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El Género de la Ciencia

El 15 de diciembre de 2015 la ONU proclamo el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un esfuerzo simbólico para de un lado intentar derrumbar las barreras que se levantan alrededor de la ciencia para el acceso de las niñas y en general de las mujeres de todas las edades a la carrera científica (a todos los niveles); y del otro visibilizar el trabajo de miles de talentosas mujeres científicas que de forma mayoritariamente anónima contribuyen con el desarrollo de la ciencia, una actividad que siempre ha tenido “cara de hombre”.  Los invito en esta lectura para que llevemos esta reflexión más allá del género específico del científico de turno y sin desconocer la problemática de la representación y oportunidades de otros géneros en la ciencia, nos preguntemos ¿cuál es realmente el género de la ciencia?

“La ciencia no necesita más hombres o más mujeres, más personas trans género o mas homosexuales… la ciencia lo que necesita es ser más femenina #MujeryCiencia
Febrero 11 de 2017
http://bit.ly/trino-genero-ciencia

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

¿Sabe usted cuántos gays, lesbianas, trans género, inter género, bisexuales, demisexuales, asexuales, etc. hay en la ciencia?.  Es decir ¿cuál es la representación de los más de 6 géneros reconocidos, además de los clásicos cisgéneros (hombre y mujer), entre estudiantes y profesionales de la ciencia?.

Posiblemente no.

Lo que si puede que tenga muy claro es que la ciencia esta (y sigue estando) dominada desde hace siglos por individuos con bello facial y pene.  “Hombres” que llaman.

No significa esto, sin embargo, que todos ellos pertenezcan al mismo género: hombres heterosexuales o cis sexuales. ¿O sí?.

También es posible que sepa (esta es justamente la invitación de la ONU y de cientos de páginas de Internet y publicaciones que invadieron las redes el día 11 de febrero), que existe una representación muy bajita en esa importante y productiva actividad social humana, de individuos con voces más delgadas y vaginas.  “Mujeres” que llaman.

Como creo todos entenderán de esta cruda introducción, seguir hablando del rol de la mujer en la ciencia, de las oportunidades que tiene y de su contribución anónima al avance de la misma, debería ser por lo menos hoy, en los tiempos en los que esa misma ciencia nos ha permitido entender mejor la distinción entre los caracteres biológicos y las preferencias sexuales, enriquecido con una visión menos binaria de la humanidad.

¿Deberíamos hablar de “mujeres” o de “lo femenino” en la ciencia? ¿del dominio del “hombre” o de “lo masculino”?.

A mi me parece que “femenino” y “masculino” serían términos más adecuados para una discusión sobre la representatividad de los géneros en la ciencia. Considero un poco anticuado contar cuántos penes o cuántas vaginas ocupan la posición de profesores en una Facultad o cuántos ganaron el premio Nobel en la última década.

Para muchos, esta manera de enfocar el problema que han enfrentado por siglos las “mujeres” en la ciencia, puede ser una salida sexista, una estrategia “machista” para desviar la atención del problema y continuar con el monopolio masculino y la discriminación descarada de la “mujer” científica.

Tómenlo como quieran.  Pero todos deberíamos reconocer que hay un tema objetivo aquí: decir “hombre” y “mujer” hoy casi no significa nada concreto.

Si todavía creen que es una estrategia machista mía, pueden dejar de leer este blog.  Si creen que puede haber algo interesante, aunque no compartan todas mis posiciones, intenten continuar leyendo.

Quienes trabajamos en la ciencia (tengamos penes o vaginas – o una mezcla de ambos) debemos reconocer sin avergonzarnos que la ciencia es muy masculina (que no tiene nada que ver con tener un pene): (1) un impulso casi irracional por la exploración de lo desconocido sin consideración de lo práctico, (2) competencia salvaje entre individuos y organizaciones, (3) demostraciones explícitas de habilidades, búsqueda (irracional) de poder o posición, (4) sobre valoración de la eficiencia (más por menos, más en menos), (5) sub valoración de los aspectos sociales o personales, etc.

No sé ustedes, pero para mí estos son los rasgos distintivos del que hacer científico y claramente los rasgos que distinguen en la mayoría de especies de mamíferos modernos, a los machos de las hembras.

Hay que reconocer claramente que muchos de esos rasgos son posiblemente los que han llevado a la ciencia del pasado a ser lo que es hoy en día.  Por ejemplo, no es que tengamos una nave fuera del Sistema Solar (las Voyager) porque seamos muy pragmáticos ¿o sí?.  No trajimos rocas de la Luna o descendimos al fondo de la fosa de las marianas porque nos importe muy poco demostrar nuestras habilidades para hacerlo ¿o sí?.  No hemos descubiertos la inmensa diversidad de las selvas de nuestro planeta porque nos importe pasar tiempo con la familia en lugar de explorar por semanas el bosque ¿o si?

Pero el mundo esta cambiando.  Esos rasgos muy “masculinos” y sus actividades derivadas, que son desde mi perspectiva los que hacen que tanta gente con bello facial sea la que se dedique a la ciencia y que menos individuos en el extremo opuesto del espectro de género lo haga, están empezando a hacerle daño a la actividad científica.

Se han preguntado por ejemplo ¿cuánto tiene que ver lo “masculino” de la ciencia en la crisis actual de reproducibilidad? ¿en la disminución de los estándares éticos? ¿en la proliferación de estudios científicos sin ninguna relevancia y publicados únicamente en pos de elevar índices?

Pero no me mal entiendan: decir que todos estos defectos son culpa de los “hombres” en la ciencia es tan perverso como cualquier otra forma de sexismo.  También hay “mujeres” que fabrican datos y publican artículos tan solo por elevar su índice h.   “Mujeres”, sin embargo, que al hacerlo se valen de los rasgos más masculinos de su cerebro.  Al menos eso pienso yo.

No, la ciencia no necesita que haya una representación equitativa de todos los géneros (tal vez ya la hay, pero no es muy evidente).  No necesita igual número de vaginas que de penes (aunque estadísticamente eso implicaría una buena distribución de géneros sin implicar que las vaginas serían solamente mujeres cis sexuales).

Lo que la ciencia necesita hoy es ser más femenina.

Pero ¿qué demonios puede significar eso?.

Ya enumeramos algunos rasgos masculinos (demostración, competencia, exploración, etc.)  ¿Cuáles son los rasgos femeninos que le hacen falta a la ciencia: (1) un mejor sentido de la colaboración en lugar de la competencia, (2) una mayor valoración de lo social y lo personal, (3) un sentido práctico más aguzado, (4) mucha más intuición (pensamiento rápido) frente a una excesiva racionalización (pensamiento lento), (5) una menor sobre valoración de la eficiencia y más reconocimiento de la importancia de los detalles, (6) mayor cuidado y preocupación por la vida, (7) mucha más comunicación y empatía con la inmensa mayoría de los humanos que no son científicos, (8) menos demostraciones personales y más trabajo en equipo.  Y la lista podría continuar.

Naturalmente, una manera de lograr que la ciencia se vuelva más femenina es eliminando justamente las barreras, claramente reconocidas por todos, para que otros géneros diferentes al del hombre cis sexual, alcancen las más altas posiciones en la misma.  Teniendo una mayor representatividad de los géneros más femeninos del espectro, bien sea a través de leyes (por la fuerza) o en un proceso paciente de muchos años, esos rasgos femeninos que vienen con esos individuos podrían transformar la ciencia para bien.

Pero hay maneras relativamente inmediatas de lograrlo.  Una de ellas podría ser la de intervenir ahora mismo el sistema de publicación y financiación de la ciencia, sistemas que están altamente “masculinizados” (aunque también en ellos participen e incluso sean manejados por “mujeres”).

Se imaginan…

¿Qué pasaría si para publicar un paper, los autores debieran demostrar que en el proceso colaboraron, recibieron y entregaron datos a otros de forma transparente?

¿Qué pasaría si eliminamos la lista de autores y dejamos únicamente el nombre de colaboraciones o instituciones?

¿Qué pasaría si le diéramos más valor a formar a nuevos científicos a cuidarlos, a “nutrirlos”, que a publicar como “locos” y obligar a publicar a nuestros estudiantes?

¿Qué pasaría si el día de mañana los editores exigieran una declaración en la que se demostrará el valor práctico (presente o futuro) que podría tener cualquier investigación, en cualquier área?

¿Qué pasaría si limitaramos el número de publicaciones de un científico, una institución o un grupo y todas las demostraciones “masculinas” de poder y eficiencia? ¿no habría así una necesidad mayor de colaboración?

¿Qué pasaría si le diéramos un valor similar a publicar un artículo en Nature o un libro de ciencia para niños?

Hacen falta muchas personas (de todos los géneros) y tal vez mucho tiempo para que esto pase.  Pero estoy seguro (soy optimista) que si hiciéramos un esfuerzo por crear una “ciencia” más femenina muchos más hombre y mujeres, gays y lesbianas, inter género y trans género, querrían participar activamente del proyecto científico.

Mientras tanto: ¡que vivan todos los individuos, públicos y anónimos, con pene o con vagina, que tiene la ciencia!

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Encuentros cercanos del séptimo tipo

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Esta entrada es sobre una película que tal vez no han visto. Sea que la vayan a leer o no después, por favor ¡vean la película!

Acabo de ver “Arrival” (la Llegada), la nueva película de aliens que ha “invadido” las carteleras del mundo (noviembre de 2016).  Si bien no puedo comparar la sensación que me ha dejado la nueva película con la impresión duradera de los (ahora) clásicos Contacto y 2001: una Odisea del Espacio, si puedo decir que su aproximación al problema del primer contacto con Aliens, me ha dejado de una pieza.  No hay duda de que es cada vez más sofisticada y posiblemente acertada la manera como el cine esta ilustrándonos el que podría ser el evento más importante de los ~400 siglos de historia de la mente humana (si es que algún día tenemos la suerte de que pase).  He aquí algunas impresiones de un fanático de la ciencia ficción y al mismo tiempo de un científico obsesionado (como muchos) por entender o prever cómo serán los “otros”.

“Arrival: un paso más adelante hacia la creación de películas inteligentes sobre encuentros extraterrestres ¡imperdible!
Noviembre 9 de 2014
http://bit.ly/trino-arrival

arrival_rated_payoff_1-sht_6Dice la hipótesis Sapir–Whorf que percibimos el mundo en una forma que depende profundamente de la manera como se organizan nuestro lenguaje.  O en otras palabras, que vemos el mundo como “hablamos”.

Esta es la idea en el corazón de “Arrival” (la Llegada) el más reciente film de gran factura, que aborda el “trillado” tema del contacto con una civilización extraterrestre.  Muchas otras películas (y series) lo han hecho en el pasado.  Algunas con seriedad y acierto – Contacto, Encuentros Cercanos del Tercer Tipo, 2001, Distrito 9 (dentro de lo que se podría esperar de un tema tan incierto como este) y otras son apenas una caricatura antropocéntrica y fantástica del asunto – El día que la Tierra se detuvo, El día de la Independencia, V la Batalla final.

Después de ver un puñado de aproximaciones diferentes al problemas y de reflexionar profesionalmente sobre el tema desde la ciencia, veo en “Arrival” una solución novedosa y sofisticada al que se sabe podría ser el obstáculo más grande que enfrentaremos cuando llegue el momento de encontrarnos con “los otros”: ¿cómo comunicarnos con ellos?

El asunto ha sido minimizado y hasta ridiculizado en otras películas.  Desde extraterrestres que hablan un inglés fluído (El día en el que la Tierra se detuvo, V la batalla final), o lo aprenden sin inconvenientes (ET), hasta otros que producen sonidos guturales extraños (El depredador) pero que usan un software en sus naves no muy difícil de “hackear” (Día de la Independencia).

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Todo esto es aceptable, excepto porque en las películas mencionadas, el problema de la comunicación es casi siempre lo de menos.  Con la única excepción del clásico Encuentros Cercanos del Tercer Tipo (en donde el lenguaje es otra vez protagonista),  la comunicación con los extraterrestres se supone es resuelta por algún milagro y una vez superado este “pequeño” escollo, que vengan los demás problemas.

En “Arrival” es diferente: el lenguaje es la historia y al mismo tiempo el asunto mismo del intercambio con la civilización extraterrestre.  Podría uno esperar encontrarse algún asunto trillado en todo esto.  Pero la película esta lejos de tratar el tema de forma trivial.

La primera aproximación que tenemos a la “lengua” de los recién llegados es a través de una grabación de audio.  Ninguna sorpresa por supuesto.  Nada comprensible (como se esperaría de los sonidos producidos por cualquier especie distinta a la nuestra), pero en el rango audible (algo en lo que pecan los productores pero que hace de la película una verdadera joya en el tema de edición de audio).  Yo esperaría que organismos que vienen de un planeta diferente produjeran sonidos en rangos de frecuencias posiblemente inaudibles, pero le perdono al director y sus asesores esta falta de creatividad “acústica”.

arrival-1024x682Hasta ahí no pasaría de ser una película de aliens más.  La verdadera sorpresa comienza cuando la Doctora Louise Banks (una experta en lingüistica interpretada por Amy Adams) intenta lo impensable: comunicarse con ellos a través del lenguaje escrito.  Pero no con mensaje electrónicos como lo vemos en la mayoría de las películas (que no sabemos como en esas películas logran extraerse de las igualmente incomprensibles comunicaciones digitales de los extraterrestres).  Sino a través del “viejo” método del tablero y el marcador (hubiera preferido la tiza, pero se los perdono también a los realizadores).

Pero si no podemos entenderles ¿cómo esperamos que ellos entiendan lo que escribimos en una tabla?.

No es esa la idea.  Al intentar comunicarnos con ellos a través de la manipulación de la materia (el polvo negro del marcador y la electricidad estática en una lámina de plástico) lo que logra la doctora Banks es un acto de imitación de parte de los extraterrestres: “te escribo para que me escribas”.

Los heptápodos (que es el nombre que le dan los científicos a los extraterrestres por sus siete extremidades y lo que da también nombre a esta entrada), responden sin demoras y en la pantalla emerge un lenguaje extraterrestre escrito, completamente nuevo en la historia del cine (o por lo menos completamente nuevo para mi).

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En este lenguaje en el que las palabras, las frases y en general las ideas se expresan completas sobre círculos, no hay símbolos en el sentido humano de la palabra.  Tampoco hay una sucesión tempral de idea.  Solo patrones complejos de manchas formados con una extraña tinta que emerge de las extremidades de los extraterrestres.  Es justamente en esa estructura altamente no trivial de su lenguaje en el que radica el secreto de su conocimiento sobre el Universo.

