Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

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Un falso dilema

¿Qué debería estudiar en la Universidad?.  Esta es la pregunta que se hacen miles de jóvenes y adultos cada 6 meses o un año, cuando las Universidades y otros institutos de educación superior abren inscripciones en sus programas.  La respuesta a esta pregunta es casi tan diversa como aspirantes tienen esas mismas instituciones. Aún así, existe una tendencia generalizada, que todos conocemos bastante bien y que consiste en responder de forma “simplona” a esta trascendental cuestión: estudie algo en lo se consiga trabajo.  Como fundador y promotor de uno de los programas universitarios más sui generis de Colombia (el programa de pregrado en Astronomía de la Universidad de Antioquia) les presentó aquí mis propias reflexiones sobre este espinoso asunto.

“No escoja una carrera. Deje que la carrera lo escoja a usted #ReglasDeLaVida
Abril 30 de 2017
http://bit.ly/trino-carrera

Hay dos preguntas que me repiten cada semestre padres de familia, aspirantes y estudiantes nuevos del programa de astronomía por igual: 1) cuando yo (mi hij@) sea astronom@ ¿en qué voy (va) a trabajar? y 2) ¿es verdad que si uno estudia astronomía se vuelve ateo?.

La respuesta a la segunda pregunta ameritaría por si misma una entrada completa de Trinoceronte; me bastará con decirles que mi respuesta corta para esos devotos jóvenes y padres de familia es: “si entiende, sí”.

La respuesta a la primera, sin embargo, no se puede resumir en una sola frase.  Y no es que sea, al menos para mí, igual de sencilla que la anterior.  El problema es que la pregunta en si misma envuelve confusiones aún más profundas.  Confusiones que están íntimamente relacionadas con la pregunta que abre esta entrada: ¿qué debería estudiar en la Universidad?.

Comencemos diciendo que una persona que todavía se hace esta pregunta cuando esta a punto de matricularse o iniciar un programa de educación superior, o como decimos en Colombia “de meterse en esa vaca loca”, tiene un serio problema: no se conoce a sí misma o tuvo una educación realmente deficiente.

No sé si estarán de acuerdo conmigo, pero uno de los objetivos de la educación básica (primaria y secundaria) debería ser que los niños y los jóvenes descubran para qué son realmente buenos.

Yo, personalmente, tuve una buena educación (incluso en un tiempo en el que los estudiantes de mi colegio en Medellín – Colombia éramos considerados sicarios en potencia).  En los últimos dos años del bachillerato me enseñaron más ciencias naturales y matemáticas que cualquier otra cosa (termine mi bachillerato en un sistema que desapareció y que se llamaba “educación diversificada”; yo, por ejemplo, me gradúe en la modalidad de ciencias naturales).

Al finalizar mi educación básica estaba convencido de que esa era mi vocación.  No lo era ni la literatura, ni el dibujo, ni la ingeniería (que siempre me atrajeron también). Estaba convencido de que no podía ser otra cosa sino un científico (en particular un astrónomo).

Muchos de mis compañeros de colegio en la misma modalidad de ciencias naturales, descubrieron al contrario que no querían ser científicos. Esa experiencia les mostró que lo que querían era ser músicos y abogados.  Si bien, para ellos, esos dos últimos años de colegio fueron difíciles porque tuvieron que asistir a 4 clases de física a la semana (en lugar de 1 sola como la mayoría), lo cierto es que esa situación les ayudo también a ser lo que son hoy.

Todo esto es para decir que uno solo debe estudiar lo que quiere estudiar.  No hay alternativa. Esto implica, sin embargo, que antes de elegir o comenzar una carrera, se debe saber que se quiere hacer en la vida (o por lo menos tener una idea básica).

Los padres pueden ayudar.  A veces, sin embargo, ayudan demasiado: ponen a sus hijos a asistir a cursos de música, inglés, patinaje, natación y si les queda tiempo los obligan a participar de olimpiadas de baile, química, matemáticas y ortografía (creando a veces el resultado contrario, una aversión por el conocimiento o el arte).  Aún así el resultado parece seguir siendo el mismo: jóvenes confundidos que no están seguros sobre cuál es la carrera que deben elegir.

El dilema entonces de “¿qué carrera estudiar?” es entonces, un falso dilema. Se debe estudiar lo que uno quiere o para lo que uno es realmente bueno.  O debería por lo menos serlo sino existiera un segundo (y muy extraño) factor: el deseo de tener éxito económico sin hacer casi nada.

Todo hay que decirlo.  La mayoría, aún sabiendo para que son buenos, eligen estudiar una carrera pensando en el éxito que personas que conocen (o creen conocer) de esa profesión han tenido en el pasado o están teniendo actualmente.  ¡Una extraña idea!.

Es como si quisieras ser músico y para elegir en qué genero musical hacer tus propias contribuciones creativas te sentarás a escuchar la radio en busca de lo que mas suena.  ¡Realmente ridículo! (los que son músicos de corazón entenderán cabalmente lo que digo).  Si así funcionará el arte, todos los músicos en Latinoamérica (y no solo los genios del mercadeo) estarían haciendo Reguetón y Vallenato.

Pero no me crean ingenuo.  Es obvio que existen profesiones que garantizan una vinculación laboral casi inmediata.  En Colombia ¿el derecho? ¿la administración? ¿la contaduría?.  Lo que no tienen en cuenta quiénes eligen esas profesiones con “salida asegurada” es que estas son disciplinas tan difíciles como la Astronomía, la Sociología o la Filosofía.  El hecho de que haya más trabajo para abogados no significa que el derecho sea una carrera menos difícil o al “gusto de cualquier comensal”.

Quién estudia derecho porque va a tener trabajo, sin saber si tiene aptitudes para la filosofía, el lenguaje y el pensamiento analítico, esta, como decimos en Colombia “miando fuera del tiesto”.  Peor aún, el padre de familia, adulto responsable, experimentado, amoroso, que le exige a un hijo suyo escoger su profesión por la salida laboral esta jugando un peligroso juego: la “ruleta rusa” de la frustración profesional.

Y es que no hay peor fracaso profesional que tener cartones de algo que no te gusta o en lo que no usas el máximo de tu potencial.

Véanlo así: es mejor sentir un poco de envidia por el que tiene aptitudes naturales por carreras con salida profesional asegurada, que intentar ser como ellos.

Si lo que quiere un joven en la vida es ser violonchelista, no hay nada que hacer.  El padre de familia podrá lamentar en la intimidad de su craneo que su hij@ no haya nacido con las aptitudes naturales para la cirugía plástica (que le aseguraría un salario de 7 cifras o más de por vida), pero no tiene porque restregárselo, especialmente cuando esta comenzando su carrera musical.

También es cierto que otros padres de familia nos lamentamos (en la intimidad de nuestro craneo) porque nuestros hijos no son más altos, más atléticos o más bonitos, pero para casi todos es obvio que ninguno saldría a hacerle una cirugía plástica a sus hijos para ajustar sus características biológicas a nuestras expectativas (¡aunque no falta la bestia!).

Antes estas ideas, que contradicen creo yo el saber popular, se podría esgrimir otro argumento (y así lo hacen muchos padres y jóvenes al elegir su carrera).  Una persona realmente inteligente (que es lo que creemos casi todos los padres de familia sobre nuestros hijos) puede adaptarse a cualquier profesión.  “Que empiece a estudiar medicina aunque no le guste mucho”, dirán algunos, “como es tan inteligente, con el tiempo le cogerá amor y finalmente se convertirá en el médico de la familia”.  ¡Craso error!

¿Para que tener un médico más en la familia si podrías tener un Premio Nobel de física?  Si un joven es realmente inteligente, estudiar lo que quiere es la mejor manera de asegurar que será el mejor en su disciplina y no otro profesional frustrado mas (eso sí, frustrado pero inteligente).

En este punto aparece otro asunto espinoso.  ¿Deben las universidades e instituciones de educación superior solo ofrecer programas académicos que tengan una salida laboral “asegurada”?.  Técnicamente si.

Parte de los requisitos para que un programa reciba el registro calificado (al menos en Colombia) es argumentar la función que esos profesionales tendrán en la sociedad (los trabajos en los que se desempeñaran).  No puedes proponer un programa nuevo diciendo “no me importa si hay trabajo para estos profesionales”.  Nadie lo aceptará.

En términos reales, sin embargo, las instituciones de educación superior (y en especial las universidades) no pueden, ni deben convertirse en agencias laborales.  Tampoco pueden basar sus currículos y tener un discurso, orientado al trabajo.  Nada que distraiga más de la función y objetivos de la educación universitaria, que estar pensando en cuál será el salario de un profesional.

Aquí lanzo una conjetura (tan atrevida quizás como muchas de las opiniones aquí expresadas): los profesionales más exitosos (si quieren, los que tienen los mejores trabajos) son los que menos pensaron en cuál sería su salario mientras estudiaban.  Los “empeliculados”, los que se gozaron su carrera, los que estudiaron por el placer de conocer y de aprender sobre lo que más le gustaba en la vida.

A la gente que genuinamente ama su carrera, se le nota.  Los empleadores saben (o sabemos) lo importante que es esa pasión genuina y prefieren (preferimos) emplear a gente así.

El que es realmente bueno, tendrá empleo, independientemente del cartón.  Punto.

Ahora bien.  Decir todas estas cosas es fácil cuando haces lo que te gusta, cuando tienes un trabajo estable ejerciendo la profesión que escogiste, cuando naciste en una época con menos competencia (un tonto argumento que se escucha por ahí).  Ese podría ser mi caso, por ejemplo.

Pero no se engañen.  Yo no obtuve por ejemplo mi trabajo actual (profesor asociado en una Universidad grande) por que abundará en Colombia trabajos para físicos o astrónomos.  Lo obtuve porque sabía de computación (le di un valor agregado a mi profesión).  No me fue fácil.  Pero tampoco perdí la esperanza, las ganas profundas de hacer lo que me gusta hacer.  Nunca renegué por no haber estudiado una carrera distinta aún sabiendo que mi primo médico ya era “rico” antes siquiera de que yo empezará a escribir mi tesis de maestría.

Una vez obtuve el trabajo que tengo, trabaje duro para modificarlo, para, por decirlo de alguna manera, “ascender” al punto de hacer lo que siempre quise hacer: investigar y enseñar astronomía. Recuerdo siempre que mi padre intento en su momento hacerme estudiar ingeniería y no lo logro.  ¡Que suerte tuve yo y que suerte tuvo él que hoy se enorgullece de mi trabajo!

A los padres de familia y aspirantes que quieren estudiar astronomía y que preguntan “¿qué hace un astrónomo al graduarse?” les respondo sin dudar: “si el astrónomo es realmente bueno, hará lo que le de la gana”.

(aplica para otras profesiones supuestamente “inútiles”)

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El Género de la Ciencia

El 15 de diciembre de 2015 la ONU proclamo el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un esfuerzo simbólico para de un lado intentar derrumbar las barreras que se levantan alrededor de la ciencia para el acceso de las niñas y en general de las mujeres de todas las edades a la carrera científica (a todos los niveles); y del otro visibilizar el trabajo de miles de talentosas mujeres científicas que de forma mayoritariamente anónima contribuyen con el desarrollo de la ciencia, una actividad que siempre ha tenido “cara de hombre”.  Los invito en esta lectura para que llevemos esta reflexión más allá del género específico del científico de turno y sin desconocer la problemática de la representación y oportunidades de otros géneros en la ciencia, nos preguntemos ¿cuál es realmente el género de la ciencia?

“La ciencia no necesita más hombres o más mujeres, más personas trans género o mas homosexuales… la ciencia lo que necesita es ser más femenina #MujeryCiencia
Febrero 11 de 2017
http://bit.ly/trino-genero-ciencia

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

¿Sabe usted cuántos gays, lesbianas, trans género, inter género, bisexuales, demisexuales, asexuales, etc. hay en la ciencia?.  Es decir ¿cuál es la representación de los más de 6 géneros reconocidos, además de los clásicos cisgéneros (hombre y mujer), entre estudiantes y profesionales de la ciencia?.

Posiblemente no.

Lo que si puede que tenga muy claro es que la ciencia esta (y sigue estando) dominada desde hace siglos por individuos con bello facial y pene.  “Hombres” que llaman.

No significa esto, sin embargo, que todos ellos pertenezcan al mismo género: hombres heterosexuales o cis sexuales. ¿O sí?.

También es posible que sepa (esta es justamente la invitación de la ONU y de cientos de páginas de Internet y publicaciones que invadieron las redes el día 11 de febrero), que existe una representación muy bajita en esa importante y productiva actividad social humana, de individuos con voces más delgadas y vaginas.  “Mujeres” que llaman.

Como creo todos entenderán de esta cruda introducción, seguir hablando del rol de la mujer en la ciencia, de las oportunidades que tiene y de su contribución anónima al avance de la misma, debería ser por lo menos hoy, en los tiempos en los que esa misma ciencia nos ha permitido entender mejor la distinción entre los caracteres biológicos y las preferencias sexuales, enriquecido con una visión menos binaria de la humanidad.

¿Deberíamos hablar de “mujeres” o de “lo femenino” en la ciencia? ¿del dominio del “hombre” o de “lo masculino”?.

A mi me parece que “femenino” y “masculino” serían términos más adecuados para una discusión sobre la representatividad de los géneros en la ciencia. Considero un poco anticuado contar cuántos penes o cuántas vaginas ocupan la posición de profesores en una Facultad o cuántos ganaron el premio Nobel en la última década.

Para muchos, esta manera de enfocar el problema que han enfrentado por siglos las “mujeres” en la ciencia, puede ser una salida sexista, una estrategia “machista” para desviar la atención del problema y continuar con el monopolio masculino y la discriminación descarada de la “mujer” científica.

