Trinoceronte

Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

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¿Básica o Aplicada? Esa no es la cuestión

Si la Ciencia Básica no es Aplicada entonces ¿para qué?  Si la Ciencia Aplicada no es Básica entonces ¿qué es?  La división entre Ciencia Básica y Aplicada es un embeleco cultural.  Una excusa, tal vez, para no repartir la plata como debería entre líneas de investigación que se adelantan décadas en el futuro.  Toda inversión en “ciencia aplicada” en nuestros países en desarrollo es en realidad una inversión en la aplicación de ciencia básica extranjera (con giro directo a los dueños alemanes y japoneses de las patentes respectivas)  Hay que acabar con este mito y defender a la ciencia en su totalidad unificando las que podrían ser, simplemente, aspectos administrativos o culturales del mismo fenómeno.

“No hay rigurosamente ciencia básica y aplicada. Lo que hay es científicos mal administrados e ingenieros que no saben de ciencia
Marzo 5 de 2014
http://bit.ly/trino-ciencia-aplicada

¿Ciencia Aplicada? Adaptado de http://bit.ly/1ostU9o

¿Ciencia Aplicada? Adaptado de http://bit.ly/1ostU9o

En mi último Trinoceronte plantee una reflexión acerca de la calidad y pertinencia de la formación en ingeniería en Colombia.  Como lo predije precisamente allí, las reacciones no se hicieron esperar.

Ingenieros conscientes de los defectos que tiene la formación profesional en sus disciplinas en el país, reconocieron parcialmente algunas de mis críticas, aunque naturalmente no estuvieron de acuerdo con todas mis apreciaciones (definitivamente no me escogerían como Ministro).

A otros, creo yo, les pudo la crudeza de mis palabras o la manera como formule allí el problema y hoy estoy lejos de engrosar la lista de sus mejores amigos.

Con el temor de parecer un “mono” temático o de empeñarme en acabar con mis últimas amistades en el gremio de la ingeniería (lo que creo es difícil porque los buenos amigos que tengo allí me conocen bien y saben que cuando de la ciencia se trata la diplomacia pasa a un segundo lugar) quiero plantearles aquí otra discusión relacionada con la anterior, o tal vez no,  pero definitivamente igual de importante para lo que será el futuro del desarrollo científico de nuestro país.

Se trata del embeleco de la división entre Ciencia Básica y Ciencia Aplicada, una discusión que también adelantaba en mi entrada sobre la Ingeniería.  Si bien en primera instancia la idea de que el conocimiento o el quehacer científico se pueden dividir en una componente que persigue aumentar nuestro conocimiento del Universo, conocimiento por el conocimiento y en otra que pretende aplicar esos conocimientos para la solución a los (mal llamados) “problemas reales” o de la (supuesta) “vida cotidiana”, un análisis más profundo del asunto deja sin piso una separación como esta, ni siquiera en el nivel semántico.

Dejémoslo bien claro desde el principio: toda Ciencia es básica y al mismo tiempo y “de la misma forma” aplicada.

Creer que hay conocimiento científico que “no sirve” para propósitos “prácticos” tiene dos defectos evidentes.

Primero, desconoce lo que “servir” realmente significa.  No hay ningún desarrollo científico que se persiga sin un propósito, es decir sin servir para un fin concreto.  Si no fuera así, sería prácticamente imposible convencer a cualquier institución, por “alcahueta” que sea, de pagarle a uno para hacer ciencia.  Lo primero que se debe declarar en un proyecto de investigación de ciencia “básica” es para qué diantres van a servir los resultados del proyecto.

Decir que la ciencia “básica” (como la llaman todos esos “yuppies tecnológicos” que hay por ahí), no sirve, es tan injusto como reclamarle a la mamá porque lo regaño a uno cuando estaba chiquito.  Nadie que este vivo y tenga más de 10 años (de edad física o mental) podría contar el cuento sino fuera gracias a la que en algún momento fue “ciencia básica inservible”.

El segundo defecto es pensar que la ciencia no es “práctica”.   Conozco científicos realmente raros.  “Geeks” que gozan con cosas extrañas, algunas tal y como lo vemos en las caricaturas que hacen de ellos en el cine y en la televisión.  Sin embargo, si algo caracteriza a los buenos científicos (los realmente buenos) es su pragmatismo.  Y no es para menos.  ¿De qué le serviría a un personaje que vive de “hackear la realidad” perseguir “pajaritos en el aire”? ¿para qué autoengañarse, como lo hacen… no sé… la teología, la religión, la filosofía o la política, si esto lo va a alejar a largo plazo del objeto último que es entender (lo mejor que puede) la realidad?