Científicos de todo el mundo se ponen en la tarea de “romper” este aparentemente indescifrable código escrito, primero para enseñarles algunas reglas de comunicación básicas a los extraterrestres y después para preguntarles sobre el propósito de su visita.

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Con la ayuda de avanzadas técnicas geométricas y topológicas, matemáticos, físicos y lingüistas del mundo lo consiguen finalmente (como lo hacen en todas las películas del género).  Pero con una sola diferencia: en Arrival (como en la vida real) en el primer intento lo hacen mal.  La primera frase que descifran según su sistema de traducción es: “ofrece arma”.

Como es obvio este mensaje (o mejor la traducción “amañada” de él) prende las alarmas entre los militares (que como en toda película de extraterrestres son los que mandan la parada en todo momento; la humanidad a la defensiva como siempre).  Por momentos parece que la película se va a convertir en un Día de la independencia más (bueno, pero con los Chinos y los Rusos a bordo), pero los creadores logran dar un giro inesperado a la historia.

El lenguaje que traen consigo les ha permitido a ellos y nos permitirá a nosotros como especie una vez lo asimilemos, percibir el tiempo de una forma diferente.  No como una sucesión de eventos, sino como un todo interconectado.  Ese es su regalo, la herramienta o el “arma” que nos vienen a ofrecer.

Con tan buena suerte que la persona que mejor entiende el código, goza ya de poderes innatos para percibir (así sea de forma vaga o en sueños) eventos futuros.  Este poder le permite a la Doctora Banks detener el inminente desenlace violento de la película y facilitar la transmisión pacífica, a través de ella, del mensaje que trae la civilización extraterrestre antes de que los aniquilemos sin misericordia.

El mensaje es entonces sencillo: nos traen el regalo de un lenguaje nuevo, universal y poderoso, que nos permitirá avanzar de formas impensables en nuestro entendimiento del Universo; todo, siempre y cuando nosotros les ayudemos 3,000 años en el futuro con algo que nunca revelan qué es (imagino que deberíamos esperar la secuela en 300 o 400 años para saberlo).

La película termina sin que se lance un solo rocket, estalle un solo helicoptero militar e incluso de que muera uno solo de los coprotagonistas.  Al contrario termina de forma pacífica justo donde comenzó, tal y como lo hacen las palabras y las frases de la lengua extraterrestre.

Como lo comentaba al principio, quede de una sola pieza al terminar la película.  Confieso que no había sido sorprendido tanto por una historia de ficción inteligente desde que tengo memoria.  Aunque esto parece un poco exagerado, les presento a continuación una lista de razones por las que considero esta como una película de extraterrestres sin parangón en la historia del cine; una joya que definitivamente cualquier fanático o científico que trabaje en el tema debería ver sin demora:

  1. La película pone de relieve que uno de los más grandes obstáculos que enfrentaremos al encontrarnos con otra civilización será entendernos.
  2. Los lenguajes que traerán otras civilizaciones, serán posiblemente como ellos mismos, totalmente inesperados.  No deberíamos esperar los rasgos comunes que vemos en los lenguajes escritos de los pueblos de la Tierra (que comparten todos la misma base biológica: el cerebro humano).
  3. Intercambiar información lingüistica con otras civilizaciones podría ser tan o más importante en nuestro encuentro como intercambiar datos o conocimientos científicos.  Tal vez en sus lenguas este la clave de su comprensión superior del Universo.
  4. Una comprensión superior del espacio-tiempo puede ser la clave para convertirnos en una civilización universal.  Es ese conocimiento el que le daba a los “heptápodos” de la película la capacidad de manipular la gravedad (que no es otra cosa que espacio-tiempo deformado), moverse sin dificultad sobre la Tierra, aparecer y desaparecer sin la vulgar necesidad de desplazarse materialmente en el espacio (la principal barrera que nos separa de otros lugares y tiempos en el Universo).
  5. Conocer el futuro, como lo logra la Doctora Banks, no haría necesariamente imposible vivir la vida.  Tal vez le agregaría un elemento de disfrute que no comprendemos todavía.

Como siempre, no todo es color de rosa.  Abajo enumero algunos asuntos problemáticos con la película cuya solución es inútil esperar, pero que es bueno reconocer:

  • El excesivo protagonismo de los militares que es común a todas las películas del género.  En un encuentro real yo esperaría que fueran autoridades civiles y científicas aquellas que estarían al frente de una situación como esta.
  • ¿Por qué no fueron los heptápodos los primeros en aprender las lenguas humanas y tuvimos nosotros que descifrar su complicada lengua?
  • ¿Cómo se logra descifrar en cuestión posiblemente de semanas una lengua que encierra secretos increíbles sobre el Universo, cuando difícilmente hemos descifrado lenguas de civilizaciones antiguas?
  • ¿Por qué el Físico Ian Donelly no le cree a la Doctora Banks cuando esta le confiesa que su hija va a morir de cáncer? ¿acaso no fue suficiente demostración de su capacidad de conocer el futuro, lograr evitar que los Chinos y Rusos atacaran a las naves extraterrestres? ¿cómo puede alejarse de ellas justamente sabiendo que la niña puede morir?

En fin.  Espero que se vengan muchas otras películas que traten como esta el tema del contacto con civilizaciones extraterrestres con menos lugares comunes e ideas realmente novedosas.

Colombia necesita ir a la Luna

“Colombia no sabe que hacer con 1.5 billones de pesos (~500 millones de dólares) que tiene para ciencia”.  Estas son las palabras que pronunció recientemente la directora de la agencia nacional de ciencias del país, Colciencias.  La “sentencia” ha caído como un baldado de agua fría sobre todos los científicos Colombianos, que al contrario de lo señalado en la lapidaria frasecita, vemos como se reducen cada año las posibilidades de financiar lo que hacemos.  ¡Yo sé que podemos hacer con esos 500 milloncitos de dólares! ¡Deberíamos ir a la Luna!; o construir un acelerador de partículas; montar una estación en la antartida; construir un satélite climatológico; o tal vez “simplemente” armar un supercomputador.  Todas estas cosas ambiciosas podrían catapultar a Colombia a la estratosfera del desarrollo científico; no en dos o cinco años (como pretende a veces Colciencias), pero si en 20.  He aquí algunas razones por las que creo que deberíamos empezar a soñar con “metas imposibles” en lugar de seguir viviendo un desarrollo dolorosamente gradual.

” ‘No necesitas ser grande para empezar. Necesitas empezar para ser grande’ (leído por ahí) #ReglasDeLaVida
Octubre 26 de 2016
http://bit.ly/trino-ser-grande

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Así podría lucir el primer rover lunar Colombiano. La imagen original es del rover chino Yutu (Credit: CNSA / CCTV)

El trino con el que comienza esta entrada resume muy bien la propuesta que quiero desarrollar aquí: para que Colombia haga algo importante en ciencia no puede esperar a ser grande científicamente (desarrollarse gradualmente); al contrario para ser grande lo que necesita la Colombia científica es proponerse las metas más ambiciosas.

Ir a la Luna podría ser una de ellas.

Solo imagínenlo.  Científicos de todo el país (de distintas áreas e instituciones) unidos para lanzar la primera misión interplanetaria Colombiana (un país cuya única experiencia espacial es haber lanzado un satélite del tamaño de una hamburguesa doble que emitió por unas horas beeps radiales intermitentes desde la ionosfera).

Imagine a los científicos encorbatados presentando ante el Congreso de la República la idea.  Argumentando los beneficios que a muy largo plazo tendría un esfuerzo como estos para Colombia.  Mostrando el modo en el que la incipiente industria tecnología del país se catapultaría hasta alcanzar niveles impensables al enfrentarse a retos verdaderamente difíciles, tales como los de construir dispositivos electrónicos para trabajar en las adversas condiciones del espacio.

Imagínese lo inimaginable: el crecimiento de otras industrias antes reservadas solo para los países más ricos y desarrollados tecnológicamente.  La industria electrónica, la de materiales, la de combustibles aeroespaciales, la industria de sensores e imágenes, la industria de software científico, la industria de automatización avanzada, la industria óptica, la industria criogénica, etc.

Imaginen la escena de una bandera del país adherida a la superficie de aluminio de un rover u ondeando con la vibración producida por el movimiento sobre el irregular terreno lunar.  Imaginen las primeras fotografías descargadas por gigantescas antenas de radio instaladas en las silenciosas llanuras del Guaviare o el Vichada y analizadas en una estación de control construída en las afueras de Bogotá.  Imaginen a los astrónomos paisas, a los geólogos costeños, a los heliofísicos bogotanos, recibiendo los primeros datos enviados por los sensores del rover lunar colombiano.  Datos enteramente colombianos.

Soñar no cuesta nada, dirán los más realistas.  Habrá que recordarles a todos, sin embargo, que en 1962, cuando Estados Unidos soñó con enviar un hombre a la Luna, la experiencia que tenía en viajes espaciales tripulados era casi completamente nula.  Esta bien: sabían lanzar cohetes (aunque no muy bien todavía), habían mandado a un piloto en un vuelo suborbital un año antes y el hombre que más sabía del tema estaba entre sus científicos (Werner Von Braun).  Pero este era un reto tecnológico completamente nuevo.  Las dificultades que implicaba eran alucinantes.  El costo incalculable.  Como todos recordaran en 1969 lo lograron.  Hoy son la potencia espacial y científica más grande de la Tierra (y de la historia).

A diferencia de 1969, ir a la Luna hoy no es tan difícil.  Varios países lo han hecho ya, aprendiendo por nosotros las lecciones que le costarían mucho a un país como Colombia aprender (mientras gasta recursos incalculables).  Naturalmente, esos países no estarán dispuestos a compartir con Colombia sus secretos ¿o si?.  Hay que recordar, sin embargo, que vivimos en un mundo diferente al de la década de los 60, un mundo más abierto, un mundo en el que la información circula más libremente.  A eso debería sumarse la “simpatía” que despierta que un país en vías de desarrollo busque metas realmente ambiciosas; un país que lucha contra sus ciudadanos más abyectos por conseguir la paz y mantenerla en el tiempo.  Esta simpatía podría valernos la colaboración de decenas de países y agencias espaciales del mundo.

Pero ¿el costo? ¿podría Colombia asumirlo?.  Aquí entra la cita de la directora de Colciencias: ¿serán suficientes 500 millones de dólares?.  Según datos del gobierno Chino (el último en hacer posar suavemente un vehículo espacial en la Luna) una misión robótica lunar cuesta $140 millones de dólares (que abreviare en lo sucesivo U$140M).  Bueno, sin contar con otros cientos que costaría la infraestructura espacial en Tierra o pagarles a los mismos Chinos, a los Rusos o a los gringos para que nos pongan el vehículo en el espacio (yo no sueño con que tengamos nuestro propio Baikonour o un Cabo Cañaveral en la Guajira… bueno, no todavía).

Yo sé que están pensando: “¡Colombia no va a ir a la Luna!  Este es solo el sueño de un astrónomo colombiano muy optimista”.  Pero no pueden negarme que nos alcanzaría la plata y hasta sobraría un poco para otros proyectos menos ambiciosos.  Tampoco pueden dejar de reconocerme que de proponernos ir a la Luna el beneficio científico y tecnológico sería enorme y no solo en áreas como la ciencia aeroespacial (incipiente en nuestro país) ¡lo sería en casi todas las áreas del conocimiento!

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Colombia tiene terrenos y plata suficiente para construir su primer sincrotrón operativo. El de la fotografía es el Diamond Light Ring en el Reino Unido. Crédito: Diamond/UK.

Que tal entonces si en lugar de ir a la Luna construimos un acelerador de partículas, algo así como un LHC criollo.  ¿Se imaginan?

Tomamos una extensa llanura no inundable en Boyacá o Cundinamarca (podría también ser en Córdoba o el Meta); sobre ella construímos una instalación avanzada para acelerar protones y electrones casi hasta la velocidad de la luz, usando un gigantesco tubo de 500 metros de diámetro lleno de magnetos superconductores y tuberías criogénicas.  Todo tal vez a tan solo unos kilómetros de la pista automovilistica de Tocancipa o no muy lejos de algún pueblito pintoresco boyacence o llanero.

Toda la comunidad científica estaría implicada en la construcción del acelerador de partículas, llamado también por los nerds Sincrotrón. Los biólogos nacionales estudiarían con los rayos X producidos por las partículas subatómicas aceleradas en una llanura de Boyacá, las estructuras minúsculas de insectos y aves zancudas propias de nuestro país.  Científicos de materiales harían lo propio con nuevos materiales diseñados para la industria de energía renovables.  Ingenieros de alimentos estudiarían la estructura microscópica de los helados producidos por la industria nacional para producir “paletas de exportación”.  Los físicos, felices, perfeccionarían sistemas de refrigeración para los magnetos superconductores, montarían nuevas industrias que ofrecerían servicio de diseño y mantenimiento de los sofisticados equipos del sincrotrón colombiano, estudiarían procesos fundamentales, etc. En síntesis serían los más felices.

Todo sin contar que la construcción movilizaría la industria nacional en un torbellino de intercambio tecnológico sin precedentes con industrias de avanzada de todo el mundo, que otra vez y con el apoyo de sus gobiernos, estarían más que dispuestos a ayudar al “pequeñito” que se asoma al futuro después de un conflicto armado de 50 años.

“¡Pero esto es solo un sueño!”, dirán los más escépticos, “algo que solo podría financiar un país desarrollado”, murmuraran los realista;  “¡los costos deben ser exorbitantes!” se lamentará la mayoría.   Pero no.  Según datos del gobierno Británico construir un sincrotrón de avanzada podría costar U$300M (menos de $1 billón de pesos o el 0.3% del PIB actual de Colombia).  Pero un sincrotrón adaptado a nuestras necesidades podría no valer más de U$100M, algo que esta perfectamente al alcance del “desperdiciado” (según Colciencias) presupuesto para investigación científica de Colombia.

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Así podría verse el primer supercomputador colombiano. En la imagen se ve en realidad el Leibniz Supercomputer Center en Alemania con 150,000 procesadores, el décimo más rápido del mundo. Crédito: SuperMUC.

Si las anteriores propuestas podrían parecer muy restrictivas y beneficiar a una “pequeña” fracción de la comunidad científica nacional (solo según una más pequeña fracción de esa comunidad que no tendría la creatividad para participar en esos dos proyectos) hay todavía un proyecto al que seguramente casi nadie se opondría.