Tómenlo como quieran.  Pero todos deberíamos reconocer que hay un tema objetivo aquí: decir “hombre” y “mujer” hoy casi no significa nada concreto.

Si todavía creen que es una estrategia machista mía, pueden dejar de leer este blog.  Si creen que puede haber algo interesante, aunque no compartan todas mis posiciones, intenten continuar leyendo.

Quienes trabajamos en la ciencia (tengamos penes o vaginas – o una mezcla de ambos) debemos reconocer sin avergonzarnos que la ciencia es muy masculina (que no tiene nada que ver con tener un pene): (1) un impulso casi irracional por la exploración de lo desconocido sin consideración de lo práctico, (2) competencia salvaje entre individuos y organizaciones, (3) demostraciones explícitas de habilidades, búsqueda (irracional) de poder o posición, (4) sobre valoración de la eficiencia (más por menos, más en menos), (5) sub valoración de los aspectos sociales o personales, etc.

No sé ustedes, pero para mí estos son los rasgos distintivos del que hacer científico y claramente los rasgos que distinguen en la mayoría de especies de mamíferos modernos, a los machos de las hembras.

Hay que reconocer claramente que muchos de esos rasgos son posiblemente los que han llevado a la ciencia del pasado a ser lo que es hoy en día.  Por ejemplo, no es que tengamos una nave fuera del Sistema Solar (las Voyager) porque seamos muy pragmáticos ¿o sí?.  No trajimos rocas de la Luna o descendimos al fondo de la fosa de las marianas porque nos importe muy poco demostrar nuestras habilidades para hacerlo ¿o sí?.  No hemos descubiertos la inmensa diversidad de las selvas de nuestro planeta porque nos importe pasar tiempo con la familia en lugar de explorar por semanas el bosque ¿o si?

Pero el mundo esta cambiando.  Esos rasgos muy “masculinos” y sus actividades derivadas, que son desde mi perspectiva los que hacen que tanta gente con bello facial sea la que se dedique a la ciencia y que menos individuos en el extremo opuesto del espectro de género lo haga, están empezando a hacerle daño a la actividad científica.

Se han preguntado por ejemplo ¿cuánto tiene que ver lo “masculino” de la ciencia en la crisis actual de reproducibilidad? ¿en la disminución de los estándares éticos? ¿en la proliferación de estudios científicos sin ninguna relevancia y publicados únicamente en pos de elevar índices?

Pero no me mal entiendan: decir que todos estos defectos son culpa de los “hombres” en la ciencia es tan perverso como cualquier otra forma de sexismo.  También hay “mujeres” que fabrican datos y publican artículos tan solo por elevar su índice h.   “Mujeres”, sin embargo, que al hacerlo se valen de los rasgos más masculinos de su cerebro.  Al menos eso pienso yo.

No, la ciencia no necesita que haya una representación equitativa de todos los géneros (tal vez ya la hay, pero no es muy evidente).  No necesita igual número de vaginas que de penes (aunque estadísticamente eso implicaría una buena distribución de géneros sin implicar que las vaginas serían solamente mujeres cis sexuales).

Lo que la ciencia necesita hoy es ser más femenina.

Pero ¿qué demonios puede significar eso?.

Ya enumeramos algunos rasgos masculinos (demostración, competencia, exploración, etc.)  ¿Cuáles son los rasgos femeninos que le hacen falta a la ciencia: (1) un mejor sentido de la colaboración en lugar de la competencia, (2) una mayor valoración de lo social y lo personal, (3) un sentido práctico más aguzado, (4) mucha más intuición (pensamiento rápido) frente a una excesiva racionalización (pensamiento lento), (5) una menor sobre valoración de la eficiencia y más reconocimiento de la importancia de los detalles, (6) mayor cuidado y preocupación por la vida, (7) mucha más comunicación y empatía con la inmensa mayoría de los humanos que no son científicos, (8) menos demostraciones personales y más trabajo en equipo.  Y la lista podría continuar.

Naturalmente, una manera de lograr que la ciencia se vuelva más femenina es eliminando justamente las barreras, claramente reconocidas por todos, para que otros géneros diferentes al del hombre cis sexual, alcancen las más altas posiciones en la misma.  Teniendo una mayor representatividad de los géneros más femeninos del espectro, bien sea a través de leyes (por la fuerza) o en un proceso paciente de muchos años, esos rasgos femeninos que vienen con esos individuos podrían transformar la ciencia para bien.

Pero hay maneras relativamente inmediatas de lograrlo.  Una de ellas podría ser la de intervenir ahora mismo el sistema de publicación y financiación de la ciencia, sistemas que están altamente “masculinizados” (aunque también en ellos participen e incluso sean manejados por “mujeres”).

Se imaginan…

¿Qué pasaría si para publicar un paper, los autores debieran demostrar que en el proceso colaboraron, recibieron y entregaron datos a otros de forma transparente?

¿Qué pasaría si eliminamos la lista de autores y dejamos únicamente el nombre de colaboraciones o instituciones?

¿Qué pasaría si le diéramos más valor a formar a nuevos científicos a cuidarlos, a “nutrirlos”, que a publicar como “locos” y obligar a publicar a nuestros estudiantes?

¿Qué pasaría si el día de mañana los editores exigieran una declaración en la que se demostrará el valor práctico (presente o futuro) que podría tener cualquier investigación, en cualquier área?

¿Qué pasaría si limitaramos el número de publicaciones de un científico, una institución o un grupo y todas las demostraciones “masculinas” de poder y eficiencia? ¿no habría así una necesidad mayor de colaboración?

¿Qué pasaría si le diéramos un valor similar a publicar un artículo en Nature o un libro de ciencia para niños?

Hacen falta muchas personas (de todos los géneros) y tal vez mucho tiempo para que esto pase.  Pero estoy seguro (soy optimista) que si hiciéramos un esfuerzo por crear una “ciencia” más femenina muchos más hombre y mujeres, gays y lesbianas, inter género y trans género, querrían participar activamente del proyecto científico.

Mientras tanto: ¡que vivan todos los individuos, públicos y anónimos, con pene o con vagina, que tiene la ciencia!

Colombia necesita ir a la Luna

“Colombia no sabe que hacer con 1.5 billones de pesos (~500 millones de dólares) que tiene para ciencia”.  Estas son las palabras que pronunció recientemente la directora de la agencia nacional de ciencias del país, Colciencias.  La “sentencia” ha caído como un baldado de agua fría sobre todos los científicos Colombianos, que al contrario de lo señalado en la lapidaria frasecita, vemos como se reducen cada año las posibilidades de financiar lo que hacemos.  ¡Yo sé que podemos hacer con esos 500 milloncitos de dólares! ¡Deberíamos ir a la Luna!; o construir un acelerador de partículas; montar una estación en la antartida; construir un satélite climatológico; o tal vez “simplemente” armar un supercomputador.  Todas estas cosas ambiciosas podrían catapultar a Colombia a la estratosfera del desarrollo científico; no en dos o cinco años (como pretende a veces Colciencias), pero si en 20.  He aquí algunas razones por las que creo que deberíamos empezar a soñar con “metas imposibles” en lugar de seguir viviendo un desarrollo dolorosamente gradual.

” ‘No necesitas ser grande para empezar. Necesitas empezar para ser grande’ (leído por ahí) #ReglasDeLaVida
Octubre 26 de 2016
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colombian-rover

Así podría lucir el primer rover lunar Colombiano. La imagen original es del rover chino Yutu (Credit: CNSA / CCTV)

El trino con el que comienza esta entrada resume muy bien la propuesta que quiero desarrollar aquí: para que Colombia haga algo importante en ciencia no puede esperar a ser grande científicamente (desarrollarse gradualmente); al contrario para ser grande lo que necesita la Colombia científica es proponerse las metas más ambiciosas.

Ir a la Luna podría ser una de ellas.

Solo imagínenlo.  Científicos de todo el país (de distintas áreas e instituciones) unidos para lanzar la primera misión interplanetaria Colombiana (un país cuya única experiencia espacial es haber lanzado un satélite del tamaño de una hamburguesa doble que emitió por unas horas beeps radiales intermitentes desde la ionosfera).

Imagine a los científicos encorbatados presentando ante el Congreso de la República la idea.  Argumentando los beneficios que a muy largo plazo tendría un esfuerzo como estos para Colombia.  Mostrando el modo en el que la incipiente industria tecnología del país se catapultaría hasta alcanzar niveles impensables al enfrentarse a retos verdaderamente difíciles, tales como los de construir dispositivos electrónicos para trabajar en las adversas condiciones del espacio.

Imagínese lo inimaginable: el crecimiento de otras industrias antes reservadas solo para los países más ricos y desarrollados tecnológicamente.  La industria electrónica, la de materiales, la de combustibles aeroespaciales, la industria de sensores e imágenes, la industria de software científico, la industria de automatización avanzada, la industria óptica, la industria criogénica, etc.

Imaginen la escena de una bandera del país adherida a la superficie de aluminio de un rover u ondeando con la vibración producida por el movimiento sobre el irregular terreno lunar.  Imaginen las primeras fotografías descargadas por gigantescas antenas de radio instaladas en las silenciosas llanuras del Guaviare o el Vichada y analizadas en una estación de control construída en las afueras de Bogotá.  Imaginen a los astrónomos paisas, a los geólogos costeños, a los heliofísicos bogotanos, recibiendo los primeros datos enviados por los sensores del rover lunar colombiano.  Datos enteramente colombianos.

Soñar no cuesta nada, dirán los más realistas.  Habrá que recordarles a todos, sin embargo, que en 1962, cuando Estados Unidos soñó con enviar un hombre a la Luna, la experiencia que tenía en viajes espaciales tripulados era casi completamente nula.  Esta bien: sabían lanzar cohetes (aunque no muy bien todavía), habían mandado a un piloto en un vuelo suborbital un año antes y el hombre que más sabía del tema estaba entre sus científicos (Werner Von Braun).  Pero este era un reto tecnológico completamente nuevo.  Las dificultades que implicaba eran alucinantes.  El costo incalculable.  Como todos recordaran en 1969 lo lograron.  Hoy son la potencia espacial y científica más grande de la Tierra (y de la historia).

A diferencia de 1969, ir a la Luna hoy no es tan difícil.  Varios países lo han hecho ya, aprendiendo por nosotros las lecciones que le costarían mucho a un país como Colombia aprender (mientras gasta recursos incalculables).  Naturalmente, esos países no estarán dispuestos a compartir con Colombia sus secretos ¿o si?.  Hay que recordar, sin embargo, que vivimos en un mundo diferente al de la década de los 60, un mundo más abierto, un mundo en el que la información circula más libremente.  A eso debería sumarse la “simpatía” que despierta que un país en vías de desarrollo busque metas realmente ambiciosas; un país que lucha contra sus ciudadanos más abyectos por conseguir la paz y mantenerla en el tiempo.  Esta simpatía podría valernos la colaboración de decenas de países y agencias espaciales del mundo.

Pero ¿el costo? ¿podría Colombia asumirlo?.  Aquí entra la cita de la directora de Colciencias: ¿serán suficientes 500 millones de dólares?.  Según datos del gobierno Chino (el último en hacer posar suavemente un vehículo espacial en la Luna) una misión robótica lunar cuesta $140 millones de dólares (que abreviare en lo sucesivo U$140M).  Bueno, sin contar con otros cientos que costaría la infraestructura espacial en Tierra o pagarles a los mismos Chinos, a los Rusos o a los gringos para que nos pongan el vehículo en el espacio (yo no sueño con que tengamos nuestro propio Baikonour o un Cabo Cañaveral en la Guajira… bueno, no todavía).

Yo sé que están pensando: “¡Colombia no va a ir a la Luna!  Este es solo el sueño de un astrónomo colombiano muy optimista”.  Pero no pueden negarme que nos alcanzaría la plata y hasta sobraría un poco para otros proyectos menos ambiciosos.  Tampoco pueden dejar de reconocerme que de proponernos ir a la Luna el beneficio científico y tecnológico sería enorme y no solo en áreas como la ciencia aeroespacial (incipiente en nuestro país) ¡lo sería en casi todas las áreas del conocimiento!

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Colombia tiene terrenos y plata suficiente para construir su primer sincrotrón operativo. El de la fotografía es el Diamond Light Ring en el Reino Unido. Crédito: Diamond/UK.

Que tal entonces si en lugar de ir a la Luna construimos un acelerador de partículas, algo así como un LHC criollo.  ¿Se imaginan?

Tomamos una extensa llanura no inundable en Boyacá o Cundinamarca (podría también ser en Córdoba o el Meta); sobre ella construímos una instalación avanzada para acelerar protones y electrones casi hasta la velocidad de la luz, usando un gigantesco tubo de 500 metros de diámetro lleno de magnetos superconductores y tuberías criogénicas.  Todo tal vez a tan solo unos kilómetros de la pista automovilistica de Tocancipa o no muy lejos de algún pueblito pintoresco boyacence o llanero.

Toda la comunidad científica estaría implicada en la construcción del acelerador de partículas, llamado también por los nerds Sincrotrón. Los biólogos nacionales estudiarían con los rayos X producidos por las partículas subatómicas aceleradas en una llanura de Boyacá, las estructuras minúsculas de insectos y aves zancudas propias de nuestro país.  Científicos de materiales harían lo propio con nuevos materiales diseñados para la industria de energía renovables.  Ingenieros de alimentos estudiarían la estructura microscópica de los helados producidos por la industria nacional para producir “paletas de exportación”.  Los físicos, felices, perfeccionarían sistemas de refrigeración para los magnetos superconductores, montarían nuevas industrias que ofrecerían servicio de diseño y mantenimiento de los sofisticados equipos del sincrotrón colombiano, estudiarían procesos fundamentales, etc. En síntesis serían los más felices.

