadera joya en el tema de edición de audio).  Yo esperaría que organismos que vienen de un planeta diferente produjeran sonidos en rangos de frecuencias posiblemente inaudibles, pero le perdono al director y sus asesores esta falta de creatividad “acústica”.

arrival-1024x682Hasta ahí no pasaría de ser una película de aliens más.  La verdadera sorpresa comienza cuando la Doctora Louise Banks (una experta en lingüistica interpretada por Amy Adams) intenta lo impensable: comunicarse con ellos a través del lenguaje escrito.  Pero no con mensaje electrónicos como lo vemos en la mayoría de las películas (que no sabemos como en esas películas logran extraerse de las igualmente incomprensibles comunicaciones digitales de los extraterrestres).  Sino a través del “viejo” método del tablero y el marcador (hubiera preferido la tiza, pero se los perdono también a los realizadores).

Pero si no podemos entenderles ¿cómo esperamos que ellos entiendan lo que escribimos en una tabla?.

No es esa la idea.  Al intentar comunicarnos con ellos a través de la manipulación de la materia (el polvo negro del marcador y la electricidad estática en una lámina de plástico) lo que logra la doctora Banks es un acto de imitación de parte de los extraterrestres: “te escribo para que me escribas”.

Los heptápodos (que es el nombre que le dan los científicos a los extraterrestres por sus siete extremidades y lo que da también nombre a esta entrada), responden sin demoras y en la pantalla emerge un lenguaje extraterrestre escrito, completamente nuevo en la historia del cine (o por lo menos completamente nuevo para mi).

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En este lenguaje en el que las palabras, las frases y en general las ideas se expresan completas sobre círculos, no hay símbolos en el sentido humano de la palabra.  Tampoco hay una sucesión tempral de idea.  Solo patrones complejos de manchas formados con una extraña tinta que emerge de las extremidades de los extraterrestres.  Es justamente en esa estructura altamente no trivial de su lenguaje en el que radica el secreto de su conocimiento sobre el Universo.

Científicos de todo el mundo se ponen en la tarea de “romper” este aparentemente indescifrable código escrito, primero para enseñarles algunas reglas de comunicación básicas a los extraterrestres y después para preguntarles sobre el propósito de su visita.

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Con la ayuda de avanzadas técnicas geométricas y topológicas, matemáticos, físicos y lingüistas del mundo lo consiguen finalmente (como lo hacen en todas las películas del género).  Pero con una sola diferencia: en Arrival (como en la vida real) en el primer intento lo hacen mal.  La primera frase que descifran según su sistema de traducción es: “ofrece arma”.

Como es obvio este mensaje (o mejor la traducción “amañada” de él) prende las alarmas entre los militares (que como en toda película de extraterrestres son los que mandan la parada en todo momento; la humanidad a la defensiva como siempre).  Por momentos parece que la película se va a convertir en un Día de la independencia más (bueno, pero con los Chinos y los Rusos a bordo), pero los creadores logran dar un giro inesperado a la historia.

El lenguaje que traen consigo les ha permitido a ellos y nos permitirá a nosotros como especie una vez lo asimilemos, percibir el tiempo de una forma diferente.  No como una sucesión de eventos, sino como un todo interconectado.  Ese es su regalo, la herramienta o el “arma” que nos vienen a ofrecer.

Con tan buena suerte que la persona que mejor entiende el código, goza ya de poderes innatos para percibir (así sea de forma vaga o en sueños) eventos futuros.  Este poder le permite a la Doctora Banks detener el inminente desenlace violento de la película y facilitar la transmisión pacífica, a través de ella, del mensaje que trae la civilización extraterrestre antes de que los aniquilemos sin misericordia.

El mensaje es entonces sencillo: nos traen el regalo de un lenguaje nuevo, universal y poderoso, que nos permitirá avanzar de formas impensables en nuestro entendimiento del Universo; todo, siempre y cuando nosotros les ayudemos 3,000 años en el futuro con algo que nunca revelan qué es (imagino que deberíamos esperar la secuela en 300 o 400 años para saberlo).