Obviamente no todos los científicos somos pragmáticos.  Pero ese es otro problema.  Un problema de educación y formación profesional.  Les aseguro que los científicos que están bien educados o son genuinamente buenos, no se andan con pendejadas.

Si es así, preguntan la mayoría de los “yuppies”, ¿cómo es que se gastan una millonada construyendo un acelerador de partículas para buscar disque la “materia oscura”? A todos quienes se formulan esta importante preguntan día a día les tengo una noticia que les va a permitir conciliar el sueño esta noche: buscar y sobre todo, encontrar la materia oscura, ES MUY IMPORTANTE.  El problema es que para entender este hecho elemental hace falta justamente aquello de lo que adolecen nuestras sociedades: educación científica de calidad.  Solo quién conoce, así sea por cultura general, el contexto general en el que se desarrollan los más grandes proyectos de la ciencia, quién sabe un poco sobre la historia del conocimiento científico, sea porque ha leído o porque ha visto suficiente televisión por cable, sabe que la ciencia es una niña precoz.

Una de las características fundamentales del conocimiento científico (de todo él) y que es quizá la razón más importante para invertir la mayor cantidad de recursos públicos y privados en su desarrollo, es que siempre se anticipa;  los problemas que resuelve se ponen de moda a veces varias décadas después de estar consignados en paper frescos e incomprensibles.  Podríamos decir, en términos coloquiales que “la ciencia básica, inservible e impráctica, de hoy es lo que te mantendrá vivo mañana” Una frase, palabra por palabra, sostenida por sólida evidencia empírica e histórica.

Voy a darles un ejemplo que descaradamente robaré a uno de mis maestros, el Profesor Jorge Mahecha de la Universidad de Antioquia (uno de esos científicos verdaderamente prácticos de los que hablaba arriba).  Se trata de la denominada “magnetoresistencia gigante“.  Este fenómeno, descubierto por un grupo de “geeks” en los años 60s y descrito teóricamente por científicos “puros” en los 80s (científicos básicos, no ingenieros, ni científicos “aplicados”) solo pudo ser utilizado para construir dispositivos cotidianos a finales de los 90s (una hazaña lograda también por científicos puros… pero esta vez pagados por compañías tecnológicas).  En otras palabras, un fenómeno emergente de la materia, solo explicable por la otrora “inservible” mecánica cuántica, permite que todos los yuppies babosos del planeta puedan tener discos duros de varios Giga Bytes en lugar de unos cientos de Mega Bytes.

Otros ejemplos bonitos pueden encontrarse entre las fascinantes páginas del libro El Mundo y sus Demonios, de otro de los científico más prácticos de la historia: Carl Sagan (tan práctico que hasta una celebridad televisiva se volvió)

De modo que me pregunto ¿qué es lo que todo el mundo llama con tanta certeza “ciencia aplicada”? Pues no es más que la misma ciencia, la misma mecánica cuántica, la misma genética, la misma mecánica de fluidos, simplemente puesta en un contexto particular.  Pero hasta donde yo sé, poner en un contexto diferente a una cosa, no lo hace completamente diferente.  En términos muy coloquiales sería como si una arepa puesta al lado de una taza de chocolate fuera diferente fundamentalmente de otra puesta sobre arroz en un plato de comida.

Dejemos de “pendejiar”, pero sobre todo, dejemos de desorientar mas a la gente que administra los recursos que necesitamos los científicos para trabajar.  Todos los científicos.  Hay que recordar que la mayoría de las personas que manejan esos mismos recursos en países como el nuestro poco o nada saben de ciencia (con contadas excepciones) de modo que se creerán cualquier cosa que les digan especialmente si suena a que podrán invertir su dinero en las cosas que les dictan los grandes emporios económicos.

Dejemos de presentar la ciencia que solo nosotros hacemos (la ciencia aplicada, la ciencia para los problemas reales, la ciencia para la gente) cómo la única que realmente sirve y en contraposición con la que hacen esos “marihuaneros del bloque 6”.  Ese no es un juego justo y sobre todo es una mentira rampante.

Volviendo sobre la ingeniería.  Señor estudiante de ingeniería: no deje que le vendan su profesión como una de ciencia “aplicada” con la excusa de no enseñarle casi nada sobre la denominada “ciencia básica”.  Usted esencialmente se esta formando como un científico a secas.  Bueno, esta bien, un científico formado en un contexto diferente, con una sensibilidad diferente por la sociedad; pero al fin y al cabo un científico más.  No se deje quitar lo único que lo hace realmente bueno como profesional, la ciencia y la capacidad que le da para resolver prácticamente cualquier problema.  Exija a sus profesores el más alto nivel académico.  Por algo esta pagando lo que paga (o le paga el gobierno).