Construyamos un supercomputador para Colombia.

Solo necesitamos unos U$100M para construirlo, más unos U$7M anuales (U$70M por década) para alimentarlo con electricidad y agua.  En un país lleno de agua, no dudo que nos sobraría para refrigerar a este pequeño monstruo.

Podemos instalarlo en algún lugar entre las montañas de Antioquia, tal vez con una pequeña central hidroeléctrica propia.  Desde allí saldrían largos cables de fibra óptica que recorrerían el país para conectar al “leviatan de silicio” con centros de computo satélites más pequeños ubicados en Medellín, Bogotá, Cali y otras capitales científicas del país.

¿Pero quién podría beneficiarse de un aparatejo de esos?  ¡Pregunta equivocada!.  ¿Quién no? sería más correcto decir.

Teniendo a disposición una capacidad casi ilimitada de computación y almacenamiento, petaflops y petabytes dicen los entendidos, podríamos simular el casi intratable clima del país para predecir sequías e inundaciones. Crear y analizar la más grande base de datos de la biodiversidad del país (una de las mayores del mundo). Diseñar vehículos más seguros apoyándonos para ello de la inteligencia conjunta de miles de computadores.  Pero también crear nuestras propias simulaciones cosmológicas o analizar los datos del LHC, ambos objetivos casi tan importantes para el desarrollo del país como aquellas aplicaciones que creemos más cercanas a nuestras vidas.

¿Y que tal si nos proponemos hacer las tres cosas al mismo tiempo?

Estos 1.5 billones de pesos que los científicos nacionales no hemos podido gastar según Colciencias, representan poco menos del 1% del PIB ANUAL de nuestro país (U$370M).  Si después de obtener cualquiera de los anteriores jugueticos, quisiéramos seguir invirtiendo en ambiciosos proyectos científicos, a los biólogos, físicos, astrónomos, geólogos Colombianos, contrario a lo que piensa Colciencias, nos sobran ideas.

He aquí las que a mí se me ocurren:

  • Un complejo de observatorios astronómicos profesionales de alta montaña.  U$50M.
  • Una estación científica colombiana en la antártida. U$10M
  • Un satélite con carga científica (satélite meteorológico o de observación de la tierra, telescopio espacial). U$50M.
  • Participar de una colaboración científica internacional (ESO, LHC).  $200M.
  • Construir un observatorio ecuatorial de rayos cósmicos.  U$50M.
  • Construir una flotilla de buques de investigación oceanográfica.   U$50M.
  • Instalar un radiotelescopio gigante entre las montañas.  U$180M.

Es claro que también podemos atomizar esos U$500M en 5,000 proyectos (que es lo que hemos hecho hasta ahora).  Pero seguiríamos siendo un país chiquitico, chiquitico, lleno de científicos con un ego gigante, gigante, con una gobierno tacaño, tacaño, que entrega sus limosnas a través de una agencia nacional miope, muy miope.

Cuestión de Estrategia

Como dice la sabiduría (im)popular (y si no dice, debería) “A veces no hay mejor amigo que aquel que siempre te han dicho podría ser tu peor enemigo“.  Pues bien, yo creo que ese parece ser el caso de los Científicos y los Militares en Colombia, o al menos así debería ser en países como el nuestro, en los que la inversión real en ciencia de parte del estado, apenas si llega a ser un saludo a la bandera.  Y es que todo hay que decirlo (y así lo digo en los trinos abajo): en una sociedad como esta, llena de “humanistas” y políticos, parece ser que los únicos que saben que para ganar (o al menos para competir) hay que prepararse, son los militares.  La historia esta llena de casos que parecen demostrar esta afirmación.  En Colombia hemos empezado a notar (o tal vez no) como las fuerzas militares están dando muestras de saber, mejor que los supuestos organismos de promoción y financiación de la ciencia, “por dónde es que va el agua al molino” cuando de hacer apuestas atrevidas en desarrollo científico y tecnológico del país se trata.   Les presento aquí algunas reflexiones sobre este “estratégico” asunto.

“En cuestiones del desarrollo científico Colombiano siempre ha sido mejor hablar con Militares que con Políticos ¡ellos si saben de estrategia!
Febrero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-militares1

“Un militar es alguien que sabe que para ganar hay que estar preparado. Un político es alguien que tiene que ganar para prepararse”
Febrero 20 de 2015
http://bit.ly/trino-militares2

Fotografía de la exitosa primera misión a la Antartida realizada por la Armada Colombiana en los últimos meses (2014-2015)

Fotografía de la exitosa primera misión a la Antartida realizada por la Armada Colombiana en los últimos meses (2014-2015)

¿Se acuerdan ustedes de ese tétrico personaje que hacía de supuesto villano en la película “Mi Pobre Angelito”? ¿un señor entrado en años, con cara de pocos amigos, que andaba siempre con las botas de nieve desamarradas y con una pala en la mano?

Si no lo recuerda o tiene el buen gusto (e intolerancia al mal cine) para no haberla visto, les cuento que el supuesto villano resulto ser, al final, quien salvo la vida del muchachito y además se convirtió en su mejor amigo.

Yo sé que una referencia al que tal vez parece un mensaje muy trillado, en una película tal vez muy popular, puede no ser la mejor manera de hablar de un tema tan serio; pero es que no se me ocurre una manera más “didáctica” para ilustrar mi punto central aquí.

¿A quién se le puede siquiera ocurrir en estos tiempos proponer una relación explícita entre la ciencia y los militares?” “¡desalmado!”, resuenan en mi oído los reproches de mis amigos humanistas imaginarios (y otros no tan humanistas, pero igual de sensibles).

Para nadie es un secreto la estrecha relación que el desarrollo científico y tecnológico han tenido a lo largo de toda la historia con la institución castrense (o la “guerra” como preferirían llamarla la mayoría).

Sería una miopía no reconocer por ejemplo que la Astronomía o la Física no habrían alcanzado a ser lo que son hoy sin las decididas (y multibillonarias) inversiones militares realizadas entre los años 40s y 90s.  Inversiones que nos permitieron desde entender como funciona el interior de las estrellas, construir telescopios espaciales de rayos X, ir a la Luna y traer 400 kilogramos de rocas de otro mundo, hasta entender mejor el funcionamiento de las fuerzas y las partículas elementales o saber que le pasa al cuerpo en microgravedad.

Esta bien que tampoco se puede estar uno sintiendo orgulloso por el número de bajas humanas que algunos de los proyectos militares que derivaron en los anteriores logros científicos, tienen en su haber.   Eso lo admite cualquiera.  Pero de ahí a “satanizar” el valor que la mentalidad e intuición militar podrían tener en la ciencia, especialmente en momentos en que los que deberían financiarla y ayudar a impulsarla están ocupados en otras cosas “más pertinentes”, hay mucho trecho.

Acaba de concluir la primera misión realizada por un equipo científico colombiano a la Antartida.  Después de más de 50 años de presencia de más de 40 países en el continente blanco, Colombia visita oficialmente por vez primera este importante puesto de avanzada para la ciencia mundial.  Los artífices de este importante logro no podrían ser otros en Colombia que los militares: la Armada Nacional.  Si bien a la mayoría nos parece un logro maravilloso (aunque no entendamos cabalmente sus implicaciones), no ha faltado el “periodista humanista” que salto a preguntar en un popular medio radial colombiano hace un par de días “¿y eso para qué?”; una pregunta que seguramente se hicieron los muchos otros “humanistas” en el Congreso de la República o peor aquellos que están haciendo fila para gobernar.

No digo que los civiles no hubiéramos podido conseguir esto sin la ayuda de barcos o personal militar.  Pero les aseguro que si un equipo de científicos colombianos, suficientemente numeroso, todos miembros de distinguido Grupos A1, como le gusta llamarlos a Colciencias, le hubieran pedido a esta última institución dinero para construir, comprar o alquilar, da igual, un buen barco de investigación para llevar a cabo este logro, la respuesta habría sido un rotundo… … “Su proyecto esta ahora en la lista de elegibles.  Espero otro año para que le demos el no definitivo”.

Mi relación con los militares es escasa.   Debo confesar que tuve la suerte de no prestar el servicio militar por la (menos afortunada) condición de salir del bachillerato en un tiempo y una zona del país en el que los militares no veían con buenos ojos ayudar a entrenar al creciente ejercito de Pablo Escobar (!).  No tengo familiares en el ejercito, la armada o la fuerza aérea.  Ni contratos o proyectos en curso (lamentablemente) con ninguna de sus fuerzas.

Sin embargo, he tenido la fortuna de toparme con un par de ejemplos similares al que nos demuestra claramente ahora el caso de la misión a la Antartida.  En medio de mis andanzas promoviendo el desarrollo de la Astronomía o participando de los foros sobre el desarrollo espacial colombiano, he conocido a un par de oficiales de alto rango, en los que siempre he encontrado lo que para mí como científico, es una extraña actitud positiva hacia las que normalmente son consideradas ideas locas e impertinentes en este país lleno de necesidades. Tal vez sea un efecto de selección.  No todos los militares son como los que yo he conocido.  Tal vez.

Esta experiencia es abiertamente contraria a lo que he tenido (casi siempre) cuando tengo la mala suerte de hablar con políticos; siempre se presentan esquivos, demagógicos e ignorantes de los temas científicos; eso sí con muy contadas excepciones (la verdad solo he conocido un político diferente a este respecto, después les cuento quién fue).  Los militares al contrario de los políticos, parecen exhibir una actitud distinta hacia la ciencia y sobre todo parecen saber al menos un poquito sobre el tema.  Esto último no es extraño en tanto, a diferencia de muchos oficiales que pueden ser ingenieros e incluso científicos, la mayoría de los políticos vienen de carreras de Ciencias Humanas, que en el país del sagrado corazón de Jesús no ven una sola cátedra de ciencias en toda su formación profesional.

De nuevo, es posible que este generalizando o viendo patrones donde no los hay (¿quién no lo hace? en especial cuando se trata de sus cosas más queridas), pero cuando lo examino con cuidado se me ocurre realmente muy natural.  ¿Quiénes mejores para entender que para ganar, por ejemplo los espacios que otros podrían ocupar o reducir las ventajas frente a los competidores, hay que prepararse adecuadamente, que los mismos militares?.

También sería miope no reconocer que es muy fácil pensar apoyar cualquier iniciativa por loca que parezca cuando tienes de tu lado el 4 o 15% del PIB (inversión militar) en lugar del 0.4% (inversión en ciencia y tecnología).  Pero esto, en lugar de desanimarme a profundizar en este argumento, al contrario se convierte en combustible para continuar por este camino.

Pocos proyectos en la Ciencia pueden realmente alcanzar algo relevante en menos de 20 o 30 años de esfuerzo continuo.  En Colombia el proyecto de investigación más largo dura 7 años.  Los Gobiernos duran a los sumo 8 (y eso que a regañadientes) y cuando cambian, frente a la ausencia de verdaderas políticas de estado en temas estratégicos, echan al traste cualquier iniciativa de largo aliento.

No pasa lo mismo en las fuerzas militares.  Es cierto que debe existir una relación estrecha entre los más altos mandos del ejercito con el (muy volátil) comandante de todos ellos: el Presidente de la República. Pero también hay que decir que si algo hay que le sobrevive a los vaivenes políticos de nuestro país y de otros como el nuestro, es la estructura y estrategia de las fuerzas militares.

En países como Alemania o Estados Unidos, donde en su momento la investigación militar fue posiblemente la única fuente posible de financiación de la ciencia mas seria, la relación entre desarrollo científico y militar se ha mantenido.  Sin embargo el reconocimiento de la ciencia como tema estratégico ha trascendido las esferas militares para convertirse en un tema civil de primera línea.  Allá pueden “regodearse” (falsamente) de que la ciencia se desarrolla al margen de la “guerra” o de quienes están listos para hacerla (dirían mis amigos humanistas).

No es el caso sin embargo de nuestro país.

Mi propuesta es entonces sencilla: “cerremos filas” contra la desfinanciación de la ciencia y empecemos a buscar a las instituciones que crean en nuestras locuras, sea que estas se reviertan o no en beneficios en 30 o 50 años.  Si Colombia comienza, tal vez con la ayuda decidida de las Fuerzas Militares, un plan serio de inversión en Ciencia y Tecnología que trascienda los gobiernos de turno, podremos soñar con ganar las “guerras” del futuro, pero no contra los vecinos belicosos o los rebeldes de izquierda y derecha que azotan los campos, sino contra el atraso y la dependencia científica y tecnológica que nos aqueja desde hace décadas.

En Defensa de la Burla

La muerte de un grupo de connotados caricaturistas franceses en manos de unos fanáticos musulmanes, ha abierto una discusión en la que hasta el Papa ha “metido la cucharada”: ¿es correcto burlarse de las creencias de otros? y con esto ¿se buscaron los caricaturistas el fatídico final que les toco? (aunque esto suena cruel y parece justificar la violencia, no lo es, y la verdad es que mucha gente inteligente y otra no tanto lo esta pensando).  El tema esta bien caliente.  Aunque se que casi todo lo realmente importante que tenía que decirse al respecto se ha dicho, tanto en favor como en contra, hay un hecho fundamental que quiero desarrollar aquí: la burla, la caricatura, el humor, es el último mecanismo que le queda a una minoría escéptica, atea, laica (escoja usted el término, da igual) para manifestarse contra el absurdo, en un mundo dominado por la religión.

“La burla inteligente, la caricatura y la ironía son el único “poder” que las minoría escépticas tienen en la sociedad ¡no se los pueden quitar!
Enero 16 de 2015
http://bit.ly/trino-burla

Sin palabras.  "Burla" por Martin Perscheid, http://bit.ly/1IVSKc7

Sin palabras. Una “burla” por Martin Perscheid, que vale la pena decir no fue asesinado por ningún grupo de fanáticos cristianos después de esta caricatura.  Vea: http://bit.ly/1IVSKc7.

¿Esta bien o mal burlarse de las creencias de otros? ¿no deberíamos ser tolerantes y “respetuosos” y dejar que cada uno crea lo que quiera y no ridiculizarlo? ¿burlarse y caricaturizar lo que otros consideran “sagrado” no es también una forma de violencia? ¿no hay demasiada libertad (o libertinaje) en una sociedad que deja que el mismo dios y sus embajadores en la tierra puedan ser ridiculizados?

