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Científicos en un Tanque

¿Para qué sirve un científico en una sociedad llena de necesidades prácticas como la nuestra? Es claro que esta pregunta preocupa cada vez más a nuestros gobernantes.  Gobernantes, que vale la pena aclarar, en realidad invierten mucho menos en ciencia de lo que deberían, pero mucho más de lo que están dispuestos a arriesgar en una empresa que no parece devolver a la sociedad dividendos evidentes.  ¿Pero son la ciencia y los científicos (especialmente aquellos que podríamos denominar “rocket scientist” o científicos de línea pura) realmente tan costosos e inútiles?

“El mayor aporte de un científico a la Sociedad es la intangible capacidad que desarrolla para resolver problemas inesperados” 
Enero 22 de 2014
http://bit.ly/trino-aporte-cientifico

“Antioquia necesita un “Tanque de Pensamiento Científico”: un “cerebro colectivo” pensando los problemas prácticos de la región” 
Enero 22 de 2014
http://bit.ly/trino-tanque-pensamiento

El problema de los Científicos en sociedades emergentes como la nuestra es que no vienen con un manual que nos explique cómo se usan o para qué sirven exactamente.  La Ciencia Nacional es una empresa relativamente reciente que, creo yo, esta empezando apenas ahora a ofrecer los primeros frutos visibles.  Lamentablemente casi nadie parece darse cuenta de ello, ni siquiera los científicos mismos.

Normalmente cuándo le pedimos a los Científicos Criollos que nos indiquen cuál ha sido el aporte que han hecho a la sociedad en un año dado, ellos sacan una lista de papers publicados en importantes revistas de circulación internacional, editadas en una lengua que a duras apenas hablamos aquí y en países lejanos (en términos geográficos aunque no informáticos) donde creería uno sí usan esa ciencia para algo importante.  Lo peor de todo es que los problemas que esos papers supuestamente resuelven (o plantean) nada parecen tener que ver con los asuntos que aquejan al país o a la región que financia esa misma ciencia.  Pero más triste aún es saber que el contenido de muchos de esos papers escritos en Colombia posiblemente beneficien a algunas industrias extranjeras de muy alta tecnología que con ello favorecen economías y sociedades avanzadas.  Y mientras tanto ¿nosotros qué?

Si bien el párrafo anterior parece escrito por un ciudadano bastante informado pero no muy consciente del funcionamiento real de la ciencia y sus derivados (el dirigente o gobernante típico), contiene preocupaciones a las que debemos dar claramente respuesta los científicos que nos beneficiamos del lugar que la sociedad ha creado para nosotros.

Mi propósito en esta entrada es justamente ofrecer una visión muy personal (aunque naturalmente basada en mi experiencia y perspectiva profesional) de cómo debería abordarse este debate.  Si me alcanza y les interesa, también ofrezco aquí algunas soluciones a lo que podríamos llamar el problema de la financiación de una “ciencia extranjera”.

Lo primero que deberíamos decir es que no creo que casi ningún científico, ni en Colombia, ni en el mundo, se levante por la mañana pensando que con su ciencia va a resolver los problemas apremiantes de su entorno inmediato o de la humanidad en general: la escasez de alimentos, la contaminación creciente del planeta o la desigualdad social.  Si bien, seguramente, muchos científicos sociales y ambientales mencionan estos problemas cuando hablan de lo que hacen (especialmente frente a políticos, dirigentes o personas que no son de su área), la verdad es que la mayoría nos la pasamos resolviendo problemas relativamente pequeños: las implicaciones de modificar este o aquel gen en el plátano, las propiedades de esta o aquella sustancia (una de millones) presente en fuentes de agua potable, las propiedades de este material, frente a aquel otro, etc.

