Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

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Un falso dilema

¿Qué debería estudiar en la Universidad?.  Esta es la pregunta que se hacen miles de jóvenes y adultos cada 6 meses o un año, cuando las Universidades y otros institutos de educación superior abren inscripciones en sus programas.  La respuesta a esta pregunta es casi tan diversa como aspirantes tienen esas mismas instituciones. Aún así, existe una tendencia generalizada, que todos conocemos bastante bien y que consiste en responder de forma “simplona” a esta trascendental cuestión: estudie algo en lo se consiga trabajo.  Como fundador y promotor de uno de los programas universitarios más sui generis de Colombia (el programa de pregrado en Astronomía de la Universidad de Antioquia) les presentó aquí mis propias reflexiones sobre este espinoso asunto.

“No escoja una carrera. Deje que la carrera lo escoja a usted #ReglasDeLaVida
Abril 30 de 2017
http://bit.ly/trino-carrera

Hay dos preguntas que me repiten cada semestre padres de familia, aspirantes y estudiantes nuevos del programa de astronomía por igual: 1) cuando yo (mi hij@) sea astronom@ ¿en qué voy (va) a trabajar? y 2) ¿es verdad que si uno estudia astronomía se vuelve ateo?.

La respuesta a la segunda pregunta ameritaría por si misma una entrada completa de Trinoceronte; me bastará con decirles que mi respuesta corta para esos devotos jóvenes y padres de familia es: “si entiende, sí”.

La respuesta a la primera, sin embargo, no se puede resumir en una sola frase.  Y no es que sea, al menos para mí, igual de sencilla que la anterior.  El problema es que la pregunta en si misma envuelve confusiones aún más profundas.  Confusiones que están íntimamente relacionadas con la pregunta que abre esta entrada: ¿qué debería estudiar en la Universidad?.

Comencemos diciendo que una persona que todavía se hace esta pregunta cuando esta a punto de matricularse o iniciar un programa de educación superior, o como decimos en Colombia “de meterse en esa vaca loca”, tiene un serio problema: no se conoce a sí misma o tuvo una educación realmente deficiente.

No sé si estarán de acuerdo conmigo, pero uno de los objetivos de la educación básica (primaria y secundaria) debería ser que los niños y los jóvenes descubran para qué son realmente buenos.

Yo, personalmente, tuve una buena educación (incluso en un tiempo en el que los estudiantes de mi colegio en Medellín – Colombia éramos considerados sicarios en potencia).  En los últimos dos años del bachillerato me enseñaron más ciencias naturales y matemáticas que cualquier otra cosa (termine mi bachillerato en un sistema que desapareció y que se llamaba “educación diversificada”; yo, por ejemplo, me gradúe en la modalidad de ciencias naturales).

Al finalizar mi educación básica estaba convencido de que esa era mi vocación.  No lo era ni la literatura, ni el dibujo, ni la ingeniería (que siempre me atrajeron también). Estaba convencido de que no podía ser otra cosa sino un científico (en particular un astrónomo).

Muchos de mis compañeros de colegio en la misma modalidad de ciencias naturales, descubrieron al contrario que no querían ser científicos. Esa experiencia les mostró que lo que querían era ser músicos y abogados.  Si bien, para ellos, esos dos últimos años de colegio fueron difíciles porque tuvieron que asistir a 4 clases de física a la semana (en lugar de 1 sola como la mayoría), lo cierto es que esa situación les ayudo también a ser lo que son hoy.

Todo esto es para decir que uno solo debe estudiar lo que quiere estudiar.  No hay alternativa. Esto implica, sin embargo, que antes de elegir o comenzar una carrera, se debe saber que se quiere hacer en la vida (o por lo menos tener una idea básica).

Los padres pueden ayudar.  A veces, sin embargo, ayudan demasiado: ponen a sus hijos a asistir a cursos de música, inglés, patinaje, natación y si les queda tiempo los obligan a participar de olimpiadas de baile, química, matemáticas y ortografía (creando a veces el resultado contrario, una aversión por el conocimiento o el arte).  Aún así el resultado parece seguir siendo el mismo: jóvenes confundidos que no están seguros sobre cuál es la carrera que deben elegir.

El dilema entonces de “¿qué carrera estudiar?” es entonces, un falso dilema. Se debe estudiar lo que uno quiere o para lo que uno es realmente bueno.  O debería por lo menos serlo sino existiera un segundo (y muy extraño) factor: el deseo de tener éxito económico sin hacer casi nada.

Todo hay que decirlo.  La mayoría, aún sabiendo para que son buenos, eligen estudiar una carrera pensando en el éxito que personas que conocen (o creen conocer) de esa profesión han tenido en el pasado o están teniendo actualmente.  ¡Una extraña idea!.

Es como si quisieras ser músico y para elegir en qué genero musical hacer tus propias contribuciones creativas te sentarás a escuchar la radio en busca de lo que mas suena.  ¡Realmente ridículo! (los que son músicos de corazón entenderán cabalmente lo que digo).  Si así funcionará el arte, todos los músicos en Latinoamérica (y no solo los genios del mercadeo) estarían haciendo Reguetón y Vallenato.

Pero no me crean ingenuo.  Es obvio que existen profesiones que garantizan una vinculación laboral casi inmediata.  En Colombia ¿el derecho? ¿la administración? ¿la contaduría?.  Lo que no tienen en cuenta quiénes eligen esas profesiones con “salida asegurada” es que estas son disciplinas tan difíciles como la Astronomía, la Sociología o la Filosofía.  El hecho de que haya más trabajo para abogados no significa que el derecho sea una carrera menos difícil o al “gusto de cualquier comensal”.

Quién estudia derecho porque va a tener trabajo, sin saber si tiene aptitudes para la filosofía, el lenguaje y el pensamiento analítico, esta, como decimos en Colombia “miando fuera del tiesto”.  Peor aún, el padre de familia, adulto responsable, experimentado, amoroso, que le exige a un hijo suyo escoger su profesión por la salida laboral esta jugando un peligroso juego: la “ruleta rusa” de la frustración profesional.

Y es que no hay peor fracaso profesional que tener cartones de algo que no te gusta o en lo que no usas el máximo de tu potencial.

Véanlo así: es mejor sentir un poco de envidia por el que tiene aptitudes naturales por carreras con salida profesional asegurada, que intentar ser como ellos.

Si lo que quiere un joven en la vida es ser violonchelista, no hay nada que hacer.  El padre de familia podrá lamentar en la intimidad de su craneo que su hij@ no haya nacido con las aptitudes naturales para la cirugía plástica (que le aseguraría un salario de 7 cifras o más de por vida), pero no tiene porque restregárselo, especialmente cuando esta comenzando su carrera musical.

También es cierto que otros padres de familia nos lamentamos (en la intimidad de nuestro craneo) porque nuestros hijos no son más altos, más atléticos o más bonitos, pero para casi todos es obvio que ninguno saldría a hacerle una cirugía plástica a sus hijos para ajustar sus características biológicas a nuestras expectativas (¡aunque no falta la bestia!).

Antes estas ideas, que contradicen creo yo el saber popular, se podría esgrimir otro argumento (y así lo hacen muchos padres y jóvenes al elegir su carrera).  Una persona realmente inteligente (que es lo que creemos casi todos los padres de familia sobre nuestros hijos) puede adaptarse a cualquier profesión.  “Que empiece a estudiar medicina aunque no le guste mucho”, dirán algunos, “como es tan inteligente, con el tiempo le cogerá amor y finalmente se convertirá en el médico de la familia”.  ¡Craso error!

¿Para que tener un médico más en la familia si podrías tener un Premio Nobel de física?  Si un joven es realmente inteligente, estudiar lo que quiere es la mejor manera de asegurar que será el mejor en su disciplina y no otro profesional frustrado mas (eso sí, frustrado pero inteligente).

En este punto aparece otro asunto espinoso.  ¿Deben las universidades e instituciones de educación superior solo ofrecer programas académicos que tengan una salida laboral “asegurada”?.  Técnicamente si.

Parte de los requisitos para que un programa reciba el registro calificado (al menos en Colombia) es argumentar la función que esos profesionales tendrán en la sociedad (los trabajos en los que se desempeñaran).  No puedes proponer un programa nuevo diciendo “no me importa si hay trabajo para estos profesionales”.  Nadie lo aceptará.

En términos reales, sin embargo, las instituciones de educación superior (y en especial las universidades) no pueden, ni deben convertirse en agencias laborales.  Tampoco pueden basar sus currículos y tener un discurso, orientado al trabajo.  Nada que distraiga más de la función y objetivos de la educación universitaria, que estar pensando en cuál será el salario de un profesional.

Aquí lanzo una conjetura (tan atrevida quizás como muchas de las opiniones aquí expresadas): los profesionales más exitosos (si quieren, los que tienen los mejores trabajos) son los que menos pensaron en cuál sería su salario mientras estudiaban.  Los “empeliculados”, los que se gozaron su carrera, los que estudiaron por el placer de conocer y de aprender sobre lo que más le gustaba en la vida.

A la gente que genuinamente ama su carrera, se le nota.  Los empleadores saben (o sabemos) lo importante que es esa pasión genuina y prefieren (preferimos) emplear a gente así.

El que es realmente bueno, tendrá empleo, independientemente del cartón.  Punto.

Ahora bien.  Decir todas estas cosas es fácil cuando haces lo que te gusta, cuando tienes un trabajo estable ejerciendo la profesión que escogiste, cuando naciste en una época con menos competencia (un tonto argumento que se escucha por ahí).  Ese podría ser mi caso, por ejemplo.

Pero no se engañen.  Yo no obtuve por ejemplo mi trabajo actual (profesor asociado en una Universidad grande) por que abundará en Colombia trabajos para físicos o astrónomos.  Lo obtuve porque sabía de computación (le di un valor agregado a mi profesión).  No me fue fácil.  Pero tampoco perdí la esperanza, las ganas profundas de hacer lo que me gusta hacer.  Nunca renegué por no haber estudiado una carrera distinta aún sabiendo que mi primo médico ya era “rico” antes siquiera de que yo empezará a escribir mi tesis de maestría.

Una vez obtuve el trabajo que tengo, trabaje duro para modificarlo, para, por decirlo de alguna manera, “ascender” al punto de hacer lo que siempre quise hacer: investigar y enseñar astronomía. Recuerdo siempre que mi padre intento en su momento hacerme estudiar ingeniería y no lo logro.  ¡Que suerte tuve yo y que suerte tuvo él que hoy se enorgullece de mi trabajo!

A los padres de familia y aspirantes que quieren estudiar astronomía y que preguntan “¿qué hace un astrónomo al graduarse?” les respondo sin dudar: “si el astrónomo es realmente bueno, hará lo que le de la gana”.

(aplica para otras profesiones supuestamente “inútiles”)

El Género de la Ciencia

El 15 de diciembre de 2015 la ONU proclamo el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un esfuerzo simbólico para de un lado intentar derrumbar las barreras que se levantan alrededor de la ciencia para el acceso de las niñas y en general de las mujeres de todas las edades a la carrera científica (a todos los niveles); y del otro visibilizar el trabajo de miles de talentosas mujeres científicas que de forma mayoritariamente anónima contribuyen con el desarrollo de la ciencia, una actividad que siempre ha tenido “cara de hombre”.  Los invito en esta lectura para que llevemos esta reflexión más allá del género específico del científico de turno y sin desconocer la problemática de la representación y oportunidades de otros géneros en la ciencia, nos preguntemos ¿cuál es realmente el género de la ciencia?

“La ciencia no necesita más hombres o más mujeres, más personas trans género o mas homosexuales… la ciencia lo que necesita es ser más femenina #MujeryCiencia
Febrero 11 de 2017
http://bit.ly/trino-genero-ciencia

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

¿Sabe usted cuántos gays, lesbianas, trans género, inter género, bisexuales, demisexuales, asexuales, etc. hay en la ciencia?.  Es decir ¿cuál es la representación de los más de 6 géneros reconocidos, además de los clásicos cisgéneros (hombre y mujer), entre estudiantes y profesionales de la ciencia?.

Posiblemente no.

Lo que si puede que tenga muy claro es que la ciencia esta (y sigue estando) dominada desde hace siglos por individuos con bello facial y pene.  “Hombres” que llaman.

No significa esto, sin embargo, que todos ellos pertenezcan al mismo género: hombres heterosexuales o cis sexuales. ¿O sí?.

También es posible que sepa (esta es justamente la invitación de la ONU y de cientos de páginas de Internet y publicaciones que invadieron las redes el día 11 de febrero), que existe una representación muy bajita en esa importante y productiva actividad social humana, de individuos con voces más delgadas y vaginas.  “Mujeres” que llaman.

