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El Género de la Ciencia

El 15 de diciembre de 2015 la ONU proclamo el 11 de febrero como el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia, un esfuerzo simbólico para de un lado intentar derrumbar las barreras que se levantan alrededor de la ciencia para el acceso de las niñas y en general de las mujeres de todas las edades a la carrera científica (a todos los niveles); y del otro visibilizar el trabajo de miles de talentosas mujeres científicas que de forma mayoritariamente anónima contribuyen con el desarrollo de la ciencia, una actividad que siempre ha tenido “cara de hombre”.  Los invito en esta lectura para que llevemos esta reflexión más allá del género específico del científico de turno y sin desconocer la problemática de la representación y oportunidades de otros géneros en la ciencia, nos preguntemos ¿cuál es realmente el género de la ciencia?

“La ciencia no necesita más hombres o más mujeres, más personas trans género o mas homosexuales… la ciencia lo que necesita es ser más femenina #MujeryCiencia
Febrero 11 de 2017
http://bit.ly/trino-genero-ciencia

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

Cartel de la celebración del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. Crédito: María del Álamo Ortega

¿Sabe usted cuántos gays, lesbianas, trans género, inter género, bisexuales, demisexuales, asexuales, etc. hay en la ciencia?.  Es decir ¿cuál es la representación de los más de 6 géneros reconocidos, además de los clásicos cisgéneros (hombre y mujer), entre estudiantes y profesionales de la ciencia?.

Posiblemente no.

Lo que si puede que tenga muy claro es que la ciencia esta (y sigue estando) dominada desde hace siglos por individuos con bello facial y pene.  “Hombres” que llaman.

No significa esto, sin embargo, que todos ellos pertenezcan al mismo género: hombres heterosexuales o cis sexuales. ¿O sí?.

También es posible que sepa (esta es justamente la invitación de la ONU y de cientos de páginas de Internet y publicaciones que invadieron las redes el día 11 de febrero), que existe una representación muy bajita en esa importante y productiva actividad social humana, de individuos con voces más delgadas y vaginas.  “Mujeres” que llaman.

Como creo todos entenderán de esta cruda introducción, seguir hablando del rol de la mujer en la ciencia, de las oportunidades que tiene y de su contribución anónima al avance de la misma, debería ser por lo menos hoy, en los tiempos en los que esa misma ciencia nos ha permitido entender mejor la distinción entre los caracteres biológicos y las preferencias sexuales, enriquecido con una visión menos binaria de la humanidad.

¿Deberíamos hablar de “mujeres” o de “lo femenino” en la ciencia? ¿del dominio del “hombre” o de “lo masculino”?.

A mi me parece que “femenino” y “masculino” serían términos más adecuados para una discusión sobre la representatividad de los géneros en la ciencia. Considero un poco anticuado contar cuántos penes o cuántas vaginas ocupan la posición de profesores en una Facultad o cuántos ganaron el premio Nobel en la última década.

Para muchos, esta manera de enfocar el problema que han enfrentado por siglos las “mujeres” en la ciencia, puede ser una salida sexista, una estrategia “machista” para desviar la atención del problema y continuar con el monopolio masculino y la discriminación descarada de la “mujer” científica.

Tómenlo como quieran.  Pero todos deberíamos reconocer que hay un tema objetivo aquí: decir “hombre” y “mujer” hoy casi no significa nada concreto.

Si todavía creen que es una estrategia machista mía, pueden dejar de leer este blog.  Si creen que puede haber algo interesante, aunque no compartan todas mis posiciones, intenten continuar leyendo.

Quienes trabajamos en la ciencia (tengamos penes o vaginas – o una mezcla de ambos) debemos reconocer sin avergonzarnos que la ciencia es muy masculina (que no tiene nada que ver con tener un pene): (1) un impulso casi irracional por la exploración de lo desconocido sin consideración de lo práctico, (2) competencia salvaje entre individuos y organizaciones, (3) demostraciones explícitas de habilidades, búsqueda (irracional) de poder o posición, (4) sobre valoración de la eficiencia (más por menos, más en menos), (5) sub valoración de los aspectos sociales o personales, etc.