No hay científicos, ni aquí, ni en ningún lugar del mundo escribiendo papers titulados “Cura para el Alzheimer en Antioquia” o “Método económico para trasladar la humanidad a Marte antes de que se caliente demasiado la Tierra”.  Eso es lo que uno le dice a los periodistas, pero la ciencia es muy más diferente: avanza de a pasitos pequeñitos.  Incluso cuando un científico dice que va a desarrollar “Nuevas Medicinas para las Enfermedades Tropicales” posiblemente este diciendo que tiene que escribir unos 5 o 10 papers antes de estar siquiera cerca a eso.

Todo esto, para decir, que es prácticamente imposible que de un solo paper, incluso que de muchos de los papers que los científicos colombianos escriben en un año pueda salir la solución a cualquiera de los problemas que nos aquejan, del modo en que sale un conejo del sombrero de un mago.

¿Entonces? El problema de nuestras expectativas con la ciencia esta en el hecho de que no reconocemos el valor que esta realmente crea: la capacidad para resolver problemas, diseñar, desarrollar o manejar herramientas sofisticadas de observación y de análisis.  Cada que un científico colombiano escribe un paper sobre el polvo que se crea en las atmósferas de estrellas moribundas, esa persona esta refinando habilidades que ninguna otra actividad humana tiene la capacidad de formar.  Visto de esta manera, la ciencia produce, al margen de importantes granitos de arena (bastante inútiles) para la comprensión de la naturaleza (humana, social o física), nuevas capacidades en la sociedad que no existirían sin que pagáramos a personas dedicadas y responsables para entrenarse y convertirse en expertos de esas mismas capacidades.

¿Saben ustedes cuántas horas pasa frente a un computador un Astrofísico Computacional (que para los más pragmáticos es un perfecto inútil que no sabe casi nada de los problemas que aquejan a la sociedad colombiana), inventando algoritmos, nuevas maneras de almacenar ingentes cantidades de información en limitados recursos computacionales, esquemas de comunicación o representación de la información que nadie más ha creado? Pues tantas como las que pasa un hacker que trata de colarse en redes gubernamentales o militares solo por diversión.  Entonces ¿qué es lo que importa? ¿los papers incomprensibles que publica cada año? (y que dicho sea de paso permiten que entendamos un poquito mejor, por ejemplo, la física de la caída de materia en una estrella de electrones antes de una explosión de supernova) o ¿la capacidad que tiene para desarrollar y utilizar modelos informáticos?

Mi propuesta es entonces que las agencias de financiación, los gobernantes y los directivos de las universidad, dejen de preocuparse tanto por una producción que, como bien han terminado por entender, poco o nada le aporta a los problemas nacionales, y en cambio lo hagan por las capacidades desarrolladas por esos mismos científicos para producir justamente esos resultados.

Estoy seguro que si hiciéramos un inventario de lo que “puede hacer” Colombia, en el sentido de lo que han aprendido a hacer sus científicos mientras publicaban los miles de artículos de los que nos vanagloriamos como ciencia nacional, nos daríamos justamente cuenta de que todo el dinero invertido en esos “Rocket Scientist”, como dicen los gringos, ha valido sobradamente la pena.  Como dije muy al principio, todas las décadas de Ciencia Nacional, aparentemente inútil, han creado un país increíblemente capaz para resolver los problemas que cuando comenzó esa inversión apenas soñábamos que iban a existir.

“Resuelto” ya el problema de cómo justificar el dinero invertido en papers inútiles, que no se ha desperdiciado porque estos papers fueron producidos por una capacidad intelectual que todavía esta aquí en Colombia (a pesar de la diáspora), queda el problema de como aprovechar ese potencial.  De como explotar ese recurso fantástico.  ¡He ahí el quid del asunto!  La solución es lo que nos hace diferentes de Alemania o Japón.