Todo sin contar que la construcción movilizaría la industria nacional en un torbellino de intercambio tecnológico sin precedentes con industrias de avanzada de todo el mundo, que otra vez y con el apoyo de sus gobiernos, estarían más que dispuestos a ayudar al “pequeñito” que se asoma al futuro después de un conflicto armado de 50 años.

“¡Pero esto es solo un sueño!”, dirán los más escépticos, “algo que solo podría financiar un país desarrollado”, murmuraran los realista;  “¡los costos deben ser exorbitantes!” se lamentará la mayoría.   Pero no.  Según datos del gobierno Británico construir un sincrotrón de avanzada podría costar U$300M (menos de $1 billón de pesos o el 0.3% del PIB actual de Colombia).  Pero un sincrotrón adaptado a nuestras necesidades podría no valer más de U$100M, algo que esta perfectamente al alcance del “desperdiciado” (según Colciencias) presupuesto para investigación científica de Colombia.

supercomputador-colombia

Así podría verse el primer supercomputador colombiano. En la imagen se ve en realidad el Leibniz Supercomputer Center en Alemania con 150,000 procesadores, el décimo más rápido del mundo. Crédito: SuperMUC.

Si las anteriores propuestas podrían parecer muy restrictivas y beneficiar a una “pequeña” fracción de la comunidad científica nacional (solo según una más pequeña fracción de esa comunidad que no tendría la creatividad para participar en esos dos proyectos) hay todavía un proyecto al que seguramente casi nadie se opondría.

Construyamos un supercomputador para Colombia.

Solo necesitamos unos U$100M para construirlo, más unos U$7M anuales (U$70M por década) para alimentarlo con electricidad y agua.  En un país lleno de agua, no dudo que nos sobraría para refrigerar a este pequeño monstruo.

Podemos instalarlo en algún lugar entre las montañas de Antioquia, tal vez con una pequeña central hidroeléctrica propia.  Desde allí saldrían largos cables de fibra óptica que recorrerían el país para conectar al “leviatan de silicio” con centros de computo satélites más pequeños ubicados en Medellín, Bogotá, Cali y otras capitales científicas del país.

¿Pero quién podría beneficiarse de un aparatejo de esos?  ¡Pregunta equivocada!.  ¿Quién no? sería más correcto decir.

Teniendo a disposición una capacidad casi ilimitada de computación y almacenamiento, petaflops y petabytes dicen los entendidos, podríamos simular el casi intratable clima del país para predecir sequías e inundaciones. Crear y analizar la más grande base de datos de la biodiversidad del país (una de las mayores del mundo). Diseñar vehículos más seguros apoyándonos para ello de la inteligencia conjunta de miles de computadores.  Pero también crear nuestras propias simulaciones cosmológicas o analizar los datos del LHC, ambos objetivos casi tan importantes para el desarrollo del país como aquellas aplicaciones que creemos más cercanas a nuestras vidas.

¿Y que tal si nos proponemos hacer las tres cosas al mismo tiempo?

Estos 1.5 billones de pesos que los científicos nacionales no hemos podido gastar según Colciencias, representan poco menos del 1% del PIB ANUAL de nuestro país (U$370M).  Si después de obtener cualquiera de los anteriores jugueticos, quisiéramos seguir invirtiendo en ambiciosos proyectos científicos, a los biólogos, físicos, astrónomos, geólogos Colombianos, contrario a lo que piensa Colciencias, nos sobran ideas.

He aquí las que a mí se me ocurren:

  • Un complejo de observatorios astronómicos profesionales de alta montaña.  U$50M.
  • Una estación científica colombiana en la antártida. U$10M
  • Un satélite con carga científica (satélite meteorológico o de observación de la tierra, telescopio espacial). U$50M.
  • Participar de una colaboración científica internacional (ESO, LHC).  $200M.
  • Construir un observatorio ecuatorial de rayos cósmicos.  U$50M.
  • Construir una flotilla de buques de investigación oceanográfica.   U$50M.
  • Instalar un radiotelescopio gigante entre las montañas.  U$180M.

Es claro que también podemos atomizar esos U$500M en 5,000 proyectos (que es lo que hemos hecho hasta ahora).  Pero seguiríamos siendo un país chiquitico, chiquitico, lleno de científicos con un ego gigante, gigante, con una gobierno tacaño, tacaño, que entrega sus limosnas a través de una agencia nacional miope, muy miope.

Otra falacia

Existe la “creencia” muy extendida de que existen profundas diferencias entre las (mal) llamadas ciencias “naturales” y ciencias “humanas”.  Estas diferencias (imaginarias) no han hecho más que separar a quienes nos dedicamos a las unas o a las otras, creando barreras artificiales que solo le hacen daño al proyecto científico.  Les propongo aquí que defendamos la idea de que solo hay una ciencia, la ciencia a secas; un proyecto social muy humano que busca develar los misterios de la naturaleza, sea esta la naturaleza humana o la del interior de los agujeros negros.

“Otra falacia: ciencias naturales y ciencias humanas.
La ciencia es un solo proyecto con muchas preguntas

Diciembre 12 de 2015
http://bit.ly/trino-ciencias-humanas

ciencias_humanasVisita a Medellín por estos días la Filósofa Norteamericana Martha Nussbaun, hablando entre muchas otras cosas del valor del humanismo y las artes para hacer de esta una sociedad mejor. Entre los escenarios en los que se ha presentado, está el Parque Explora, nuestro museo interactivo local de Ciencia y Tecnología.

Mientras leía los comentarios en los foros alrededor de su reciente conferencia sobre la Ira, descubrí una crítica vedada al Parque Explora.  Palabras más, palabras menos, la crítica señalaba que era bueno que de vez en cuando, Explora, dejará de presentar solo conferencias de ciencias naturales y también presentará charlas de ciencias humanas.

Razonable, ¿No?.

Pues, no.  La crítica no solo es injusta porque por los escenarios de Explora no solo han pasado premios Nobel de Física, Química o Medicina, sino también psicólogos, sociólogos, politólogos sin mencionar una decena de poetas, actores y músicos.  La crítica también esconde lo que considero es una arraigada creencia de que existen diferencias fundamentales entre las ciencias naturales y las humanas.  Creencia propagada muchas veces por los mismos científicos que se dedican a las unas o a las otras.

No podría decirles si somos los llamados científicos “naturales” (físicos, astrónomos, biólogos, químicos) los que hemos contribuido a sostener este “mito”; todo con el único propósito de que no se confunda lo que hacemos (que es obviamente muy importante) con los esfuerzos, “baldíos” para muchos, de comprender la naturaleza social y humana; o el dudoso esfuerzo de usar para ello principalmente las palabras y los razonamientos no numéricos (investigación cualitativa).

En contraste (y entiéndase por favor el tono irónico) los científicos “naturales” usamos los números y la lógica proposicional estricta para describir sistemas que se pueden “realmente” descomponer y describir, sea este una Galaxia o una sociedad de hormigas (¡!).  Más importante aún los científicos “naturales” diseñamos experimentos reproducibles, en los que el azar es controlado rigurosamente poniendo en evidencia los patrones que se esconden detrás de la infinita diversidad “natural”.

O tal vez son los científicos “humanos” (psicólogos, sociólogos, antropólogos, filólogos, politólogos) los responsables del “cisma”.  Ellos, que se dedican a disciplinas que respetan y valoran la condición humana, que no la ven *solo* como un fenómeno “natural” o biológico, señalan a sus contrapartes como técnicos “positivistas”, desprovistos (en su mayoría) de sensibilidad social o humana y con un reprochable fetichismo por los números y la reproducibilidad.

En contraste (otra vez en tono irónico), los científicos humanos usan la razón de forma rigurosa para describir y argumentar fenómenos normalmente asociados a la naturaleza humana o a las sociedades que formamos.  Ellos reconocen el valor de todas las formas de conocimiento y muchas veces comparan a las “ciencias naturales”, con “otras” formas de superstición o mito que nacen en el seno de las sociedades humanas.

¡Dejémonos de pendejadas!  Ciencia no hay sino una.  Preguntas y propiedades emergentes, muchas.

La misma palabra “natural” usada por científicos, sean estos físicos, economistas o sociólogos, es realmente chocante.  Un vicio histórico que a la luz de los más recientes descubrimiento biológicos, sociológicos o neurológicos, carece de todo sentido.  Se entiende que la use un teólogo para quién existe por principio una división entre lo natural y lo sobre natural (inaceptable por principio para la ciencia).  En la ciencia todo es “natural”, desde las hojas de un árbol, hasta una epifanía religiosa.

Para usar una analogía, hablar de “ciencias naturales” es como decir “deporte de competencia”.

Pero ¿en qué soporto esta “extraña” idea?.  Separar a las ciencias “naturales” de las “humanas” es, simplemente, desconocer la naturaleza misma de la ciencia.

La ciencia no es solo un conjunto de conocimientos acumulados sobre el mundo, sea este “natural” o “humano” (de nuevo la falacia).  La ciencia es una manera de obtener y depurar conocimiento sobre cualquier aspecto del mundo, usando para ello mecanismos que han sido también depurados a través de siglos de quehacer científico.  La ciencia, a diferencia de la superstición, no ha sido creada por un solo ser humano (o un par de ellos).  Es una propiedad social “emergente”, inesperada, producto de la interacción de muchos hombres y mujeres a lo largo de siglos.

Lo que diferencia a unos científicos de otros son las preguntas que buscan resolver usando para ello el modus operandi de la ciencia: observación, hipótesis, evidencia, experimentación, “falsación”, revisión por pares, etc.  En este sentido, existen tantas formas de ciencia como preguntas podríamos formular.  Siendo el número de preguntas virtualmente ilimitado, carece de todo sentido crear un sistema de unas pocas categorías para clasificar el quehacer científico.

¿Deberíamos entonces dejar de hablar también de “ciencias biológicas”, “ciencias físicas”, “ciencias químicas”, etc.?  ¡Pues sí!.  Como diría Richard Feynman, “la naturaleza no tiene la culpa de nuestros programas de estudio”.

La separación entre las ciencias (ya no en las falaces categorías de naturales y humanas), sino en las categorías más usadas de física, psicología, biología, medicina, sociología, etc. responde creo yo a la tendencia muy humana de clasificar las cosas para entenderlas mejor.  También es un vicio histórico de tiempos cuando creíamos que no existía ningún vínculo, por ejemplo, entre el pensamiento y el metabolismo, o entre la electricidad y el sabor a mantequilla.

Varios siglos de descubrimientos científicos no han hecho más que borrar las fronteras inexistentes entre las otrora bien diferenciadas disciplinas científicas.  Hoy, un químico puede terminar haciendo biología de la misma manera que un físico puede hacer economía, todo, sin dejar de ser científico.

¡Pero cuidado! No se puede confundir esta propuesta a unificar en un solo concepto todos los esfuerzo científicos con otro mito muy extendido: la idea de que todos los “científicos naturales” somos unos reduccionistas a ultranza.  El reduccionismo es aquel “mito” que supone que todas las manifestaciones naturales se reducen y pueden ser descritas en última instancia por las leyes simples de la “física”, la “química” o la “biología”.

¡No hay ninguna aspiración reduccionista aquí!

Ha sido la misma investigación científica la que nos ha enseñado que de la suma y la interacción de unidades “simples” (los individuos en un hormiguero, los átomos en una macromolécula, las neuronas en un tejido), emergen propiedades inesperadas, imposibles de predecir a partir de las leyes que rigen a las partes.  La psicología no puede predecir lo que pasa en un estadio.  La física atómica no puede predecir todas las propiedades de una proteína.  La biología celular no puede predecir la conciencia.

Es por esto que necesitamos formular preguntas a todos los niveles. ¿Por qué soñamos? y ¿cómo se comunican las neuronas? no son las mismas preguntas.  La respuesta a una no conduce deductivamente a la respuesta a la otra (aunque naturalmente se relacionan entre sí).

Lo que es común a quiénes persiguen la respuesta a ambas preguntas es el modo de buscarlas.  Revisan las observaciones disponibles.  Formulan una hipótesis.  Diseñan un experimento para poner a prueba la hipótesis.  Interpretan si los resultados falsean o soportan la hipótesis. Predicen nuevos comportamientos.  Y en el proceso se enfrentan abiertamente a la crítica de sus pares.  Eso es la ciencia.  Ambas cosas las hacen psicólogos y neurocientíficos por igual.

En Defensa de la Burla

La muerte de un grupo de connotados caricaturistas franceses en manos de unos fanáticos musulmanes, ha abierto una discusión en la que hasta el Papa ha “metido la cucharada”: ¿es correcto burlarse de las creencias de otros? y con esto ¿se buscaron los caricaturistas el fatídico final que les toco? (aunque esto suena cruel y parece justificar la violencia, no lo es, y la verdad es que mucha gente inteligente y otra no tanto lo esta pensando).  El tema esta bien caliente.  Aunque se que casi todo lo realmente importante que tenía que decirse al respecto se ha dicho, tanto en favor como en contra, hay un hecho fundamental que quiero desarrollar aquí: la burla, la caricatura, el humor, es el último mecanismo que le queda a una minoría escéptica, atea, laica (escoja usted el término, da igual) para manifestarse contra el absurdo, en un mundo dominado por la religión.

“La burla inteligente, la caricatura y la ironía son el único “poder” que las minoría escépticas tienen en la sociedad ¡no se los pueden quitar!
Enero 16 de 2015
http://bit.ly/trino-burla

Sin palabras.  "Burla" por Martin Perscheid, http://bit.ly/1IVSKc7

Sin palabras. Una “burla” por Martin Perscheid, que vale la pena decir no fue asesinado por ningún grupo de fanáticos cristianos después de esta caricatura.  Vea: http://bit.ly/1IVSKc7.