No sé ustedes, pero para mí estos son los rasgos distintivos del que hacer científico y claramente los rasgos que distinguen en la mayoría de especies de mamíferos modernos, a los machos de las hembras.

Hay que reconocer claramente que muchos de esos rasgos son posiblemente los que han llevado a la ciencia del pasado a ser lo que es hoy en día.  Por ejemplo, no es que tengamos una nave fuera del Sistema Solar (las Voyager) porque seamos muy pragmáticos ¿o sí?.  No trajimos rocas de la Luna o descendimos al fondo de la fosa de las marianas porque nos importe muy poco demostrar nuestras habilidades para hacerlo ¿o sí?.  No hemos descubiertos la inmensa diversidad de las selvas de nuestro planeta porque nos importe pasar tiempo con la familia en lugar de explorar por semanas el bosque ¿o si?

Pero el mundo esta cambiando.  Esos rasgos muy “masculinos” y sus actividades derivadas, que son desde mi perspectiva los que hacen que tanta gente con bello facial sea la que se dedique a la ciencia y que menos individuos en el extremo opuesto del espectro de género lo haga, están empezando a hacerle daño a la actividad científica.

Se han preguntado por ejemplo ¿cuánto tiene que ver lo “masculino” de la ciencia en la crisis actual de reproducibilidad? ¿en la disminución de los estándares éticos? ¿en la proliferación de estudios científicos sin ninguna relevancia y publicados únicamente en pos de elevar índices?

Pero no me mal entiendan: decir que todos estos defectos son culpa de los “hombres” en la ciencia es tan perverso como cualquier otra forma de sexismo.  También hay “mujeres” que fabrican datos y publican artículos tan solo por elevar su índice h.   “Mujeres”, sin embargo, que al hacerlo se valen de los rasgos más masculinos de su cerebro.  Al menos eso pienso yo.

No, la ciencia no necesita que haya una representación equitativa de todos los géneros (tal vez ya la hay, pero no es muy evidente).  No necesita igual número de vaginas que de penes (aunque estadísticamente eso implicaría una buena distribución de géneros sin implicar que las vaginas serían solamente mujeres cis sexuales).

Lo que la ciencia necesita hoy es ser más femenina.

Pero ¿qué demonios puede significar eso?.

Ya enumeramos algunos rasgos masculinos (demostración, competencia, exploración, etc.)  ¿Cuáles son los rasgos femeninos que le hacen falta a la ciencia: (1) un mejor sentido de la colaboración en lugar de la competencia, (2) una mayor valoración de lo social y lo personal, (3) un sentido práctico más aguzado, (4) mucha más intuición (pensamiento rápido) frente a una excesiva racionalización (pensamiento lento), (5) una menor sobre valoración de la eficiencia y más reconocimiento de la importancia de los detalles, (6) mayor cuidado y preocupación por la vida, (7) mucha más comunicación y empatía con la inmensa mayoría de los humanos que no son científicos, (8) menos demostraciones personales y más trabajo en equipo.  Y la lista podría continuar.

Naturalmente, una manera de lograr que la ciencia se vuelva más femenina es eliminando justamente las barreras, claramente reconocidas por todos, para que otros géneros diferentes al del hombre cis sexual, alcancen las más altas posiciones en la misma.  Teniendo una mayor representatividad de los géneros más femeninos del espectro, bien sea a través de leyes (por la fuerza) o en un proceso paciente de muchos años, esos rasgos femeninos que vienen con esos individuos podrían transformar la ciencia para bien.

Pero hay maneras relativamente inmediatas de lograrlo.  Una de ellas podría ser la de intervenir ahora mismo el sistema de publicación y financiación de la ciencia, sistemas que están altamente “masculinizados” (aunque también en ellos participen e incluso sean manejados por “mujeres”).

Se imaginan…

¿Qué pasaría si para publicar un paper, los autores debieran demostrar que en el proceso colaboraron, recibieron y entregaron datos a otros de forma transparente?