No hay en esto fórmulas mágicas.  Donde hayan seres humanos, todo será siempre, absurdamente complicado.  Podríamos perfectamente contar actualmente con una incalculable “capacidad científica”, pero al estar esa capacidad almacenada en instituciones y personas con una idiosincrasia y cultura particular, sacar de allí ese “tesoro” podría ser más difícil de lo esperado.  Tal vez nos toque, precisamente, usar parte de este recurso intelectual para inventar la manera justamente de explotar esta mina.  Esta entrada de blog es mi modesto aporte.

Hay tres mecanismos que considero podrían usarse de manera casi inmediata en todas las instituciones que lideran la investigación científica nacional, para poner a disposición la capacidad desarrollada por la ciencia criolla: (1) Los “tanques de pensamiento” (o think tank para los más internacionales), (2) un cambio del modelo de valor de la investigación, de los papers a las capacidades desarrolladas y (3) un sistema de “cuotas de talento” capaz de poner efectivamente esas capacidades al servicio de problemas reales.

No me quiero extender más en esta entrada (a esta altura ya debo haber perdido el 80% de los lectores) y creo que los mecanismos anteriores podrían intuirse a partir de las frases que los presentan.  Pero dejen me presentarlos así sea juntos en un único párrafo.

Señores gobernantes y directivos de investigación: dejen de preguntarle a los investigadores únicamente por cuántos papers han publicado o cuántas patentes han desarrollado.  Ninguno de esos números indican, en la línea de razonamiento de esta entrada, cuánto ha ganado realmente la sociedad Colombiana con la labor de esos profesionales.  Hay que empezar a preguntar a los investigadores por cuáles capacidades nuevas se desarrollaron y en qué medida lo hicieron; o cuántos expertos se formaron en el desarrollo de un trabajo de investigación.  Lo publicado o inventado es para el bien de la ciencia o la técnica mundial.  Las capacidades desarrolladas son nuestras.  Esto es a lo que yo llamo aquí cambiar el modelo de valor de la investigación.

Un científico es una persona a la que le gusta resolver acertijos.  Quien lea esta entrada y sea científico se identificará seguramente con la emoción que se siente cuando se esta ante un problema nuevo y cuya solución es desconocida; con esas etapas iniciales de especulación y lluvia de idea; o con el rompecabezas de armar la solución y darle una forma adecuada, cuando ya se ha encontrado la salida.  Si no lo hace, tal vez le falto jugar más ajedrez con los amigos o tener buenos profesores de ciencias.   Pero resolver un problema es difícil.  Se requiere madera especial para hacerlo y los científicos son expertos en hacerlo.  Con ingenio, liderazgo y obviamente buenos recursos, se pueden sentar grupos altamente multi disciplinarios de científicos en una habitación a hablar sobre un problema práctico de la región o el país.  Entre más concreto sea el problema y entre más difícil parezca la solución, pero, más importante, y más se note que nuestras habilidades pueden ser utilizadas, mejor será la experiencia.  Poner a los científicos en “una pecera” podría ser perfectamente el principio para la solución de muchos problemas concretos.  ¿Cuál sería el estímulo para ellos?  ¿su interés por los problemas? ¿la posibilidad de participar en proyectos prácticos? No sé.  Lo único que les puedo decir es que si a mí como Astrofísico me dicen que me van a financiar la participación en un evento internacional de Astrobiología (que hasta donde sé no tiene aplicación práctica en los problemas de Antioquia) pero que a cambio debo participar periódicamente en una de esas encerronas, no dudaría ni un segundo en aceptar.    Esto es justamente lo que se podría hacer en lo que se conoce popularmente como un “Tanque de Pensamiento”.  Colombia debería estar llena de estas “peceras creativas”.

Finalmente: ¿que pasaría si por cada proyecto que nos financiaran a los “Rocket Scientist” tuviéramos que pagar una “cuota práctica”, siendo parte por ejemplo de un tanque de pensamiento, asesores o co investigadores de un proyecto de naturaleza más práctica? Lo que creo es que poner más cuotas a los científicos, aparte de las que ya pagan, producirá en ellos una reacción no muy positiva; el modelo podría implementarse y colapsar rápidamente.  Pero ¿por qué no intentarlo?  Nadie quita que pudiera salir algo realmente bueno.