Estas son algunas preguntas que se están escuchando en todas partes por estos días, después de que unos maestros del humor y de la sátira francesa fueran ajusticiados por unos fanáticos que no soportaron que Mahoma y sus líderes fueran ridiculizados y en algunos casos, ni siquiera eso, que aparecieran dibujados en una viñeta.

Aunque la mayoría reconoce este crimen como un acto de brutalidad fanática sin justificación y lo rechaza categóricamente, tanto del lado musulmán como del lado de los otros mil millones de dioses, empieza a surgir un consenso en la sociedad civilizada de que no se puede ir tampoco muy lejos al burlarse de la religión porque el tema es tan delicado que estas cosas terminaran tarde o temprano pasando.

Más delicado aún es el llamado de algunos a no burlarse en lo absoluto de la fe de los demás, por ser este un tema “sagrado” que debería estar (esta es mi inferencia) fuera de cualquier discusión intelectual.  En unas fatídicas declaraciones, el mismísimo Papa Francisco I, líder de miles de millones de católicos, comparo la burla a la religión, con la burla o ridiculización de la mamá de cualquier persona y la respuesta violenta a este acto, como algo humanamente inevitable.

¡Válgame señor!

¿Entonces? ¿deberíamos tener la libertad de burlarnos de la religión? o en su lugar deberíamos burlarnos solamente de la política, los deportes, el cine, la misma ciencia, es decir todas esas otras manifestaciones de humanidad cargadas también de una inevitable irracionalidad.

¡Por supuesto que debemos permitir burlarse de la religión! ¡de cualquier religión!.

Existen 2 razones que considero importantes para soportar esta afirmación.

La primera razón: casi todo en la Religiones milenarias es ridículo, risible, absurdo.  La burla es por tanto una consecuencia natural de este hecho básico.

No nos digamos mentiras.  Cualquiera que haya vivido un par de décadas de este y de finales del siglo pasado, que haya sido testigo, así sea involuntario, de los avances científicos y tecnológicos de nuestro tiempo, pero también de otros en temas sociales y culturales, debería reconocer que la mayoría de los hechos sobre los que se fundamentan las Religiones milenarias, son a todas luces absurdos y contrarios al sentido común ilustrado.

Es cierto que la religión y sus libros sagrados están llenos de enseñanzas bonitas y muy profundas sobre la vida.  El problema es que al ser creadas o escritos (los libros) en tiempos en los que ignorábamos casi todo sobre el mundo natural y también hay que decirlo sobre el social, esas enseñanzas están salpicadas de las que a la luz de lo que sabemos hoy, son hechos ciertamente absurdos.

Creencias supersticiosas que han sido reemplazadas hace mucho tiempo por conocimientos soportados en evidencia empírica: la gente no vuelve a la vida después de morirse; las mujeres no se embarazan sin la intervención de un hombre o de un instrumento quirúrgico “equivalente” (!); pensar que el nivel del mar disminuya, no lo hace disminuir; nadie puede hablar sino tiene un cerebro y una faringe viva; etc.

Son cosas elementales.  No es “rocket science” como dicen los gringos.

Los símbolos son también una constante en las religiones.  Movimientos del cuerpo, rituales, ropas, palabras.  ¿Nos podemos burlar de eso?  Depende.  Si te pones una falda para infundir creencias supersticiosas a un grupo de personas con una educación limitada, supersticiones que al final terminan haciéndoles daño, burlarme de tu atuendo es lo de menos.

Esto me conecta con la segunda razón y la más importante por supuesto.  Imagino que para muchos creyentes que se toparon con este escrito la razón anterior es completamente invalida.  Las creencias (ridículas) de las religiones milenarias no necesitan ser validadas por la evidencia empírica o el sentido común; ese es precisamente el sentido de la fe.  ¡Así de increíble como parece!  Veamos entonces cuál sería otra razón para dar vía libre a la burla y la sátira sobre la religión.

Al lado de las religiones milenarias que se han convertido hoy en “mafias” organizadas, multimillonarias y poderosas, y que tienen miles de millones de adeptos, estados completos a su favor, los grupillos de ateos, escépticos e intelectuales pro laicos, son bacterias minúsculas.  Manejan medios de comunicación que apenas si leen unos pocos (como este blog por ejemplo).  Escriben libros para argumentar sus posiciones y tratar de disminuir la incidencia de la superstición y la pseudo ciencia que solo leen los que pueden comprarlos y peor entenderlos.

Ante esa desmesurada diferencia, entiende uno que la única reacción que parece notarse es la que provoca risa, la que satiriza y ridiculiza a la religión.  Es más fácil que la gente entienda lo ridículo y lo absurdo de la religión en una caricatura a que lo haga después de leer un artículo en “The Skeptic Maganzine” o en un libro (aun si es un Best Seller) como “The God Dellusion” de Richard Dawkins.  Cualquiera entiende la caricatura al principio de esta entrada.  Cualquiera.  Pero no todos podemos entender (o estamos dispuestos a entender) las cientos de líneas escritas para demostrar el absurdo de la religión escritas por intelectuales de la altura de Bertrand Russell, el mismo Dawkins o por el otro maestro del escepticismo Carl Sagan.

La burla es el pequeño poder que le queda al resto de la humanidad, a los que no somos “hinchas” furibundos de la superstición, para dar entender a todos el sin sentido de las creencias que los segundos quieren (y que seguirán) propagando por muchos años en el futuro.

Ninguno de esos intelectuales o caricaturistas “burleteros” saldrá nunca a decapitar sacerdotes u otro tipo de chamanes.  Ninguno se inmolara en la mitad de la plaza de San Pedro o en la Meca para reducir el número de creyentes.  Ninguno propondrá la creación de una “guerra laica” suicida.  No.  Todas esas son justamente las cosas absurdas de la religión de las que se están burlando.

La caricatura, la sátira, la burla no representa ninguna amenaza verdadera para las Religiones Organizadas.  Prohibirla o limitarla es quitar el único mecanismo de desahogo de esa minoría pensante que necesita manifestar lo que piensa en un mundo invadido por propaganda religiosa y supersticiosa.

Pero esto no solo pasa con la Religión.  En temas políticos la sátira y la caricatura han servido por siglos para que se escuche la voz de quienes no serían escuchados.  Ha sido usada para revelar el absurdo o los abusos que no son evidentes o que solo pueden ser vistos por quienes pueden ver más allá de la propaganda oficial.

La sátira política incluso se ha institucionalizado.  Es “tolerada” por los gobiernos y los políticos.  Gobernante que no entienda que su imagen será ridiculizada hasta el cansancio por quienes no están de acuerdo con sus manejos, esta literalmente ¡jodido!.  Aún así, la democracia continúa.  El mundo es incluso mejor.  Los gobernantes incluso tratan de ajustarse, de tomar decisiones menos “risibles” porque se dan cuenta que hay gente allá afuera que si nota lo que va en contra del sentido común.  La sociedad mejora.

¿Por qué la religión no puede aceptar esa misma condición?.  La razón es sencilla.  Estriba en la naturaleza misma de la enfermedad intelectual que la sustenta: la fe.  La creencia ciega, la sumisión intelectual.  Si permitiéramos que el dogma se discuta, se contraste con la evidencia empírica o el sentido común, las Religiones milenarias desaparecerían (no la religión, las religiones milenarias).  Si los padres de familia creyentes permitieran a sus hijos formular preguntas incómodas, burlarse de lo que es absurdo en sus tradiciones, en lugar de imponérselas sin ninguna razón verdadera, todas las creencias de la edad de piedra y otras del medioevo desaparecerían.

¿Que quedaría? Otras creencias por supuesto.  Nadie cree que la religiosidad desaparecerá completamente. Los estudiosos del cerebro han demostrado que esto no es posible.  Hace parte de los mecanismos forjados por la evolución para garantizarnos sobrevivir en un mundo contingente y azaroso.

Pero es mejor convivir con creencias irracionales adaptadas al estado actual de ignorancia sobre el mundo natural, que hacerlo con creencias de tiempos en los que la Tierra era el centro del Universo.  En un mundo sin Cristianismo, sin Islamismo, la gente creerá en cosas que en el futuro serán también vistas como tonterías.  En ese momento, tendremos que reemplazarlas por otras y así sucesivamente.

No se trata de eliminar la religiosidad.  Se trata de abandonar el modelo de las religiones de los tiempos de Roma y de antes, por un modelo que se adapte mejor a nuestro progreso del entendimiento del mundo natural, humano y social.

Mientras eso pasa (si es que pasa) hago un llamado vehemente a las minorías no creyentes, a los que no son esclavos intelectuales de la tradición de sus abuelos, para que se burlen cuanto puedan de lo que es absurdo, sea esto político o religioso.  Tal vez así, y solo tal vez, los niños que vean la otra cara de la moneda, puedan llegar a pensar alguna vez que es posible una vida sin esas Religiones, así como es posible una sociedad con mejores gobernantes e instituciones.

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Esta no es una caricatura y por lo tanto nadie la entenderá tan claramente como la viñeta del principio. El porcentaje de los que la leerán es también mucho menor comparado a los que verán la caricatura en toda su extensión. Esta es la traducción del texto: “uno encuentra mirando alrededor del mundo que cada pequeño progreso en los sentimientos humanos, cada progreso en la ley criminal, cada paso hacia la disminución de la guerra, cada paso hacia un tratamiento mejor del tema de las razas o la mitigación de la esclavitud, cada progreso moral que ha habido en el mundo ha encontrado la oposición de las iglesias organizadas del mundo. Puedo decir de forma bastante deliberada que la religión cristiana, tal y como esta organizada en sus iglesias, ha sido y todavía es el principal enemigo del progreso moral en el mundo” – Bertrand Russell.

 

Aurora

La estratosfera sobre Medellín era el único lugar que nos faltaba visitar a los paisas, al menos del pedacito de tierra que nos toco.  El aire, las montañas, las quebradas, el río en toda su extensión.  Desde el piso hasta el borde de la troposfera, todo había sido visitado ya por algún paisa curioso, surcado por una cometa, un parapente, un helicoptero o un avión a reacción.  Dos globos estratosféricos, no los primeros, ni los últimos en volar sobre Colombia, se elevaron este 12 de diciembre de 2014 por encima de los 26 kilómetros de altura como parte de la misión “Aurora” del Programa Medellín Espacial.  Parece poca cosa para los de acá, un asunto de niños grandes para los de allá, habladurías de una cultura acostumbrada a la exageración para los de más allá.  Pero no.  Ese día ha sido para no olvidar.  Ojalá el comienzo de algo muy bueno para la futura Medellín Espacial.  He aquí un relato de lo ocurrido (contado desde la distancia), un par de recuerdos previos (estos sí desde muy desde cerquita) y algunas reflexiones sobre lo que se podría venir.  Tal vez esta no sea mi entrada de blog mas universal… bueno… si es que al orgullo y al optimismo se les puede llamar regionales.

“Ha sido un día muy emocionante para la ciencia antioqueña ¡gracias @IdeatechCO @Ruta_n ¡todo es ganancia!
Diciembre 13 de 2014
http://bit.ly/trino-aurora

"Mire mijo, así se ve la estratosfera sobre el Valle de Aburra"

“Mire mijo, así se ve la estratosfera sobre el Valle de Aburra”

En la biblioteca del Planetario de Medellín se reunían por allá a mediados de la década de los 90, dos jóvenes de unos 12 o 13 años.  Uno de ellos vestía siempre muy formal, luciendo siempre pantalones y corbata como un grande.  El otro, vestido también de una forma poco característica para los jóvenes de su edad, se veía siempre emocionado por lo que veía y leía en esa biblioteca.

Aunque la mayoría de mis amigos, Leo, Dara, Campo, que para entonces ya éramos universitarios, nos veíamos y comportábamos también un poco diferentes de todos los demás, la pinta y el entusiasmo de este par de jovencitos sobresalía de entre todos.  Si bien ellos compartían con todos nosotros la inmensa pasión por la Astronomía que nos llevaba a pasar horas en esa biblioteca, había un tema del que no parecían despegarse: la historia, presente y futuro de la exploración del espacio.  Podría tratarse de un capricho de juventud (quién no quiso alguna vez ser un astronauta o estar involucrado en aventuras espaciales) pero la obsesión de estos pelados por el espacio parecía ir más allá de eso.

Diego Jiménez

Diego Jiménez

Julian Mauricio Arenas

Julian Mauricio Arenas

Hoy, más de 20 años después, ese mismo par de muchachitos, Julian Mauricio Arenas y Diego Mauricio Jiménez, convertidos ahora en profesionales de la ingeniería aeroespacial, lideran en Medellín, junto con una nueva generación de soñadores en grande como ellos mismos, la primera empresa Aeroespacial de la región, IdeaTech, la misma que lanzo 2 globos el 12 de diciembre de 2014 a la estratosfera sobre Medellín.

¿Empresa Aeroespacial? ¿en Medellín?. ¡Si! Yo tampoco acabo de entender completamente como podría funcionar algo así en nuestro país, pero cada día me convenzo más que “solo intentando lo improbable, se consigue lo posible”.  En realidad ya hay una empresa de esta naturaleza en Colombia, SequoiaSpace.  La empresa surgió del proyecto espacial pionero en nuestro país, la construcción del primer satélite Colombiano, el Libertad 1 por parte de la Universidad Sergio Arboleda en Bogotá.  Así que IdeaTech no es la Golondrina que hace el verano, sino que sería la segunda de una bandada en formación.

Comienza la aventura una mañana en un cerro en Santa Helena, el segundo piso de Medellín, a unos 20 o 30 kilómetros del centro de la ciudad del eterno verano (antes primavera).  Los que hasta hace unos meses eran simplemente unos muchachos entusiastas, soñadores, increíblemente hábiles y creativos, el equipo del que se rodearon Julian, Diego y David Pineda (el otro grande de este grupo), se convierten en un día en los protagonistas de una aventura que ningún medio de comunicación se quiere perder.

David Pineda sostiene el primer globo de IdeaTech, lanzado en California el año pasado.  A su lado están Julian, Diego y Omar, el genio de la informática del grupo.  Me atrevería a asegurar que David es el "genio" cacharrero del grupo, pieza clave en este esfuerzo.

David Pineda sostiene el primer globo de IdeaTech, lanzado en California el año pasado. A su lado están Julian, Diego y Omar, el genio de la informática del grupo. Me atrevería a asegurar que David es el “genio” cacharrero del grupo, pieza clave en este esfuerzo.