¿Qué pasaría si eliminamos la lista de autores y dejamos únicamente el nombre de colaboraciones o instituciones?

¿Qué pasaría si le diéramos más valor a formar a nuevos científicos a cuidarlos, a “nutrirlos”, que a publicar como “locos” y obligar a publicar a nuestros estudiantes?

¿Qué pasaría si el día de mañana los editores exigieran una declaración en la que se demostrará el valor práctico (presente o futuro) que podría tener cualquier investigación, en cualquier área?

¿Qué pasaría si limitaramos el número de publicaciones de un científico, una institución o un grupo y todas las demostraciones “masculinas” de poder y eficiencia? ¿no habría así una necesidad mayor de colaboración?

¿Qué pasaría si le diéramos un valor similar a publicar un artículo en Nature o un libro de ciencia para niños?

Hacen falta muchas personas (de todos los géneros) y tal vez mucho tiempo para que esto pase.  Pero estoy seguro (soy optimista) que si hiciéramos un esfuerzo por crear una “ciencia” más femenina muchos más hombre y mujeres, gays y lesbianas, inter género y trans género, querrían participar activamente del proyecto científico.

Mientras tanto: ¡que vivan todos los individuos, públicos y anónimos, con pene o con vagina, que tiene la ciencia!

El Fetiche de la Ingeniería

La “ingeniería” se ha apoderado de nuestras sociedades académicas y educativas.  En países como los nuestros, que consumen conocimiento en lugar de producirlo, el número de “ingenieros” supera por un factor muy grande al número de científicos.  Es más probable que un joven con aptitudes técnicas y matemáticas termine estudiando ingeniería, muchas veces por culpa de un imaginario cultural, presiones sociales o familiares a que estudie física, matemáticas o química.  Mientras eso siga pasando y continuemos promoviendo ese “fetichismo por la ingeniería” seguiremos detrás de aquellos países donde saben que los problemas hay que resolverlos y no solo administrarlos.

“Colombia necesita muchos mas pensadores (científicos, filosofos y artistas) y menos administradores de problemas (ingenieros y contadores)
Marzo 2 de 2014
http://bit.ly/trino-pensadores-y-administradores

Antes de comenzar quiero aclarar que no tengo nada en contra de las Universidades, Facultades y personas que ofrecen y promueven la formación en ingeniería aquí o en cualquier parte en el mundo.  Tengo muy buenos amigos ingenieros y con algunos inclusive buenas relaciones científicas.  Aunque sé que mis opiniones un poco extremas sobre este tema me pueden granjear algunas enemistades espero también que puedan contribuir un poco a una discusión que tenemos que dar para mejorar justamente el nivel de los profesionales en áreas científicas en nuestros países.

Comencemos pues por las definiciones ¿Qué es en Colombia un Ingeniero de Sistemas? Un científico de la computación que se vio obligado a aprender administración de proyectos, estándares y metodologías en Ingeniería cuando debería haber estudiado teoría de números y estadística matemática.  ¿Y un ingeniero electrónico? Un físico del estado sólido al que nunca le dieron un curso de semiconductores decente y que perdió un cuarto de su carrera haciendo lo que un tecnólogo del SENA hace a la perfección: programar microcontroladores, diseñar circuitos y pegar resistencias.  ¿Un ingeniero de alimentos? Un químico formado a medias porque su currículo incluía algunas asignaturas inútiles que lo desviaron del propósito fundamental de su profesión: utilizar la ciencia para mejorar lo que comemos.