Como creo todos entenderán de esta cruda introducción, seguir hablando del rol de la mujer en la ciencia, de las oportunidades que tiene y de su contribución anónima al avance de la misma, debería ser por lo menos hoy, en los tiempos en los que esa misma ciencia nos ha permitido entender mejor la distinción entre los caracteres biológicos y las preferencias sexuales, enriquecido con una visión menos binaria de la humanidad.

¿Deberíamos hablar de “mujeres” o de “lo femenino” en la ciencia? ¿del dominio del “hombre” o de “lo masculino”?.

A mi me parece que “femenino” y “masculino” serían términos más adecuados para una discusión sobre la representatividad de los géneros en la ciencia. Considero un poco anticuado contar cuántos penes o cuántas vaginas ocupan la posición de profesores en una Facultad o cuántos ganaron el premio Nobel en la última década.

Para muchos, esta manera de enfocar el problema que han enfrentado por siglos las “mujeres” en la ciencia, puede ser una salida sexista, una estrategia “machista” para desviar la atención del problema y continuar con el monopolio masculino y la discriminación descarada de la “mujer” científica.

Tómenlo como quieran.  Pero todos deberíamos reconocer que hay un tema objetivo aquí: decir “hombre” y “mujer” hoy casi no significa nada concreto.

Si todavía creen que es una estrategia machista mía, pueden dejar de leer este blog.  Si creen que puede haber algo interesante, aunque no compartan todas mis posiciones, intenten continuar leyendo.

Quienes trabajamos en la ciencia (tengamos penes o vaginas – o una mezcla de ambos) debemos reconocer sin avergonzarnos que la ciencia es muy masculina (que no tiene nada que ver con tener un pene): (1) un impulso casi irracional por la exploración de lo desconocido sin consideración de lo práctico, (2) competencia salvaje entre individuos y organizaciones, (3) demostraciones explícitas de habilidades, búsqueda (irracional) de poder o posición, (4) sobre valoración de la eficiencia (más por menos, más en menos), (5) sub valoración de los aspectos sociales o personales, etc.

No sé ustedes, pero para mí estos son los rasgos distintivos del que hacer científico y claramente los rasgos que distinguen en la mayoría de especies de mamíferos modernos, a los machos de las hembras.

Hay que reconocer claramente que muchos de esos rasgos son posiblemente los que han llevado a la ciencia del pasado a ser lo que es hoy en día.  Por ejemplo, no es que tengamos una nave fuera del Sistema Solar (las Voyager) porque seamos muy pragmáticos ¿o sí?.  No trajimos rocas de la Luna o descendimos al fondo de la fosa de las marianas porque nos importe muy poco demostrar nuestras habilidades para hacerlo ¿o sí?.  No hemos descubiertos la inmensa diversidad de las selvas de nuestro planeta porque nos importe pasar tiempo con la familia en lugar de explorar por semanas el bosque ¿o si?

Pero el mundo esta cambiando.  Esos rasgos muy “masculinos” y sus actividades derivadas, que son desde mi perspectiva los que hacen que tanta gente con bello facial sea la que se dedique a la ciencia y que menos individuos en el extremo opuesto del espectro de género lo haga, están empezando a hacerle daño a la actividad científica.

Se han preguntado por ejemplo ¿cuánto tiene que ver lo “masculino” de la ciencia en la crisis actual de reproducibilidad? ¿en la disminución de los estándares éticos? ¿en la proliferación de estudios científicos sin ninguna relevancia y publicados únicamente en pos de elevar índices?

Pero no me mal entiendan: decir que todos estos defectos son culpa de los “hombres” en la ciencia es tan perverso como cualquier otra forma de sexismo.  También hay “mujeres” que fabrican datos y publican artículos tan solo por elevar su índice h.   “Mujeres”, sin embargo, que al hacerlo se valen de los rasgos más masculinos de su cerebro.  Al menos eso pienso yo.

No, la ciencia no necesita que haya una representación equitativa de todos los géneros (tal vez ya la hay, pero no es muy evidente).  No necesita igual número de vaginas que de penes (aunque estadísticamente eso implicaría una buena distribución de géneros sin implicar que las vaginas serían solamente mujeres cis sexuales).

Lo que la ciencia necesita hoy es ser más femenina.

Pero ¿qué demonios puede significar eso?.

Ya enumeramos algunos rasgos masculinos (demostración, competencia, exploración, etc.)  ¿Cuáles son los rasgos femeninos que le hacen falta a la ciencia: (1) un mejor sentido de la colaboración en lugar de la competencia, (2) una mayor valoración de lo social y lo personal, (3) un sentido práctico más aguzado, (4) mucha más intuición (pensamiento rápido) frente a una excesiva racionalización (pensamiento lento), (5) una menor sobre valoración de la eficiencia y más reconocimiento de la importancia de los detalles, (6) mayor cuidado y preocupación por la vida, (7) mucha más comunicación y empatía con la inmensa mayoría de los humanos que no son científicos, (8) menos demostraciones personales y más trabajo en equipo.  Y la lista podría continuar.

Naturalmente, una manera de lograr que la ciencia se vuelva más femenina es eliminando justamente las barreras, claramente reconocidas por todos, para que otros géneros diferentes al del hombre cis sexual, alcancen las más altas posiciones en la misma.  Teniendo una mayor representatividad de los géneros más femeninos del espectro, bien sea a través de leyes (por la fuerza) o en un proceso paciente de muchos años, esos rasgos femeninos que vienen con esos individuos podrían transformar la ciencia para bien.

Pero hay maneras relativamente inmediatas de lograrlo.  Una de ellas podría ser la de intervenir ahora mismo el sistema de publicación y financiación de la ciencia, sistemas que están altamente “masculinizados” (aunque también en ellos participen e incluso sean manejados por “mujeres”).

Se imaginan…

¿Qué pasaría si para publicar un paper, los autores debieran demostrar que en el proceso colaboraron, recibieron y entregaron datos a otros de forma transparente?

¿Qué pasaría si eliminamos la lista de autores y dejamos únicamente el nombre de colaboraciones o instituciones?

¿Qué pasaría si le diéramos más valor a formar a nuevos científicos a cuidarlos, a “nutrirlos”, que a publicar como “locos” y obligar a publicar a nuestros estudiantes?

¿Qué pasaría si el día de mañana los editores exigieran una declaración en la que se demostrará el valor práctico (presente o futuro) que podría tener cualquier investigación, en cualquier área?

¿Qué pasaría si limitaramos el número de publicaciones de un científico, una institución o un grupo y todas las demostraciones “masculinas” de poder y eficiencia? ¿no habría así una necesidad mayor de colaboración?

¿Qué pasaría si le diéramos un valor similar a publicar un artículo en Nature o un libro de ciencia para niños?

Hacen falta muchas personas (de todos los géneros) y tal vez mucho tiempo para que esto pase.  Pero estoy seguro (soy optimista) que si hiciéramos un esfuerzo por crear una “ciencia” más femenina muchos más hombre y mujeres, gays y lesbianas, inter género y trans género, querrían participar activamente del proyecto científico.

Mientras tanto: ¡que vivan todos los individuos, públicos y anónimos, con pene o con vagina, que tiene la ciencia!

Encuentros cercanos del séptimo tipo

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Esta entrada es sobre una película que tal vez no han visto. Sea que la vayan a leer o no después, por favor ¡vean la película!

Acabo de ver “Arrival” (la Llegada), la nueva película de aliens que ha “invadido” las carteleras del mundo (noviembre de 2016).  Si bien no puedo comparar la sensación que me ha dejado la nueva película con la impresión duradera de los (ahora) clásicos Contacto y 2001: una Odisea del Espacio, si puedo decir que su aproximación al problema del primer contacto con Aliens, me ha dejado de una pieza.  No hay duda de que es cada vez más sofisticada y posiblemente acertada la manera como el cine esta ilustrándonos el que podría ser el evento más importante de los ~400 siglos de historia de la mente humana (si es que algún día tenemos la suerte de que pase).  He aquí algunas impresiones de un fanático de la ciencia ficción y al mismo tiempo de un científico obsesionado (como muchos) por entender o prever cómo serán los “otros”.

“Arrival: un paso más adelante hacia la creación de películas inteligentes sobre encuentros extraterrestres ¡imperdible!
Noviembre 9 de 2014
http://bit.ly/trino-arrival

arrival_rated_payoff_1-sht_6Dice la hipótesis Sapir–Whorf que percibimos el mundo en una forma que depende profundamente de la manera como se organizan nuestro lenguaje.  O en otras palabras, que vemos el mundo como “hablamos”.

Esta es la idea en el corazón de “Arrival” (la Llegada) el más reciente film de gran factura, que aborda el “trillado” tema del contacto con una civilización extraterrestre.  Muchas otras películas (y series) lo han hecho en el pasado.  Algunas con seriedad y acierto – Contacto, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, 2001, Distrito 9 (dentro de lo que se podría esperar de un tema tan incierto como este) y otras son apenas una caricatura antropocéntrica y fantástica del asunto – El día que la Tierra se detuvo, El día de la Independencia, V la Batalla final.

Después de ver un puñado de aproximaciones diferentes al problemas y de reflexionar profesionalmente sobre el tema desde la ciencia, veo en “Arrival” una solución novedosa y sofisticada al que se sabe podría ser el obstáculo más grande que enfrentaremos cuando llegue el momento de encontrarnos con “los otros”: ¿cómo comunicarnos con ellos?

El asunto ha sido minimizado y hasta ridiculizado en otras películas.  Desde extraterrestres que hablan un inglés fluído (El día en el que la Tierra se detuvo, V la batalla final), o lo aprenden sin inconvenientes (ET), hasta otros que producen sonidos guturales extraños (El depredador) pero que usan un software en sus naves no muy difícil de “hackear” (Día de la Independencia).

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Todo esto es aceptable, excepto porque en las películas mencionadas, el problema de la comunicación es casi siempre lo de menos.  Con la única excepción del clásico Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (en donde el lenguaje es otra vez protagonista),  la comunicación con los extraterrestres se supone es resuelta por algún milagro y una vez superado este “pequeño” escollo, que vengan los demás problemas.

En “Arrival” es diferente: el lenguaje es la historia y al mismo tiempo el asunto mismo del intercambio con la civilización extraterrestre.  Podría uno esperar encontrarse algún asunto trillado en todo esto.  Pero la película esta lejos de tratar el tema de forma trivial.

La primera aproximación que tenemos a la “lengua” de los recién llegados es a través de una grabación de audio.  Ninguna sorpresa por supuesto.  Nada comprensible (como se esperaría de los sonidos producidos por cualquier especie distinta a la nuestra), pero en el rango audible (algo en lo que pecan los productores pero que hace de la película una verdadera joya en el tema de edición de audio).  Yo esperaría que organismos que vienen de un planeta diferente produjeran sonidos en rangos de frecuencias posiblemente inaudibles, pero le perdono al director y sus asesores esta falta de creatividad “acústica”.

arrival-1024x682Hasta ahí no pasaría de ser una película de aliens más.  La verdadera sorpresa comienza cuando la Doctora Louise Banks (una experta en lingüistica interpretada por Amy Adams) intenta lo impensable: comunicarse con ellos a través del lenguaje escrito.  Pero no con mensaje electrónicos como lo vemos en la mayoría de las películas (que no sabemos como en esas películas logran extraerse de las igualmente incomprensibles comunicaciones digitales de los extraterrestres).  Sino a través del “viejo” método del tablero y el marcador (hubiera preferido la tiza, pero se los perdono también a los realizadores).

Pero si no podemos entenderles ¿cómo esperamos que ellos entiendan lo que escribimos en una tabla?.

No es esa la idea.  Al intentar comunicarnos con ellos a través de la manipulación de la materia (el polvo negro del marcador y la electricidad estática en una lámina de plástico) lo que logra la doctora Banks es un acto de imitación de parte de los extraterrestres: “te escribo para que me escribas”.

Los heptápodos (que es el nombre que le dan los científicos a los extraterrestres por sus siete extremidades y lo que da también nombre a esta entrada), responden sin demoras y en la pantalla emerge un lenguaje extraterrestre escrito, completamente nuevo en la historia del cine (o por lo menos completamente nuevo para mi).

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En este lenguaje en el que las palabras, las frases y en general las ideas se expresan completas sobre círculos, no hay símbolos en el sentido humano de la palabra.  Tampoco hay una sucesión tempral de idea.  Solo patrones complejos de manchas formados con una extraña tinta que emerge de las extremidades de los extraterrestres.  Es justamente en esa estructura altamente no trivial de su lenguaje en el que radica el secreto de su conocimiento sobre el Universo.