Después de meses de preparativos, se ponen en dos “góndolas” (como se les dice por ahí) todo tipo de dispositivos electrónicos, pequeños computadores, celulares y por supuesto cámaras fotográficas.  Pero eso no es todo: tubos de ensayo, pequeñas cajas de vidrio y hasta “comida”, se acomodan como parte de la carga útil de esta “misión al borde del espacio”.  Aunque originalmente concebida como una prueba de tecnologías y capacidades, Aurora, el bello nombre de esta aventura de Helio, termina convertida en toda una misión científica, que involucra varios grupos de investigación de la ciudad (el mío incluído) y hasta de escolares entusiastas.

Habría que haber estado allá para saber que pasaba en esos momentos previos al lanzamiento o durante el vuelo mismo de los globos.  O no en realidad.  Los muchachos de IdeaTech y sus socios en Medellín, lo tenían todo preparado como lo harían las grandes agencias espaciales (guardadas siempre las debidas proporciones) para que cualquiera siguiera de cerca los pormenores de la misión.  Sala de control, presencia en redes sociales y lo mejor de todo una página de Internet en la que se transmitían en tiempo real datos de telemetría de los globos y de las condiciones en la atmósfera a través de la que viajaban.  No era necesario estar en Ruta N o en Cerro Verde para ser testigo cercano del periplo de Aurora.

Como en cualquier misión, los problemas no podían faltar.  El lanzamiento se retraso casi una hora.  Me pregunto por cuánto tiempo las autoridades permitirían retrasar el vuelo de los globos sobre una región relativamente congestionada en términos de tránsito aereo.

A las 11 y pico, por fin, el primer globo despega.

Trayectoria de los dos globos, tal y como la podía ver en vivo en Google Earth cualquiera que estuviera conectado.

Trayectoria de los dos globos, tal y como la podía ver en vivo en Google Earth cualquiera que estuviera conectado.

No lo puedo creer: estoy a 3,000 kilómetros de distancia y puedo ver a través de una utilidad especial de Google Earth como Aurora se eleva rápidamente sobre las nubes que permanentemente cubren nuestra región.  Más increíble aún: en la ventana de mi navegador empiezan a desfilar números que muestran la posición, altura y presión atmosférica medidas por los sensores a bordo del globo. “¿Esto se podía hacer?”, me pregunto a mí mismo.  La respuesta es bastante obvia: si eres un joven 20añero que programa computadores desde los 15 años y estas rodeado de otros jóvenes creativos y entusiasta, ¿qué es lo que no se puede hacer?

Aurora se eleva sobre las montañas de mi Tierra (Foto: Oliver Ehmig)

Aurora se eleva sobre las montañas de mi Tierra (Foto: Oliver Ehmig)

El segundo globo, Aurora B, se demora, pero al fin despega.  Los datos de telemetría no salen de forma tan fluída como los de Aurora A.  En medio de valores de temperatura y presión que no parecen ser muy correctos empieza a aparecer los valores de la altura, 1,000, 2,000, 3,000 metros… Aurora B vuela imparable para arriba.  Pero ¿a qué velocidad?  Tomo una calculadora y con los tiempos y la alturas reportadas por los instrumentos de Aurora A, calculo al vuelo la velocidad: 11 km/hora de ascenso vertical.  No parece mucho, pero otra cosa es estar luchando contra la gravedad mientras se arrastra una canasta llena de “aparatejos” hacia la estratosfera.  Armado con una hoja de cálculo y tratando de capturar los números que cambian permanentemente en la página de IdeaTech, empiezo a llevar la cuenta y calcular otros datos sobre el vuelo: temperatura, altura, velocidad horizontal.  ¡Siento que voy montado en la góndola!

Las cosas empiezan a ponerse emocionantes.  Aurora A alcanza el límite de la troposfera, la capa en la que se desarrolla nuestra vida y la mayor parte del clima de la Tierra.  ¿Cómo es posible que un montón de instrumentos que estaban en el piso hace unos minutos, puedan ahora estar volando tan alto? ¿y sin motores de avión, aeropuertos o pilotos? ¡Eureka! Lo hacen gracias al principio de arquímides.  El globo esta lleno del gas más liviano que se puede conseguir a la presión y temperatura del suelo: el Helio.

Temperatura como función de la altura registrada por Aurora A.

Temperatura como función de la altura registrada por Aurora A.

Empiezo a emocionarme al ver como la temperatura empieza a ser cada vez más pequeña: -10, -20, -30.  Wow! a un par de kilómetros sobre Santa Elena donde la temperatura es ~20 C, hace un frío polar.  Esa es la atmósfera y este el tipo de experiencia que un globo así le puede transmitir a la gente que vive en el piso.

A casi 18 kilómetros de altura la temperatura exterior es casi -60 C (la típica reportada en invierno en la Antartida!) pero subitamente deja de descender.  Aunque parezca increíble el aire afuera de la góndola de Aurora (el poco que queda), empieza a estar un poco más caliente.  ¡Genial!: el globo esta entrando en la estratosfera.  A pesar de su “estratosferico” nombre esta capa de la atmósfera se distingue de la que hay abajo, por que en ella las temperaturas aumentan con la altura en lugar de disminuir.  La razón: la luz del Sol que antes pasaba sin obstáculos por el aire, a esta altura, y compuesta ahora principalmente de rayos ultravioleta, es absorbida por el enrarecido oxígeno, que después de hacerlo se convierte en ozono.  ¡Si! Estamos entrando en la capa de ozono.  “Unos paisas echaos pa’lante”, como decimos por aquí, ahora metieron la “mano” en la capa de ozono sobre Medellín ¡Genial!

A la 1 de la tarde, 33 minutos y 14 segundos de tiempo local en la estratosfera sobre Medellín y por razones desconocidas (aunque seguramente la falta de presión afuera del globo y tal vez una que otra ráfaga de viento son las culpables) el globo se revienta en silencio.  A diferencia de la bulliciosa atmósfera cerca a la superficie, el enrarecido aire a esta altura difícilmente transporta el sonido.  Nadie, ni siquiera los instrumentos de abordo, escuchan el estallido.

En un segundo la gravedad retoma el control y la góndola se precipita al suelo.  Tomo mi hoja de cálculo y el resultado es asombroso: en menos de lo pensado el paciente ascenso a menos de 20 km/h se convierte ahora en un vertiginoso descenso a 180 km/h. En 1 minuto la nave desciende 600 metros ya sin el sustento del globo.  Pero para mi sorpresa eso no es lo único extremo que pasa: en unos dos minutos la nave ha alcanzado también una velocidad de 120 km/h, pero en la horizontal.  ¿Que la tira en esa dirección?  Mi mejor adivinanza: su vertiginosa velocidad de descenso se ha convertido ahora también en un vertiginoso vuelo vertical.  La góndola (que ha sido diseñada para tener una forma aerodinámica de modo que pueda soportar los vientos allá arriba) debió estar planeando.

Velocidad de Aurora como función del tiempo.  La línea verde es la velocidad total, la amarilla la velocidad de caída, la naranja y azul, las velocidades horizontales.

Velocidad de Aurora como función del tiempo. La línea verde es la velocidad total, la amarilla la velocidad de caída, la naranja y azul, las velocidades horizontales.

Le sigo la pista a la góndola mientras desciende.  Una vez en la troposfera de nuevo (la nave baja verticalmente 10 kilómetros en tan solo 15 minutos) su velocidad ha descendido y se estabiliza hasta unos 40 km/h, precisamente lo que se espera para un cuerpo que se deja caer en el aire.  ¿Pero no debería ser su velocidad mucho menor si se hubiera abierto el paracaídas poco después de que el globo estallará?  Es lo que pienso mientras me dejo engañar por la baja densidad de la atmósfera y las leyes del vuelo en esas condiciones.  El paracaídas abrió, así lo descubrirían unas horas después quienes rescataron la góndola en el Noroeste Antioqueño.

Y mientras una desciende, la otra vuela impetuosa por encima de los 30 km.  La hermana “tuerta” de Aurora A, ha superado ya la altura de esta última y se convierte en la ganadora de la jornada.  Pero después de su logro, ocurre lo inevitable nuevamente: el globo explota (esta vez con seguridad por efecto de la bajísima presión a esa altura) y la góndola, otra vez con ayuda de un paracaídas que amortigua suavemente un descenso de otra forma mortal, se precipita también al suelo, justo para caer después de varios minutos, en un lugar no muy lejano al de su compañera.

¡La misión ha sido un éxito!  No veo la hora que los verdaderos protagonistas, y no un testigo lejano como yo, nos cuenten la historia completa de lo que paso antes, durante y después.

¿Pero es esta la primera vez que un globo vuela a la estratosfera? ¡ni de lejos! ¿es la primera vez que lo hace en Colombia? ¡tampoco!  Otros globos similares vuelan a la estratosfera lanzados desde muchos lugares del mundo y por equipos científicos y de entusiastas.  

Muchos años atras, también en Medellín, Inges Aerospace a la cabeza de otro de los quijotes del espacio antioqueño, Campo Elías Roldán y con el apoyo de la Sociedad Julio Garavito (la más tradicional de las agrupaciones de astrónomos aficionados en Antioquia), ambas, semilleros de algunos de los jóvenes entusiastas y científicos de IdeaTech, había ya realizado las primeras incursiones en los vuelos de globos sobre antioquia.  También, unos meses atrás un grupo de Bogotá, con el apoyo de la Fuerza aérea había enviado su propio globo sobre la estratosfera en el Vichada.

Medellín Espacial, desde el helicoptero de la fuerza aerea, protagonista también de la jornada, que rescato las góndolas.

Medellín Espacial, desde el helicoptero de la fuerza aerea, protagonista también de la jornada, que rescato las góndolas.

¿Qué hace entonces a la Misión Aurora distinta y especial? ¡todo! La tecnología utilizada, la preparación, el despliegue mediático, la convergencia de muchas disciplinas en un solo proyecto, una carga útil científica verdadera, la participación de niños y jóvenes, el apoyo decidido de la empresa privada.  Todo lo que hace de estos proyectos verdaderas semillas de programas duraderos, se ha reunido en esta aparentemente modesta misión.

El apoyo del gobierno local y de una organización como Ruta N, que lidera algunas de las más creativas iniciativas de emprendimiento en Medellín, ha sido también un elemento diferenciador en este caso.  Se vienen cosas más grandes y se necesita el apoyo decidido de todos los sectores de la sociedad para este sueño.  Como dice la famosa frase acuñada durante el movimiento de Mayo del 68 “Seamos realistas, pidamos lo imposible”.

Los globos de Aurora tecnicamente no llegaron al espacio (que comienza a ~170 km de altura), pero IdeaTech ha probado que tiene la capacidad para construir vehículos que pueden ir a un lugar con condiciones extremas y hacer su trabajo.  El siguiente paso es muy duro.  Nada que ver con inflar un globo y tomar unas fotos.  Pero por algo se comienza.

Lo que soy yo, como científico paisa, estoy emocionado porque creo estar presenciando la “aurora” de un verdadero programa espacial local.  El fin de muchos sueños para Julian, David, Diego, Mauricio, Omar, Malory, Campo, Andrés, León, … y el inició de otro más grande para los muchachos que vienen atrás.

¡Pa’lante muchachos! ¡pa’tras, ni pa’coger impulso!

Una de las góndolas después de ser rescatadas (Foto: Fuerza Aérea de Colombia)

Una de las góndolas después de ser rescatadas (Foto: Fuerza Aérea de Colombia)

Vagabundos

Han sido unas semanas (o meses) emocionantes para la “exploración” espacial.  Primero tuvimos a Rosetta y su “inquieto” compañero Philae, que hicieron lo nunca antes visto: aterrizar, o más bien rebotar, sobre un cometa.  Después vino el lanzamiento del Hayabusa 2 (“copy cat” si quieren) que busca repetir la hazaña de su predecesor y traer un poquito de arena de un asteroide a la tierra (como si no tuviéramos ya suficientes meteoritos).  Sin habernos recuperado, vimos el lanzamiento de la capsula Orion (sin perro, mico o humano adentro) que llevará a los próximos humanos a la Luna (no a Marte) y posiblemente más allá (ahí si, a Marte).  Para cerrar con broche de oro presenciamos en días anteriores el despertar de otra “bella durmiente”, la sonda New Horizons, en su paciente travesía hacia el cinturón de Fernández (de Kuiper diría todo el mundo).  Y si todo esto no fuera ya muy bueno estamos además en temporada de películas de viajes espaciales: primero Interestellar y luego Wanderers (un corto fantástico).  ¿Seré yo o las cosas se están poniendo buenas allá afuera (y aquí abajo) en relación con la exploración espacial?.  He aquí unas reflexiones trasnochadas (o tal vez, preliminares) de lo que estamos viviendo en términos de lo que creo es nuestro inevitable destino como vagabundos del Sistema Solar.

“Somos vagabundos. Ni las crisis económicas, ni los eclipses de la razón, impedirán que el Sistema Solar y mas allá se contagie de nosotros
Diciembre 8 de 2014
http://bit.ly/trinoceronte-vagabundos

Un vagabundo solitario flota sobre la gran mancha roja en una inmensa nave interplanetaria (Modificado de Wanderers, The Gallery)

Un vagabundo solitario flota sobre la gran mancha roja en una inmensa nave interplanetaria (Modificado de Wanderers, The Gallery)

La humanidad y el Sistema Solar están condenados por igual.  La humanidad, a vagar, como lo ha hecho desde que dejamos por primera vez las cómodas llanuras en el oeste de Africa hace 100,000 años, pero esta vez en grande y hacia las vastas llanuras de espacio vacío en los “alrededores” del Sol y más allá.  Y el Sistema Solar, a soportar nuestra presencia física, química y electromagnética durante este eón y posiblemente un par de los venideros.

Y es que la humanidad ya esta dando muestras de querer dar el paso siguiente.  Después de “patonearse” la Tierra durante 100,000 años (¡la más larga caminata de nuestra historia!) nos esta empezando a quedar pequeño el planeta.

Algunos dirán que en realidad fueron los años 50 o 60 los que presenciaron el inició de esta aventura.  Esas fueron las décadas cuando los primeros satélites, animales y personas fueron lanzados a lo desconocido más allá de la atmósfera de la Tierra.

Yo creo, sin embargo, que en realidad la era de la exploración apenas esta comenzando.  Ya no nos animan hoy las rivalidades militares de aquellos años, o el (falso) sueño de dominar el espacio (vecino a la Tierra) para dominar la Tierra misma (“guerra de las galaxias”).  Sin dejar de reconocer que hay muchos intereses (no propiamente exploratorios) en todas las aventuras espaciales del presente, estoy empezando a pensar que hoy, más que nunca, un verdadero espíritu exploratorio, se ha apoderado de todos.