¿Esta bien o mal burlarse de las creencias de otros? ¿no deberíamos ser tolerantes y “respetuosos” y dejar que cada uno crea lo que quiera y no ridiculizarlo? ¿burlarse y caricaturizar lo que otros consideran “sagrado” no es también una forma de violencia? ¿no hay demasiada libertad (o libertinaje) en una sociedad que deja que el mismo dios y sus embajadores en la tierra puedan ser ridiculizados?

Estas son algunas preguntas que se están escuchando en todas partes por estos días, después de que unos maestros del humor y de la sátira francesa fueran ajusticiados por unos fanáticos que no soportaron que Mahoma y sus líderes fueran ridiculizados y en algunos casos, ni siquiera eso, que aparecieran dibujados en una viñeta.

Aunque la mayoría reconoce este crimen como un acto de brutalidad fanática sin justificación y lo rechaza categóricamente, tanto del lado musulmán como del lado de los otros mil millones de dioses, empieza a surgir un consenso en la sociedad civilizada de que no se puede ir tampoco muy lejos al burlarse de la religión porque el tema es tan delicado que estas cosas terminaran tarde o temprano pasando.

Más delicado aún es el llamado de algunos a no burlarse en lo absoluto de la fe de los demás, por ser este un tema “sagrado” que debería estar (esta es mi inferencia) fuera de cualquier discusión intelectual.  En unas fatídicas declaraciones, el mismísimo Papa Francisco I, líder de miles de millones de católicos, comparo la burla a la religión, con la burla o ridiculización de la mamá de cualquier persona y la respuesta violenta a este acto, como algo humanamente inevitable.

¡Válgame señor!

¿Entonces? ¿deberíamos tener la libertad de burlarnos de la religión? o en su lugar deberíamos burlarnos solamente de la política, los deportes, el cine, la misma ciencia, es decir todas esas otras manifestaciones de humanidad cargadas también de una inevitable irracionalidad.

¡Por supuesto que debemos permitir burlarse de la religión! ¡de cualquier religión!.

Existen 2 razones que considero importantes para soportar esta afirmación.

La primera razón: casi todo en la Religiones milenarias es ridículo, risible, absurdo.  La burla es por tanto una consecuencia natural de este hecho básico.

No nos digamos mentiras.  Cualquiera que haya vivido un par de décadas de este y de finales del siglo pasado, que haya sido testigo, así sea involuntario, de los avances científicos y tecnológicos de nuestro tiempo, pero también de otros en temas sociales y culturales, debería reconocer que la mayoría de los hechos sobre los que se fundamentan las Religiones milenarias, son a todas luces absurdos y contrarios al sentido común ilustrado.

Es cierto que la religión y sus libros sagrados están llenos de enseñanzas bonitas y muy profundas sobre la vida.  El problema es que al ser creadas o escritos (los libros) en tiempos en los que ignorábamos casi todo sobre el mundo natural y también hay que decirlo sobre el social, esas enseñanzas están salpicadas de las que a la luz de lo que sabemos hoy, son hechos ciertamente absurdos.

Creencias supersticiosas que han sido reemplazadas hace mucho tiempo por conocimientos soportados en evidencia empírica: la gente no vuelve a la vida después de morirse; las mujeres no se embarazan sin la intervención de un hombre o de un instrumento quirúrgico “equivalente” (!); pensar que el nivel del mar disminuya, no lo hace disminuir; nadie puede hablar sino tiene un cerebro y una faringe viva; etc.

Son cosas elementales.  No es “rocket science” como dicen los gringos.

Los símbolos son también una constante en las religiones.  Movimientos del cuerpo, rituales, ropas, palabras.  ¿Nos podemos burlar de eso?  Depende.  Si te pones una falda para infundir creencias supersticiosas a un grupo de personas con una educación limitada, supersticiones que al final terminan haciéndoles daño, burlarme de tu atuendo es lo de menos.

Esto me conecta con la segunda razón y la más importante por supuesto.  Imagino que para muchos creyentes que se toparon con este escrito la razón anterior es completamente invalida.  Las creencias (ridículas) de las religiones milenarias no necesitan ser validadas por la evidencia empírica o el sentido común; ese es precisamente el sentido de la fe.  ¡Así de increíble como parece!  Veamos entonces cuál sería otra razón para dar vía libre a la burla y la sátira sobre la religión.

Al lado de las religiones milenarias que se han convertido hoy en “mafias” organizadas, multimillonarias y poderosas, y que tienen miles de millones de adeptos, estados completos a su favor, los grupillos de ateos, escépticos e intelectuales pro laicos, son bacterias minúsculas.  Manejan medios de comunicación que apenas si leen unos pocos (como este blog por ejemplo).  Escriben libros para argumentar sus posiciones y tratar de disminuir la incidencia de la superstición y la pseudo ciencia que solo leen los que pueden comprarlos y peor entenderlos.

Ante esa desmesurada diferencia, entiende uno que la única reacción que parece notarse es la que provoca risa, la que satiriza y ridiculiza a la religión.  Es más fácil que la gente entienda lo ridículo y lo absurdo de la religión en una caricatura a que lo haga después de leer un artículo en “The Skeptic Maganzine” o en un libro (aun si es un Best Seller) como “The God Dellusion” de Richard Dawkins.  Cualquiera entiende la caricatura al principio de esta entrada.  Cualquiera.  Pero no todos podemos entender (o estamos dispuestos a entender) las cientos de líneas escritas para demostrar el absurdo de la religión escritas por intelectuales de la altura de Bertrand Russell, el mismo Dawkins o por el otro maestro del escepticismo Carl Sagan.

La burla es el pequeño poder que le queda al resto de la humanidad, a los que no somos “hinchas” furibundos de la superstición, para dar entender a todos el sin sentido de las creencias que los segundos quieren (y que seguirán) propagando por muchos años en el futuro.

Ninguno de esos intelectuales o caricaturistas “burleteros” saldrá nunca a decapitar sacerdotes u otro tipo de chamanes.  Ninguno se inmolara en la mitad de la plaza de San Pedro o en la Meca para reducir el número de creyentes.  Ninguno propondrá la creación de una “guerra laica” suicida.  No.  Todas esas son justamente las cosas absurdas de la religión de las que se están burlando.

La caricatura, la sátira, la burla no representa ninguna amenaza verdadera para las Religiones Organizadas.  Prohibirla o limitarla es quitar el único mecanismo de desahogo de esa minoría pensante que necesita manifestar lo que piensa en un mundo invadido por propaganda religiosa y supersticiosa.

Pero esto no solo pasa con la Religión.  En temas políticos la sátira y la caricatura han servido por siglos para que se escuche la voz de quienes no serían escuchados.  Ha sido usada para revelar el absurdo o los abusos que no son evidentes o que solo pueden ser vistos por quienes pueden ver más allá de la propaganda oficial.

La sátira política incluso se ha institucionalizado.  Es “tolerada” por los gobiernos y los políticos.  Gobernante que no entienda que su imagen será ridiculizada hasta el cansancio por quienes no están de acuerdo con sus manejos, esta literalmente ¡jodido!.  Aún así, la democracia continúa.  El mundo es incluso mejor.  Los gobernantes incluso tratan de ajustarse, de tomar decisiones menos “risibles” porque se dan cuenta que hay gente allá afuera que si nota lo que va en contra del sentido común.  La sociedad mejora.

¿Por qué la religión no puede aceptar esa misma condición?.  La razón es sencilla.  Estriba en la naturaleza misma de la enfermedad intelectual que la sustenta: la fe.  La creencia ciega, la sumisión intelectual.  Si permitiéramos que el dogma se discuta, se contraste con la evidencia empírica o el sentido común, las Religiones milenarias desaparecerían (no la religión, las religiones milenarias).  Si los padres de familia creyentes permitieran a sus hijos formular preguntas incómodas, burlarse de lo que es absurdo en sus tradiciones, en lugar de imponérselas sin ninguna razón verdadera, todas las creencias de la edad de piedra y otras del medioevo desaparecerían.

¿Que quedaría? Otras creencias por supuesto.  Nadie cree que la religiosidad desaparecerá completamente. Los estudiosos del cerebro han demostrado que esto no es posible.  Hace parte de los mecanismos forjados por la evolución para garantizarnos sobrevivir en un mundo contingente y azaroso.

Pero es mejor convivir con creencias irracionales adaptadas al estado actual de ignorancia sobre el mundo natural, que hacerlo con creencias de tiempos en los que la Tierra era el centro del Universo.  En un mundo sin Cristianismo, sin Islamismo, la gente creerá en cosas que en el futuro serán también vistas como tonterías.  En ese momento, tendremos que reemplazarlas por otras y así sucesivamente.

No se trata de eliminar la religiosidad.  Se trata de abandonar el modelo de las religiones de los tiempos de Roma y de antes, por un modelo que se adapte mejor a nuestro progreso del entendimiento del mundo natural, humano y social.

Mientras eso pasa (si es que pasa) hago un llamado vehemente a las minorías no creyentes, a los que no son esclavos intelectuales de la tradición de sus abuelos, para que se burlen cuanto puedan de lo que es absurdo, sea esto político o religioso.  Tal vez así, y solo tal vez, los niños que vean la otra cara de la moneda, puedan llegar a pensar alguna vez que es posible una vida sin esas Religiones, así como es posible una sociedad con mejores gobernantes e instituciones.

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Esta no es una caricatura y por lo tanto nadie la entenderá tan claramente como la viñeta del principio. El porcentaje de los que la leerán es también mucho menor comparado a los que verán la caricatura en toda su extensión. Esta es la traducción del texto: “uno encuentra mirando alrededor del mundo que cada pequeño progreso en los sentimientos humanos, cada progreso en la ley criminal, cada paso hacia la disminución de la guerra, cada paso hacia un tratamiento mejor del tema de las razas o la mitigación de la esclavitud, cada progreso moral que ha habido en el mundo ha encontrado la oposición de las iglesias organizadas del mundo. Puedo decir de forma bastante deliberada que la religión cristiana, tal y como esta organizada en sus iglesias, ha sido y todavía es el principal enemigo del progreso moral en el mundo” – Bertrand Russell.

 

El Otro Analfabetismo

¿Sabe usted que es el analfabetismo científico?.  Posiblemente no, pero imagino que el término le “suena” y pensara que debe ser algo tan feo como el analfabetismo a secas (no saber leer, ni escribir).   He aquí una guía (con un poco de humor) para detectar esta condición que en el siglo de las comunicaciones a la velocidad de la luz, los viajes espaciales y la genética, se ha extendido peligrosamente incluso hasta esferas de la sociedad que creería uno están a salvo.  Una reflexión sobre el que debería ser considerado un problema social y cultural bastante serio y del que además podría depender la solución a otros problemas aún peores.  Como siempre, ofrezco también aquí algunas ideas sobre como “automedicarse” para empezar a superar esta condición, si es que tiene la mala suerte de padecerla.

“Guía para reconocer un Analfabeta Científico: come ciencia, se comunica con ciencia, se calienta con ciencia… pero no sabe de ciencia
Enero 10 de 2014
http://bit.ly/trino-analfabetismo

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Una bella ilustración que tome de este otro interesante artículo que encontré en lamula.pe http://bit.ly/1C58wPN. Recomendada.

No es sino oír hablar a algunos periodistas en nuestro país (Colombia) de los logros de la “raza humana” o del peligroso desplazamiento del eje de rotación de la Tierra después de un tsunami o un terremoto, para que uno empiece a darse cuenta lo extendida de una condición que se ha dado en llamar el “Analfabetismo Científico” (Scientific Illiteracy lo llaman los gringos).  Condición que obviamente ellos mismos desconocen por culpa de un desafortunado circulo vicioso (su analfabetismo científico les impide reconocer o admitir en primer lugar que existe algo llamado analfabetismo científico).

Como las definiciones son a veces cosas de locos y entenderlas requiere justamente tener un “alfabetismo científico” mínimo, les propongo aquí hacer un ejercicio para detectar rápidamente si usted o alguien que usted conozca, esta sufriendo de esta extendida condición.

No se sienta mal si una o dos de las siguientes cosas le son familiares; de cosas peores se muere la gente y aún mejor, existen formas relativamente sencillas para empezar a superarlo (al final le ofrezco una guía básica).

Si se siente ofendido, le ofrezco mis disculpas por anticipado.  Si le consuela, yo mismo me defino como un Analfabeta Político, en busca de una cura que lamentablemente no he podido encontrar.  De modo que espero la lectura de esta entrada no represente para usted un drama personal o familiar y al contrario le sirva para reconocer un problema que aqueja a la sociedad a la que pertenece.

Guía para detectar a un Analfabeta Científico

Dícese de un Analfabeta Científico como aquel adulto que teniendo una educación mínima (secundaria, universidad e incluso un posgrado) responde positivamente a al menos una y en los casos crónicos a todas las siguientes descripciones:

  1. Ha utilizado el término “raza humana” para referirse a nuestra especie o a la Sociedad como un todo.
  2. La última vez que asistió a una clase de ciencias o matemáticas fue en el último grado de la secundaria (o la primaria), y peor aún, no le gusto ni cinco.
  3. Encuentra insoportable la “buena” ciencia ficción y preferiría un western o una comedia romántica.
  4. Sostiene que mientras la Teoría de la Evolución sea tan solo una “teoría” otras alternativas (el creacionismo por ejemplo) deberían considerarse igualmente válidas.
  5. Usa con frecuencia el argumento de que la “perfección” de la naturaleza es una prueba inconfundible de la grandeza de un creador.
  6. Exige que la ciencia respete sus creencias sobrenaturales y supersticiones y que se mantenga en el dominio que le corresponde.
  7. Considera una o todas las siguientes historias siquiera creíbles: “el hombre no fue a la Luna”, “el gobierno intenta envenenarnos usando los contrails de los aviones”, “el eje de la Tierra se desplazo peligrosamente después del último tsunami”, “Marte se verá del tamaño de la Luna llena”, “existen máquinas capaces de crear grandes terremotos y peligrosos huracanes”,  “la NASA y el Gobierno de los Estados Unidos esconde secretos sobre la existencia de vida extraterrestre” entre muchos otros.
  8. Se ha burlado de un descubrimiento científico o ha considerado algún avance en la ciencia de frontera como un desperdició miserable de dinero cuando hay tanta gente muriendo de hambre en África.
  9. Considera a Stephen Hawking el científico más importante después de Einstein (y si tiene más de 80 años, en su tiempo considero a Einstein el hombre más inteligente que ha vívido jamás).
  10. Come con ciencia, se comunica y viaja con ciencia y admite que sabe muy poco  de ciencia.