La película termina sin que se lance un solo rocket, estalle un solo helicoptero militar e incluso de que muera uno solo de los coprotagonistas.  Al contrario termina de forma pacífica justo donde comenzó, tal y como lo hacen las palabras y las frases de la lengua extraterrestre.

Como lo comentaba al principio, quede de una sola pieza al terminar la película.  Confieso que no había sido sorprendido tanto por una historia de ficción inteligente desde que tengo memoria.  Aunque esto parece un poco exagerado, les presento a continuación una lista de razones por las que considero esta como una película de extraterrestres sin parangón en la historia del cine; una joya que definitivamente cualquier fanático o científico que trabaje en el tema debería ver sin demora:

  1. La película pone de relieve que uno de los más grandes obstáculos que enfrentaremos al encontrarnos con otra civilización será entendernos.
  2. Los lenguajes que traerán otras civilizaciones, serán posiblemente como ellos mismos, totalmente inesperados.  No deberíamos esperar los rasgos comunes que vemos en los lenguajes escritos de los pueblos de la Tierra (que comparten todos la misma base biológica: el cerebro humano).
  3. Intercambiar información lingüistica con otras civilizaciones podría ser tan o más importante en nuestro encuentro como intercambiar datos o conocimientos científicos.  Tal vez en sus lenguas este la clave de su comprensión superior del Universo.
  4. Una comprensión superior del espacio-tiempo puede ser la clave para convertirnos en una civilización universal.  Es ese conocimiento el que le daba a los “heptápodos” de la película la capacidad de manipular la gravedad (que no es otra cosa que espacio-tiempo deformado), moverse sin dificultad sobre la Tierra, aparecer y desaparecer sin la vulgar necesidad de desplazarse materialmente en el espacio (la principal barrera que nos separa de otros lugares y tiempos en el Universo).
  5. Conocer el futuro, como lo logra la Doctora Banks, no haría necesariamente imposible vivir la vida.  Tal vez le agregaría un elemento de disfrute que no comprendemos todavía.

Como siempre, no todo es color de rosa.  Abajo enumero algunos asuntos problemáticos con la película cuya solución es inútil esperar, pero que es bueno reconocer:

  • El excesivo protagonismo de los militares que es común a todas las películas del género.  En un encuentro real yo esperaría que fueran autoridades civiles y científicas aquellas que estarían al frente de una situación como esta.
  • ¿Por qué no fueron los heptápodos los primeros en aprender las lenguas humanas y tuvimos nosotros que descifrar su complicada lengua?
  • ¿Cómo se logra descifrar en cuestión posiblemente de semanas una lengua que encierra secretos increíbles sobre el Universo, cuando difícilmente hemos descifrado lenguas de civilizaciones antiguas?
  • ¿Por qué el Físico Ian Donelly no le cree a la Doctora Banks cuando esta le confiesa que su hija va a morir de cáncer? ¿acaso no fue suficiente demostración de su capacidad de conocer el futuro, lograr evitar que los Chinos y Rusos atacaran a las naves extraterrestres? ¿cómo puede alejarse de ellas justamente sabiendo que la niña puede morir?

En fin.  Espero que se vengan muchas otras películas que traten como esta el tema del contacto con civilizaciones extraterrestres con menos lugares comunes e ideas realmente novedosas.

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Los límites imaginarios de la vida

Si la física y la astronomía me dejarán algún tiempo no podría trabajar en otra cosa distinta que en biología.  Y es que no hemos conocido hasta ahora en el Universo un fenómeno físico más fantástico, rico y complejo que la vida.  Bueno, hasta ahora.  Entre más avanza nuestra comprensión del Universo, mayor dominio tenemos de sus leyes y mejor nos va manipulándolas de formas creativas, mas nos inclinamos también a pensar que entre la vida que conocemos en nuestro planeta y el orden, por ejemplo, de los átomos en un metal,  podría existir un continuo de complejidad, una infinidad de fenómenos sorprendentes que merecerían ser también celebrados.   De ser así, intentar encasillar a la vida en una categoría separada podría ser un despropósito que nos impediría gozar de ese vasto cosmos de complejidad desconocido.  He aquí un llamado para que dejemos de intentar definir lo indefinible y nos ocupemos, en su lugar, de celebrar la riqueza que esconde un Universo tan vasto en extensión como en posibilidades.