Como era de esperarse los robots son la avanzada.  ¿Esperaban algo distinto?  Dudo seriamente que cualquier civilización tecnológica en esta u otras galaxias, se arriesgue a sondear lo que se le viene sin lanzar primero algunas piezas “inertes” de plástico, aluminio y silicio, para que, dotados de una inteligencia mínima, prueben lo que se siente estar allá afuera.

Marte ya esta plagado de ellos (o de sus restos).  Decía alguien en Twitter que Marte es el único planeta del Sistema Solar habitado exclusivamente por Robots ¡vaya forma ingeniosa de decirlo!.

Lo más cercano a un laboratorio científico sobre ruedas, plenamente equipado con “armas” científicas de todos los “calibres”, el rover Curiosity, se encuentra en este momento tomando fotos y oliendo el polvo del planeta rojo.  Nada más abajo incluyo una foto tomada apenas unas horas antes que se escribiera esta entrada.

Tomado de: http://bit.ly/12H969S

Marte: el único planeta del Sistema Solar habitado únicamente por Robots.  Uno de ellos (el Curiosity) tomo esta foto hace apenas un par de horas antes de que se escribiera esta entrada.  Tomado de: http://bit.ly/12H969S

En meses anteriores, y en un temerario acto de billar gravitacional, la Agencia Espacial Europea, ESA, logro estacionar una pequeña “hada espacial”, Rosetta para los amigos, al lado de un cometa, Tchury, también para los amigos.  La cosa no fue fácil.  Sin mucho combustible para subir en “ascensor” hacia la órbita del cometa (que se encuentra cuesta arriba en el agujero gravitacional alrededor del Sol), a la pobre nave le toco vagar por el sistema solar interior pidiendo “aventadas” a la Tierra y a Venus, que al hacerlo le prestaron un poquito de su propia energía gravitacional.  Ni la órbita de la Tierra, ni la de Venus serán las mismas, literalmente, después de la misión Rosetta (para leer más sobre la aventura de Rosetta lean mi entrada anterior, Rosetta: el Hada de los Cometas).

10 años duro la condenada nave haciendo peripecias.  Para no agotarse, el computador de abordo y sus instrumentos, debieron esperar la mayor parte del tiempo dormidos.  La primera “hibernación” de larga duración (así sea de un robot) realizada por el hombre.

La "fotocopiadora" voladora o Philae para la ESA.  Esta foto tomada por mi buen amigo Julian Rodríguez justo al frente de su oficina muestra las verdaderas dimensiones del "lander"

La “fotocopiadora” voladora o Philae para la ESA. Esta foto tomada por mi buen amigo Julian Rodríguez justo al frente de su oficina muestra las verdaderas dimensiones del “lander”

Si llegar hasta allá no fuera ya muy difícil, el 12 de Noviembre de 2014 Rosetta dejo caer sobre el cometa una pequeña nave del tamaño de una fotocopiadora (ver foto).  ¿Caer? ¡fácil! ¿no?.  En realidad lo es cuando la gravedad del cuerpo que te atrae vale la pena.  Tratándose de un cometa, que es algo así como una bola de nieve… con gas, la gravedad es tan tenue que caer es apenas un decir.

Después de 7 horas interminables, la “fotocopiadora voladora” llego al cometa, pero cayendo a la increíble velocidad de ¡50 cm/s! He visto arañas más rápidas, descender por la pared de mi baño.  

Pero en los cometas los “cm/s” pueden ser lo que en la Tierra los “km/s”.  Si hiciéramos un modelo a escala del descenso de Philae sobre Tchury, pero usando esta vez a la Tierra como cuerpo objetivo, la nave estaría aterrizando a una velocidad de 20,000 km/h en un peladero miserable en medio de la nada.

A pesar de la preparación de los diseñadores de la misión, lo que era esperado por la mayoría, finalmente paso: Philae reboto sobre la suave superficie del cometa virgen después de que fallaran sus retro cohetes (si, para aterrizar la nave tenía que propulsarse hacia el cometa) y que los ganchos para agarrarse funcionaran como era esperado (es decir que no se dispararan si la orientación de la nave no era la correcta).  Como diría el finado García Márquez, “Crónica de una Rebotada Anunciada”.  Un par de centímetros por segundo más y el Philae estaría congelándose en la soledad del espacio interplanetario.  Por suerte la “gravedad” del cometa (que es casi un decir) impidió que se perdiera para siempre y lo obligo a posarse otra vez.  Con tan mala suerte que esta vez lo hizo en un peladero aún más miserable: un terreno accidentado, lleno de grieta, cráteres y lo peor, de sombras.

Hoy el philae yace “congelado” en la ladera de un pequeño “cráter” en Tchury, esperando que los rayos de Sol de un perihelio muy esperado lo despierten (carguen sus baterías) tan solo para darse cuenta que posiblemente esta en un campo minado: cuando el cometa se acerque al Sol habrá, más luz llega a la superficie, pero también mas gas sale del cometa, lo que podría eventualmente propulsar a la fotocopiadora espacial hacia el espacio ¡Home run!, diría el gringo.

Aún así la misión fue todo un éxito.  El costo: 1,400 millones de euros.  ¡Qué ridiculez!  ¿Apenas 1,400?.  La metida de patas de los banqueros y corredores de bolsa gringos de los 2000, le costo más de 200,000 millones a los contribuyentes gringos.  Yo diría que la próxima vez lancemos 2 o 3 Rosettas de modo que si un “Philae” falla, tengamos otro u otros que lo intenten de nuevo.

Seguro esos miles de millones no le harán falta a la economía (he visto más plata invertida en lujos en Dubai) pero eso sí nos garantizarán retornos inmensos en términos de lo que aprenderíamos para los pasos venideros en nuestra “vagabundería” por el Sistema Solar.

Pero ¿para que ir a un cometa, si nunca vas a volver?  Se demora más uno en decirlo que los Japoneses en hacerlo.  La secuela de una misión exitosa, la Hayabusa, fue también lanzada durante estos días emocionantes.  Su misión más importante: volver a la Tierra… pero después de aterrizar en un asteroide.  Porque es que una cosa es ir y otra muy distinta es volver.

La mayoría de las misiones de exploración robóticas son solo de ida.  ¿Para qué volver si todo lo que ves o aprendes lo puedes mandar de vuelta en un haz de ondas de radio a un precio miserable (el costo de una llamada interplanetaria que todavía es un poco mayor que el de una llamada internacional en Colombia… un poco, pero no mucho)?.

Hay dos razones esenciales para construir un Hayabusa: 1) es más fácil analizar una muestra de un cuerpo celeste si la muestra esta en la Tierra (si no me cree, pergúnteselo a los cientos de Astrónomos y Geólogos que se beneficiaron de las piedras traídas por las misiones Apollo de la Luna). Y 2) necesitamos demostrar que se puede regresar.

¿Y qué traerá el Hayabusa? Polvo de asteroide, el único ingrediente que falta en las pociones de las brujas en los cuentos de hadas.  En realidad la Tierra ha sido bombardeada por polvo de Asteroide por eones.  Pero traer uno desde la superficie misma del objeto, esa es otra cosa.

Dos hazañas más: el primer vuelo de prueba de la capsula Orión, un “Apollo” recargado y la sonda “New Horizons”.

Del Orion no hay mucho para decir (porque todo esta por hacer todavía).  Se trata nada más y nada menos que la apuesta de NASA para volver a los viejos tiempos en los que, animados tal vez unicamente por la competencia feroz con la ex Unión Soviética, montaban pilotos de prueba y científicos por igual y los llevaban de paseo por la Luna. El reto ahora es más ambicioso: volver pero para quedarnos.  La misión más larga de los Apollos no duro más de 20 días.  Las nuevas misiones a bordo del Orion podrían durar algunos meses.  Una eternidad en términos espaciales.

¿Y para donde vamos con el Orion?. La propaganda dice que a Marte.  El sentido común (y los que verdaderamente saben de viajes espaciales) saben que a la Luna.  Y es que la luna es el “playa alta” de nuestro propio reality de exploración espacial: un lugar cercano, cómodo (aunque no mucho) y eso sí con muy poco espacio, cámaras por todos lados y conflictos asegurados.  Si nuestros egos y apegos sobreviven a la Luna, tal vez mandemos a uno que otro suici…, digo astronauta a Marte.

Hablando de hibernaciones otra que desperto por estos días de un prolongado sueño fue la nave New Horizons: una verdadera “bella durmiente” interplanetaria.

New Horizons esta destinada a convertirse en la misión mas rápida de la historia y al mismo tiempo a la que más tiempo le tomo llegar a su objetivo primario.  La nave sobrevolara la superficie del planeta enano Plutón, mandando a la Tierra (y tras un viaje de más de 5 horas a galope sobre un rayo de luz) las fotos más detalladas de la superficie de un cuerpo del “Cinturón de Fernández” (o de Kuiper si prefieren).

¿Se detendrá? ¿cuántas órbitas completará? ¿habrá descenso?.  Nada de eso: New Horizons va tan rápido que no tendrá chance de parar a saludar y su séquito de lunas del inframundo.  Será como un paseo al Cañón del Colorado, pero sin bajarse nunca del carro y mientras el guía conduce a 400,000 kilómetros por hora.  Esperamos que las fotos no le queden movidas.

Si ninguna de estas cosas es suficiente para emocionarlo con las primeras muestras de lo que será la aventura que apenas estamos emprendiendo, lo invito entonces para que aprecie esta joya que acaba de salir.  Se trata de un pequeño corto en el que su creador, un artista digital sueco, nos muestra como se podría ver nuestra curiosa especie, el día que prácticamente ningún paisaje en el Sistema Solar, nos sea vedado.

“Vagabundos”, es su nombre en español, e inspiración para el nombre de esta entrada ¡Disfrútenlo!


El video y una fantástica galería de imágenes relacionadas se encuentra en el sitio oficial de la película, aquí: http://www.erikwernquist.com/wanderers/film.html

Y en otras noticias locales…

No podía dejar de mencionar en esta entrada sobre “vuelos espaciales y otras vagabunderías”, los sueños locales.  Medellín, la ciudad de la que soy originario y en la que vivo, esta por estos días de fiesta… pero espacial.  No solo los alumbrados y los pesebres.

Con la ayuda de Ruta N (la agencia local que promueve las iniciativas empresariales… aún las mas locas) y el apoyo de otras empresas e instituciones, una empresa local naciente, IdeaTech se ha lanzado en una aventura por llevar cosas armadas e integradas en el país del sagrado corazón, primero a la estratósfera y luego a órbita baja.  Mañana por qué no, ¡a la Luna!. Esta semana lanzan sus primeros globos estratosféricos desde Medellín.

Nuestro pueblo, viajero y explorador por excelencia, se quiere unir a este sentimiento global de exploración que se ha apoderado de todos y que, insisto no tiene ya que ver con las rencillas militares del pasado.

¡A por la estratósfera y más allá IdeaTech y Ruta N!

Se les puede ayudar a conseguir este sueño:

Foto desde un globo estratosférico tomada por Ideatech

Foto desde un globo estratosférico tomada por Ideatech

http://idea.me/ideatech

Sobre tontos y tontas

No terminan las sociedades modernas de recuperarse de un machismo milenario, para entrar ahora en una era, no de feminismo a ultranza como creeríamos, sino (y tal vez peor) de una insoportable “paranoia sexista”.  En los tiempos de las redes sociales, donde todos tenemos una voz que puede escucharse, se ha vuelto inaceptable cualquier manifestación, por inocua o involuntaria que sea, que ponga de manifiesto las obvias diferencias que existen entre los hombres y las mujeres.  Con temor a que esta entrada y su autor sean tachados de sexistas (otra vez, como verán mas adelante) quiero presentarles aquí algunas razones por las que considero que erradicar cualquier manifestación cultural de diferenciación entre géneros, es casi tan tonto como ser un machista tradicional o una feminista consumada.

“En el mundo hay dos tipos de tontos: l@s sexistas y l@s que creen que todos somos sexistas #ReglasDeLaVida
Noviembre 19 de 2014
http://bit.ly/trino-tontos-tontas

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¿Ha visto usted la foto con la que comienza esta entrada?

Probablemente sí.  Fue bastante notoria en redes sociales y medios de comunicación por igual, la semana pasada.

Si no lo ha hecho, ¿qué ve?:  ¿vio el logo minimalista de “esa”, la agencia Espacial Europea? (siempre me ha gustado porque es una contradicción de las reglas del idioma al escribirse todo en minúsculas); o tal vez ¿noto suted la imagen de la sonda “Philae” que se poso en un cometa por estos días y que ha llenado también los medios de comunicación y las redes sociales por igual? o quizás usted vio en primer lugar un técnico o científico espacial con una camisa un poco más colorida de lo que estamos acostumbrados y lleno de tatuajes como nos estamos empezando a acostumbrar también.

Ahora bien.  Puede que en realidad usted sea de los que vio en esta imagen una manifestación más de como el cuerpo de la mujer se ha vuelto un objeto de exposición en la sociedad moderna (¡que ojito!); de como el culto a la belleza del cuerpo femenino demuestra que los hombres seguimos siendo muy básicos, incluso si tenemos una educación avanzada en ciencia y tecnología (“todos son iguales” dirían muchos); o quizás penso usted en esta camisa como una muestra más que el mundo de la ciencia sigue siendo un mundo de hombres; un mundo que ve a la mujer como algo extraño y que obliga a las pocas que se atreven a entrar en él a cambiar de profesión por la presión de los machos que lo dominan.

Si ese fue el caso, si usted vio en esta camisa una provocación, un irrespeto por la mujer, en lugar de una demostración más del mal gusto propio de algunos geeks, entonces usted pertenece a esa creciente porción de la humanidad, hombres y mujeres por igual, muy preocupados porque las diferencias obvias entre nuestros géneros (que dicho sea de paso no son los únicos) se sigan notando de manera tan abierta en una sociedad supuestamente “pos-machista”.

No veo nada de malo en enarbolar las banderas de la igualdad de género: ¡motivemos también a las niñas para estudien matemáticas y ciencias! ¡moderemos nuestra adoración morbosa del cuerpo desnudo de la mujer! ¡eliminemos de una vez por todas las desigualdades laborales ampliamente conocidas entre hombres y mujeres!… pero no hay que pasarse de paranoico.