Científicos de todo el mundo se ponen en la tarea de “romper” este aparentemente indescifrable código escrito, primero para enseñarles algunas reglas de comunicación básicas a los extraterrestres y después para preguntarles sobre el propósito de su visita.

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Con la ayuda de avanzadas técnicas geométricas y topológicas, matemáticos, físicos y lingüistas del mundo lo consiguen finalmente (como lo hacen en todas las películas del género).  Pero con una sola diferencia: en Arrival (como en la vida real) en el primer intento lo hacen mal.  La primera frase que descifran según su sistema de traducción es: “ofrece arma”.

Como es obvio este mensaje (o mejor la traducción “amañada” de él) prende las alarmas entre los militares (que como en toda película de extraterrestres son los que mandan la parada en todo momento; la humanidad a la defensiva como siempre).  Por momentos parece que la película se va a convertir en un Día de la independencia más (bueno, pero con los Chinos y los Rusos a bordo), pero los creadores logran dar un giro inesperado a la historia.

El lenguaje que traen consigo les ha permitido a ellos y nos permitirá a nosotros como especie una vez lo asimilemos, percibir el tiempo de una forma diferente.  No como una sucesión de eventos, sino como un todo interconectado.  Ese es su regalo, la herramienta o el “arma” que nos vienen a ofrecer.

Con tan buena suerte que la persona que mejor entiende el código, goza ya de poderes innatos para percibir (así sea de forma vaga o en sueños) eventos futuros.  Este poder le permite a la Doctora Banks detener el inminente desenlace violento de la película y facilitar la transmisión pacífica, a través de ella, del mensaje que trae la civilización extraterrestre antes de que los aniquilemos sin misericordia.

El mensaje es entonces sencillo: nos traen el regalo de un lenguaje nuevo, universal y poderoso, que nos permitirá avanzar de formas impensables en nuestro entendimiento del Universo; todo, siempre y cuando nosotros les ayudemos 3,000 años en el futuro con algo que nunca revelan qué es (imagino que deberíamos esperar la secuela en 300 o 400 años para saberlo).

La película termina sin que se lance un solo rocket, estalle un solo helicoptero militar e incluso de que muera uno solo de los coprotagonistas.  Al contrario termina de forma pacífica justo donde comenzó, tal y como lo hacen las palabras y las frases de la lengua extraterrestre.

Como lo comentaba al principio, quede de una sola pieza al terminar la película.  Confieso que no había sido sorprendido tanto por una historia de ficción inteligente desde que tengo memoria.  Aunque esto parece un poco exagerado, les presento a continuación una lista de razones por las que considero esta como una película de extraterrestres sin parangón en la historia del cine; una joya que definitivamente cualquier fanático o científico que trabaje en el tema debería ver sin demora:

  1. La película pone de relieve que uno de los más grandes obstáculos que enfrentaremos al encontrarnos con otra civilización será entendernos.
  2. Los lenguajes que traerán otras civilizaciones, serán posiblemente como ellos mismos, totalmente inesperados.  No deberíamos esperar los rasgos comunes que vemos en los lenguajes escritos de los pueblos de la Tierra (que comparten todos la misma base biológica: el cerebro humano).
  3. Intercambiar información lingüistica con otras civilizaciones podría ser tan o más importante en nuestro encuentro como intercambiar datos o conocimientos científicos.  Tal vez en sus lenguas este la clave de su comprensión superior del Universo.
  4. Una comprensión superior del espacio-tiempo puede ser la clave para convertirnos en una civilización universal.  Es ese conocimiento el que le daba a los “heptápodos” de la película la capacidad de manipular la gravedad (que no es otra cosa que espacio-tiempo deformado), moverse sin dificultad sobre la Tierra, aparecer y desaparecer sin la vulgar necesidad de desplazarse materialmente en el espacio (la principal barrera que nos separa de otros lugares y tiempos en el Universo).
  5. Conocer el futuro, como lo logra la Doctora Banks, no haría necesariamente imposible vivir la vida.  Tal vez le agregaría un elemento de disfrute que no comprendemos todavía.

Como siempre, no todo es color de rosa.  Abajo enumero algunos asuntos problemáticos con la película cuya solución es inútil esperar, pero que es bueno reconocer:

  • El excesivo protagonismo de los militares que es común a todas las películas del género.  En un encuentro real yo esperaría que fueran autoridades civiles y científicas aquellas que estarían al frente de una situación como esta.
  • ¿Por qué no fueron los heptápodos los primeros en aprender las lenguas humanas y tuvimos nosotros que descifrar su complicada lengua?
  • ¿Cómo se logra descifrar en cuestión posiblemente de semanas una lengua que encierra secretos increíbles sobre el Universo, cuando difícilmente hemos descifrado lenguas de civilizaciones antiguas?
  • ¿Por qué el Físico Ian Donelly no le cree a la Doctora Banks cuando esta le confiesa que su hija va a morir de cáncer? ¿acaso no fue suficiente demostración de su capacidad de conocer el futuro, lograr evitar que los Chinos y Rusos atacaran a las naves extraterrestres? ¿cómo puede alejarse de ellas justamente sabiendo que la niña puede morir?

En fin.  Espero que se vengan muchas otras películas que traten como esta el tema del contacto con civilizaciones extraterrestres con menos lugares comunes e ideas realmente novedosas.

Colombia necesita ir a la Luna

“Colombia no sabe que hacer con 1.5 billones de pesos (~500 millones de dólares) que tiene para ciencia”.  Estas son las palabras que pronunció recientemente la directora de la agencia nacional de ciencias del país, Colciencias.  La “sentencia” ha caído como un baldado de agua fría sobre todos los científicos Colombianos, que al contrario de lo señalado en la lapidaria frasecita, vemos como se reducen cada año las posibilidades de financiar lo que hacemos.  ¡Yo sé que podemos hacer con esos 500 milloncitos de dólares! ¡Deberíamos ir a la Luna!; o construir un acelerador de partículas; montar una estación en la antartida; construir un satélite climatológico; o tal vez “simplemente” armar un supercomputador.  Todas estas cosas ambiciosas podrían catapultar a Colombia a la estratosfera del desarrollo científico; no en dos o cinco años (como pretende a veces Colciencias), pero si en 20.  He aquí algunas razones por las que creo que deberíamos empezar a soñar con “metas imposibles” en lugar de seguir viviendo un desarrollo dolorosamente gradual.

” ‘No necesitas ser grande para empezar. Necesitas empezar para ser grande’ (leído por ahí) #ReglasDeLaVida
Octubre 26 de 2016
http://bit.ly/trino-ser-grande

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Así podría lucir el primer rover lunar Colombiano. La imagen original es del rover chino Yutu (Credit: CNSA / CCTV)

El trino con el que comienza esta entrada resume muy bien la propuesta que quiero desarrollar aquí: para que Colombia haga algo importante en ciencia no puede esperar a ser grande científicamente (desarrollarse gradualmente); al contrario para ser grande lo que necesita la Colombia científica es proponerse las metas más ambiciosas.

Ir a la Luna podría ser una de ellas.

Solo imagínenlo.  Científicos de todo el país (de distintas áreas e instituciones) unidos para lanzar la primera misión interplanetaria Colombiana (un país cuya única experiencia espacial es haber lanzado un satélite del tamaño de una hamburguesa doble que emitió por unas horas beeps radiales intermitentes desde la ionosfera).

Imagine a los científicos encorbatados presentando ante el Congreso de la República la idea.  Argumentando los beneficios que a muy largo plazo tendría un esfuerzo como estos para Colombia.  Mostrando el modo en el que la incipiente industria tecnología del país se catapultaría hasta alcanzar niveles impensables al enfrentarse a retos verdaderamente difíciles, tales como los de construir dispositivos electrónicos para trabajar en las adversas condiciones del espacio.

Imagínese lo inimaginable: el crecimiento de otras industrias antes reservadas solo para los países más ricos y desarrollados tecnológicamente.  La industria electrónica, la de materiales, la de combustibles aeroespaciales, la industria de sensores e imágenes, la industria de software científico, la industria de automatización avanzada, la industria óptica, la industria criogénica, etc.

Imaginen la escena de una bandera del país adherida a la superficie de aluminio de un rover u ondeando con la vibración producida por el movimiento sobre el irregular terreno lunar.  Imaginen las primeras fotografías descargadas por gigantescas antenas de radio instaladas en las silenciosas llanuras del Guaviare o el Vichada y analizadas en una estación de control construída en las afueras de Bogotá.  Imaginen a los astrónomos paisas, a los geólogos costeños, a los heliofísicos bogotanos, recibiendo los primeros datos enviados por los sensores del rover lunar colombiano.  Datos enteramente colombianos.

Soñar no cuesta nada, dirán los más realistas.  Habrá que recordarles a todos, sin embargo, que en 1962, cuando Estados Unidos soñó con enviar un hombre a la Luna, la experiencia que tenía en viajes espaciales tripulados era casi completamente nula.  Esta bien: sabían lanzar cohetes (aunque no muy bien todavía), habían mandado a un piloto en un vuelo suborbital un año antes y el hombre que más sabía del tema estaba entre sus científicos (Werner Von Braun).  Pero este era un reto tecnológico completamente nuevo.  Las dificultades que implicaba eran alucinantes.  El costo incalculable.  Como todos recordaran en 1969 lo lograron.  Hoy son la potencia espacial y científica más grande de la Tierra (y de la historia).

A diferencia de 1969, ir a la Luna hoy no es tan difícil.  Varios países lo han hecho ya, aprendiendo por nosotros las lecciones que le costarían mucho a un país como Colombia aprender (mientras gasta recursos incalculables).  Naturalmente, esos países no estarán dispuestos a compartir con Colombia sus secretos ¿o si?.  Hay que recordar, sin embargo, que vivimos en un mundo diferente al de la década de los 60, un mundo más abierto, un mundo en el que la información circula más libremente.  A eso debería sumarse la “simpatía” que despierta que un país en vías de desarrollo busque metas realmente ambiciosas; un país que lucha contra sus ciudadanos más abyectos por conseguir la paz y mantenerla en el tiempo.  Esta simpatía podría valernos la colaboración de decenas de países y agencias espaciales del mundo.

Pero ¿el costo? ¿podría Colombia asumirlo?.  Aquí entra la cita de la directora de Colciencias: ¿serán suficientes 500 millones de dólares?.  Según datos del gobierno Chino (el último en hacer posar suavemente un vehículo espacial en la Luna) una misión robótica lunar cuesta $140 millones de dólares (que abreviare en lo sucesivo U$140M).  Bueno, sin contar con otros cientos que costaría la infraestructura espacial en Tierra o pagarles a los mismos Chinos, a los Rusos o a los gringos para que nos pongan el vehículo en el espacio (yo no sueño con que tengamos nuestro propio Baikonour o un Cabo Cañaveral en la Guajira… bueno, no todavía).

Yo sé que están pensando: “¡Colombia no va a ir a la Luna!  Este es solo el sueño de un astrónomo colombiano muy optimista”.  Pero no pueden negarme que nos alcanzaría la plata y hasta sobraría un poco para otros proyectos menos ambiciosos.  Tampoco pueden dejar de reconocerme que de proponernos ir a la Luna el beneficio científico y tecnológico sería enorme y no solo en áreas como la ciencia aeroespacial (incipiente en nuestro país) ¡lo sería en casi todas las áreas del conocimiento!

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Colombia tiene terrenos y plata suficiente para construir su primer sincrotrón operativo. El de la fotografía es el Diamond Light Ring en el Reino Unido. Crédito: Diamond/UK.

Que tal entonces si en lugar de ir a la Luna construimos un acelerador de partículas, algo así como un LHC criollo.  ¿Se imaginan?

Tomamos una extensa llanura no inundable en Boyacá o Cundinamarca (podría también ser en Córdoba o el Meta); sobre ella construímos una instalación avanzada para acelerar protones y electrones casi hasta la velocidad de la luz, usando un gigantesco tubo de 500 metros de diámetro lleno de magnetos superconductores y tuberías criogénicas.  Todo tal vez a tan solo unos kilómetros de la pista automovilistica de Tocancipa o no muy lejos de algún pueblito pintoresco boyacence o llanero.