Para terminar y abusando de la confianza de un amigo tuitero que me hizo un comentario al Trinoceronte anterior, les cito una frase muy escuchada en los pasillos de las Facultades de “Ciencias Aplicadas” en Colombia: “En la Faculta de ciencias básicas le enseñan qué es, de dónde viene, con qué se come y cómo se demuestra el teorema de pitágoras.  En esta Facultad le vamos a enseñar es para qué sirve ese teorema de verdad”.  La verdad es que si un científico no sabe para que sirve el teorema de Pitagoras, entonces es un mediocre mal educado.  Pero si un ingeniero no sabe “qué es, de dónde viene, con qué se come y cómo se demuestra” el teorema de Pitagoras, sencillamente le robaron la platica en la Universidad.

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El Fetiche de la Ingeniería

La “ingeniería” se ha apoderado de nuestras sociedades académicas y educativas.  En países como los nuestros, que consumen conocimiento en lugar de producirlo, el número de “ingenieros” supera por un factor muy grande al número de científicos.  Es más probable que un joven con aptitudes técnicas y matemáticas termine estudiando ingeniería, muchas veces por culpa de un imaginario cultural, presiones sociales o familiares a que estudie física, matemáticas o química.  Mientras eso siga pasando y continuemos promoviendo ese “fetichismo por la ingeniería” seguiremos detrás de aquellos países donde saben que los problemas hay que resolverlos y no solo administrarlos.

“Colombia necesita muchos mas pensadores (científicos, filosofos y artistas) y menos administradores de problemas (ingenieros y contadores)
Marzo 2 de 2014
http://bit.ly/trino-pensadores-y-administradores

Antes de comenzar quiero aclarar que no tengo nada en contra de las Universidades, Facultades y personas que ofrecen y promueven la formación en ingeniería aquí o en cualquier parte en el mundo.  Tengo muy buenos amigos ingenieros y con algunos inclusive buenas relaciones científicas.  Aunque sé que mis opiniones un poco extremas sobre este tema me pueden granjear algunas enemistades espero también que puedan contribuir un poco a una discusión que tenemos que dar para mejorar justamente el nivel de los profesionales en áreas científicas en nuestros países.

Comencemos pues por las definiciones ¿Qué es en Colombia un Ingeniero de Sistemas? Un científico de la computación que se vio obligado a aprender administración de proyectos, estándares y metodologías en Ingeniería cuando debería haber estudiado teoría de números y estadística matemática.  ¿Y un ingeniero electrónico? Un físico del estado sólido al que nunca le dieron un curso de semiconductores decente y que perdió un cuarto de su carrera haciendo lo que un tecnólogo del SENA hace a la perfección: programar microcontroladores, diseñar circuitos y pegar resistencias.  ¿Un ingeniero de alimentos? Un químico formado a medias porque su currículo incluía algunas asignaturas inútiles que lo desviaron del propósito fundamental de su profesión: utilizar la ciencia para mejorar lo que comemos.

Si esta descripción les parece muy cruda, olviden por un momento que soy científico y que obviamente tengo un sesgo profesional, y piensen si en verdad estoy muy lejos de la realidad académica de las ingenierías en Colombia.  Dudo seriamente que quienes sean ingenieros y estén leyendo esta entrada después de haber hecho un posgrado en Ingeniería en Alemania o en Japón, pongan en duda que la formación en ingeniería en Colombia parece un chiste.  Y es que en todo el mundo desarrollado un ingeniero con una alta formación académica es indistinguible de un científico.  Así veo yo a los colegas jóvenes que están llegandos desde hace unos años a las mejores Facultades de Ingeniería de las universidades colombianas.  Pero la formación en posgrado para un ingeniero colombiano, especialmente si es en el exterior, es esencialmente un curso remedial en ciencias, dirigido fundamentalmente a darles el nivel que necesitan para resolver realmente problemas científicos y técnicos.

Pero, ¿se le puede creer a alguien que no es ingeniero, juicios como estos sobre una profesión que no conoce?  A pesar de que mi formación es de científico, desempeñarme en un país con un fetichismo tan avanzado hacia la ingeniería, me ha hecho vivir de cerca lo que es la formación de los ingenieros.  Fui hasta hace un par de años profesor de medio tiempo en ingeniería y estuve involucrado en el desarrollo de programas de pregrado y posgrado en el área en algunas universidades privadas.  Es esa experiencia justamente la que me motiva para hacer esta reflexión.