Yo mismo he sido “víctima” (o victimario según el lado de la moneda del que lo miren) de este extremismo anti sexista.  Es precisamente por eso que me atreví a escribir esta entrada.

Un día, en una conferencia científica en los Estados Unidos (la capital mundial de la paranoia sexista), cometí el terrible error de señalar que las charlas de algunas de las brillantes damas que actuaban como invitadas, eran las mejores que había visto en el congreso.

¡Craso error!

Fui un tonto al pensar que eran diferentes, más claras, más sinceras y llenas de un pragmatismo que solo había visto en las dos mujeres que mejor conozco, mi mamá y mi esposa.  Un pragmatismo y una sensibilidad, decía en mis trinos en aquella oportunidad, que es raro entre la mayoría de mis colegas masculinos.  Me pareció obvio que las diferencias se debían al hecho de que aquellas personas eran de un género diferente al mio, uno que la evolución se “encargó” de dotar de habilidades diferentes para asegurar también la preservación de nuestra especie.

¡Tonto y más tonto!

No paso mucho tiempo para que me llovieran ácidas críticas de mujeres venidas de todos los rincones de twitter (bueno, no voy a exagerar, solo fueron un par de las damas que asistían al evento las que salieron a pedir explicaciones y otra decena que estaban en sus redes “anti-sexistas”).  Tuve la impresión incluso que una de las importantes conferencistas del evento, una mujer a la que también admiró mucho, me empezó a mirar con un poco de desprecio después de mis “desafortunados comentarios” en favor a las conferencias de ella y de las otras colegas de su mismo género.

20110809180135!Raj

Raj Koothrapali, el carácter más “sexista” de la serie “The Big-Bang Theory” (no puede hablar en presencia de una dama), una serie que paradójicamente refleja las diferencias claras entre hombres y mujeres que los anti-sexistas militantes quisieran borrar: todos los protagonistas son científicos, excepto una, Penny quien es también uno de los personajes más queridos.  Todos los hombres son o físicos o astrónomos, pero las mujeres químicas y del área de las neurociencias.

Me paso una segunda y después una tercera vez (también en los Estados Unidos) pero ya en otras situaciones un poco menos públicas.

Llegado a ese punto tome la decisión (que todavía mantengo) de que en las conversaciones que sostenga con un grupo de personas que incluyan algunas damas (potencialmente anti-sexistas) debo evitar abrir mucho la boca, tal y como lo haría (aunque por otras razones) Raj Koothrappali , ese fantástico personaje indio de la serie de televisión “The Big-Bang Theory” que no puede hablar cuando se encuentra en presencia de mujeres (imagino que el pobre Raj será también considerado por muchas de las militantes americanas de la paranoia sexista, otro símbolo de un sexismo rampante).

Con todo respeto por los lectores que comparten esa visión del mundo ¡que tontería más grande!

¡Es bastante obvio que los hombres y las mujeres somos diferentes!.  No es que no crea que los anti-sexistas no lo entiendan, pero lo que no parecen entender muy bien es que la evolución de nuestra cultura en la era “pos-machismo” no va a eliminar esas diferencias.

Menos obvio aún parece ser entender que las diferencias entre nuestros géneros hace más divertido, más rico, más vivible el mundo que nos toco compartir.

Por mucho que se esfuercen, el cuerpo desnudo de la mujer seguirá siendo tema de admiración de los hombres brutos e inteligentes por igual.  ¡Es una propiedad emergente de nuestro género no un producto de siglos de machismo!  A los hombres nos gustan las mujeres desnudas.  Punto.  Por eso la camiseta del más “sexista” de los científicos de “esa” esta lleno de “esas”.  Eso no es ser sexista, es ser hombre (aunque el no debió ponerse la camiseta para demostrarlo; bastaba para ello mostrar el vello en la cara; aunque hoy tampoco eso es prueba de estar en el extremo maculino del espectro de género).  

Curiosamente y aunque los “sexistas paranóicos” no lo reconozcan, en realidad a los hombres nos atrae el desnudo tanto de una mujer despampanante como el de una mujer bastante normal.  Si las revistas estuvieran llenas de mujeres normales desnudas, ejecutivas, trabajadoras, flacas, gordas, jóvenes, no tan jóvenes, los hombres seguiríamos sintiéndonos atraídos.  ¿Eso es malo? ¡No! ¡Eso es ser hombre!

A las mujeres, por otro lado, les gustan los hombres altos, inteligentes, poderosos y aunque menos evidente, también los hombres desnudos.  Eso si, y que me desmientan las damas por favor, siempre y cuando el desnudado no sea tan “horrible” como lo somos el 90% de la población masculina del planeta y en particular los de esta parte del globo (el norte de Sur América).  Esa es una diferencia fundamental con los hombres que, créanlo o no, tenemos unos umbrales de atracción por un cuerpo desnudo mucho menos altos que los de las mujeres.

Sin ser mujer me atrevería a apostar mucha plata al decir que el desnudo masculino es prácticamente prescindible en las manifestaciones públicas de la masculinidad.  No se ven más hombres empelota en las revistas o en las portadas de los diarios o en Internet, no porque los otros hombres no dejemos sino porque a quienes más les interesan esos cuerpos (mujeres y otros géneros en la mitad de los dos extremos del espectro) no lo encuentran tan indispensable como lo encontramos los hombres en relación con el desnudo femenino.  

¡Eso es fantástico! ¡al 50% de los seres humanos no les importa que el otro 50% este desnudo! ¡es un mundo divertido!

¿A veces se exagera? ¡Si! Yo tampoco veo normal que todas las mujeres que aparecen en televisión se empeloten en una revista (aunque no hay duda que me gusta verlo).  A pesar de mis impulsos creo que es un poco exagerado y que hay que dejar a veces algo a la imaginación.  También hay que reconocer que a algunas mujeres les gusta mostrarse y no falta incluso la que disfruta también viendo el cuerpo de otras mujeres.  No creo que todas aquellas bellas y no tan bellas mujeres que se empelotan para una foto lo hacen porque les ponga una pistola en la cabeza, porque sean muy brutas, poco educadas o porque quieran ganarse el favor del “dominio masculino”.  Muchas simplemente disfrutan ser el centro de atención o mostrar un cuerpo que les ha costado mucho ajustar a un modelo de belleza muy exigente. 

En otro tema algido para la paranoia sexista del presente, es también verdad que no hace falta ser un genio de la neurología o la psicología contemporánea, para entender que las mujeres se inclinan más por unas profesiones y los hombres por otras.  ¿Acaso alguien se queja de que más mujeres escojan ser enfermeras que hombres?.  Si no es así ¿por qué nos preocupamos entonces tanto al saber que más hombres quieran ser físicos, matemáticos o astrónomos que mujeres? ¿acaso es mejor ser físico que enfermera? ¿astrónoma que psicólogo? ¿bióloga que matemático?  

Voy a decir algo blasfemo (los lectores de este blog sabrán que no soy de los que le huye a los temas polémicos): ¡no insistan! por mucho que nos esforcemos siempre habra más hombres en las matemáticas, la física y la astronomía, que mujeres.  No es un problema de sexismo o de machismo.  Es que los hombres y las mujeres somos diferentes.

Voy a decir una segunda blasfemia: ¡a quién le importa!  Si lo que necesitamos es que la ciencia avance, qué demonios importa cuál género hace mayoritariamente los descubrimientos en unas áreas y cuál género las hace en otras.  Es más, podríamos hacer una encuesta para averiguar cuántos físicos, supuestamente en el extremo masculino del espectro de género, en realidad son de otros géneros.  A los paranoicos que encuentran preocupante el dominio masculino en las denominadas ciencias duras tal vez les vendría bien saber que no todos son tan “machos” como parecen.  ¿En que quedaría entonces el supuesto dominio “masculino” de esas áreas? 

No soy tampoco tan idiota como para creer que no hay algo malo en desmotivar a las niñas para que persigan una carrera científica.  Tampoco desconozco que consciente o inconscientemente esta situación sigue ocurriendo en muchas familias e incluso en la escuela.  Pero hay que ser muy raro para creer que el mismo número de niñas que de niños van a querer dedicarse a la física o a las matemáticas en un futuro cercano.  ¿Cómo podrían hacerlo si son diferentes, si quieren cosas diferentes, si ven el mundo de forma diferente, si son buenos para cosas diferentes?

¡que pereza un mundo en el que todos los géneros sean iguales!

Yo también tengo una hija.  Nada me haría más feliz que quisiera ser una científica y en particular  una astrónoma.  Pero no parece que vaya a ser así.  Por ahora ella quiere ser cantante y dice odiar las matemáticas (a pesar de que yo diría que esta sobre el promedio de su clase en esta asignatura).  Le va excelentemente bien en todas las asignaturas relacionadas con el lenguaje (¡como buena mujer! ¡blasfemia número 3!) y del colegio yo diría que lo que más le gusta es relacionarse con otros niños y niñas (¡una representante típica de su género! ¡para adelante las blasfemias!).  Nunca se me ha pasado por la cabeza decirle que las matemáticas no son lo suyo (por ser mujer) o que no son importantes si va a ser una cantante.  Al contrario, yo diría que le va un poco mejor en el área que dice odiar, porque desde muy pequeña e intentado que entienda que las matemáticas son divertidas y extremadamente útiles, no importa la actividad a la que crea se va a dedicar cuando grande.

Vale la pena aclarar que tengo también 2 hijos varones que no quisieron ser científicos y a los que tampoco obligue a serlo por ser hombrecitos.  El uno es un artista y el otro es un abogado.  ¡una familia diversa!

¿Entonces? ¡dejémonos de pendejadas!  Si usted es de los que verdaderamente supero el estúpido machismo (yo lo hice al reconocerlo y odiarlo en algunas personas mayores que conocí siendo pequeño) y su contrario aún más estúpida, el feminismo, no caiga en esa “paranoia sexista” que se esta apoderando del mundo civilizado.  Diviértase (o mortifíquese) reconociendo las tonterías y aciertos que los de otros géneros repiten sistemáticamente.  

En realidad si todos fuéramos iguales, si no hubiera cuerpos desnudos en las revistas (de ningún genero), si los personajes de algunas tiras cómicas japonesas no tuvieran bustos y traseros exagerados, si todos quisiéramos estudiar lo mismo, sin poner a cada profesión un toque particular del género que lo domina (los físicos son desaliñados, olvidadizos y poco prácticos; las enfermeras son impecables, pragmáticas y tienen buen corazón) el mundo sería un lugar muy aburrido!

¡Que vivan las diferencias (no las desigualdades) de género!

Ciencias más allá de Colciencias

El gobierno acaba de anunciar un recorte presupuestal para Colciencias, la entidad gubernamental en Colombia donde se centraliza la inversión en ciencia y tecnología. ¡Graves noticias para la ciencia Colombiana!. ¿O no?.  ¿Habrá Ciencias en Colombia más allá de Colciencias?.  En el espíritu que me caracteriza en este blog (optimista y tal vez muy ingenuo) yo creo que sí.  Les presento aquí mis razones.

“¿Habrá ciencia más allá de @Colciencias?  ¡Yo creo que sí! Fortalecer la financiación regional es una opción posible
Julio 4 de 2014
http://bit.ly/trino-ciencia-mas-alla

Otro recorte a Colciencias.  Nos estamos acostumbrando a esta noticia ¿no?.  Lo peor es que este no es el primero ni será el último recorte presupuestal que sufrirá la ciencia Colombiana (y la de cualquier otro país que todavía no haya entendido la importancia de la ciencia y la tecnología en su desarrollo social y económico).

Es justamente por esta razón que los científicos nacionales deberíamos empezar a preguntarnos seriamente si realmente existe “vida” más allá de las agencias de financiación centralizadas.  Y es que con un presupuesto paupérrimo (cuando se los compara con el gasto militar por ejemplo) el funcionamiento de estas agencias depende en realidad de políticas gubernamentales y no estatales, como debería. En nuestros países la Ciencia, que es reconocida como una empresa a “mil años”, depende de vaivenes políticos con una escala temporal típica de entre 2 y 4 años.

Yo creo que en Colombia se puede hacer Ciencias sin Colciencias.  No porque sea natural hacerlo así.  No estoy justificando la poca inversión del estado en este renglón central del desarrollo.  Es cuestión simplemente de experiencia.  En mi caso particular y en el de muchos de mis colegas, la mayor parte de la ciencia que hemos hecho, y no por querer sino porque la plata nunca alcanza para nuestros proyectos “poco pertinentes”, la hemos hecho sin financiación centralizada.

Si no es Colciencias, entonces ¿quién pagará por la investigación científica en Colombia?.  En países como los nuestros, la plata realmente abunda, aunque lo hace en lugares de poca visibilidad para los científicos (la empresa privada, las entidades de carácter regional e incluso podría venir de entusiastas y mecenas multimillonarios).  Muy a pesar del imaginario público, el interés por la ciencia básica en esos sectores es mayor del que creemos o estamos dispuestos a admitir.  No apelar a ellos en estas etapas de “intemperie” estatal es sencillamente una falta de recursividad imperdonable justamente de quienes nos preciamos de ser tan creativos.

Insisto en reconocer que el estado tiene la responsabilidad de financiar el grueso del desarrollo científico del país. La Ciencia cuesta muchísimo. Sin embargo en países donde el presupuesto para ciencia básica es miserable, pensar en fuentes de financiación no centralizadas no solo es posible sino que a veces es inevitable.

Y es que acceder al dinero para investigación de Colciencias (cuando supuestamente esta disponible) tampoco es una tarea fácil (por no decir libre de todo costo). Acaban de cerrarse las convocatorias nacionales para proyectos de investigación en diversas áreas del conocimiento. En Ciencias Básicas salieron a concurso un total de aproximadamente 10 millones de dólares (¡un verdadero chiste!). Estimamos que el número de proyectos aplicando por esa cifra miserable (que es casi un tercio de lo que cuesta un solo helicóptero Black Hawk) es de unos 1,000. ¡1,000 proyectos para gastar 10 millones de dólares!. Obviamente no todos tendrán financiación (1 proyecto en Colombia solicita en promedio unos 150 mil dólares). Estimamos que solo 100 de esos mil proyectos conseguirán financiación (de aquí a unos dos años cuando todo el proceso burocrático termine).  En comparación en Chile cerca del 40% de los proyectos consiguen financiarse.