Toda la comunidad científica estaría implicada en la construcción del acelerador de partículas, llamado también por los nerds Sincrotrón. Los biólogos nacionales estudiarían con los rayos X producidos por las partículas subatómicas aceleradas en una llanura de Boyacá, las estructuras minúsculas de insectos y aves zancudas propias de nuestro país.  Científicos de materiales harían lo propio con nuevos materiales diseñados para la industria de energía renovables.  Ingenieros de alimentos estudiarían la estructura microscópica de los helados producidos por la industria nacional para producir “paletas de exportación”.  Los físicos, felices, perfeccionarían sistemas de refrigeración para los magnetos superconductores, montarían nuevas industrias que ofrecerían servicio de diseño y mantenimiento de los sofisticados equipos del sincrotrón colombiano, estudiarían procesos fundamentales, etc. En síntesis serían los más felices.

Todo sin contar que la construcción movilizaría la industria nacional en un torbellino de intercambio tecnológico sin precedentes con industrias de avanzada de todo el mundo, que otra vez y con el apoyo de sus gobiernos, estarían más que dispuestos a ayudar al “pequeñito” que se asoma al futuro después de un conflicto armado de 50 años.

“¡Pero esto es solo un sueño!”, dirán los más escépticos, “algo que solo podría financiar un país desarrollado”, murmuraran los realista;  “¡los costos deben ser exorbitantes!” se lamentará la mayoría.   Pero no.  Según datos del gobierno Británico construir un sincrotrón de avanzada podría costar U$300M (menos de $1 billón de pesos o el 0.3% del PIB actual de Colombia).  Pero un sincrotrón adaptado a nuestras necesidades podría no valer más de U$100M, algo que esta perfectamente al alcance del “desperdiciado” (según Colciencias) presupuesto para investigación científica de Colombia.

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Así podría verse el primer supercomputador colombiano. En la imagen se ve en realidad el Leibniz Supercomputer Center en Alemania con 150,000 procesadores, el décimo más rápido del mundo. Crédito: SuperMUC.

Si las anteriores propuestas podrían parecer muy restrictivas y beneficiar a una “pequeña” fracción de la comunidad científica nacional (solo según una más pequeña fracción de esa comunidad que no tendría la creatividad para participar en esos dos proyectos) hay todavía un proyecto al que seguramente casi nadie se opondría.

Construyamos un supercomputador para Colombia.

Solo necesitamos unos U$100M para construirlo, más unos U$7M anuales (U$70M por década) para alimentarlo con electricidad y agua.  En un país lleno de agua, no dudo que nos sobraría para refrigerar a este pequeño monstruo.

Podemos instalarlo en algún lugar entre las montañas de Antioquia, tal vez con una pequeña central hidroeléctrica propia.  Desde allí saldrían largos cables de fibra óptica que recorrerían el país para conectar al “leviatan de silicio” con centros de computo satélites más pequeños ubicados en Medellín, Bogotá, Cali y otras capitales científicas del país.

¿Pero quién podría beneficiarse de un aparatejo de esos?  ¡Pregunta equivocada!.  ¿Quién no? sería más correcto decir.

Teniendo a disposición una capacidad casi ilimitada de computación y almacenamiento, petaflops y petabytes dicen los entendidos, podríamos simular el casi intratable clima del país para predecir sequías e inundaciones. Crear y analizar la más grande base de datos de la biodiversidad del país (una de las mayores del mundo). Diseñar vehículos más seguros apoyándonos para ello de la inteligencia conjunta de miles de computadores.  Pero también crear nuestras propias simulaciones cosmológicas o analizar los datos del LHC, ambos objetivos casi tan importantes para el desarrollo del país como aquellas aplicaciones que creemos más cercanas a nuestras vidas.

¿Y que tal si nos proponemos hacer las tres cosas al mismo tiempo?

Estos 1.5 billones de pesos que los científicos nacionales no hemos podido gastar según Colciencias, representan poco menos del 1% del PIB ANUAL de nuestro país (U$370M).  Si después de obtener cualquiera de los anteriores jugueticos, quisiéramos seguir invirtiendo en ambiciosos proyectos científicos, a los biólogos, físicos, astrónomos, geólogos Colombianos, contrario a lo que piensa Colciencias, nos sobran ideas.

He aquí las que a mí se me ocurren:

  • Un complejo de observatorios astronómicos profesionales de alta montaña.  U$50M.
  • Una estación científica colombiana en la antártida. U$10M
  • Un satélite con carga científica (satélite meteorológico o de observación de la tierra, telescopio espacial). U$50M.
  • Participar de una colaboración científica internacional (ESO, LHC).  $200M.
  • Construir un observatorio ecuatorial de rayos cósmicos.  U$50M.
  • Construir una flotilla de buques de investigación oceanográfica.   U$50M.
  • Instalar un radiotelescopio gigante entre las montañas.  U$180M.

Es claro que también podemos atomizar esos U$500M en 5,000 proyectos (que es lo que hemos hecho hasta ahora).  Pero seguiríamos siendo un país chiquitico, chiquitico, lleno de científicos con un ego gigante, gigante, con una gobierno tacaño, tacaño, que entrega sus limosnas a través de una agencia nacional miope, muy miope.

Redescubriendo las Ondas Gravitacionales

Hoy 11 de febrero de 2016, el equipo científico de LIGO, el Laser Interferometer Gravitational wave Observatory, anunció la que es posiblemente una de las noticias más esperadas en la Astronomía Observacional del último siglo: la posible detección directa de ondas gravitacionales.  El logro científico y tecnológico es realmente alucinante.  Su significado para la Física Teórica y la Astronomía, sin embargo, se ha visto, desde mi muy personal punto de vista, exagerado; especialmente en algunos aspectos en los que para cualquiera que conozca la historia de la física en el siglo xx, resulta increíble el aparente desconocimiento de algunos, de lo ya conseguido en esta área.  He aquí una “perorata” de por qué deberíamos ver con una conciencia más amplia de la historia de la búsqueda de las ondas gravitacionales, este sonado hallazgo. 

“La detección de ondas gravitacionales (OG) será en realidad un logro más técnico que científico. Las OG en realidad se descubrieron en 1974
Enero 13 de 2016
http://bit.ly/trino-LIGO

Un meme que refleja el sentir de algunos científicos

Un meme que refleja el sentir de algunos científicos

Mientras me preparaba para escribir esta entrada de Blog, Walter Tangarife, un buen amigo y destacado Físico Teórico Colombiano, me enviaba por correo una entretenida y clara entrada de Blog de Matt Strassler, escrita horas antes del sonado anuncio de LIGO.

Para quienes puedan leer en inglés fluidamente y prefieran una voz “autorizada” en lugar de la opinión de un Astrofísico paisa amargado como yo, vayan directamente a este enlace;  Matt, esencialmente, presenta en detalle algunas de las ideas y posiciones que quiero exponer a ustedes aquí (es un honor para mí que alguien de su estatura piense parecido).  Si después de leerla les quedan ganas, vuelvan aquí para leer lo que queda de esta entrada.

Mi sentimiento acerca del anuncio de LIGO esta claramente reflejado en el Meme con el que comienza esta entrada.  Sin dejar de reconocer la importancia del hallazgo (que se anunciará en tan solo unos minutos) y reconocer que estoy tan emocionado como cuando Colombia se gano el Miss Universo en dos ocasiones consecutivas (aunque la segunda solo fue una broma de mal gusto), hay algo que me deja un mal sabor de boca.

Ese algo es la idea que parece verse reflejada en casi todo lo que veo escrito por ahí, de que las ondas gravitacionales no se habían descubierto todavía y que el hallazo de LIGO representa un “salto cuántico” en nuestra comprensión de la naturaleza de este fenómeno.

Si bien no todos los que escriben blogs o notas de prensa sobre esto, son tan tontos como para no entender que esta no es la realidad estricta, también es cierto que el gran público, que es dado en consumir información sin poca digestión, merece que se le insista vehementemente en la realidad objetiva detrás de algunos descubrimientos espectaculares.  Casos recientes (y otros no tan recientes) como el de los neutrinos superlumínicos, el descubrimiento de la huella de “paquetes” de ondas gravitacionales en la radiación de fono o de bichos en un meteorito marciano, son pruebas fehacientes de que los comunicadores y científicos debemos ser más responsables al anunciar estas cosas que nos emocionan.

Las ondas gravitacionales existen y revolotean por todo el Universo.  Punto.  De esto no hay absolutamente ninguna duda.  Pero usted puede decir “tampoco había ‘duda’ de que existía el Bosón de Higgs y sin embargo se construyo el LHC para detectarlo”.  Pero el caso es bien distinto.

Las existencia de las Ondas Gravitacionales fue primero intuida por Einstein a principios del siglo xx cuando desarrollaba su teoría de la Relatividad Especial y sembraba las bases de su Relatividad General; lo hizo al reconocer que la influencia de la gravedad no podía llegar instantáneamente de unos cuerpos a otros.

Su teoría de la relatividad (que ha sido confirmada una y otra vez y que hoy no es solo una teoría, sino el cuerpo teórico sobre el que se formulan TODAS LAS TEORÍAS físicas), afirma que algo que transporte información, incluyendo un “hey Luna, estoy aquí, orbítame”, no puede propagarse instantáneamente entre dos puntos del espacio.

Así, si yo quito instantáneamente la Tierra, razonaba Einstein entre 1905 y 1907, la Luna solo se daría cuenta un poco más de un segundo después, de la ausencia de su “patrona” gravitacional.

¿Pero que transporta ese mensaje gravitacional entre los cuerpos?, se preguntaba Einstein en aquellos años.  No fue solo sino hasta que hubo completado su obra intelectual más maravillosa, la Teoría General de la Relatividad (y de cuya historia hable recientemente en esta página), cuando por fin encontró la respuesta: el espacio-tiempo es elástico, como una tela, y si se lo hala por aquí, el halon se propagará por el resto de la “tela” a una velocidad muy grande pero finita (la misma velocidad de la luz, ¿no es increible?).

A todos los fenómenos en los que información pura (no materia) viaja de un lugar a otro a través de un “medio” (materia, fuerzas o espacio-tiempo) y satisface ciertas propiedades matemáticas, lo llamamos una onda (o chisme físico, para los amigos).

A los chismes de espacio-tiempo las llamamos “ondas gravitacionales” (a mi me gusta más “ondas de espacio-tiempo“).

Pero una cosa es una intuición de Einstein o una predicción de una teoría muy bonita (pero falible como todas) y otra es ver el fenómeno o sus efectos en vivo y en directo.

Eso fue justamente lo que DESCUBRIERON en la década de los 70 y 80, Russell Alan Hulse and Joseph Hooton Taylor, Jr., observando el extraño baile de una binaria de estrellas de neutrones (la primera descubierta jamás) usando el para ello entre otros el radio telescopio de Arecibo.

Las estrellas de Neutrones son versiones aumentadas de los núcleos atómicos.  Como nadie sabe que es un núcleo atómico, difícilmente podría entender lo extremas de las condiciones alrededor de una estrella de neutrones.  Pero bueno, solo créanme (como tuve que hacerlo yo en mi momento).

Entre las cosas extrañas que pasan alrededor de las estrellas de neutrones esta el hecho de que el espacio-tiempo esta fuertemente arrugado, al punto que es difícil confundir esas arrugas con una “fuerza mágica de atracción” como confundió Newton el espacio-tiempo arrugado alrededor de la Tierra.

Si al espacio-tiempo arrugado alrededor de un bicho de estos le agregas la presencia de otro bicho similar que para colmo se mueve alrededor del primera (recuerden que forman un par binario), las cosas con el espacio-tiempo se ponen “peludas”.

Lo primero que pasa es que cuando se “mira” el objeto desde la distancia, la gravedad que produce cambia periódicamente con el tiempo (esto debido justamente a qué desde ellas salen ondas de espacio-tiempo contándonos que allí hay una binaria de estrellas de neutrones).  Pero crear estos “chismes gravitacionales” no es gratuito.  Si dos personas se sientan a chismosiar todo el día en una ventana gastarán su energía hasta quedar exhaustas y tal vez morir.

Eso es justamente lo que pasa con las estrellas de neutrones binarias.  De tanto chismosiar al resto del universo de que están juntas dándose vueltas, consumen su energía.   ¿Se enfrían entonces?.  Por suerte las estrellas de neutrones tienen energía por todas partes.  La energía que se va en la forma de ondas gravitacionales, la sacan del movimiento una alrededor de la otra.  Como resultado, las dos empiezan a aproximarse mutuamente orbitando su centro común de movimiento en tiempos cada vez menores.

Si se usa un radiotelescopio suficientemente poderosos podrás ver el cambio en el movimiento de las estrellas de neutrones a medida que emiten Ondas Gravitacionales.  Ese fue justamente (parte) de los descubrimientos de Husle y Taylor que los llevo finalmente a ganar el premio Nobel en 1993.  Fue este también justamente el momento en el que descubrimos las ondas gravitacionales.