“Definir la vida es como definir la diversión: donde quiera que pongas un límite le estas arruinando la fiesta a alguien
Junio 4 de 2014
http://bit.ly/trino-vida

Captura de pantalla 2014-06-08 a la(s) 17.32.11¿Qué es la vida?  Cuántos sabios, académicos y aprendices se han perdido en esa pregunta.  Cuántas páginas se han escrito tratando de esclarecer las fronteras borrosas entre lo vivo y lo no vivo.  Cuántos libros, cuántos artículos especializados, cuántos seminarios, cursos…

Intentar definir la vida es como tratar de definir que es la diversión o la felicidad.  Las definiciones imponen límites, definen compartimentos (la mayoría de las veces ficticios).   Pero la vida, como la diversión o la felicidad, se resisten a ser encasilladas.  O por lo menos hacerlo es arruinar las posibilidades fantásticas que hay fuera de las fronteras ficticias de los idiomas o la ciencia.

En 2011 ofrecí la que ha sido posiblemente la más corta conferencia de divulgación que me han obligado a dictar.  Se trató de una conferencia en el marco del TEDxMedellín (abajo incluyo el video de la charla).  Cuando empece a pensar en qué podría contarse en esos miserables 12 minutos que la organización del evento me daría, la respuesta no demoró en llegar: tenía que hablar de la vida pero siendo un astrónomo debía hacerlo en un contexto universal.  Debía ser algo “sencillo”, un mensaje directo, fácil de entender.  Nada de explicaciones técnicas, ni de diagramas explicativos, ni historias o personajes.  Algo con el que otras mentes pudieran estar de acuerdo inmediatamente u oponerse vehementemente.

La tesis que presente como mejor pude en esa charla, se venía gestando desde hacía algunos meses en el seno de un grupo fantástico que comparto con unos amigos en Medellín (un grupo de “marihuaneros” como los llame cariñosamente en el video).  Estoy hablando de AMEBA (Asociación de Estudios en Biología y Astrobiología), un club de revistas que fundamos en Medellín en 2009 después de la Segunda Escuela de Posgrado de Astrobiología que tuvo lugar en Montevideo, Uruguay ese mismo año.

Después de leer muchos papers con mis amigos de AMEBA, de escuchar a biólogos y astrobiólogos discutir las ideas más extrañas de sus respectivas disciplinas, la conclusión a la que llegamos no podría ser otra: la vida no tiene fronteras.  En su lugar podría existir más bien un continuo de complejidad en el largo camino que separa a un átomo de la asamblea de las naciones unidas.  A ese paisaje fantástico de la complejidad en el Universo, que en algún rincón incluye a la vida en la Tierra, deberíamos llamarlo la “Complexife”.

A medida que pasan los años y conocemos mejor la vida en la Tierra, pero también a medida descubrimos otros fenómenos fantásticos o inventamos los nuestros propios, la tesis de AMEBA se reafirma en mi cabeza.  Todas las definiciones de vida que he leído son increíblemente razonables y aún así no parecen ser suficientes para dar cabida a la fascinante complejidad que observamos en la naturaleza.

¿Están los virus vivos? ¿llegaremos alguna vez a catalogar a un programa avanzado de computador, como un organismo vivo o inteligente? ¿es el planeta como un todo un organismo vivo? Todas estas preguntas que flotan por ahí cuando hablamos de poner límites a la vida son la mejor demostración que poner fronteras en este caso, contrario a ayudarnos evita que celebremos por anticipado lo que también es fantástico.