Si le suenan familiares las anteriores situaciones entenderá ahora de que estamos hablando.

Tal vez ahora le parezcan poca cosa estos pequeños deslices en el uso del idioma (Síntoma 1), o nada muy grave desconocer a los grandes personajes de la historia de la ciencia (distintos de Einstein) que construyeron el mundo en el que vive (Síntoma 9) e incluso no ve nada grave en la idea de que sus supersticiones tengan un lugar privilegiado en la sociedad (Síntoma 6).  Pero la cosa es mas complicada.

El Analfabetismo Científico rampante se esta empezando a convertir en un verdadero peligro para las sociedades modernas.  Sociedades boyantes económicamente como la de Estados Unidos, están viendo como grupos poderosos de analfabetas científicos se apoderan del sistema educativo publico (en algunos estados) para imponer primitivas versiones del mundo que fueron superadas en la edad media.

El analfabetismo científico es un verdadero problema en países como Estados Unidos, líder indiscutible en el área.  Si eso pasa allá, que diremos por acá.

El analfabetismo científico es un verdadero problema en países como Estados Unidos, líder indiscutible en el área. Si eso pasa allá, que diremos por acá.

En países como Colombia, periodistas que sufren de un claro analfabetismo científico, mueven la opinión de la gente para oponerse a decisiones trascendentales que tienen que ver con el avance científico de todo un país.  Recuerdo aquí el caso de la fallida compra del primer satélite colombiano hace unos meses y de la ferviente oposición de algunos medios de comunicación para que este paso trascendental se diera.  Periodistas que estudiaron en Universidades de prestigio pero nunca recibieron una sola clase de Física o Astronomía por considerarlas innecesarias para tomar o analizar decisiones.  ¡Que bien que les habrían sentado esas clases en este caso!. Esos mismos periodistas consideran por ejemplo que es mejor promover que los niños se vuelvan futbolistas en lugar de científicos o pensadores, algo que también requiere un entrenamiento de toda la vida.

Y lo peor, líderes políticos, dirigentes de gremios o de conglomerados económicos, con un analfabetismo científico rampante, que toman decisiones basados en sistemas de creencias que no sostendrían el más mínimo análisis usando los métodos que la ciencia ha aplicado por siglos para construir el mundo en el que vivimos.  Líderes que incluso llegan a dar importancia a los consejos de un chamán (católico o indígena o de cualquier otra afiliación supersticiosa) en lugar de rodearse de científicos o al menos de profesionales letrados científicamente.

Al contrario, en una sociedad con un alto grado de Alfabetismo Científico los ciudadanos podrán tomar mejores decisiones, estén estas relacionadas o no con asuntos “naturales”.  La ciencia no solo se trata de física de partículas, nuevas especies biológicas o planetas extrasolares; se trata de pensar mejor, de hacerlo sobre la base de evidencia (o del potencial para conseguir una); de evitar las hipótesis extra (fuerzas sobre naturales, “manos negras” y conspiraciones), pero sobre todo de “cuantificar” o entender las dimensiones verdaderas de las cosas.

Un ciudadano letrado científicamente podrá entender mejor las verdaderas dimensiones de algunas decisiones públicas, tanto las que no le convienen (cuya incidencia normalmente es maximizada por la propaganda) como los que le convienen verdaderamente y que son minimizadas por analfabetas científicos para los cuáles es posible que 1 átomo en un frasco tenga algún efecto químico o físico real sobre el cuerpo humano, justamente porque no entienden la diferencia entre 1 y 10^23 átomos.

El analfabetismo numérico un problema profundamente relacionado con el analfabetismo científico.  Tomado de: http://bit.ly/1KAf0Mk

El analfabetismo numérico un problema profundamente relacionado con el analfabetismo científico. Tomado de: http://bit.ly/1KAf0Mk

En una sociedad “letrada” científicamente, no es posible que prosperen las organizaciones supersticiosas que hacen de la suya cuando el analfabetismo se apodera incluso de las esferas más educadas.  Me refiero a las religiones organizadas que no pagan impuestos, tienen a chamanes ocupando escaños en el senado y son la última palabra en asuntos morales.

En un sociedad letrada científicamente la religiosidad, si es que existe, se vuelve un asunto personal en lugar de un asunto de estado.  Un asunto de contingencia frente a las dificultades (porque nuestra biología no nos permite deshacernos completamente de formas irracionales de ver el mundo), pero no el paisaje con el que convivimos en sociedades como la Colombiana en la que por ejemplo para tener una buena educación hay que tener plata o permitir a un colegio religioso que llene de ideologías medievales y supersticiosas la cabeza de tus hijos.

Ahora bien ¿qué se puede hacer para disminuir el grado de analfabetismo científico?  El reto es grande cuando hablamos de países o sociedades enteras.  Los Estados Unidos o Colombia son buenos ejemplos de sociedades que tienen frente a sí retos monumentales para reducir el analfabetismo científico de sus ciudadanos (si es que a los analfabetas científicos que ostentan el poder les llega a interesar que eso pase).

En un plano personal, las cosas pueden ser más un poco más fáciles.

He aquí algunas recomendaciones mínimas (en el estilo muy “Cosmopolitan” de esta entrada) que puede usted seguir para aumentar su grado de alfabetismo científico si es que se identifico peligrosamente con muchos de los puntos enumerados al principio.

  1. Comience por entender que la ciencia no es una ideología más.  Esta llena de seres humanos imperfectos, unos que tendemos a ser dogmáticos o tener opiniones fuertes y otros que son bastante apáticos por los asuntos sociales.
    La Ciencia es un descubrimiento que incluso hoy quienes estudiamos la vida en el Universo, nos preguntamos si ocurre en todas partes donde hay vida y organismos inteligentes.
    Es una forma de organizar el mundo que ha resultado ser altamente efectiva y productiva en términos de proveernos los medios y el conocimiento para sobrellevar mejor la existencia e incluso progresar más allá de nuestros condicionantes biológicos.
    Piense en esta frase: “si los dinosaurios hubieran tenido un programa espacial tal vez no se habrían extinto”. En la rama del árbol de la vida a la que ellos pertenecieron, nunca se produjo el “milagro natural” que presenciamos en nuestra propia rama.
    Nuestra propia especie que tiene 100,000 años, solo lleva 400 años pensando científicamente y hoy podemos decir que si nos enfrentáramos a un riesgo similar al que enfrentaron los dinosaurios, saldríamos mucho mejor librados que ellos.
  2. Tome uno varios cursos de ciencias o matemáticas recreativas en Internet o en alguna Universidad que los ofrezca.  Recuerde que saber un poco de biología no solo sirve para pasar un examen de estado (que usted ya paso) o una entrevista en una multinacional farmacéutica (posiblemente usted ya tiene trabajo en su propia área y no necesita, supuestamente, saber nada de biología).  Al hacerlo entenderá mejor los riesgos sobre el medio ambiente que implican ciertas decisiones gubernamentales, entenderá algo sobre su propia naturaleza como el animal que es y hasta podrá evaluar mejor alguna decisiones médicas en su vida.  Todo entre muchos beneficios que le acarreara conocer la que es la rama de la ciencia más cercana a su vida.
  3. Vea documentales de ciencia, asista a conferencias o véalas en Internet.  Mejor aún, empiece a comprar y leer algunas revistas sobre avances científicos y tecnológicos y léalas con disciplina, de la misma manera que lee esa literatura “deliciosa” que publica la Revista Dinero o las diatribas elaboradas de columnistas políticos o de comentaristas deportivos.  ¡Pero cuidado! Hay revistas supuestamente científicas que hacen tanto por su alfabetismo científico como el Whatsapp por su ortografía.  La ciencia no se trata únicamente de una colección de datos sorprendentes o historias inexplicables.  Se trata de historias muy reales sobre cosas que ni en sus sueños mas alocados creería que fueran posibles.
  4. Intente entender por un momento el mundo en el que vive.  No me refiero a entender a sus vecinos o al conflicto en medio oriente.  Pregúntese cosas sencillas como porque los árboles crecen hacia arriba y no hacia los lados o cómo llega la electricidad a su casa o como funciona (o deja de hacerlo) la batería de su teléfono celular.  Intente investigar en Internet la causa de estas cosas, así parezca en principio un ejercicio infantil.  Descubrirá lo mucho que se puede aprender en el proceso sobre cosas realmente relevantes, incluso antes de responder la pregunta original.  Mejor aún, descubrirá que saber ciertas cosas inútiles lo prepara para resolver otras bastante útiles.
  5. Póngale números a su vida.  Yo sé que es difícil, pero no le estoy pidiendo que repase los casos de factorización o peor los métodos de integración del cálculo.  Intente entender la verdadera dimensión numérica, cuantitativa, de los datos, usando por ejemplo analogías.
    Si le dicen que el eje de la Tierra se desplazo en un Tsunami, no se quede con la “frasesita”, ni la repita como lorito en las redes sociales o en reuniones familiares.
    Pregunte siempre por el número.  Si se lo dan, intente compararlo con cosas reales.  12 centímetros de desplazamiento del eje de rotación de un planeta como la Tierra es mucho menos que un paso de niño  ¿Cuántos pasos cree que se necesitan para bajar del polo norte al Ecuador? ¡miles de millones! ¿Entonces?.  Haga lo mismo cuando intenten minimizar algo que otros dicen que es más grande de lo que parece.
  6. Este es quizá el consejo más importante.  Si usted considera que su caso esta perdido y que duda mucho que pueda hacer cualquiera de las anteriores cosas, pero tiene en su familia más cercana, hijos, sobrinos, vecinos jóvenes que podrían alfabetizarse científicamente a tiempo, no los desanime.  No les diga, por ejemplo, que las matemáticas o las ciencias no les servirán para nada porque igual usted no sabe nada de ellas y ya tiene una jubilación.
    Evite inscribirlos en sistemas organizados de creencias o supersticiones.  Deje que en su vida personal crean lo que les ayude a sobrellevar la existencia así sea distinto a lo que usted cree o lo que creyeron sus abuelos.  No les imponga la superstición, ni por la fuerza, ni con la supuesta calidez de la “tradición”.

Si todo lo anterior le pareció muy ofensivo, evite ofender a alguien más haciendo un comentario de mal gusto y pase mejor al siguiente enlace de internet que se haya encontrado en las redes sociales.

Si le parece que esta “causa” vale la pena, pero usted es un ciudadano letrado científicamente, comparta algunas de estas ideas con esos conocidos suyos que sabe cumplen a cabalidad con la descripción del principio.

Otras lecturas:

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Sobre tontos y tontas

No terminan las sociedades modernas de recuperarse de un machismo milenario, para entrar ahora en una era, no de feminismo a ultranza como creeríamos, sino (y tal vez peor) de una insoportable “paranoia sexista”.  En los tiempos de las redes sociales, donde todos tenemos una voz que puede escucharse, se ha vuelto inaceptable cualquier manifestación, por inocua o involuntaria que sea, que ponga de manifiesto las obvias diferencias que existen entre los hombres y las mujeres.  Con temor a que esta entrada y su autor sean tachados de sexistas (otra vez, como verán mas adelante) quiero presentarles aquí algunas razones por las que considero que erradicar cualquier manifestación cultural de diferenciación entre géneros, es casi tan tonto como ser un machista tradicional o una feminista consumada.

“En el mundo hay dos tipos de tontos: l@s sexistas y l@s que creen que todos somos sexistas #ReglasDeLaVida
Noviembre 19 de 2014
http://bit.ly/trino-tontos-tontas

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¿Ha visto usted la foto con la que comienza esta entrada?

Probablemente sí.  Fue bastante notoria en redes sociales y medios de comunicación por igual, la semana pasada.

Si no lo ha hecho, ¿qué ve?:  ¿vio el logo minimalista de “esa”, la agencia Espacial Europea? (siempre me ha gustado porque es una contradicción de las reglas del idioma al escribirse todo en minúsculas); o tal vez ¿noto suted la imagen de la sonda “Philae” que se poso en un cometa por estos días y que ha llenado también los medios de comunicación y las redes sociales por igual? o quizás usted vio en primer lugar un técnico o científico espacial con una camisa un poco más colorida de lo que estamos acostumbrados y lleno de tatuajes como nos estamos empezando a acostumbrar también.

Ahora bien.  Puede que en realidad usted sea de los que vio en esta imagen una manifestación más de como el cuerpo de la mujer se ha vuelto un objeto de exposición en la sociedad moderna (¡que ojito!); de como el culto a la belleza del cuerpo femenino demuestra que los hombres seguimos siendo muy básicos, incluso si tenemos una educación avanzada en ciencia y tecnología (“todos son iguales” dirían muchos); o quizás penso usted en esta camisa como una muestra más que el mundo de la ciencia sigue siendo un mundo de hombres; un mundo que ve a la mujer como algo extraño y que obliga a las pocas que se atreven a entrar en él a cambiar de profesión por la presión de los machos que lo dominan.