El primer hecho delicado: a los ingenieros en Colombia se les enseña ciencias prácticamente “por no dejar”.  Los estudiantes odian esa parte de su formación y a muchos directivos les parece que es algo con lo que los currículos simplemente tienen que cumplir.  Si el nivel de exigencia  científica de un profesor de física, matemáticas o química en un programa de ingeniería se excede un poco sobre la media o bien termina siendo vetado por los estudiantes o son los directivos los que le recuerdan que no les esta enseñando a científicos o a matemáticos ¡craso error!  

Si bien las generalizaciones son odiosas y hay que reconocer que existen buenas Facultades de Ingeniería en Colombia, el Fetiche de la Ingeniería en nuestro país y en el mundo en general ha hecho que pululen Universidades dispuestas a graduar ingenieros bajo esas mediocres condiciones de formación científica.  Es justamente por eso que los ingenieros abundan (y se quedan sin trabajo) en Colombia.  Miles de personas con poco talento científico, sin madera para la academia y la ciencia que pasan raspando cursos de matemáticas y física pero que les va divinamente pegando resistencias o en cursos de metodología de la investigación, administración y normatividad en ingeniería.

Si no es sobre la ciencia sobre lo que tratan las ingenierías (al menos por estos lados del mundo) ¿cuál es el fuerte de estas profesiones por aquí?  La respuesta es simple.  A los ingenieros en Colombia los forman para ser excelentes administradores.  Y no me refiero a la administración en el sentido tradicional de la palabra (que también se ha vuelto muy importante para la formación de los ingenieros criollos). Me refiero a manejar, gerenciar el conocimiento que otros han producido.  La organización de los procesos, las metodologías, el trabajo con estándares, cosas todas que son son fundamentales para el buen desarrollo de los grandes proyectos científicos y tecnológicos, pero que están lejos de ser la solución misma a los problemas para los que supuestamente deberían estar formados.

Esta es la formación que necesitan los jefes, los líderes de los proyectos.  Cuando se ve a un grupo de ingenieros colombianos trabajando juntos, esencialmente lo que uno ve es a un montón de “caciques” y ni a un solo “indio”.  Frente a un verdadero problema, uno que jamás hayan visto, que no este incluído en los software de multi física que les enseñaron a manejar o sobre el que no haya manuales escritos por científicos e ingenieros alemanes y japoneses, no hay entre ellos nadie que tenga la formación científica y matemática requerida para enfrentar la realidad.  Todos son expertos en formular proyectos, diseñar cronogramas, leer manuales y hacerlo todo estrictamente siguiendo juiciosos estándares de ingeniería.  Pero ninguno ha resuelto un verdadero problema de física, ni se ha enfrentado a demostrar un teorema en matemáticas avanzadas o ha descubierto o sintetizado una nueva sustancia.  Según nuestras universidades, ninguna de esas habilidades es importante para los ingenieros.  “Dejemos eso a los científicos”, dicen los directivos.  Insisto en que no debemos generalizar.  Hay muy buenos ingenieros en Colombia hoy, verdaderos científicos, pero la inmensa mayoría lamentablemente se aleja poco de la descripción anterior.

Si estuviera en mi definir una política de educación superior para Colombia yo eliminaría los programas y facultades de ingeniería.  Pero no se asusten.  Reformaría también profundamente los programas y facultades de ciencias.  En su lugar crearía grandes Facultades de Ciencias que combinarán la formación e investigación en Ciencias Básicas (ciencia por la ciencia, por la comprensión del funcionamiento del universo) y en las mal llamadas Ciencias Aplicadas (que definiré aquí como ciencia orientada a la solución de problemas tecnológicos y sociales).  Los programas de ingeniería industrial, electrónica, mecánica y civil serían absorbidos en fuertes departamentos de física.  Los que hoy se forman en esas disciplinas se graduarían en un primer momento como físicos.  No habrían ingenieros civiles sino físicos expertos en estructuras civiles.  La ingeniería de sistemas y telecomunicaciones se unificarían en el departamento de matemáticas y estadística.  A la biología y a la química les adosaría todos los profesores y estudiantes de los programas de ingeniería de alimentos, bioingeniería e ingeniería ambiental.  Todo sin mencionar la creación de grandes departamentos de geociencias y astronomía en los que se ofrecería lo que por ejemplo hoy llamamos ingeniería de petróleos.