Si esta descripción les parece muy cruda, olviden por un momento que soy científico y que obviamente tengo un sesgo profesional, y piensen si en verdad estoy muy lejos de la realidad académica de las ingenierías en Colombia.  Dudo seriamente que quienes sean ingenieros y estén leyendo esta entrada después de haber hecho un posgrado en Ingeniería en Alemania o en Japón, pongan en duda que la formación en ingeniería en Colombia parece un chiste.  Y es que en todo el mundo desarrollado un ingeniero con una alta formación académica es indistinguible de un científico.  Así veo yo a los colegas jóvenes que están llegandos desde hace unos años a las mejores Facultades de Ingeniería de las universidades colombianas.  Pero la formación en posgrado para un ingeniero colombiano, especialmente si es en el exterior, es esencialmente un curso remedial en ciencias, dirigido fundamentalmente a darles el nivel que necesitan para resolver realmente problemas científicos y técnicos.

Pero, ¿se le puede creer a alguien que no es ingeniero, juicios como estos sobre una profesión que no conoce?  A pesar de que mi formación es de científico, desempeñarme en un país con un fetichismo tan avanzado hacia la ingeniería, me ha hecho vivir de cerca lo que es la formación de los ingenieros.  Fui hasta hace un par de años profesor de medio tiempo en ingeniería y estuve involucrado en el desarrollo de programas de pregrado y posgrado en el área en algunas universidades privadas.  Es esa experiencia justamente la que me motiva para hacer esta reflexión.

El primer hecho delicado: a los ingenieros en Colombia se les enseña ciencias prácticamente “por no dejar”.  Los estudiantes odian esa parte de su formación y a muchos directivos les parece que es algo con lo que los currículos simplemente tienen que cumplir.  Si el nivel de exigencia  científica de un profesor de física, matemáticas o química en un programa de ingeniería se excede un poco sobre la media o bien termina siendo vetado por los estudiantes o son los directivos los que le recuerdan que no les esta enseñando a científicos o a matemáticos ¡craso error!  

Si bien las generalizaciones son odiosas y hay que reconocer que existen buenas Facultades de Ingeniería en Colombia, el Fetiche de la Ingeniería en nuestro país y en el mundo en general ha hecho que pululen Universidades dispuestas a graduar ingenieros bajo esas mediocres condiciones de formación científica.  Es justamente por eso que los ingenieros abundan (y se quedan sin trabajo) en Colombia.  Miles de personas con poco talento científico, sin madera para la academia y la ciencia que pasan raspando cursos de matemáticas y física pero que les va divinamente pegando resistencias o en cursos de metodología de la investigación, administración y normatividad en ingeniería.

Si no es sobre la ciencia sobre lo que tratan las ingenierías (al menos por estos lados del mundo) ¿cuál es el fuerte de estas profesiones por aquí?  La respuesta es simple.  A los ingenieros en Colombia los forman para ser excelentes administradores.  Y no me refiero a la administración en el sentido tradicional de la palabra (que también se ha vuelto muy importante para la formación de los ingenieros criollos). Me refiero a manejar, gerenciar el conocimiento que otros han producido.  La organización de los procesos, las metodologías, el trabajo con estándares, cosas todas que son son fundamentales para el buen desarrollo de los grandes proyectos científicos y tecnológicos, pero que están lejos de ser la solución misma a los problemas para los que supuestamente deberían estar formados.

Esta es la formación que necesitan los jefes, los líderes de los proyectos.  Cuando se ve a un grupo de ingenieros colombianos trabajando juntos, esencialmente lo que uno ve es a un montón de “caciques” y ni a un solo “indio”.  Frente a un verdadero problema, uno que jamás hayan visto, que no este incluído en los software de multi física que les enseñaron a manejar o sobre el que no haya manuales escritos por científicos e ingenieros alemanes y japoneses, no hay entre ellos nadie que tenga la formación científica y matemática requerida para enfrentar la realidad.  Todos son expertos en formular proyectos, diseñar cronogramas, leer manuales y hacerlo todo estrictamente siguiendo juiciosos estándares de ingeniería.  Pero ninguno ha resuelto un verdadero problema de física, ni se ha enfrentado a demostrar un teorema en matemáticas avanzadas o ha descubierto o sintetizado una nueva sustancia.  Según nuestras universidades, ninguna de esas habilidades es importante para los ingenieros.  “Dejemos eso a los científicos”, dicen los directivos.  Insisto en que no debemos generalizar.  Hay muy buenos ingenieros en Colombia hoy, verdaderos científicos, pero la inmensa mayoría lamentablemente se aleja poco de la descripción anterior.