Si ese fue el caso, si usted vio en esta camisa una provocación, un irrespeto por la mujer, en lugar de una demostración más del mal gusto propio de algunos geeks, entonces usted pertenece a esa creciente porción de la humanidad, hombres y mujeres por igual, muy preocupados porque las diferencias obvias entre nuestros géneros (que dicho sea de paso no son los únicos) se sigan notando de manera tan abierta en una sociedad supuestamente “pos-machista”.

No veo nada de malo en enarbolar las banderas de la igualdad de género: ¡motivemos también a las niñas para estudien matemáticas y ciencias! ¡moderemos nuestra adoración morbosa del cuerpo desnudo de la mujer! ¡eliminemos de una vez por todas las desigualdades laborales ampliamente conocidas entre hombres y mujeres!… pero no hay que pasarse de paranoico.

Yo mismo he sido “víctima” (o victimario según el lado de la moneda del que lo miren) de este extremismo anti sexista.  Es precisamente por eso que me atreví a escribir esta entrada.

Un día, en una conferencia científica en los Estados Unidos (la capital mundial de la paranoia sexista), cometí el terrible error de señalar que las charlas de algunas de las brillantes damas que actuaban como invitadas, eran las mejores que había visto en el congreso.

¡Craso error!

Fui un tonto al pensar que eran diferentes, más claras, más sinceras y llenas de un pragmatismo que solo había visto en las dos mujeres que mejor conozco, mi mamá y mi esposa.  Un pragmatismo y una sensibilidad, decía en mis trinos en aquella oportunidad, que es raro entre la mayoría de mis colegas masculinos.  Me pareció obvio que las diferencias se debían al hecho de que aquellas personas eran de un género diferente al mio, uno que la evolución se “encargó” de dotar de habilidades diferentes para asegurar también la preservación de nuestra especie.

¡Tonto y más tonto!

No paso mucho tiempo para que me llovieran ácidas críticas de mujeres venidas de todos los rincones de twitter (bueno, no voy a exagerar, solo fueron un par de las damas que asistían al evento las que salieron a pedir explicaciones y otra decena que estaban en sus redes “anti-sexistas”).  Tuve la impresión incluso que una de las importantes conferencistas del evento, una mujer a la que también admiró mucho, me empezó a mirar con un poco de desprecio después de mis “desafortunados comentarios” en favor a las conferencias de ella y de las otras colegas de su mismo género.

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Raj Koothrapali, el carácter más “sexista” de la serie “The Big-Bang Theory” (no puede hablar en presencia de una dama), una serie que paradójicamente refleja las diferencias claras entre hombres y mujeres que los anti-sexistas militantes quisieran borrar: todos los protagonistas son científicos, excepto una, Penny quien es también uno de los personajes más queridos.  Todos los hombres son o físicos o astrónomos, pero las mujeres químicas y del área de las neurociencias.

Me paso una segunda y después una tercera vez (también en los Estados Unidos) pero ya en otras situaciones un poco menos públicas.

Llegado a ese punto tome la decisión (que todavía mantengo) de que en las conversaciones que sostenga con un grupo de personas que incluyan algunas damas (potencialmente anti-sexistas) debo evitar abrir mucho la boca, tal y como lo haría (aunque por otras razones) Raj Koothrappali , ese fantástico personaje indio de la serie de televisión “The Big-Bang Theory” que no puede hablar cuando se encuentra en presencia de mujeres (imagino que el pobre Raj será también considerado por muchas de las militantes americanas de la paranoia sexista, otro símbolo de un sexismo rampante).

Con todo respeto por los lectores que comparten esa visión del mundo ¡que tontería más grande!

¡Es bastante obvio que los hombres y las mujeres somos diferentes!.  No es que no crea que los anti-sexistas no lo entiendan, pero lo que no parecen entender muy bien es que la evolución de nuestra cultura en la era “pos-machismo” no va a eliminar esas diferencias.

Menos obvio aún parece ser entender que las diferencias entre nuestros géneros hace más divertido, más rico, más vivible el mundo que nos toco compartir.

Por mucho que se esfuercen, el cuerpo desnudo de la mujer seguirá siendo tema de admiración de los hombres brutos e inteligentes por igual.  ¡Es una propiedad emergente de nuestro género no un producto de siglos de machismo!  A los hombres nos gustan las mujeres desnudas.  Punto.  Por eso la camiseta del más “sexista” de los científicos de “esa” esta lleno de “esas”.  Eso no es ser sexista, es ser hombre (aunque el no debió ponerse la camiseta para demostrarlo; bastaba para ello mostrar el vello en la cara; aunque hoy tampoco eso es prueba de estar en el extremo maculino del espectro de género).  

Curiosamente y aunque los “sexistas paranóicos” no lo reconozcan, en realidad a los hombres nos atrae el desnudo tanto de una mujer despampanante como el de una mujer bastante normal.  Si las revistas estuvieran llenas de mujeres normales desnudas, ejecutivas, trabajadoras, flacas, gordas, jóvenes, no tan jóvenes, los hombres seguiríamos sintiéndonos atraídos.  ¿Eso es malo? ¡No! ¡Eso es ser hombre!

A las mujeres, por otro lado, les gustan los hombres altos, inteligentes, poderosos y aunque menos evidente, también los hombres desnudos.  Eso si, y que me desmientan las damas por favor, siempre y cuando el desnudado no sea tan “horrible” como lo somos el 90% de la población masculina del planeta y en particular los de esta parte del globo (el norte de Sur América).  Esa es una diferencia fundamental con los hombres que, créanlo o no, tenemos unos umbrales de atracción por un cuerpo desnudo mucho menos altos que los de las mujeres.

Sin ser mujer me atrevería a apostar mucha plata al decir que el desnudo masculino es prácticamente prescindible en las manifestaciones públicas de la masculinidad.  No se ven más hombres empelota en las revistas o en las portadas de los diarios o en Internet, no porque los otros hombres no dejemos sino porque a quienes más les interesan esos cuerpos (mujeres y otros géneros en la mitad de los dos extremos del espectro) no lo encuentran tan indispensable como lo encontramos los hombres en relación con el desnudo femenino.  

¡Eso es fantástico! ¡al 50% de los seres humanos no les importa que el otro 50% este desnudo! ¡es un mundo divertido!

¿A veces se exagera? ¡Si! Yo tampoco veo normal que todas las mujeres que aparecen en televisión se empeloten en una revista (aunque no hay duda que me gusta verlo).  A pesar de mis impulsos creo que es un poco exagerado y que hay que dejar a veces algo a la imaginación.  También hay que reconocer que a algunas mujeres les gusta mostrarse y no falta incluso la que disfruta también viendo el cuerpo de otras mujeres.  No creo que todas aquellas bellas y no tan bellas mujeres que se empelotan para una foto lo hacen porque les ponga una pistola en la cabeza, porque sean muy brutas, poco educadas o porque quieran ganarse el favor del “dominio masculino”.  Muchas simplemente disfrutan ser el centro de atención o mostrar un cuerpo que les ha costado mucho ajustar a un modelo de belleza muy exigente. 

En otro tema algido para la paranoia sexista del presente, es también verdad que no hace falta ser un genio de la neurología o la psicología contemporánea, para entender que las mujeres se inclinan más por unas profesiones y los hombres por otras.  ¿Acaso alguien se queja de que más mujeres escojan ser enfermeras que hombres?.  Si no es así ¿por qué nos preocupamos entonces tanto al saber que más hombres quieran ser físicos, matemáticos o astrónomos que mujeres? ¿acaso es mejor ser físico que enfermera? ¿astrónoma que psicólogo? ¿bióloga que matemático?  

Voy a decir algo blasfemo (los lectores de este blog sabrán que no soy de los que le huye a los temas polémicos): ¡no insistan! por mucho que nos esforcemos siempre habra más hombres en las matemáticas, la física y la astronomía, que mujeres.  No es un problema de sexismo o de machismo.  Es que los hombres y las mujeres somos diferentes.

Voy a decir una segunda blasfemia: ¡a quién le importa!  Si lo que necesitamos es que la ciencia avance, qué demonios importa cuál género hace mayoritariamente los descubrimientos en unas áreas y cuál género las hace en otras.  Es más, podríamos hacer una encuesta para averiguar cuántos físicos, supuestamente en el extremo masculino del espectro de género, en realidad son de otros géneros.  A los paranoicos que encuentran preocupante el dominio masculino en las denominadas ciencias duras tal vez les vendría bien saber que no todos son tan “machos” como parecen.  ¿En que quedaría entonces el supuesto dominio “masculino” de esas áreas? 

No soy tampoco tan idiota como para creer que no hay algo malo en desmotivar a las niñas para que persigan una carrera científica.  Tampoco desconozco que consciente o inconscientemente esta situación sigue ocurriendo en muchas familias e incluso en la escuela.  Pero hay que ser muy raro para creer que el mismo número de niñas que de niños van a querer dedicarse a la física o a las matemáticas en un futuro cercano.  ¿Cómo podrían hacerlo si son diferentes, si quieren cosas diferentes, si ven el mundo de forma diferente, si son buenos para cosas diferentes?

¡que pereza un mundo en el que todos los géneros sean iguales!

Yo también tengo una hija.  Nada me haría más feliz que quisiera ser una científica y en particular  una astrónoma.  Pero no parece que vaya a ser así.  Por ahora ella quiere ser cantante y dice odiar las matemáticas (a pesar de que yo diría que esta sobre el promedio de su clase en esta asignatura).  Le va excelentemente bien en todas las asignaturas relacionadas con el lenguaje (¡como buena mujer! ¡blasfemia número 3!) y del colegio yo diría que lo que más le gusta es relacionarse con otros niños y niñas (¡una representante típica de su género! ¡para adelante las blasfemias!).  Nunca se me ha pasado por la cabeza decirle que las matemáticas no son lo suyo (por ser mujer) o que no son importantes si va a ser una cantante.  Al contrario, yo diría que le va un poco mejor en el área que dice odiar, porque desde muy pequeña e intentado que entienda que las matemáticas son divertidas y extremadamente útiles, no importa la actividad a la que crea se va a dedicar cuando grande.

Vale la pena aclarar que tengo también 2 hijos varones que no quisieron ser científicos y a los que tampoco obligue a serlo por ser hombrecitos.  El uno es un artista y el otro es un abogado.  ¡una familia diversa!

¿Entonces? ¡dejémonos de pendejadas!  Si usted es de los que verdaderamente supero el estúpido machismo (yo lo hice al reconocerlo y odiarlo en algunas personas mayores que conocí siendo pequeño) y su contrario aún más estúpida, el feminismo, no caiga en esa “paranoia sexista” que se esta apoderando del mundo civilizado.  Diviértase (o mortifíquese) reconociendo las tonterías y aciertos que los de otros géneros repiten sistemáticamente.  

En realidad si todos fuéramos iguales, si no hubiera cuerpos desnudos en las revistas (de ningún genero), si los personajes de algunas tiras cómicas japonesas no tuvieran bustos y traseros exagerados, si todos quisiéramos estudiar lo mismo, sin poner a cada profesión un toque particular del género que lo domina (los físicos son desaliñados, olvidadizos y poco prácticos; las enfermeras son impecables, pragmáticas y tienen buen corazón) el mundo sería un lugar muy aburrido!

¡Que vivan las diferencias (no las desigualdades) de género!

Enseñar y Administrar Investigando

Se esta hablando por estos días de un tema que ha estado en el aire por décadas en el entorno universitario: ¿son los profesores de planta en las universidades, con contratos fijos y carreras de investigación que se sobreponen a sus obligaciones docentes, buenos o malos para la educación universitaria? He aquí una visión del asunto desde la perspectiva de alguien, que como yo, podría considerarse uno de esos “profesores problema”

“Un verdadero maestro no te enseña, te hace amar tanto lo que sabe que después te es imposible no aprenderlo por tu cuenta #ReglasDeLaVida” 
Febrero 14 de 2013
http://bit.ly/trino-maestro

La mayoría de quienes nos educamos para ser científicos, aspiramos que algún día nos paguen para hacer investigación.  Ciertamente muchos científicos encuentran su lugar  en sectores de la sociedad ajenos a la academia, que van desde la industria hasta las finanzas, pero no nos digamos mentiras, la mayoría lo que queremos, profundamente, es hacer lo que han hecho los científicos desde Galileo.

Pero pagar a alguien solo por investigar es muy costoso.  Con beneficios que solo se obtienen a largo plazo y contribuyentes que quieren ver su plata convertida en cosas tangibles en plazos menores al tiempo entre juegos olímpicos, la mayoría de las sociedades humanas han optado por crear modelos para mantener a los costosos investigadores científicos. mientras producen resultados que la sociedad pueda reconocer.

La educación es uno de esos sectores en los que los investigadores han encontrado un nicho laboral natural.  Con un mundo más grande y demandas de poder intelectual cada vez mayor  ¿quién no necesita una educación del más alto nivel? y ¿quién la puede ofrecer mejor que alguien que conozca de primera mano la ciencia y la técnica porque justamente se la esta inventando?  Puede que ese no sea el origen histórico de la relación entre las universidades y la investigación, pero la verdad es que actualmente la cosa funciona así.

Ahora bien.  No hay que olvidar tampoco que siendo una actividad humana tan compleja, que requiere habilidades altamente específicas, el desarrollo a largo plazo de la ciencia (es decir la formación de nuevos científicos) exige a los mismos científicos ser maestros de sus propias disciplinas.  De no serlo ¿quiénes enseñarían a hacer ciencia a las nuevas generaciones?