Comparación de las observaciones de las propiedades del pulsar binario de Husle-Taylor y la predicción de la Relatividad usando ondas gravitacionales. La coincidencia es perfecta. Este gráfico marco el descubrimiento de las ondas gravitacionales en 1974.

Comparación de las observaciones de las propiedades del pulsar binario de Husle-Taylor y la predicción de la Relatividad usando ondas gravitacionales. La coincidencia es perfecta. Este gráfico literalmente demuestra que las ondas gravitacionales existen.

¿Y entonces? ¿por qué tanta bulla con LIGO?  Lo que ha descubierto LIGO (ya lo puedo decir en presente porque mientras termino de escribir veo las redes sociales invadidas de los resultados espectaculares anunciados por el equipo del detector) es, no solo un fenómeno similar al descubierto por Husle y Taylor, la perdida paulatina de energía y posterior coalescencia de dos objetos de masas enormes, dos agujeros negros de más de 20 veces la masa del Sol, sino que además la DETECCIÓN DIRECTA de las ondas gravitacionales, los chismes, que emergieron durante este fantástico evento.

Representación artística más los datos tomados por LIGO de la coalescencia de dos agujeros negros de más de 20 veces la masa del Sol. Las curvas azul y roja representan las "observaciones" y la predicción de la teoría de Einstein. Juzguen por su cuenta la coincidencia entre ambos. Crédito: LIGO/NSF.

Representación artística más los datos tomados por LIGO de la coalescencia de dos agujeros negros de más de 20 veces la masa del Sol. Las curvas azul y roja representan las “observaciones” y la predicción de la teoría de Einstein. Juzguen por su cuenta la coincidencia entre ambos. Crédito: LIGO/NSF.

LIGO no ha descubierto las ondas gravitacionales.  Eso es claro.  Pero las ha detectado por primera vez y todos estamos felices por ello.

La mejor noticia de todas es que el día de hoy marca el nacimiento oficial de una nueva rama de la Astronomía: la Astronomía no electromagnética; es decir aquella que no depende de la luz y de otras ondas electromagnéticas para detectar cosas que están muy lejos.

A diferencia del pulsar binario de Husle y Taylor, los agujeros negros bailarines de LIGO nunca fueron vistos por un radiotelescopio o un telescopio en otras longitudes de onda.  Todo lo que sabemos ahora de este par (es decir lo que sabemos desde hace unos minutos cuando lo anunciaron oficialmente) lo aprendimos única y exclusivamente a partir de las ondas gravitacionales detectadas por LIGO.

Como dicen los anuncios publicitarios “ningún fotón fue herido o capturado en esta película”.

Pero insisto. La detección no es igual al descubrimiento.  Estamos frente a un “salto cuántico” tecnológico, mas no a uno científico.  En esto podrían discrepar muchos de mis colegas.  Las posibilidades científicas que se abren en la ciencia son muchas, pero todo hay que decirlo, incluso en los momentos más emocionantes.  En realidad todos sabíamos que las ondas gravitacionales estaban ahí desde hace décadas.

Término con algo que me gusta aún más de todo esto y que se lo leí hace un par de horas a Matt (recuerden leer la maravillosa entrada de blog que recomende al principio): descubrir la coalescencia de dos agujeros negros es aún más espectacular para confirmar las predicciones de la Relatividad General que detectar unas ondas que sabíamos existían desde la presidencia de Reagan.

Para saber más:

  • Entren a Google y escriban: “Gravitational+Waves+LIGO” y si no encuentran lecturas que los satisfagan están en la olla.
  • Aún así les recomiendo esta nota de prensa publicada por mi buen amigo Juan Rafael Martínez en el periódico El Tiempo de Colombia: este enlace.
  • Para los más ñoños lean el paper original anunciando el descubrimiento: este enlace.
  • Aquí hay un interesante recuento histórico de la búsqueda de ondas gravitacionales en el último siglo: este enlace.
  • Una entrevista exclusiva con Einstein acerca de la detección de las ondas gravitacionales: este enlace.

Notas:

  • Edison en los comentarios hace unas precisiones que considero muy pertinentes y que han implicado cambios sutiles en el texto (resaltados en rojo).  La más importante es recordarnos que en realidad 1974 es tan solo el año en el que se descubrió la binaria de estrellas de neutrones.  En realidad las medidas que llevaron a confirmar que su período orbital estaba cambiando tal y como lo predecía la relatividad fue un trabajo que se extendió, casi una década, entre 1973 y 1982.  En mi “defensa” debo decir que la fecha de nacimiento de la Teoría Cuántica también se cifra en el año 1900, con el trabajo de Planck sobre la radiación de cuerpo negro, aunque todos sabemos que la teoría cuántica en realidad fue “entendida” y desarrollada durante dos décadas después de eso.

Otra falacia

Existe la “creencia” muy extendida de que existen profundas diferencias entre las (mal) llamadas ciencias “naturales” y ciencias “humanas”.  Estas diferencias (imaginarias) no han hecho más que separar a quienes nos dedicamos a las unas o a las otras, creando barreras artificiales que solo le hacen daño al proyecto científico.  Les propongo aquí que defendamos la idea de que solo hay una ciencia, la ciencia a secas; un proyecto social muy humano que busca develar los misterios de la naturaleza, sea esta la naturaleza humana o la del interior de los agujeros negros.

“Otra falacia: ciencias naturales y ciencias humanas.
La ciencia es un solo proyecto con muchas preguntas

Diciembre 12 de 2015
http://bit.ly/trino-ciencias-humanas

ciencias_humanasVisita a Medellín por estos días la Filósofa Norteamericana Martha Nussbaun, hablando entre muchas otras cosas del valor del humanismo y las artes para hacer de esta una sociedad mejor. Entre los escenarios en los que se ha presentado, está el Parque Explora, nuestro museo interactivo local de Ciencia y Tecnología.

Mientras leía los comentarios en los foros alrededor de su reciente conferencia sobre la Ira, descubrí una crítica vedada al Parque Explora.  Palabras más, palabras menos, la crítica señalaba que era bueno que de vez en cuando, Explora, dejará de presentar solo conferencias de ciencias naturales y también presentará charlas de ciencias humanas.

Razonable, ¿No?.

Pues, no.  La crítica no solo es injusta porque por los escenarios de Explora no solo han pasado premios Nobel de Física, Química o Medicina, sino también psicólogos, sociólogos, politólogos sin mencionar una decena de poetas, actores y músicos.  La crítica también esconde lo que considero es una arraigada creencia de que existen diferencias fundamentales entre las ciencias naturales y las humanas.  Creencia propagada muchas veces por los mismos científicos que se dedican a las unas o a las otras.

No podría decirles si somos los llamados científicos “naturales” (físicos, astrónomos, biólogos, químicos) los que hemos contribuido a sostener este “mito”; todo con el único propósito de que no se confunda lo que hacemos (que es obviamente muy importante) con los esfuerzos, “baldíos” para muchos, de comprender la naturaleza social y humana; o el dudoso esfuerzo de usar para ello principalmente las palabras y los razonamientos no numéricos (investigación cualitativa).

En contraste (y entiéndase por favor el tono irónico) los científicos “naturales” usamos los números y la lógica proposicional estricta para describir sistemas que se pueden “realmente” descomponer y describir, sea este una Galaxia o una sociedad de hormigas (¡!).  Más importante aún los científicos “naturales” diseñamos experimentos reproducibles, en los que el azar es controlado rigurosamente poniendo en evidencia los patrones que se esconden detrás de la infinita diversidad “natural”.

O tal vez son los científicos “humanos” (psicólogos, sociólogos, antropólogos, filólogos, politólogos) los responsables del “cisma”.  Ellos, que se dedican a disciplinas que respetan y valoran la condición humana, que no la ven *solo* como un fenómeno “natural” o biológico, señalan a sus contrapartes como técnicos “positivistas”, desprovistos (en su mayoría) de sensibilidad social o humana y con un reprochable fetichismo por los números y la reproducibilidad.

En contraste (otra vez en tono irónico), los científicos humanos usan la razón de forma rigurosa para describir y argumentar fenómenos normalmente asociados a la naturaleza humana o a las sociedades que formamos.  Ellos reconocen el valor de todas las formas de conocimiento y muchas veces comparan a las “ciencias naturales”, con “otras” formas de superstición o mito que nacen en el seno de las sociedades humanas.

¡Dejémonos de pendejadas!  Ciencia no hay sino una.  Preguntas y propiedades emergentes, muchas.

La misma palabra “natural” usada por científicos, sean estos físicos, economistas o sociólogos, es realmente chocante.  Un vicio histórico que a la luz de los más recientes descubrimiento biológicos, sociológicos o neurológicos, carece de todo sentido.  Se entiende que la use un teólogo para quién existe por principio una división entre lo natural y lo sobre natural (inaceptable por principio para la ciencia).  En la ciencia todo es “natural”, desde las hojas de un árbol, hasta una epifanía religiosa.

Para usar una analogía, hablar de “ciencias naturales” es como decir “deporte de competencia”.

Pero ¿en qué soporto esta “extraña” idea?.  Separar a las ciencias “naturales” de las “humanas” es, simplemente, desconocer la naturaleza misma de la ciencia.

La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos acumulados sobre el mundo, sea este “natural” o “humano” (de nuevo la falacia).  La ciencia es una manera de obtener y depurar conocimiento sobre cualquier aspecto del mundo, usando para ello mecanismos que han sido también depurados a través de siglos de quehacer científico.  La ciencia, a diferencia de la superstición, no ha sido creada por un solo ser humano (o un par de ellos).  Es una propiedad social “emergente”, inesperada, producto de la interacción de muchos hombres y mujeres a lo largo de siglos.

Lo que diferencia a unos científicos de otros son las preguntas que buscan resolver usando para ello el modus operandi de la ciencia: observación, hipótesis, evidencia, experimentación, “falsación”, revisión por pares, etc.  En este sentido, existen tantas formas de ciencia como preguntas podríamos formular.  Siendo el número de preguntas virtualmente ilimitado, carece de todo sentido crear un sistema de unas pocas categorías para clasificar el quehacer científico.

¿Deberíamos entonces dejar de hablar también de “ciencias biológicas”, “ciencias físicas”, “ciencias químicas”, etc.?  ¡Pues sí!.  Como diría Richard Feynman, “la naturaleza no tiene la culpa de nuestros programas de estudio”.

La separación entre las ciencias (ya no en las falaces categorías de naturales y humanas), sino en las categorías más usadas de física, psicología, biología, medicina, sociología, etc. responde creo yo a la tendencia muy humana de clasificar las cosas para entenderlas mejor.  También es un vicio histórico de tiempos cuando creíamos que no existía ningún vínculo, por ejemplo, entre el pensamiento y el metabolismo, o entre la electricidad y el sabor a mantequilla.

Varios siglos de descubrimientos científicos no han hecho más que borrar las fronteras inexistentes entre las otrora bien diferenciadas disciplinas científicas.  Hoy, un químico puede terminar haciendo biología de la misma manera que un físico puede hacer economía, todo, sin dejar de ser científico.

¡Pero cuidado! No se puede confundir esta propuesta a unificar en un solo concepto todos los esfuerzo científicos con otro mito muy extendido: la idea de que todos los “científicos naturales” somos unos reduccionistas a ultranza.  El reduccionismo es aquel “mito” que supone que todas las manifestaciones naturales se reducen y pueden ser descritas en última instancia por las leyes simples de la “física”, la “química” o la “biología”.

¡No hay ninguna aspiración reduccionista aquí!

Ha sido la misma investigación científica la que nos ha enseñado que de la suma y la interacción de unidades “simples” (los individuos en un hormiguero, los átomos en una macromolécula, las neuronas en un tejido), emergen propiedades inesperadas, imposibles de predecir a partir de las leyes que rigen a las partes.  La psicología no puede predecir lo que pasa en un estadio.  La física atómica no puede predecir todas las propiedades de una proteína.  La biología celular no puede predecir la conciencia.

Es por esto que necesitamos formular preguntas a todos los niveles. ¿Por qué soñamos? y ¿cómo se comunican las neuronas? no son las mismas preguntas.  La respuesta a una no conduce deductivamente a la respuesta a la otra (aunque naturalmente se relacionan entre sí).

Lo que es común a quiénes persiguen la respuesta a ambas preguntas es el modo de buscarlas.  Revisan las observaciones disponibles.  Formulan una hipótesis.  Diseñan un experimento para poner a prueba la hipótesis.  Interpretan si los resultados falsean o soportan la hipótesis. Predicen nuevos comportamientos.  Y en el proceso se enfrentan abiertamente a la crítica de sus pares.  Eso es la ciencia.  Ambas cosas las hacen psicólogos y neurocientíficos por igual.