Ante este panorama se me ocurre proponer una definición operativa que podría acomodarse mejor al concepto más amplio de la “complexife” que conjeturamos aquí.  Imaginemos que alguien tiene en una caja algo que asegura esta “vivo” o por lo menos que cree no debería considerarse simplemente “muerto”.  Los biologos, sin embargo le han demostrado una y otra vez que lo que hay ahí no cumple ninguna de las definiciones existentes sobre aquello que mejor conocen.  Escéptico, nuestro personaje reúne en una sala a expertos de distintas disciplinas científicas y técnicas, físicos, químicos, matemáticos e ingenieros. La caja finalmente es “abierta” y ante ellos se presenta un fenómeno extraño, nunca antes visto por ninguno de ellos, ni descrito en sus disciplinas.  Estudian el fenómeno por horas, días, años.  Lo analizan desde sus áreas y no logran explicar o “reducir” las propiedades que observan a las propiedades fundamentales de la materia de la que esta hecho.  Todos están extasiados y los que no lo están son simplemente escépticos.  Pero ¿hay reproducción, evolución u homeostasis en la caja?  No necesariamente.  ¿Proteínas, RNA u otras formas complejas de química o materia? tal vez.  Lo que tienen ante sus ojos es un fenómeno complejo completamente nuevo e irreducible a las leyes simples de su disciplina.  No hay duda que lo que tienen delante suyo es una forma de “complexife”, o simplemente de “vida” si se quiere, en esta visión ampliada del concepto.

La Vida o la Complexife sería entonces, según esta definición operativa, cualquier fenómeno que al ser investigado por un grupo diverso de especialistas genera en ellos un sentimiento unánime de asombro.

¿Pero no es esto equivalente admitir que casi todo podría estar vivo o equivalentemente ser una forma de complexife?  Sí y no.  No, en el sentido que no todos lo que vemos en el Universo exhibe propiedades inesperadas o emergentes, propiedades capaces de sorprender a una comunidad suficientemente amplia de expertos.  Las estrellas, por ejemplo, eran un misterio hace 100 años, pero hoy sabemos que todas sus propiedades pueden ser predichas con física relativamente básica.  Ningún físico encontraría a las estrellas extrañas o impredecibles si las investiga lo suficiente.  Las estrellas no están vivas ni son una forma de complexife.  Por otro lado, los virus siguen siendo misteriosamente sorprendentes, aún para los mejores químicos.  Hoy nadie los considera rigurosamente, vivos.

Por otro lado, reconocer los límites borrosos de la vida nos permitiría disfrutar o celebrar fenómenos que de otra manera serían hallazgos simplemente “interesantes”, escalones adicionales en nuestra búsqueda del verdadero santo grial: la vida afuera de nuestro planeta.  Piensen por ejemplo lo que pasaría si penetráramos el oscuro interior de Europa y en lugar de descubrir ballenas jovianas o micro algas extraterrestres, encontráramos un oceano de una complejidad química jamás vista.  Ni una sola célula y en cambio complejos remolinos producidos por el flujo y reflujo del agua salada propulsada por las mareas y la actividad geológica del corazón de la luna.  Unos cuantos expertos lo disfrutarían, se escribirían una miríada de artículos de ciencia, pero las botellas de Champagne se quedarían en el refrigerador y las ganas de descubrir que no “estamos solos” deberían archivarse nuevamente.  ¡Una verdadera lástima!

Como dicen en mi tierra ¡dejémonos de pendejadas! Disfrutemos las sorpresas que el Universo nos da a todas las escalas.  No busquemos más lo que parece pertenecer a una categoría imaginaria cuyas fronteras son cada vez más borrosas.  Gocemos con la creación de máquinas capaces de sostener una conversación.  No temamos llamarlos “organismos vivos”.  Demos a los virus su merecido lugar en el continuo fantástico de la complexife.  No nos neguemos a la posibilidad incluso de descubrir emergencias “biológicas” incluso en escalas inesperadas, una nube de gas interestelar, un cúmulo de galaxias o el Universo en su totalidad.  Todas estas cosas son divertidas y nadie se ha atrevido a definir la diversión.

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