El vínculo entre investigación básica (como un “mal necesario” en todas las sociedades modernas) con los centros de educación universitaria, donde no solo se enseña a científicos sino a todo un ecosistema de profesionales, ha estado sin embargo viciado, creo yo, desde el principio.  La investigación en la Universidad, la inevitable docencia y todas las otras actividades que vienen adjuntas con la fortuna de tener un contrato de trabajo a tiempo indefinido, son normalmente consideradas actividades, sino totalmente independientes, por lo menos con una intersección mínima.

Obviamente todos reconocemos que las labores administrativas son las que garantizan que llegue la plata a nuestros proyectos de investigación; también sabemos que los cursos son una buena manera de descubrir estudiantes talento para convertirse en nuestros asistentes como investigadores.  Pero yo no me refiero a este tipo de “acoplamiento mínimo” entre la trinidad investigación-docencia-administración.  Al fin y al cabo, para lograr lo anterior, un investigador bueno podría prescindir de las actividades administrativas contratando una buena secretaria y no tendría que convertirse en un buen profesor o dictar cursos para que le llovieran estudiantes con talento.

Yo estoy convencido, y creo que así actuo en mi día a día como “Profesor Problema”, que intenta no serlo, que una posible salida para la problemática expuesta al principio es la de reconocer que la administración, la docencia y la investigación en las Universidades podrían tener un “acoplamiento máximo” que garantizara que tantos tipos inteligentes dieran lo mejor de sí en cada uno de esos frentes.

El aprendizaje y la enseñanza están posiblemente entre los problemas científicos más difíciles de todos los tiempos.  Investigador de cualquier disciplina de la ciencia que no reconozca algo de verosimilitud en esta afirmación es porque desconoce la literatura que se ha escrito  por décadas sobre el problema.  Hoy, este, que deberíamos llamar “El” Problema, sigue abierto y una solución satisfactoria, un modelo científico efectivo, parece estar lejos de encontrarse.  Me atrevería a apostar que sabremos primero qué es la energía oscura o para qué sirve el DNA basura, antes que develar satisfactoriamente los misterios del aprendizaje y la enseñanza.

Lo que parecen desconocer todos los genios investigadores de las Universidades, que repelen con vehemencia cualquier responsabilidad que los ponga en frente a un grupo de estudiantes, es que la única manera de resolver los misterios de la enseñanza y el aprendizaje es justamente haciendo lo que ellos son obligados a hacer.  Tal vez nadie les ha contado lo que tienen entre manos.  Tal vez quiénes administran la educación justamente son los que menos saben que más que una máquina para producir gente con habilidades intelectuales, la educación superior es en realidad un laboratorio de ciencia avanzada.  Ciencia que también produce papers para Science y Nature y en la que se pueden obtener recursos para viajar por el mundo y comprar computadores.

¿Cómo serían las universidades si a todos los investigadores que hacen docencia, esta actividad se les asignará no como parte de un trabajo rutinario, que deben hacer porque lo incluye su contrato de trabajo, sino como parte de su propia contribución al crecimiento de la ciencia?

Soy consciente que la respuesta de la mayoría será que a los Astrofísicos o los Químicos Computacionales no se formaron para hacer investigación “humana”.  Una “inmensa minoría” de esos profesionales altamente especializados raramente siente esa fascinación por los complejos mecanismos de la mente, propia de los que se formaron como psicologos o antropologos.  Pero, ¿no es esto en realidad un prejuicio?  Un buen científico es sencillamente una persona curiosa, dispuesta a poner sus habilidades a disposición de cualquier problema que pueda ser atacado con el rigor y la disciplina de la ciencia.  La enseñanza y el aprendizaje necesitan muchos buenos científicos trabajando día y noche para formular preguntas y proponer soluciones a sus problemas.

Lo que soy yo me le apuntaría a esta aventura. En realidad ya lo hice.  A principios de 2013 tuve la oportunidad de recibir (a regañadientes) una capacitación de un grupo de biólogos (doctores en biología) sobre una modelo de enseñanza que se conoce como “Scientific Teaching”.  A pesar de recibir inicialmente el modelo en cuestión con el mismo escepticismo (e incluso desprecio) con el que vemos los científicos los problemas de las ciencias humanas, no tarde mucho en darme cuenta de lo mal científico que había sido hasta ese momento al menos en lo que en relación con el problema de la educación se trataba.  Una frase de los instructores de aquel taller quedo martillando en mi cabeza desde entonces: “si eres un científico tan riguroso, que no escribe nada en un paper sin poner 2 o 3 citas a la literatura que soporte cada afirmación que haces, ¿cuántos papers de educación lees antes de dar una clase?”

Yo no sé ustedes, pero a mí esto me cayo como un baldado de agua fría.  En ese momento me di cuenta que en lo que a la educación respecta, había sido durante casi toda mi carrera como profesor universitario, un verdadero “tegua”; alguien que solo se había guiado por intuiciones y prejuicios y no por la evidencia científica acumulada sobre el problema.  Hoy trato de leer un poco la literatura científica sobre como funciona la mente de mis estudiantes e involucro métodos e instrumentos de medida (educativos) en mis clases.  Estoy a años luz de ser un investigador didáctico pero por lo menos hago el esfuerzo.  Y les confieso: la cosa me ha gustado y no esta muy lejos de lo que hago día a día como investigador en otras áreas.

Con la administración pasa algo parecido (guardadas las proporciones).  Creo yo que los científicos universitarios podrían hacerlo mejor si se les formulara la administración también como un problema de investigación.  Al fin y al cabo ¿no hay también problemas que resolver en la administración en los que una buena dosis de disciplina científica y habilidades especializadas no hagan falta?

Tuve también recientemente una experiencia con este tema cuando participando de un “comité” en mi Facultad (justamente de esos que todos los científicos-universitarios maldecimos) descubrí que había un problema que podría ser solucionado con los mismos métodos que estaba aplicando para la solución a problemas de mecánica orbital (!).  Cuando me di cuenta de ello, el comité se volvió para mí en una experiencia científica similar a una reunión con colegas para discutir el contenido de un paper.  Puse mi creatividad al servicio de algo para lo que no creía que pudiera servir.  Como resultado, hoy la solución que estoy ofreciendo para el problema ha prosperado en las divisiones administrativas de la Facultad y quién sabe ¡hasta un paper podría escribir sobre el tema!.

En conclusión es cierto que los profesores-investigadores-administradores de nuestro modelo presente de universidades parecen estar dando muchos problemas, por lo menos para uno de los protagonistas de esa “trinidad”, lamentablemente el más sensible: la docencia.  Sin embargo la solución no puede ser tener investigadores puros y profesores puros.  Los investigadores también tienén que ofrecer lo suyo a estudiantes y los profesores tienén que investigar para darle a los estudiantes una dimensión de a lo que se enfrentarán.  Una posible salida es considerarlos a todos investigadores, pero de problemas diferentes.  Y no hacerlo tan solo a nivel nominativo.  Se debería incluir consistentemente dentro de sus contratos de trabajo y compromisos adquiridos.  Los “investigadores” en general deberían tener una carga de “investigación docente” cada período y como en toda investigación presentar periódicamente “resultados” de sus labores (incluso en la forma de papers y participación en eventos)

Les aseguro que el resultado podría ser más significativo de lo esperado.  Se los dice un “Profesor Problema” que esta tratando de cambiar.

Científicos en un Tanque

¿Para qué sirve un científico en una sociedad llena de necesidades prácticas como la nuestra? Es claro que esta pregunta preocupa cada vez más a nuestros gobernantes.  Gobernantes, que vale la pena aclarar, en realidad invierten mucho menos en ciencia de lo que deberían, pero mucho más de lo que están dispuestos a arriesgar en una empresa que no parece devolver a la sociedad dividendos evidentes.  ¿Pero son la ciencia y los científicos (especialmente aquellos que podríamos denominar “rocket scientist” o científicos de línea pura) realmente tan costosos e inútiles?

“El mayor aporte de un científico a la Sociedad es la intangible capacidad que desarrolla para resolver problemas inesperados” 
Enero 22 de 2014
http://bit.ly/trino-aporte-cientifico

“Antioquia necesita un “Tanque de Pensamiento Científico”: un “cerebro colectivo” pensando los problemas prácticos de la región” 
Enero 22 de 2014
http://bit.ly/trino-tanque-pensamiento

El problema de los Científicos en sociedades emergentes como la nuestra es que no vienen con un manual que nos explique cómo se usan o para qué sirven exactamente.  La Ciencia Nacional es una empresa relativamente reciente que, creo yo, esta empezando apenas ahora a ofrecer los primeros frutos visibles.  Lamentablemente casi nadie parece darse cuenta de ello, ni siquiera los científicos mismos.

Normalmente cuándo le pedimos a los Científicos Criollos que nos indiquen cuál ha sido el aporte que han hecho a la sociedad en un año dado, ellos sacan una lista de papers publicados en importantes revistas de circulación internacional, editadas en una lengua que a duras apenas hablamos aquí y en países lejanos (en términos geográficos aunque no informáticos) donde creería uno sí usan esa ciencia para algo importante.  Lo peor de todo es que los problemas que esos papers supuestamente resuelven (o plantean) nada parecen tener que ver con los asuntos que aquejan al país o a la región que financia esa misma ciencia.  Pero más triste aún es saber que el contenido de muchos de esos papers escritos en Colombia posiblemente beneficien a algunas industrias extranjeras de muy alta tecnología que con ello favorecen economías y sociedades avanzadas.  Y mientras tanto ¿nosotros qué?

Si bien el párrafo anterior parece escrito por un ciudadano bastante informado pero no muy consciente del funcionamiento real de la ciencia y sus derivados (el dirigente o gobernante típico), contiene preocupaciones a las que debemos dar claramente respuesta los científicos que nos beneficiamos del lugar que la sociedad ha creado para nosotros.

Mi propósito en esta entrada es justamente ofrecer una visión muy personal (aunque naturalmente basada en mi experiencia y perspectiva profesional) de cómo debería abordarse este debate.  Si me alcanza y les interesa, también ofrezco aquí algunas soluciones a lo que podríamos llamar el problema de la financiación de una “ciencia extranjera”.

Lo primero que deberíamos decir es que no creo que casi ningún científico, ni en Colombia, ni en el mundo, se levante por la mañana pensando que con su ciencia va a resolver los problemas apremiantes de su entorno inmediato o de la humanidad en general: la escasez de alimentos, la contaminación creciente del planeta o la desigualdad social.  Si bien, seguramente, muchos científicos sociales y ambientales mencionan estos problemas cuando hablan de lo que hacen (especialmente frente a políticos, dirigentes o personas que no son de su área), la verdad es que la mayoría nos la pasamos resolviendo problemas relativamente pequeños: las implicaciones de modificar este o aquel gen en el plátano, las propiedades de esta o aquella sustancia (una de millones) presente en fuentes de agua potable, las propiedades de este material, frente a aquel otro, etc.

No hay científicos, ni aquí, ni en ningún lugar del mundo escribiendo papers titulados “Cura para el Alzheimer en Antioquia” o “Método económico para trasladar la humanidad a Marte antes de que se caliente demasiado la Tierra”.  Eso es lo que uno le dice a los periodistas, pero la ciencia es muy más diferente: avanza de a pasitos pequeñitos.  Incluso cuando un científico dice que va a desarrollar “Nuevas Medicinas para las Enfermedades Tropicales” posiblemente este diciendo que tiene que escribir unos 5 o 10 papers antes de estar siquiera cerca a eso.

Todo esto, para decir, que es prácticamente imposible que de un solo paper, incluso que de muchos de los papers que los científicos colombianos escriben en un año pueda salir la solución a cualquiera de los problemas que nos aquejan, del modo en que sale un conejo del sombrero de un mago.

¿Entonces? El problema de nuestras expectativas con la ciencia esta en el hecho de que no reconocemos el valor que esta realmente crea: la capacidad para resolver problemas, diseñar, desarrollar o manejar herramientas sofisticadas de observación y de análisis.  Cada que un científico colombiano escribe un paper sobre el polvo que se crea en las atmósferas de estrellas moribundas, esa persona esta refinando habilidades que ninguna otra actividad humana tiene la capacidad de formar.  Visto de esta manera, la ciencia produce, al margen de importantes granitos de arena (bastante inútiles) para la comprensión de la naturaleza (humana, social o física), nuevas capacidades en la sociedad que no existirían sin que pagáramos a personas dedicadas y responsables para entrenarse y convertirse en expertos de esas mismas capacidades.

¿Saben ustedes cuántas horas pasa frente a un computador un Astrofísico Computacional (que para los más pragmáticos es un perfecto inútil que no sabe casi nada de los problemas que aquejan a la sociedad colombiana), inventando algoritmos, nuevas maneras de almacenar ingentes cantidades de información en limitados recursos computacionales, esquemas de comunicación o representación de la información que nadie más ha creado? Pues tantas como las que pasa un hacker que trata de colarse en redes gubernamentales o militares solo por diversión.  Entonces ¿qué es lo que importa? ¿los papers incomprensibles que publica cada año? (y que dicho sea de paso permiten que entendamos un poquito mejor, por ejemplo, la física de la caída de materia en una estrella de electrones antes de una explosión de supernova) o ¿la capacidad que tiene para desarrollar y utilizar modelos informáticos?

Mi propuesta es entonces que las agencias de financiación, los gobernantes y los directivos de las universidad, dejen de preocuparse tanto por una producción que, como bien han terminado por entender, poco o nada le aporta a los problemas nacionales, y en cambio lo hagan por las capacidades desarrolladas por esos mismos científicos para producir justamente esos resultados.

Estoy seguro que si hiciéramos un inventario de lo que “puede hacer” Colombia, en el sentido de lo que han aprendido a hacer sus científicos mientras publicaban los miles de artículos de los que nos vanagloriamos como ciencia nacional, nos daríamos justamente cuenta de que todo el dinero invertido en esos “Rocket Scientist”, como dicen los gringos, ha valido sobradamente la pena.  Como dije muy al principio, todas las décadas de Ciencia Nacional, aparentemente inútil, han creado un país increíblemente capaz para resolver los problemas que cuando comenzó esa inversión apenas soñábamos que iban a existir.