Otro Decálogo de Relatividad

Por estos días se respira Relatividad en cada rincón de Internet.  Ayer, 25 de Noviembre de 2015 se cumplieron 100 años del nacimiento de la famosa teoría (bueno, de su versión “general”).  Si bien es posible que estemos ya cansados de la multitud de lecturas que han circulado en todos los medios, conferencias, videos explicativos, documentales, etc. no hay que desaprovechar esta oportunidad para empezar a pensar cómo vamos a hacer para que la centenaria teoría pase de ser una curiosidad a lo que es realmente: la teoría que define el conjunto de reglas básicas con las que funciona el mundo en el que vivimos.  Los ofrezco aquí mi granito de arena: una lista sencilla de ideas, expresadas en las que espero yo sean palabras también muy sencillas, para entender la Relatividad desde una perspectiva más cotidiana.

“Ahora que la Relatividad General cumplió 100 años, toca empezar a pensar cómo se la vamos a enseñar a los niños ¿alguien se ofrece?
Noviembre 26 de 2015
http://bit.ly/trino-relatividad-ninos

albert_einstein_10

Si pudiéramos explicar la Teoría de la Relatividad ¿cómo podríamos hacerlo breve y claramente?.

Como las listas son un método rápido para comprimir y organizar el conocimiento, les ofrezco aquí 10 ideas básicas sin los cuáles no podría entenderse la relatividad y su importancia, no solo para la física sino también para nuestras vidas.

UnoLa relatividad no trata sobre lo que es “relativo”. Al contrario; Einstein se devano los sesos por más de 10 años entre 1905 y 1915, para encontrar lo que no era relativo; es decir las cosas, cantidades, propiedades del mundo que no cambiaban dependiendo del que las viera.

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Cuestión de Estrategia

Como dice la sabiduría (im)popular (y si no dice, debería) “A veces no hay mejor amigo que aquel que siempre te han dicho podría ser tu peor enemigo“.  Pues bien, yo creo que ese parece ser el caso de los Científicos y los Militares en Colombia, o al menos así debería ser en países como el nuestro, en los que la inversión real en ciencia de parte del estado, apenas si llega a ser un saludo a la bandera.  Y es que todo hay que decirlo (y así lo digo en los trinos abajo): en una sociedad como esta, llena de “humanistas” y políticos, parece ser que los únicos que saben que para ganar (o al menos para competir) hay que prepararse, son los militares.  La historia esta llena de casos que parecen demostrar esta afirmación.  En Colombia hemos empezado a notar (o tal vez no) como las fuerzas militares están dando muestras de saber, mejor que los supuestos organismos de promoción y financiación de la ciencia, “por dónde es que va el agua al molino” cuando de hacer apuestas atrevidas en desarrollo científico y tecnológico del país se trata.   Les presento aquí algunas reflexiones sobre este “estratégico” asunto.

“En cuestiones del desarrollo científico Colombiano siempre ha sido mejor hablar con Militares que con Políticos ¡ellos si saben de estrategia!
Febrero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-militares1

“Un militar es alguien que sabe que para ganar hay que estar preparado. Un político es alguien que tiene que ganar para prepararse”
Febrero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-militares2

Fotografía de la exitosa primera misión a la Antartida realizada por la Armada Colombiana en los últimos meses (2014-2015)

Fotografía de la exitosa primera misión a la Antartida realizada por la Armada Colombiana en los últimos meses (2014-2015)

¿Se acuerdan ustedes de ese tétrico personaje que hacía de supuesto villano en la película “Mi Pobre Angelito”? ¿un señor entrado en años, con cara de pocos amigos, que andaba siempre con las botas de nieve desamarradas y con una pala en la mano?

Si no lo recuerda o tiene el buen gusto (e intolerancia al mal cine) para no haberla visto, les cuento que el supuesto villano resulto ser, al final, quien salvo la vida del muchachito y además se convirtió en su mejor amigo.

Yo sé que una referencia al que tal vez parece un mensaje muy trillado, en una película tal vez muy popular, puede no ser la mejor manera de hablar de un tema tan serio; pero es que no se me ocurre una manera más “didáctica” para ilustrar mi punto central aquí.

¿A quién se le puede siquiera ocurrir en estos tiempos proponer una relación explícita entre la ciencia y los militares?” “¡desalmado!”, resuenan en mi oído los reproches de mis amigos humanistas imaginarios (y otros no tan humanistas, pero igual de sensibles).

Para nadie es un secreto la estrecha relación que el desarrollo científico y tecnológico han tenido a lo largo de toda la historia con la institución castrense (o la “guerra” como preferirían llamarla la mayoría).

Sería una miopía no reconocer por ejemplo que la Astronomía o la Física no habrían alcanzado a ser lo que son hoy sin las decididas (y multibillonarias) inversiones militares realizadas entre los años 40s y 90s.  Inversiones que nos permitieron desde entender como funciona el interior de las estrellas, construir telescopios espaciales de rayos X, ir a la Luna y traer 400 kilogramos de rocas de otro mundo, hasta entender mejor el funcionamiento de las fuerzas y las partículas elementales o saber que le pasa al cuerpo en microgravedad.

Esta bien que tampoco se puede estar uno sintiendo orgulloso por el número de bajas humanas que algunos de los proyectos militares que derivaron en los anteriores logros científicos, tienen en su haber.   Eso lo admite cualquiera.  Pero de ahí a “satanizar” el valor que la mentalidad e intuición militar podrían tener en la ciencia, especialmente en momentos en que los que deberían financiarla y ayudar a impulsarla están ocupados en otras cosas “más pertinentes”, hay mucho trecho.

Acaba de concluir la primera misión realizada por un equipo científico colombiano a la Antartida.  Después de más de 50 años de presencia de más de 40 países en el continente blanco, Colombia visita oficialmente por vez primera este importante puesto de avanzada para la ciencia mundial.  Los artífices de este importante logro no podrían ser otros en Colombia que los militares: la Armada Nacional.  Si bien a la mayoría nos parece un logro maravilloso (aunque no entendamos cabalmente sus implicaciones), no ha faltado el “periodista humanista” que salto a preguntar en un popular medio radial colombiano hace un par de días “¿y eso para qué?”; una pregunta que seguramente se hicieron los muchos otros “humanistas” en el Congreso de la República o peor aquellos que están haciendo fila para gobernar.

No digo que los civiles no hubiéramos podido conseguir esto sin la ayuda de barcos o personal militar.  Pero les aseguro que si un equipo de científicos colombianos, suficientemente numeroso, todos miembros de distinguido Grupos A1, como le gusta llamarlos a Colciencias, le hubieran pedido a esta última institución dinero para construir, comprar o alquilar, da igual, un buen barco de investigación para llevar a cabo este logro, la respuesta habría sido un rotundo… … “Su proyecto esta ahora en la lista de elegibles.  Espero otro año para que le demos el no definitivo”.

Mi relación con los militares es escasa.   Debo confesar que tuve la suerte de no prestar el servicio militar por la (menos afortunada) condición de salir del bachillerato en un tiempo y una zona del país en el que los militares no veían con buenos ojos ayudar a entrenar al creciente ejercito de Pablo Escobar (!).  No tengo familiares en el ejercito, la armada o la fuerza aérea.  Ni contratos o proyectos en curso (lamentablemente) con ninguna de sus fuerzas.

Sin embargo, he tenido la fortuna de toparme con un par de ejemplos similares al que nos demuestra claramente ahora el caso de la misión a la Antartida.  En medio de mis andanzas promoviendo el desarrollo de la Astronomía o participando de los foros sobre el desarrollo espacial colombiano, he conocido a un par de oficiales de alto rango, en los que siempre he encontrado lo que para mí como científico, es una extraña actitud positiva hacia las que normalmente son consideradas ideas locas e impertinentes en este país lleno de necesidades. Tal vez sea un efecto de selección.  No todos los militares son como los que yo he conocido.  Tal vez.

Esta experiencia es abiertamente contraria a lo que he tenido (casi siempre) cuando tengo la mala suerte de hablar con políticos; siempre se presentan esquivos, demagógicos e ignorantes de los temas científicos; eso sí con muy contadas excepciones (la verdad solo he conocido un político diferente a este respecto, después les cuento quién fue).  Los militares al contrario de los políticos, parecen exhibir una actitud distinta hacia la ciencia y sobre todo parecen saber al menos un poquito sobre el tema.  Esto último no es extraño en tanto, a diferencia de muchos oficiales que pueden ser ingenieros e incluso científicos, la mayoría de los políticos vienen de carreras de Ciencias Humanas, que en el país del sagrado corazón de Jesús no ven una sola cátedra de ciencias en toda su formación profesional.

De nuevo, es posible que este generalizando o viendo patrones donde no los hay (¿quién no lo hace? en especial cuando se trata de sus cosas más queridas), pero cuando lo examino con cuidado se me ocurre realmente muy natural.  ¿Quiénes mejores para entender que para ganar, por ejemplo los espacios que otros podrían ocupar o reducir las ventajas frente a los competidores, hay que prepararse adecuadamente, que los mismos militares?.

También sería miope no reconocer que es muy fácil pensar apoyar cualquier iniciativa por loca que parezca cuando tienes de tu lado el 4 o 15% del PIB (inversión militar) en lugar del 0.4% (inversión en ciencia y tecnología).  Pero esto, en lugar de desanimarme a profundizar en este argumento, al contrario se convierte en combustible para continuar por este camino.

Pocos proyectos en la Ciencia pueden realmente alcanzar algo relevante en menos de 20 o 30 años de esfuerzo continuo.  En Colombia el proyecto de investigación más largo dura 7 años.  Los Gobiernos duran a los sumo 8 (y eso que a regañadientes) y cuando cambian, frente a la ausencia de verdaderas políticas de estado en temas estratégicos, echan al traste cualquier iniciativa de largo aliento.

No pasa lo mismo en las fuerzas militares.  Es cierto que debe existir una relación estrecha entre los más altos mandos del ejercito con el (muy volátil) comandante de todos ellos: el Presidente de la República. Pero también hay que decir que si algo hay que le sobrevive a los vaivenes políticos de nuestro país y de otros como el nuestro, es la estructura y estrategia de las fuerzas militares.

En países como Alemania o Estados Unidos, donde en su momento la investigación militar fue posiblemente la única fuente posible de financiación de la ciencia mas seria, la relación entre desarrollo científico y militar se ha mantenido.  Sin embargo el reconocimiento de la ciencia como tema estratégico ha trascendido las esferas militares para convertirse en un tema civil de primera línea.  Allá pueden “regodearse” (falsamente) de que la ciencia se desarrolla al margen de la “guerra” o de quienes están listos para hacerla (dirían mis amigos humanistas).

No es el caso sin embargo de nuestro país.

Mi propuesta es entonces sencilla: “cerremos filas” contra la desfinanciación de la ciencia y empecemos a buscar a las instituciones que crean en nuestras locuras, sea que estas se reviertan o no en beneficios en 30 o 50 años.  Si Colombia comienza, tal vez con la ayuda decidida de las Fuerzas Militares, un plan serio de inversión en Ciencia y Tecnología que trascienda los gobiernos de turno, podremos soñar con ganar las “guerras” del futuro, pero no contra los vecinos belicosos o los rebeldes de izquierda y derecha que azotan los campos, sino contra el atraso y la dependencia científica y tecnológica que nos aqueja desde hace décadas.

Tres Universos

Desde que se inventaron los comunicados de prensa, cada dos o tres días ramas enteras de la ciencia sufren giros de 180 grados gracias a descubrimientos revolucionarios.  El Universo que nos “pinta” la prensa es fantástico y la ciencia de la que nos habla parece así avanzar a pasos agigantados.  Muy diferente es sin embargo el Universo que pintan los mismos artículos especializados que, aunque también exageran la mayor parte del tiempo, al menos son leídos por una comunidad mayormente escéptica y que entienden que de “de eso tan bueno no dan tanto”; o el de los propios científicos que entienden mejor el estado real del conocimiento, pero que se reservan para sí mismos o para sus colaboradores más cercanos, su propia visión del mundo.   ¿Cuál Universo, el de los científicos, el de los “papers” o el de los comunicados de prensa, es finalmente el Universo “verdadero”?