Si estuviera en mi definir una política de educación superior para Colombia yo eliminaría los programas y facultades de ingeniería.  Pero no se asusten.  Reformaría también profundamente los programas y facultades de ciencias.  En su lugar crearía grandes Facultades de Ciencias que combinarán la formación e investigación en Ciencias Básicas (ciencia por la ciencia, por la comprensión del funcionamiento del universo) y en las mal llamadas Ciencias Aplicadas (que definiré aquí como ciencia orientada a la solución de problemas tecnológicos y sociales).  Los programas de ingeniería industrial, electrónica, mecánica y civil serían absorbidos en fuertes departamentos de física.  Los que hoy se forman en esas disciplinas se graduarían en un primer momento como físicos.  No habrían ingenieros civiles sino físicos expertos en estructuras civiles.  La ingeniería de sistemas y telecomunicaciones se unificarían en el departamento de matemáticas y estadística.  A la biología y a la química les adosaría todos los profesores y estudiantes de los programas de ingeniería de alimentos, bioingeniería e ingeniería ambiental.  Todo sin mencionar la creación de grandes departamentos de geociencias y astronomía en los que se ofrecería lo que por ejemplo hoy llamamos ingeniería de petróleos.

Pero si todos nos volvemos científicos ¿quiénes aplicarían los estándares, diseñarían los procesos o gerenciarian los equipos de trabajo?  En cada profesión científica, crearíamos líneas de profundización en esos aspectos de la gestión del conocimiento científico para los que hoy se forman TODOS los ingenieros.  Los estudiantes que mostrarán habilidades e intereses en la gestión y la administración se convertirían en científicos-ingenieros.  Ellos serían los jefes en los proyectos que ahora tendrían como mano de obra otros científicos formados profundamente en sus disciplinas y capaces de resolver problemas abiertos, problemas nuevos.  La proporción de “científicos-ingenieros” a científicos ya no sería de miles a 1 (muchos caciques y pocos indios) sino de 1 a muchos.

Los beneficios de esta utopía socio-académica serían diversos.  Científicos aplicados, con una formación rigurosa en ciencias y matemáticas, ocuparían el lugar de los ingenieros.  Los obreros de la creatividad técnica tendrían el más alto perfil y creo yo la mejor preparación para resolver problemas diversos y complejos.  Los nuevos ingenieros, científicos-ingenieros, tendrían una verdadera formación profesional en ciencias pero harían un trabajo de gerencia de nuestro propio conocimiento y soluciones.  No les exigiríamos una especialidad científica o técnica específica y de la misma manera ellos no se esforzarían por demostrarla usando o copiando aquella obtenida por científicos en otros lugares del mundo.

Aunque sé que pocos de ustedes votarían por un presidente que pensará en mi como Ministro de Educación, espero que la presentación de esta dura realidad en los términos igualmente duros que los he expuesto aquí sirva para pensar que existen maneras diferentes de abordar y tal vez resolver el problema de la formación científica y técnica en países como los nuestros.

Actualización (Mayo 22 de 2014).  Como podrán notar de los abundantes y largos comentarios abajo, esta entrada tuvo justamente la reacción que predecía al principio.  No es para menos.  Sé que fui atrevido, pero también sé que alguien tiene que lanzar la piedra en el estanque para que la cosa se mueva (no quiero tampoco dármela de mesías).  Las aguas estancadas huelen maluco.  Les recomiendo de manera muy especial los comentarios contrarios al punto en este artículo en especial aquellos que tuvieron la paciencia de escribir argumentaciones muy “científicas” como @_vonrichthofen, Alfredo, Francisco Beltrán y Alvaro Monterroza (que hasta bibliografía puso).   Me alegra que buenos científicos hayan leído y criticado la entrada.    No lean esta entrada sin leerlos a ellos (y seguramente a muchos otros que llegarán)

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