“Resuelto” ya el problema de cómo justificar el dinero invertido en papers inútiles, que no se ha desperdiciado porque estos papers fueron producidos por una capacidad intelectual que todavía esta aquí en Colombia (a pesar de la diáspora), queda el problema de como aprovechar ese potencial.  De como explotar ese recurso fantástico.  ¡He ahí el quid del asunto!  La solución es lo que nos hace diferentes de Alemania o Japón.

No hay en esto fórmulas mágicas.  Donde hayan seres humanos, todo será siempre, absurdamente complicado.  Podríamos perfectamente contar actualmente con una incalculable “capacidad científica”, pero al estar esa capacidad almacenada en instituciones y personas con una idiosincrasia y cultura particular, sacar de allí ese “tesoro” podría ser más difícil de lo esperado.  Tal vez nos toque, precisamente, usar parte de este recurso intelectual para inventar la manera justamente de explotar esta mina.  Esta entrada de blog es mi modesto aporte.

Hay tres mecanismos que considero podrían usarse de manera casi inmediata en todas las instituciones que lideran la investigación científica nacional, para poner a disposición la capacidad desarrollada por la ciencia criolla: (1) Los “tanques de pensamiento” (o think tank para los más internacionales), (2) un cambio del modelo de valor de la investigación, de los papers a las capacidades desarrolladas y (3) un sistema de “cuotas de talento” capaz de poner efectivamente esas capacidades al servicio de problemas reales.

No me quiero extender más en esta entrada (a esta altura ya debo haber perdido el 80% de los lectores) y creo que los mecanismos anteriores podrían intuirse a partir de las frases que los presentan.  Pero dejen me presentarlos así sea juntos en un único párrafo.

Señores gobernantes y directivos de investigación: dejen de preguntarle a los investigadores únicamente por cuántos papers han publicado o cuántas patentes han desarrollado.  Ninguno de esos números indican, en la línea de razonamiento de esta entrada, cuánto ha ganado realmente la sociedad Colombiana con la labor de esos profesionales.  Hay que empezar a preguntar a los investigadores por cuáles capacidades nuevas se desarrollaron y en qué medida lo hicieron; o cuántos expertos se formaron en el desarrollo de un trabajo de investigación.  Lo publicado o inventado es para el bien de la ciencia o la técnica mundial.  Las capacidades desarrolladas son nuestras.  Esto es a lo que yo llamo aquí cambiar el modelo de valor de la investigación.

Un científico es una persona a la que le gusta resolver acertijos.  Quien lea esta entrada y sea científico se identificará seguramente con la emoción que se siente cuando se esta ante un problema nuevo y cuya solución es desconocida; con esas etapas iniciales de especulación y lluvia de idea; o con el rompecabezas de armar la solución y darle una forma adecuada, cuando ya se ha encontrado la salida.  Si no lo hace, tal vez le falto jugar más ajedrez con los amigos o tener buenos profesores de ciencias.   Pero resolver un problema es difícil.  Se requiere madera especial para hacerlo y los científicos son expertos en hacerlo.  Con ingenio, liderazgo y obviamente buenos recursos, se pueden sentar grupos altamente multi disciplinarios de científicos en una habitación a hablar sobre un problema práctico de la región o el país.  Entre más concreto sea el problema y entre más difícil parezca la solución, pero, más importante, y más se note que nuestras habilidades pueden ser utilizadas, mejor será la experiencia.  Poner a los científicos en “una pecera” podría ser perfectamente el principio para la solución de muchos problemas concretos.  ¿Cuál sería el estímulo para ellos?  ¿su interés por los problemas? ¿la posibilidad de participar en proyectos prácticos? No sé.  Lo único que les puedo decir es que si a mí como Astrofísico me dicen que me van a financiar la participación en un evento internacional de Astrobiología (que hasta donde sé no tiene aplicación práctica en los problemas de Antioquia) pero que a cambio debo participar periódicamente en una de esas encerronas, no dudaría ni un segundo en aceptar.    Esto es justamente lo que se podría hacer en lo que se conoce popularmente como un “Tanque de Pensamiento”.  Colombia debería estar llena de estas “peceras creativas”.

Finalmente: ¿que pasaría si por cada proyecto que nos financiaran a los “Rocket Scientist” tuviéramos que pagar una “cuota práctica”, siendo parte por ejemplo de un tanque de pensamiento, asesores o co investigadores de un proyecto de naturaleza más práctica? Lo que creo es que poner más cuotas a los científicos, aparte de las que ya pagan, producirá en ellos una reacción no muy positiva; el modelo podría implementarse y colapsar rápidamente.  Pero ¿por qué no intentarlo?  Nadie quita que pudiera salir algo realmente bueno.

En síntesis el valor de la ciencia nacional no esta en los papers o las patentes que produce nuestra comunidad sino en lo que hemos aprendido a hacer mientras escribíamos esa literatura o nos inventábamos máquinas o procesos para resolver pequeñísimos problemas científicos.

Lo cierto de todo es que si el gobierno quiere desarrollo, innovación o educación, y como diría el pollito, sin científicos ¡ni pío!

Supersticiones Organizadas

¿Cómo es posible que en pleno siglo XXI, personas educadas e informadas, sigan cayendo en las redes de mafias multinacionales que administran supersticiones organizadas y no pagan impuestos?

“A más educación y más información, más terreno le ganamos a la superstición para acorralarla en el dominio personal sin afectar lo público” 
Enero 16 de 2013
http://bit.ly/trino-supersticiones-personales

Se reúne un domingo en la tarde un grupo de personas educadas e informadas.  La mayoría ha asistido a la Universidad e incluso algunos tienen posgrados en áreas impronunciables.  De repente cae un rayo y alguien en el grupo vocifera: “¡Algo debe haber enojado a Zeus!”  Todos se miran asustados.  El chistoso debe estar seguramente jugándoles una broma.  Pero el personaje, muy serio, continúa “¿Qué podrá estar yendo mal en el Olimpo para que el Señor este lanzando sus bolas de fuego?”.   Ninguno puede contener la risa.  Aunque todos saben bien quién es “Zeus” (lo conocen por las películas, las clases de historia o de Astronomía) no hay nadie en la reunión que no sepa que los rayos son fenómenos naturales que no necesitan la intervención de ninguna fuerza sobrenatural y mucho menos la de una deidad griega de hace 2700 años.

Termina la reunión y la mayoría de los asistentes se marcha en sus vehículos.  Pero ¡un momento!  En muchos de esos vehículos se distingue, en la parte de atrás, un adhesivo con la forma de una doncella envuelta en un velo.  Se trata de un personaje mitológico que supuestamente vivió en una provincia Romana hace unos 2000 años y de la que se dice que nunca murió sino que ascendió custodiada por ángeles al cielo.  Muchos de los distinguidos invitados a la reunión se dirigirán para atender un rito de origen judío que según la mitología romana de hace 1700 años, celebra una cena legendaria que ocurrió en la misma provincia romana de la doncella en el adhesivo.

Ambas historias son, por decir lo menos, bastante ridículas.  La primera (la que incluye a Zeus) es falsa.  La segunda, lamentablemente no;  se repite todos los fines de semana en cada rincón de Colombia, Latinoamérica en general y de otros lugares del mundo cuyo nombre no quiero recordar.

No tengo nada en contra del hecho que la gente tenga supersticiones.  Yo mismo he sido víctima de los mismos circuitos cerebrales cuando imagino por ejemplo que si todo esta yendo bien en un día es porque el día siguiente algo malo pasará.  Mi hermano murió hace unos años y sería un mentiroso si no les confesará que a veces, cuando estoy solo en mi escritorio en la madrugada, pienso que se me va a aparecer por detrás y va a empezar a conversarme.  El que tenga cerebro será supersticioso en unos momentos o en otros de su vida.

Pero una cosa es tener supersticiones de naturaleza personal como producto de nuestra compleja vida neurológica y otra cosa es que esas supersticiones hayan sido implantadas allí por organizaciones dedicadas a perpetuar ideologías creadas hace milenios con fines a veces no tan “santos”.  Peor aún, que nos prestemos, cuál obedientes ovejas de un rebaño para que esas mismas supersticiones organizadas sean implantadas en nuestros hijos con la complicidad del estado.

La semana pasado se produjo un escándalo en Colombia al destaparse uno de quién sabe cuantos secretos detrás de una de esas O.L.L.A.S. que abundan en nuestro país, es decir de las “Organizaciones Legalmente Licenciadas para Administrar Superstición”.  Mal llamadas por ellas mismas “religiones”, “iglesias”, “sectas”, “cultos”, estas mafias de falsedad y misticismo se escudan en lo que supuestamente es el derecho fundamental a creer en cualquier cosa; al hacerlo logran que el estado las proteja y les de un trato preferencial mientras ellas subrepticiamente se entrometen en lo público (la educación, la política, la economía, etc.) sin que se las pueda siquiera tocar con la palabra.

El escándalo mencionado se produjo por la publicación en cadenas nacionales e internacionales de un aparte de lo que sería una sesión de entrenamiento de nuevos “chamanes”.  En la sesión, la líder de una de esas O.L.L.A.S., en un terrible español que reflejaba su reducida educación, explicaba como para ser un buen chamán, es decir para tener el honor de transmitir a las nuevas generaciones las supersticiones de las generaciones anteriores, no se podía ser imperfecto físicamente, es decir y como lo aclaro la “maestra”, cojo, tuerto, mocho, etc.  La imperfección de un chamán sería un mensaje confuso para quienes apenas empezaban en una de estas O.L.L.A.S., una superstición más que desato la furia de quienes identificaron en ella un claro atentado contra los derechos fundamentales de los discapacitados.  Como era de esperarse, la mayoría de las personas del “país del sagrado corazón” se levanto para rechazar las declaraciones de la chamán y reclamar así el derecho inalienable de algunos discapacitados para difundir supersticiones con autorización del estado (!).

Pocos sin embargo fueron los que testificaron como, en otro lamentable video, este con una duración mucho menor y pasado en un horario de menor audiencia, otro “chaman” pero ahora de una de las O.L.L.A.S. dominantes en Colombia (cuyo eslogan no oficial rezaría “favoreciendo la superstición desde la misma Conquista Española”), afirmaba que era mandatorio que se restituyeran las clases de religión en los colegios Distritales de Bogotá y que dejáramos, casi en palabras del iluminado “ese embeleco que llamamos estado laico” ¡valgáme señor!

La humanidad vive tiempos fantásticos.  A nadie se le caen ya los dientes antes de los 30 años gracias al Flúor que la ciencia ha puesto en el agua potable que bebemos; casi todos podemos soñar con conocer a nuestros bisnietos por que los antibióticos y otros fármacos producto de la bioquímica moderna nos ayudan a prolongar una vida que debería terminar justo después de reproducirnos; enviamos naves automatizadas con regularidad a Marte y somos capaces de abrir huecos en la Tierra de casi 10 kilómetros de profundidad.   No tiene absolutamente ningún sentido que sigamos permitiendo el dominio invisible de la “superstición organizada”.   En un mundo mucho mejor del que vivieron los Griegos en la antigüedad o los pastores del medio oriente, pleno de información para el que quiera consumirla y de sentido para el que quiera entenderlo, la superstición sobra o por lo menos debería estar restringida al terreno personal.

Imaginen una sociedad en la que en las escuelas a nuestros hijos les inculcaran durante 12 años el temor por la oscuridad o les ofrecieran cursos académicos describiendo el bestiario que habita debajo de cada cama por la noche.  Algo muy parecido es lo que hacen estas O.L.L.A.S. organizadas en Colombia; con un tema de fondo imposible de criticar en el que promueven la ayuda al prójimo, el supuesto amor por la naturaleza o la unión familiar (todos valores que no necesitan ni una pizca de superstición para ser inculcados a los niños) les van haciendo creer a nuestros hijos que sentir atracción sexual por una persona distinta de aquellas que reglas sociales arbitrarias mandan es digno de un severo castigo de fuerzas sobrenaturales a las que también les enseñan a temer irracionalmente; o que la suspensión de un embarazo (a pesar de circunstancias extremadamente graves) es un atentado contra la “vida” (cuyo significado solo conocen a través de otras supersticiones).  Y es que en Colombia o eres rico y puedes pagarle a tus hijos una educación libre de supersticiones (por lo menos de las ajenas) o perteneces a una de las O.L.L.A.S. más populares y pagas una cifra razonable por una educación decente so pena de ver crecer a tus hijos creyendo en el equivalente a “Zeus”, los “Gnomos” o las doncellas mágicas del lejano oriente.

Si vamos a sentirnos indignados y con temor de que estas O.L.L.A.S. se nos salgan de las manos (porque el problema es que algunas están buscando el poder, poder sin embargo que ya ostentan señores matriculados en la más solapadas de todas las O.L.L.A.S.) hagámoslo pero por igual con todas ellas.   No deberíamos medirnos tanto para denunciar a estas O.L.L.A.S. de la misma manera que denunciamos otros males sociales como el machismo, el racismo o el maltrato infantil.

De la misma manera que reclamamos al estado y a la sociedad que combata el analfabetismo, que aumente las oportunidades de educación e incremente el nivel de conectividad de poblaciones en los lugares más remotos del planeta, debemos reclamarle que reduzca el poder de las organizaciones que promueven la superstición.  Que a través de una verdadera educación laica y de un acceso generalizado a la información obligue a la superstición a reducirse a expresiones personales, lejos de la educación y los bienes públicos.

Mientras esto no pase las supersticiones “personales” de algunos seguirán siendo uno de los peores males públicos de nuestra sociedad.

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