“Existen tres universos: 1) el que se describe en los artículos especializados, 2) el que existe en la cabeza de los científicos y 3) el fantástico Universo de los comunicados de Prensa 
Enero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-3universos

Así se verían (supuestamente) los "anillos" de J1407b un "exoplaneta" del mundo de ficción de los comunicados de prensa

Así se verían (supuestamente) los “anillos” de J1407b un “exoplaneta” del mundo (casi de ficción) de los comunicados de prensa.

No hay ninguna duda del enorme benefició que le ha hecho a la ciencia y a su difusión la existencia de comunicadores, periodistas y científicos por igual, que hablan de los descubrimientos científicos más recientes pero también de la ciencia establecida, en medios masivos de comunicación y ahora en Internet.  Me incluyó, por supuesto, en la última categoría, la de los científicos, esto para dejar constancia de que lo que digo a continuación es también una autocrítica.

Sin embargo, se esta volviendo también un poco confuso para la mayoría, especialmente para quienes no tienen nada que ver con los avatares internos de la ciencia, una actividad dinámica y cambiante por definición, entender cuál es el Universo “verdadero”.

Todo parece indicar (o así lo parece demostrar el tono de los comunicados de prensa) que un día el Universo contiene materia oscura y al otro día no; que en la mañana descubrimos el planeta más parecido a la Tierra y en la tarde era solo ruido en la señal; que descubrimos los anillos gigantes de un planeta, pero que en realidad el planeta tiene la masa de una enana marrón; o que un lunes el Universo se formo después de la inflación y al viernes que ya no y tal vez lo hizo después de la colisión de dos “branas”.  En otras área de la ciencia, las cosas no son peores.  El café y el chocolate son un día los mejores amigos del envejecimiento y el cáncer y al otro antídotos eficaces.

Una “confusión” similar (aunque muy natural) se vive al interior de la ciencia misma.  Cada artículo que se publica en revistas especializadas, dice resolver posiblemente la mayoría de los problemas que estaban abiertos en su disciplina o es la semilla para una disciplina completamente nueva.  Aquí la cosa, sin embargo, es un poco más natural.  Los científicos describimos nuestro trabajo convencidos de su valor y aunque sería posible decir que la mayoría de nuestros papers son en realidad pequeños esfuerzos en un proyecto mayor, la verdad es que para ser publicado no se puede andar uno con demasiadas modestias.

A pesar de lo natural (aunque incómodo) que sea admitir esto, por lo menos la mayoría de los lectores de los artículos especializados son colegas escépticos que no tienen ningún problema en dudar, por defecto, de lo que leen; naturalmente también están dispuestos a admitir el poder o la calidad de una idea, pero sin desconocer que el camino hacia la “verdad” científica es bastante arduo y que necesita mucho más que algunos “milagros literarios”.

En tercer lugar esta el Universo que conocen o intuyen los científicos.  Aquel del que solo hablan con sus colegas o con sus estudiantes, pero que también se asoma en una que otra entrevista pública (aunque tal vez no sea lo más importante o notable para la mayoría).  Ese Universo, aunque también esta cruzado por pasiones y no esta exento de exageraciones, es posiblemente el más real de todos.  Solo quien esta metido con el fango hasta el cuello y lleva allí una buena fracción de su vida tiene una buena idea de que tan grave o prometedora es la cosa.  Pero de nuevo, la cosa no parece pasar de los entornos privados de los científicos donde se comentan las realidades a veces muy duras del avance científico, especialmente en la frontera del conocimiento.

Planetas similares a la Tierra: otra área en la que casi todo esta por hacer aún cuando los comunicados de prensa parecen indicar que la meta ya se consiguió.

Planetas similares a la Tierra: otra área en la que casi todo esta por hacer aún cuando los comunicados de prensa parecen indicar que la meta ya se consiguió.

¿Y entonces? ¿cuál es el modelo de realidad que debemos finalmente acoger?

Los comunicados de prensa no van a desaparecer.  Son muy importante en realidad para el avance de la ciencia misma.  A veces, ellos son la única manera para que la gente se de cuenta, así sea exagerando un poco, que hay un grupo de “nerds” tratando de resolver problemas muy difíciles y a los que les llevará seguramente mucho tiempo encontrar algo de valor, pero que aun así deben ser apoyados sin condiciones.

El tono de los artículos especializados no va a cambiar tampoco.  La mejor analogía que se me ocurre en este caso, es aquella con una corte en la que los abogados deben hacer lo que pueden para demostrar la culpabilidad o la inocencia del que esta en el banquillo.  Su profesión, como la de los científicos, les exige esgrimir los mejores argumentos en favor o en contra del “acusado”, con la esperanza de que al final la única ganadora sea la verdad.  Así, es posible que la mayor parte de los papers no expresen la verdad científica definitiva, pero de la suma de ellos, incluyendo los que se contradicen mutuamente, esperamos (y así lo hemos visto en el pasado) salga una que otra verdad.

Si los científicos se sinceran demasiado no podrían admitir que los comunicados de prensa sensacionalistas existieran (o participar directamente en su elaboración) y tal vez no podrían tampoco publicar tan frecuentemente como se los exige una sociedad en la que la eficiencia esta por encima de cualquier otra cosa (“un paper por año como mínimo”, te dicen, no importa que lo que buscas en realidad requiera un par de años, una década para resolverse así sea parcialmente).

El conocimiento científico es como un buen vino: necesita maduración, a veces incluso por décadas, antes de poder consumirse o compartirse con gusto.   Disfrutar de una observación o una medida recién salida de los instrumentos de un rover marciano o un telescopio espacial, es divertido, pero la interpretación de esos resultados tomará posiblemente muchos años antes de convertirse en algo creíble o de ser parte del conocimiento “establecido” sobre el Universo.

Hay que educar más y mejor al público para filtre mejor la información que reciben incluso de fuentes autorizadas, especialmente cuando se habla de avances que apenas están saliendo del horno.  También para que aprecien el valor resultados científicos supuestamente “antiguos”, es decir con edades inaceptables para los estándares de “novedad” de los medios, 5 o 10 años, pero a los cuales un período saludable de maduración les ha conferido un valor más alto de “conocimiento establecido”.

No se debería presionar tanto a los científicos, especialmente a los más jóvenes, para que alardeen de pequeños logros.  Permitirles e incluso promover que trabajen por varios años hasta que se convenzan de que lo que van a decir tiene verdadera relevancia e impacto en el avance de sus disciplinas.  Alternativamente, el estilo de la literatura científica les debería dejar admitir la naturaleza eminentemente temporal de lo que dicen o reconocer abiertamente y sin ningún castigo, que el verdadero valor de sus papers se conocerá en los años futuros y que tal vez no sea muy grande.

Por otro lado los científicos mismos podríamos ser más sinceros y reconocer públicamente en cuáles aspectos del conocimiento científico estamos jodidamente atrasados y en cuáles prácticamente no hay duda de que lo que se sabe es coherente con el universo allá afuera.   Todas esas dudas y ese escepticismo que sentimos por el trabajo nuestro y por el de otros, debería ser evidente en la mayoría de nuestras manifestaciones públicas.  Nuestro trabajo, como comunicadores en algunos casos, debería ser el de enfatizar lo que apenas hoy, 20 o 30 años después de lo que en su momento fueron pequeños descubrimientos, se ha empezado a consolidar como una imagen más o menos segura del Universo.

Así, en lugar de estar alardeando públicamente de las fantásticas medidas de la polarización de la radiación de fondo y de sus posibles interpretaciones, deberíamos estar celebrando hoy, públicamente, la confirmación hecha con más de 30 años de observaciones detalladas del cielo en muy diversas longitudes de onda, de la imagen de un Universo que evoluciono a partir de un estado denso y caliente.  Aunque esto nos puede parecer obvio dentro de la cosmología, la verdad es que es de las únicas cosas de las que estamos casi completamente seguros.

Los populares resultados del satélite Planck que midió recientemente la polarización de la radiación de fondo y puso en entredicho el descubrimiento anunciado con bombos y platillos en 2014 de la observación de las huellas de las ondas gravitacionales producidas en los primeros instantes del Universo.  Tal vez nos deberíamos restringir a mencionar lo que se sabe con certeza: lo que 30 años de observaciones prueban sin duda alguna es que hubo un Big-Bang.

Esta gráfica muestra los hoy populares resultados del satélite Planck que midió recientemente la polarización de la radiación de fondo.  Gran revuelo ha levantado como su análisis detallado ha puesto en entredicho el descubrimiento anunciado con bombos y platillos en 2014 de la observación de las huellas de las ondas gravitacionales producidas en los primeros instantes del Universo. Para no confundir más a la gente tal vez deberíamos simplemente mencionar lo que se sabe con certeza y que Planck ayudo a consolidar: el Universo comenzó en un estado denso y caliente hace 13,800 millones de años.

En lugar de hablar del posible origen del Metano Marciano y su conexión con la existencia de vida en el planeta rojo, deberíamos concentrarnos en insistir que hay más agua en el suelo marciano del que creíamos hace 20 años cuando comenzó nuestra exploración detallada del planeta.  Tal vez nos tome otros 20 o 30 años comprobar el origen del Metano descubierto por el Curiosity, pero ya pasaron los 20 años que necesitábamos para convencernos que el agua en Marte es más abundante de lo que creíamos.

Nos ufanamos de descubrir planetas pequeños, muy parecidos a la Tierra, pero poco se menciona el hecho de que casi nada se podrá saber sobre esos planetas, más allá simplemente de que existen.  En su lugar, los comunicados de prensa deberían estar promulgando como un hecho establecido ya sin ninguna duda la existencia de planetas alrededor de otras estrellas, la mayoría de ellos muy diferentes a aquellos en el Sistema Solar.  Ya no hay nadie que dude de eso, pero mucha tela esta todavía por cortarse en el terreno de los planetas parecidos al nuestro.

En fin.  Es posible que nos toque todavía convivir un tiempo más con esta “trinidad de Universos”, desconociendo lo que saben los científicos y no se atreven a expresar sinceramente, leyendo más papers de los que deberían publicarse y sorprendiéndonos del Universo, casi de ficción que nos pintan los comunicados de prensa.  Pero si admitimos que deberíamos cambiar, tal vez radicalmente, la forma de comunicar la ciencia, quizás algún día podamos decir que al menos todos estamos hablando del mismo Universo.

El Otro Analfabetismo

¿Sabe usted que es el analfabetismo científico?.  Posiblemente no, pero imagino que el término le “suena” y pensara que debe ser algo tan feo como el analfabetismo a secas (no saber leer, ni escribir).   He aquí una guía (con un poco de humor) para detectar esta condición que en el siglo de las comunicaciones a la velocidad de la luz, los viajes espaciales y la genética, se ha extendido peligrosamente incluso hasta esferas de la sociedad que creería uno están a salvo.  Una reflexión sobre el que debería ser considerado un problema social y cultural bastante serio y del que además podría depender la solución a otros problemas aún peores.  Como siempre, ofrezco también aquí algunas ideas sobre como “automedicarse” para empezar a superar esta condición, si es que tiene la mala suerte de padecerla.

“Guía para reconocer un Analfabeta Científico: come ciencia, se comunica con ciencia, se calienta con ciencia… pero no sabe de ciencia
Enero 10 de 2014
http://bit.ly/trino-analfabetismo

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Una bella ilustración que tome de este otro interesante artículo que encontré en lamula.pe http://bit.ly/1C58wPN. Recomendada.

No es sino oír hablar a algunos periodistas en nuestro país (Colombia) de los logros de la “raza humana” o del peligroso desplazamiento del eje de rotación de la Tierra después de un tsunami o un terremoto, para que uno empiece a darse cuenta lo extendida de una condición que se ha dado en llamar el “Analfabetismo Científico” (Scientific Illiteracy lo llaman los gringos).  Condición que obviamente ellos mismos desconocen por culpa de un desafortunado circulo vicioso (su analfabetismo científico les impide reconocer o admitir en primer lugar que existe algo llamado analfabetismo científico).

Como las definiciones son a veces cosas de locos y entenderlas requiere justamente tener un “alfabetismo científico” mínimo, les propongo aquí hacer un ejercicio para detectar rápidamente si usted o alguien que usted conozca, esta sufriendo de esta extendida condición.

No se sienta mal si una o dos de las siguientes cosas le son familiares; de cosas peores se muere la gente y aún mejor, existen formas relativamente sencillas para empezar a superarlo (al final le ofrezco una guía básica).

Si se siente ofendido, le ofrezco mis disculpas por anticipado.  Si le consuela, yo mismo me defino como un Analfabeta Político, en busca de una cura que lamentablemente no he podido encontrar.  De modo que espero la lectura de esta entrada no represente para usted un drama personal o familiar y al contrario le sirva para reconocer un problema que aqueja a la sociedad a la que pertenece.