En síntesis el valor de la ciencia nacional no esta en los papers o las patentes que produce nuestra comunidad sino en lo que hemos aprendido a hacer mientras escribíamos esa literatura o nos inventábamos máquinas o procesos para resolver pequeñísimos problemas científicos.

Lo cierto de todo es que si el gobierno quiere desarrollo, innovación o educación, y como diría el pollito, sin científicos ¡ni pío!

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Un Científico es de donde lo Cuidan

Siguiendo la lógica de los medios de comunicación, Colombia tiene dos o tres científicos que si no han estado a punto de ganar el premio Nobel podrían ganárselo en un par de años.  La triste verdad es que tecnicamente ninguno de esos colombianos es realmente un “científico colombiano”

“#Definición: Un científico es del país dónde financien sus ideas más alocadas. Lo demás es un injusto orgullo de la cuna que lo despreció” 
Diciembre 28 de 2013
http://bit.ly/trino-casa-cientifico

“No den al Gobierno Colombiano méritos que no tiene: ni Llinas, ni Ana María Rey son científicos colombianos. Los paga el Gobierno Americano” 
Diciembre 28 de 2013
http://bit.ly/trino-llinas-rey

Por estos días fue muy popular en las redes sociales la noticia de que Ana María Rey, egresada del Departamento de Física de la Universidad de los Andés y quién hoy ostenta una posición de profesora en la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos, había sido seleccionada en un exclusivo grupo de 102 científicos jóvenes que fueron honrados por la Casa Blanca por sus brillante carrera.

La noticia se produjo alrededor de los mismos días en los que estaba leyendo una entrevista que la Revista Bocas del diario El Tiempo le hizo al Doctor Rodolfo Llinás (y que a propósito recomiendo leer a todos en este enlace) Para quienes no lo conocen (en Colombia es una “celebridad”) Llinas es Director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York, autor del best-seller “El Cerebro y el Mito del Yo”, de familia catalana, nacido y educado (durante el pregrado en Medicina) en la ciudad de Bogotá.

Con Rey y Llinas, Se me vino también a la cabeza la Doctora Nubia Muñoz, Científica Emérita de la Unidad de Estudios de Campo de la Agencia Internacional de Investigacion del Cáncer (Lyon, Francia).  De origen Colombiano y formación en pregrado y posgrado (?) en la Universidad del Valle, la Doctora Muñoz estuvo en el partidor del Nobel de Medicina en 2008 por sus investigaciones de campo sobre la relación entre el cáncer de cuello uterino y el Virus del Papiloma Humano.

Tanto Rey como Llinas y Muñoz son presentados normalmente (especialmente por la prensa) como eminentes “científicos colombianos” que dejan muy en alto el nombre de nuestro país en comunidades normalmente dominadas por expertos de otras latitudes.  Nos llenamos la boca diciendo que una “colombiana” estuvo nominada al premio Nobel de medicina, que un colombiano es posiblemente uno de los neurocientíficos más sobresalientes del mundo y que una uniandina es una genio de la física “criolla” que ha revolucionado el estudio de los “átomos ultrafríos”.  Todo es verdad, excepto por el hecho de que ninguno de ellos es tecnicamente un “científico colombiano”.  El hecho de que hayan hecho sus primarias en Colombia (el pregrado es la primaria en el mundo de las ciencias) y que les haya tocado montar en esos colectivos colorinches de nuestras capitales cuando eran unos “nerds” inquietos, no los convierte automáticamente en Científicos de Colombia.