Las cuentas se ponen peor cuando calculamos el costo de formular esos 1,000 proyectos: 1 millón de dólares.  Esto es lo que cuesta el tiempo de los investigadores y de los empleados administrativos que invierten muchos días y tal vez hasta semanas llenando formularios y paseándose por los corredores interminables de la burocracia colombiana, consiguiendo certificados y firmas tan solo para que sus proyectos sean leídos por los jurados de Colciencias. De ese millón de dólares calculamos que solo 100 mil regresarán a las instituciones que jugaron la apuesta poco rentable de aplicar por dineros a Colciencias.

¿Tiene para ustedes algún sentido que tan solo para “recoger” los proyectos de una convocatoria de 10 millones de dólares las instituciones se gasten 1 millón preparándose?

Permítanme una analogía futbolera (de mucha actualidad por estos días): los trámites necesarios para presentar un proyecto en Colciencias son tan engorrosos y absurdos que es como si a una selección nacional se le hubiera exigido hace 2 años que todos sus POTENCIALES convocados estuvieran vacunados contra la fiebre amarilla para ir a Brasil, mucho antes siquiera de jugar las eliminatorias. ¿Tiene esto sentido?. Si no saben si van a ir a Brasil ¿para qué vacunarse?. Pues así funciona nuestra Colciencias: no sabes siquiera si vas a quedar en la lista de elegibles pero igual como investigador debes conseguir una interminable lista de anexos firmados por los burócratas de turno para que el proyecto apenas si sea aceptado en el concurso.

Pero hablemos ahora del que debería ser el “core” del “negocio” de Colciencias: las becas doctorales y posdoctorales.

De las segundas no tengo nada para decir todavía. Apenas empiezan este año y todos cruzamos los dedos para que salgan bien. La intención hasta ahora ha sido buena y tal parece que la cosa promete. Pero las primeras (las becas doctorales) ¡por favor!.

Fui “beneficiario” de una de esas becas. Esto me permitió vivir razonablemente durante mis estudios de doctorado en Colombia y pasar 6 meses terminando esos estudios en el exterior. Lo que no se cuenta es que para obtener este beneficio tuve que presentar dos codeudores con propiedad raíz y fui deudor del ICETEX hasta que cumplí con los requisitos de “condonación” del crédito, que es en realidad el nombre oficial del beneficio. En el entre tanto no tuve seguridad social (o más bien la tuve que pagar yo mismo) y mucho menos seguridad laboral. Mi deuda no era tan grande y la “pague” finalmente graduándome, enviando informes y consiguiendo empleo (una de las condiciones de la pseudo-beca). Tengo sin embargo amigos que en un momento dado le debieron al estado más de $50 mil dólares y se enfrentaron al reto de conseguir empleo como científicos en Colombia (que en ciertas áreas por suerte es todavía razonable).

Deberle al estado dinero por entregarle a ese mismo estado los mejores años de su vida para producir publicaciones que aumentaron los índices de las universidades que nos acogieron y del país en general es bastante injusto. Al contrario: el estado debería pagarnos generosamente por no habernos ido a hacer lo mismo en países donde la formación avanzada se paga de verdad, sin compromisos financieros y en los mejores casos hasta con seguridad social y laboral.

Todo esto sin mencionar que las becas solo son para Colombianos. Esta característica es buena cuando de financiar estudios de esos mismos colombianos en el exterior se trata, pero es pésima cuando lo que se debería hacer es atraer a estudiantes extranjeros a las instituciones colombianas. El resultado de esta política “endogámica” es que los doctorados nacionales están llenos de Colombianos que deberíamos estar al contrario bien lejos de casa adquiriendo experiencias y una red de contactos internacionales. Los doctorados en Colombia, tal y como lo son hoy los de Brasil, Estados Unidos, Alemania, etc. deberían abundar en estudiantes extranjeros, dejando aquí su huella y creando lazos con nuestro país cuando regresen al suyo propio.

Aunque tengo una carrera en investigación relativamente corta (7 años sin incluir mis años de doctorado) debo decir que Colciencias no ha sido fundamental para desarrollar mis actividades de investigación. Soy astrónomo y físico teórico, de modo que tampoco es que necesite miles de millones para comprar equipos o reactivos o para pagar un personal especializado. Pero tampoco creo que quienes si tienen esas necesidades hayan encontrado la solución a todos sus problemas de financiación en los Proyectos de máximo 200 mil dólares de Colciencias.

Ante la tendencia de la desfinanciación centralizada de la ciencia y la tecnología en nuestros países, nos tocará empezar a salir a tocar otras puertas (o a seguirlas tocando). No se trata tampoco de vender el alma. Dar por ciencia aplicada lo que es ciencia realmente básica.

En particular (y les pido me disculpen si desciendo aún más al micromundo que me rodea en esta entrada) yo creo que Antioquia tiene la capacidad de crear fondos enormes de financiación de la ciencia básica que se hace en la región. Así mismo podría hacerlo el Departamento del Valle o el de Nariño. Se podrían crear versiones regionales (pero mejoradas) de Colciencias. Podríamos “independizarnos” del Gobierno central y no solo en lo que respecta a las fuente de financiación de los proyectos, sino también en el sentido en que las fuentes de los recursos para esos mismos fondos podrían no ser enteramente públicos.

Como siempre, puede que esta sea una utopía y yo no sea nadie para lograr que nos acerquemos siquiera a conseguir algo parecido. Pero por algo hay que comenzar.  Hablar del asunto puede no servir para nada en la práctica.  Sin embargo, si logramos que esta idea llegue a las cabezas correctas, podríamos empezar a soñar con hacer Ciencias más allá de Colciencias.

No Más Religión

¿Se puede ser bueno y no estar suscrito a ninguna religión?  Para la mayoría de los que viven dentro de las grandes religiones del mundo, aquellos que carecemos de esa vocación de “agremiación espiritual” o que no tenemos explicaciones mitológicas para eventos misteriosos (y otros bastante menos misteriosos), somos algo así como “almas en pena”, llenos de error, sedientos de perdón sobrenatural y destinados, obviamente, a encontrar “la luz” en el momento en el que estemos a punto de terminar nuestras vidas.  Pues hay malas noticias para todos ellos.  La vida también es posible sin religión; la sociedad es posible sin religión (bueno, siempre que haya fútbol o tejo); la educación es posible sin religión.  Si usted todavía es de los que cree (tal vez porque lo leyó en un paper en Nature) que ser religiosos esta escrito en algún lado en el ADN de nuestra especie (tal vez el ADN basura) o que hacerlo es una forma de respetar a nuestros ancestros (que ya se murieron por cierto) le ofrezco aquí algunas ideas sobre todo lo contrario.

“No hay necesidad d’religión para vivir d’forma tranquila, tener amigos y fé en algo, hacer lo correcto, ayudar y dar ejemplo #NoMasReligion
Abril 23 de 2014
http://bit.ly/trino-no-mas-religion

Soy la persona más espiritual de toda mi familia.  Ninguno de mis primos, tíos devotos, madre, padre o hermanos, trabaja tanto con el espíritu como lo hago yo a diario siendo un astrónomo teórico.  Y no me refiero a que nadie en mi familia realice actividades intelectuales o usen sus espíritus en sus actividades diarias; es solo que las cosas con las que tengo que lidiar en mi trabajo pertenecen a una esfera completamente lejana al mundo material que me rodea: el centro de un planeta que no veo, una forma de vida que nadie ha detectado, la atmósfera de una estrella que no podemos ver, una civilización extraterrestre que no se ha comunicado con nosotros… ¡un trabajo de puro espíritu!

He sido así desde que un impulso irracional me indico, cuando era apenas un preadolescente, que los rituales y las creencias risibles de la religión en la que me inscribieron mis abuelos, eran demasiado arbitrarias y restringidas para lo que mi curiosidad buscaba.  Deje la religión de mis abuelos para convertirme en una persona mas espiritual.

Hoy, convertido en un adulto, me considero una persona bastante decente, respetuosa de las leyes (de las escritas y de las que no lo están), que trata de dar buen ejemplo a sus hijos, con rituales y creencias irracionales como todos, pero libre, muy libre de las casillas impuestas por comunidades de adoradores del amigo imaginario de alguien más.  Las únicas casillas espirituales que me limitan son tal vez las impuestas por las leyes de la física.  No he necesitado la religión para ser bueno y no la voy a necesitar cuando me vaya a morir (solo espero estar en buena compañía)

Es cierto.  Para llevar una vida así, una en la que tus buenas acciones no sean controladas desde un pulpito o por el temor reverencial a un amigo imaginario, hay que tener una inteligencia mínima.  Una capacidad de comprensión de las reglas elementales del mundo, de los demás y en general de la sociedad.  Aunque en realidad, si lo piensan bien, en realidad no se necesita mucha inteligencia.  Creería yo que es más difícil aprender las reglas de juegos como el fútbol, el beisbol o el poker que son cosas que la mayoría de la población hace bastante bien.  En realidad la religión no hace falta, ni siquiera a aquellos a los que los adorados ministros de la iglesia secretamente creen que si.  Ellos, en su fuero interno (y en el de muchos de sus seguidores fervorosos) creen que la religión esta para darle al pueblo ignorante una causa que seguir, algo en que creer, unos límites para su comportamiento “animal”, cosas que casi nadie sería capaz de descubrir por su cuenta; bueno, según ellos.

Pues yo diría que la realidad es todo lo contrario.  Lo que necesitamos todos es decir a voz en cuello: no más religión.

Pero y sin religión ¿cómo hago entonces para ser una buena persona? ¿como voy a tener buena suerte al salir de mi casa? ¿quién me va a perdonar por las cosas que hago mal? ¿cómo voy a educar a mis hijos para que tengan verdaderos principios morales? ¿cómo me voy a comprometer verdaderamente con mi pareja? ¿cómo puedo respetar la memoria de mis abuelos?…

Es obvio que todas estas cosas son muy necesarias para vivir, especialmente en sociedad.  Pero es claro también, al menos para mí y espero que para todos ustedes, que no necesitan de la religión en lo absoluto.  Lo único que se necesita es un poco de sentido común, mucha sensibilidad y sobre todo liberarse del peso de preservar tradiciones centenarias y hasta milenarias y todo con el objetivo para no hacerle daño a quiénes las han abrazado irracionalmente en el pasado, la mayoría de veces, por pura ignorancia.

He aquí algunas ideas para vivir sin religión y no perecer en el intento:

Si vas a tener fé en algo, que sea en tí mismo y en tus sueños

Si vas a participar en algún ritual, que sea en tus grados. Si lo quieres hacer a diario, que sea cepillarse los dientes

Si vas a adorar a una fuerza superior a tí, que sea al Sol

Si quieres seguir a un lider espiritual amoroso y sabio, que sea a tu padre o madre

Si quieres confesar lo malo que hiciste y obtener perdón por ello, consigue un buen amigo o habla con tu madre

Si quieres creer en cuentos de hadas, que sean griegos; ellos si sabían inventar historias y no tenían censura

Si quieres arrodillarte ante algo, que sea para pedir la mano

Si quieres pararte en un acto, que sea para aplaudir

Si necesitas una lista de cosas que no debes hacer, escríbelas ya en un papel; todos sabemos cuáles son

Si quieres que alguien te de una oblea, que sea con arequipe y que se lave bien las manos

Si quieres guardar una laminita en la billetera para que te ayude, que sea la tabla periódica para los crucigramas

Si quieres tocarte el cuerpo antes d’salir d’tu casa para tener buena suerte, q’sean los bolsillos para no olvidar las llaves

Si quieres que alguien te diga qué hacer o no con tu sexualidad, que sea un urólogo o un ginecologo y no la virgen o el virgen de la familia

Si vas a citar un libro lleno de sabiduría, que sea el de tu autor favorito (aunque todavía no tenga numerados los párrafos)

Si vas a ser bueno, empieza al terminar esta frase

Si vas a prender velitas, que sea siempre en compañía de un niño

Si vas a creer que hay vida después de la muerte, que ojalá este llena de tiempo para hacer lo que más te gusta hacer

Si vas a enseñarle a un niño a querer a la familia, quiere a la tuya en frente de él

Si vas a tener amigos imaginarios, que sean interesantes, divertidos y diferentes a tí mismo

Si vas a donar dinero, que sea para la educación de alguien

Si te vas a sorprender por la perfección de la naturaleza, sorprendete también de saber que todo emerge de reglas simples

Si vas a “beatificar” a alguien, que sea a tu madre

Si vas a llamar a alguien en tu lecho de muerte para morir tranquilo, que sea a tus deudores para perdonarles sus deudas

Si vas a creer que lo que creen los demás no es cierto, que sea pensando en los que no creen en tí

Si quieres comer pescado toda una semana, que sea porque el Salmón esta barato

Si vas a dejar de comer algún tipo de animal (vacas o cerdos), que sea porque tienes uno de mascota

Si quieres morir para fornicar con 1,000 virgenes, quédate vivo y fornica con una que no lo sea pero que converse rico después

Si te vas a poner una bata blanca, una cinta morada o un habito en la cabeza, que solo sea en Halloween

Si quieres decir algo en voz alta antes de acostarte, que sea aquel aforismo que nunca deberías olvidar

Si quieres ser más “espiritual”, cierra los ojos y disfruta de la música; también sirve demostrar un teorema

Si quieres celebrar el nacimiento de alguien, que sea el del Sol

Si quieres que tus hijos tengan un ritual de iniciación, déjalos en el centro de la ciudad y diles que los esperas en la casa

Si quieres educar a tus hijos en una escuela dónde crean lo mismo que tú, no los metas a ninguna escuela, edúcalos tu mismo

Si quieres la “bendición” para vivir con alguien el resto de tu vida, que sea la de tu familia; si hay plata, que sea la de un notario

Y si aún así, si todavía quieres seguir practicando los rituales de tus abuelos, por favor has lo posible para que seas el último de la familia que lo haga.  Deja a tus hijos afuera de ese juego; que ellos mismos escojan sus amigos imaginarios, que se disfracen de lo que quieran, que usen su espíritu oyendo música, que forniquen con alguien que sepa conversar, que vayan al urólogo y al ginecólogo, que coman animales que no tengan de mascotas, que se aprendan los aforismos que quieran, que citen el autor que mas les guste, que se paren aplaudir al conferencista o a la orquesta que lo merezca, que se comprometan ante un notario, que se confiesen con un amigo, que sueñen hacer lo que más les guste cuando se mueran (soñar no cuesta nada) y que lleguen a la casa solos… pero sobre todo, enséñales que para ser buenos solo se tiene que empezar a serlo justo ahora mismo.

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