Guía para detectar a un Analfabeta Científico

Dícese de un Analfabeta Científico como aquel adulto que teniendo una educación mínima (secundaria, universidad e incluso un posgrado) responde positivamente a al menos una y en los casos crónicos a todas las siguientes descripciones:

  1. Ha utilizado el término “raza humana” para referirse a nuestra especie o a la Sociedad como un todo.
  2. La última vez que asistió a una clase de ciencias o matemáticas fue en el último grado de la secundaria (o la primaria), y peor aún, no le gusto ni cinco.
  3. Encuentra insoportable la “buena” ciencia ficción y preferiría un western o una comedia romántica.
  4. Sostiene que mientras la Teoría de la Evolución sea tan solo una “teoría” otras alternativas (el creacionismo por ejemplo) deberían considerarse igualmente válidas.
  5. Usa con frecuencia el argumento de que la “perfección” de la naturaleza es una prueba inconfundible de la grandeza de un creador.
  6. Exige que la ciencia respete sus creencias sobrenaturales y supersticiones y que se mantenga en el dominio que le corresponde.
  7. Considera una o todas las siguientes historias siquiera creíbles: “el hombre no fue a la Luna”, “el gobierno intenta envenenarnos usando los contrails de los aviones”, “el eje de la Tierra se desplazo peligrosamente después del último tsunami”, “Marte se verá del tamaño de la Luna llena”, “existen máquinas capaces de crear grandes terremotos y peligrosos huracanes”,  “la NASA y el Gobierno de los Estados Unidos esconde secretos sobre la existencia de vida extraterrestre” entre muchos otros.
  8. Se ha burlado de un descubrimiento científico o ha considerado algún avance en la ciencia de frontera como un desperdició miserable de dinero cuando hay tanta gente muriendo de hambre en África.
  9. Considera a Stephen Hawking el científico más importante después de Einstein (y si tiene más de 80 años, en su tiempo considero a Einstein el hombre más inteligente que ha vívido jamás).
  10. Come con ciencia, se comunica y viaja con ciencia y admite que sabe muy poco  de ciencia.

Si le suenan familiares las anteriores situaciones entenderá ahora de que estamos hablando.

Tal vez ahora le parezcan poca cosa estos pequeños deslices en el uso del idioma (Síntoma 1), o nada muy grave desconocer a los grandes personajes de la historia de la ciencia (distintos de Einstein) que construyeron el mundo en el que vive (Síntoma 9) e incluso no ve nada grave en la idea de que sus supersticiones tengan un lugar privilegiado en la sociedad (Síntoma 6).  Pero la cosa es mas complicada.

El Analfabetismo Científico rampante se esta empezando a convertir en un verdadero peligro para las sociedades modernas.  Sociedades boyantes económicamente como la de Estados Unidos, están viendo como grupos poderosos de analfabetas científicos se apoderan del sistema educativo publico (en algunos estados) para imponer primitivas versiones del mundo que fueron superadas en la edad media.

El analfabetismo científico es un verdadero problema en países como Estados Unidos, líder indiscutible en el área.  Si eso pasa allá, que diremos por acá.

El analfabetismo científico es un verdadero problema en países como Estados Unidos, líder indiscutible en el área. Si eso pasa allá, que diremos por acá.

En países como Colombia, periodistas que sufren de un claro analfabetismo científico, mueven la opinión de la gente para oponerse a decisiones trascendentales que tienen que ver con el avance científico de todo un país.  Recuerdo aquí el caso de la fallida compra del primer satélite colombiano hace unos meses y de la ferviente oposición de algunos medios de comunicación para que este paso trascendental se diera.  Periodistas que estudiaron en Universidades de prestigio pero nunca recibieron una sola clase de Física o Astronomía por considerarlas innecesarias para tomar o analizar decisiones.  ¡Que bien que les habrían sentado esas clases en este caso!. Esos mismos periodistas consideran por ejemplo que es mejor promover que los niños se vuelvan futbolistas en lugar de científicos o pensadores, algo que también requiere un entrenamiento de toda la vida.

Y lo peor, líderes políticos, dirigentes de gremios o de conglomerados económicos, con un analfabetismo científico rampante, que toman decisiones basados en sistemas de creencias que no sostendrían el más mínimo análisis usando los métodos que la ciencia ha aplicado por siglos para construir el mundo en el que vivimos.  Líderes que incluso llegan a dar importancia a los consejos de un chamán (católico o indígena o de cualquier otra afiliación supersticiosa) en lugar de rodearse de científicos o al menos de profesionales letrados científicamente.

Al contrario, en una sociedad con un alto grado de Alfabetismo Científico los ciudadanos podrán tomar mejores decisiones, estén estas relacionadas o no con asuntos “naturales”.  La ciencia no solo se trata de física de partículas, nuevas especies biológicas o planetas extrasolares; se trata de pensar mejor, de hacerlo sobre la base de evidencia (o del potencial para conseguir una); de evitar las hipótesis extra (fuerzas sobre naturales, “manos negras” y conspiraciones), pero sobre todo de “cuantificar” o entender las dimensiones verdaderas de las cosas.

Un ciudadano letrado científicamente podrá entender mejor las verdaderas dimensiones de algunas decisiones públicas, tanto las que no le convienen (cuya incidencia normalmente es maximizada por la propaganda) como los que le convienen verdaderamente y que son minimizadas por analfabetas científicos para los cuáles es posible que 1 átomo en un frasco tenga algún efecto químico o físico real sobre el cuerpo humano, justamente porque no entienden la diferencia entre 1 y 10^23 átomos.

El analfabetismo numérico un problema profundamente relacionado con el analfabetismo científico.  Tomado de: http://bit.ly/1KAf0Mk

El analfabetismo numérico un problema profundamente relacionado con el analfabetismo científico. Tomado de: http://bit.ly/1KAf0Mk

En una sociedad “letrada” científicamente, no es posible que prosperen las organizaciones supersticiosas que hacen de la suya cuando el analfabetismo se apodera incluso de las esferas más educadas.  Me refiero a las religiones organizadas que no pagan impuestos, tienen a chamanes ocupando escaños en el senado y son la última palabra en asuntos morales.

En un sociedad letrada científicamente la religiosidad, si es que existe, se vuelve un asunto personal en lugar de un asunto de estado.  Un asunto de contingencia frente a las dificultades (porque nuestra biología no nos permite deshacernos completamente de formas irracionales de ver el mundo), pero no el paisaje con el que convivimos en sociedades como la Colombiana en la que por ejemplo para tener una buena educación hay que tener plata o permitir a un colegio religioso que llene de ideologías medievales y supersticiosas la cabeza de tus hijos.

Ahora bien ¿qué se puede hacer para disminuir el grado de analfabetismo científico?  El reto es grande cuando hablamos de países o sociedades enteras.  Los Estados Unidos o Colombia son buenos ejemplos de sociedades que tienen frente a sí retos monumentales para reducir el analfabetismo científico de sus ciudadanos (si es que a los analfabetas científicos que ostentan el poder les llega a interesar que eso pase).

En un plano personal, las cosas pueden ser más un poco más fáciles.

He aquí algunas recomendaciones mínimas (en el estilo muy “Cosmopolitan” de esta entrada) que puede usted seguir para aumentar su grado de alfabetismo científico si es que se identifico peligrosamente con muchos de los puntos enumerados al principio.

  1. Comience por entender que la ciencia no es una ideología más.  Esta llena de seres humanos imperfectos, unos que tendemos a ser dogmáticos o tener opiniones fuertes y otros que son bastante apáticos por los asuntos sociales.
    La Ciencia es un descubrimiento que incluso hoy quienes estudiamos la vida en el Universo, nos preguntamos si ocurre en todas partes donde hay vida y organismos inteligentes.
    Es una forma de organizar el mundo que ha resultado ser altamente efectiva y productiva en términos de proveernos los medios y el conocimiento para sobrellevar mejor la existencia e incluso progresar más allá de nuestros condicionantes biológicos.
    Piense en esta frase: “si los dinosaurios hubieran tenido un programa espacial tal vez no se habrían extinto”. En la rama del árbol de la vida a la que ellos pertenecieron, nunca se produjo el “milagro natural” que presenciamos en nuestra propia rama.
    Nuestra propia especie que tiene 100,000 años, solo lleva 400 años pensando científicamente y hoy podemos decir que si nos enfrentáramos a un riesgo similar al que enfrentaron los dinosaurios, saldríamos mucho mejor librados que ellos.
  2. Tome uno varios cursos de ciencias o matemáticas recreativas en Internet o en alguna Universidad que los ofrezca.  Recuerde que saber un poco de biología no solo sirve para pasar un examen de estado (que usted ya paso) o una entrevista en una multinacional farmacéutica (posiblemente usted ya tiene trabajo en su propia área y no necesita, supuestamente, saber nada de biología).  Al hacerlo entenderá mejor los riesgos sobre el medio ambiente que implican ciertas decisiones gubernamentales, entenderá algo sobre su propia naturaleza como el animal que es y hasta podrá evaluar mejor alguna decisiones médicas en su vida.  Todo entre muchos beneficios que le acarreara conocer la que es la rama de la ciencia más cercana a su vida.
  3. Vea documentales de ciencia, asista a conferencias o véalas en Internet.  Mejor aún, empiece a comprar y leer algunas revistas sobre avances científicos y tecnológicos y léalas con disciplina, de la misma manera que lee esa literatura “deliciosa” que publica la Revista Dinero o las diatribas elaboradas de columnistas políticos o de comentaristas deportivos.  ¡Pero cuidado! Hay revistas supuestamente científicas que hacen tanto por su alfabetismo científico como el Whatsapp por su ortografía.  La ciencia no se trata únicamente de una colección de datos sorprendentes o historias inexplicables.  Se trata de historias muy reales sobre cosas que ni en sus sueños mas alocados creería que fueran posibles.
  4. Intente entender por un momento el mundo en el que vive.  No me refiero a entender a sus vecinos o al conflicto en medio oriente.  Pregúntese cosas sencillas como porque los árboles crecen hacia arriba y no hacia los lados o cómo llega la electricidad a su casa o como funciona (o deja de hacerlo) la batería de su teléfono celular.  Intente investigar en Internet la causa de estas cosas, así parezca en principio un ejercicio infantil.  Descubrirá lo mucho que se puede aprender en el proceso sobre cosas realmente relevantes, incluso antes de responder la pregunta original.  Mejor aún, descubrirá que saber ciertas cosas inútiles lo prepara para resolver otras bastante útiles.
  5. Póngale números a su vida.  Yo sé que es difícil, pero no le estoy pidiendo que repase los casos de factorización o peor los métodos de integración del cálculo.  Intente entender la verdadera dimensión numérica, cuantitativa, de los datos, usando por ejemplo analogías.
    Si le dicen que el eje de la Tierra se desplazo en un Tsunami, no se quede con la “frasesita”, ni la repita como lorito en las redes sociales o en reuniones familiares.
    Pregunte siempre por el número.  Si se lo dan, intente compararlo con cosas reales.  12 centímetros de desplazamiento del eje de rotación de un planeta como la Tierra es mucho menos que un paso de niño  ¿Cuántos pasos cree que se necesitan para bajar del polo norte al Ecuador? ¡miles de millones! ¿Entonces?.  Haga lo mismo cuando intenten minimizar algo que otros dicen que es más grande de lo que parece.
  6. Este es quizá el consejo más importante.  Si usted considera que su caso esta perdido y que duda mucho que pueda hacer cualquiera de las anteriores cosas, pero tiene en su familia más cercana, hijos, sobrinos, vecinos jóvenes que podrían alfabetizarse científicamente a tiempo, no los desanime.  No les diga, por ejemplo, que las matemáticas o las ciencias no les servirán para nada porque igual usted no sabe nada de ellas y ya tiene una jubilación.
    Evite inscribirlos en sistemas organizados de creencias o supersticiones.  Deje que en su vida personal crean lo que les ayude a sobrellevar la existencia así sea distinto a lo que usted cree o lo que creyeron sus abuelos.  No les imponga la superstición, ni por la fuerza, ni con la supuesta calidez de la “tradición”.

Si todo lo anterior le pareció muy ofensivo, evite ofender a alguien más haciendo un comentario de mal gusto y pase mejor al siguiente enlace de internet que se haya encontrado en las redes sociales.

Si le parece que esta “causa” vale la pena, pero usted es un ciudadano letrado científicamente, comparta algunas de estas ideas con esos conocidos suyos que sabe cumplen a cabalidad con la descripción del principio.

Otras lecturas:

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