No.  Para ser un científico colombiano (lo que actualmente no se le desea ni a un referee sesgado) es necesario haber pasado por algunas vicisitudes bien conocidas por la fauna científica criolla.  Se debe, por ejemplo, haber recibido una calificación de 97/100 en un proyecto de investigación casi perfecto y no haber obtenido financiación porque otros 25 proyectos en áreas mas “pertinentes” (no me hagan mencionarlas siquiera) recibieron 100/100 de revisores de dudosa reputación.  O por ejemplo se requiere haber formado estudiantes de maestría y doctorado que trabajaban 3/4 de tiempo como profesores de cátedra en Universidades privadas para pagar sus onerosas matrículas de posgrado (porque en Colombia existen los pregrados públicos pero todos los posgrados son privados).  O tal vez haber estado 1 año en una lista de elegibles de Colciencias para salir descalificado en el último momento.  El científico colombiano asiste cada vez que puede a una conferencia internacional e incluso debe suplicar por ayuda de sus instituciones para que paguen en caso de que lo inviten.  Todo sin mencionar el hecho de que al científico colombiano le toca luchar contra los sesgos naturales del mundo científico que ven con recelo investigaciones realizadas en medio de las montañas de Colombia en lugar de las planicies heladas de Massachusetts.  Al científico Colombiano no lo afecta tener un apellido impronunciable en el mundo anglosajón o teutón y que se remonta claramente a saqueadores de la corona española, Pinzón, González, Muñoz.   Lo afecta no tener una afiliación de rancio abolengo ni estar emparentado científicamente con un Big Name.

No es que la vida de los científicos americanos como Llinás o Rey o de los franceses como Muñoz sea fácil.  Ellos tienen también grandes dificultades que superar.  Por ejemplo, tienen que ser extremadamente buenos en lo que hacen para sobresalir en una multitud de otros genios venidos de todas partes del mundo.   Tienen que hacer cosas realmente grandiosas e impactantes para recibir apoyos financieros multimillonarios.  Tienen que elevar el prestigio de sus instituciones hasta las nubes, ganar premios y formar muchos estudiantes de posgrado (todos becados) ¡Que vida tan difícil! ¡Ya se la soñaría cualquier científico colombiano decente!

No podemos darle el gusto al Gobierno Colombiano, que poco ha hecho en la ya larga historia de las Ciencias Básicas en el país por garantizar un nivel decente de financiación para la ciencia, ni a las mismas Universidades de las que se graduaron estos ilustres científicos, de que se vanaglorien por el logro de profesionales que han sido pagados por gobiernos e instituciones con la visión suficiente para entender que invertir en la ciencia es tan importante como mantener uno de los ejércitos más grandes del mundo (es paradójico que el país con el ejercito más grande, en cambio, si deje un poco para mantener un alto nivel de desarrollo científico)

Ahora bien.  Una cosa es una Pelota Negra y otra una Negra en Pelota.  Una cosa es un “Científico Colombiano” y otra un “Colombiano Científico”.  Decir que estos tres destacados profesionales no son Científicos Colombianos no significa decir que no sean Colombianos de los que nos sentimos muy orgullosos todos sus compatriotas ¡ni más faltaba!  Tampoco quiere decir esto que no hayan verdaderos Científicos Colombianos (en el sentido técnico de la palabra).  Los hay, y muchos son realmente destacados (algunos incluso no nacieron en Bogotá, Medellín o Cali, así como Llinas tampoco nació en Nueva York ni Muñoz en Lyon).  Que los conozcan los medios, tal vez no.  Que los premie la Casa de Nariño, muchos menos.   Nuestras Universidades están llenas de ellos.  Gente que se quiebra la espalda tratando de sostener una reputación científica de nivel internacional con los centavos que el Gobierno les suelta para investigación.  Profesionales que, si bien ganan un salario extremadamente decente para el estándar Colombiano, tienen que hacer milagros para garantizarse un estudiante de posgrado de tiempo completo (cuyo salario cuesta mucho más de lo que el científico colombiano podría pagar con sus ahorros) o para conseguir financiación para los equipos que necesita para estar a la vanguardia de su propia disciplina.

Debo admitir también que soy consciente del hecho que entre los propósitos de resaltar las carreras de estos profesionales esta el de animar a las nuevas generaciones a seguir sus pasos.  Esforzarse más allá de sus límites para hacer carreras que en Colombia todavía tienen “mala reputación” entre sus familiares (¿física? ¿astronomía?) para que algún día logren sobresalir y ser valorados como los genios que pueden ser en países donde la ciencia si es importante.  Sin embargo, ahora mientras lo escribo me doy cuenta que tampoco esa es una buena justificación.  ¿Qué esperanza tiene un joven genio que sabe que para poder ser destacado, para hacer grandes cosas y cumplir sus sueños más alocados, debe dejar su país y vivir como inmigrante por el resto de su vida?

Si Colombia quiere a una Ana María Rey, a un Rodolfo Llinás o a una Nubia Muñoz, firmando sus papers con afiliaciones Colombianas debe mandarse la mano al bolsillo.  Debe cambiar el sistema educativo (especialmente a nivel terciario) y el político por ahí derecho y obviamente las leyes que determinan cuánto se destina a la investigación básica.  Debe invertir en las cosas más inútiles de la ciencia, un acelerador de partículas, un laboratorio de nano ciencias o uno de bajas temperaturas, una estación antártica, un supercomputador para hacer desde simulaciones cosmológicas hasta modelos climáticos a 100 años, un satélite con una carga útil científica, un observatorio astronómico o un radiotelescopio.  Todo esto, que es considerado por nuestros políticos y por el 95% de los Colombianos, un despilfarro miserable de recursos públicos es lo único que nos haría una sociedad preparada para resolver los problemas no de hoy sino del próximo siglo.

Antes de que eso pase me seguiré avergonzando cada vez que alguien diga que Rey, Llinás o Muñoz son Científicos Colombianos.

Actualización.  En el número de la Revista Semana del 5 de enero de 2014 se publica una lista muy interesante de 30 colombianos destacados con menos de 30 años.  ¡Aplaudo la iniciativa! Los jóvenes necesitan este tipo de exposición y reconocimiento muy temprano y no cuando sus carreras ya se han consolidado y quienes los premian son sus propios estudiantes.  Me sorprendió, sin embargo, descubrir que entre los únicos dos personajes con una relación directa con la ciencia, uno de ellos no solo no es un Científico Colombiano, en el sentido explicado aquí, sino que, me atrevería a decir seguro es también ciudadano Inglés (puedo equivocarme).  ¿No pudieron encontrar a un joven destacado en la Ciencia en Colombia? ¿será que no existe?  El personaje del que les hablo es el candidato a Doctor Gabriel Villar.  No lo conocía y naturalmente admiro sus logros.  Pero Gabriel estudio el bachillerato, el pregrado , la maestría (?) y esta haciendo el doctorado en el Reino Unido.  ¿Son estos los científicos Colombianos de los que nos debemos sentir orgullosos? Acaba de publicar un paper en la prestigiosa revista Science con sus colaboradores en la Universidad de Oxford y eso lo hace mejor, según la revista Semana, que todos los Profesores Jóvenes y estudiantes de Doctorado brillantes que conozco y están vinculados a la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia, la Universidad del Valle o la Universidad de los Andes.  La otra persona destacada en la lista es Vanessa Restrepo, una brillante joven paisa que ha cosechado, aún sin terminar sus estudios universitarios de pregrado, impresionantes logros científicos en el exterior.  Esperemos que Colombia tenga la visión para que Vanessa haga sus patentes y publique sus futuros Natures con una dirección que diga “Cra. X, No. N-M, Medellín (Colombia)” (o de cualquier otra ciudad que le alcahuetee sus más alocadas iniciativas)

Actualización, Enero 14 de 2013.  Mary en su comentario abajo aclara que el Doctor Rodolfo Llinás fue Director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York hasta el 2012.  Muchas gracias.

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