Pero si todos nos volvemos científicos ¿quiénes aplicarían los estándares, diseñarían los procesos o gerenciarian los equipos de trabajo?  En cada profesión científica, crearíamos líneas de profundización en esos aspectos de la gestión del conocimiento científico para los que hoy se forman TODOS los ingenieros.  Los estudiantes que mostrarán habilidades e intereses en la gestión y la administración se convertirían en científicos-ingenieros.  Ellos serían los jefes en los proyectos que ahora tendrían como mano de obra otros científicos formados profundamente en sus disciplinas y capaces de resolver problemas abiertos, problemas nuevos.  La proporción de “científicos-ingenieros” a científicos ya no sería de miles a 1 (muchos caciques y pocos indios) sino de 1 a muchos.

Los beneficios de esta utopía socio-académica serían diversos.  Científicos aplicados, con una formación rigurosa en ciencias y matemáticas, ocuparían el lugar de los ingenieros.  Los obreros de la creatividad técnica tendrían el más alto perfil y creo yo la mejor preparación para resolver problemas diversos y complejos.  Los nuevos ingenieros, científicos-ingenieros, tendrían una verdadera formación profesional en ciencias pero harían un trabajo de gerencia de nuestro propio conocimiento y soluciones.  No les exigiríamos una especialidad científica o técnica específica y de la misma manera ellos no se esforzarían por demostrarla usando o copiando aquella obtenida por científicos en otros lugares del mundo.

Aunque sé que pocos de ustedes votarían por un presidente que pensará en mi como Ministro de Educación, espero que la presentación de esta dura realidad en los términos igualmente duros que los he expuesto aquí sirva para pensar que existen maneras diferentes de abordar y tal vez resolver el problema de la formación científica y técnica en países como los nuestros.

Actualización (Mayo 22 de 2014).  Como podrán notar de los abundantes y largos comentarios abajo, esta entrada tuvo justamente la reacción que predecía al principio.  No es para menos.  Sé que fui atrevido, pero también sé que alguien tiene que lanzar la piedra en el estanque para que la cosa se mueva (no quiero tampoco dármela de mesías).  Las aguas estancadas huelen maluco.  Les recomiendo de manera muy especial los comentarios contrarios al punto en este artículo en especial aquellos que tuvieron la paciencia de escribir argumentaciones muy “científicas” como @_vonrichthofen, Alfredo, Francisco Beltrán y Alvaro Monterroza (que hasta bibliografía puso).   Me alegra que buenos científicos hayan leído y criticado la entrada.    No lean esta entrada sin leerlos a ellos (y seguramente a muchos otros que llegarán)

Enseñar y Administrar Investigando

Se esta hablando por estos días de un tema que ha estado en el aire por décadas en el entorno universitario: ¿son los profesores de planta en las universidades, con contratos fijos y carreras de investigación que se sobreponen a sus obligaciones docentes, buenos o malos para la educación universitaria? He aquí una visión del asunto desde la perspectiva de alguien, que como yo, podría considerarse uno de esos “profesores problema”

“Un verdadero maestro no te enseña, te hace amar tanto lo que sabe que después te es imposible no aprenderlo por tu cuenta #ReglasDeLaVida” 
Febrero 14 de 2013
http://bit.ly/trino-maestro

La mayoría de quienes nos educamos para ser científicos, aspiramos que algún día nos paguen para hacer investigación.  Ciertamente muchos científicos encuentran su lugar  en sectores de la sociedad ajenos a la academia, que van desde la industria hasta las finanzas, pero no nos digamos mentiras, la mayoría lo que queremos, profundamente, es hacer lo que han hecho los científicos desde Galileo.

Pero pagar a alguien solo por investigar es muy costoso.  Con beneficios que solo se obtienen a largo plazo y contribuyentes que quieren ver su plata convertida en cosas tangibles en plazos menores al tiempo entre juegos olímpicos, la mayoría de las sociedades humanas han optado por crear modelos para mantener a los costosos investigadores científicos. mientras producen resultados que la sociedad pueda reconocer.

La educación es uno de esos sectores en los que los investigadores han encontrado un nicho laboral natural.  Con un mundo más grande y demandas de poder intelectual cada vez mayor  ¿quién no necesita una educación del más alto nivel? y ¿quién la puede ofrecer mejor que alguien que conozca de primera mano la ciencia y la técnica porque justamente se la esta inventando?  Puede que ese no sea el origen histórico de la relación entre las universidades y la investigación, pero la verdad es que actualmente la cosa funciona así.

Ahora bien.  No hay que olvidar tampoco que siendo una actividad humana tan compleja, que requiere habilidades altamente específicas, el desarrollo a largo plazo de la ciencia (es decir la formación de nuevos científicos) exige a los mismos científicos ser maestros de sus propias disciplinas.  De no serlo ¿quiénes enseñarían a hacer ciencia a las nuevas generaciones?

El vínculo entre investigación básica (como un “mal necesario” en todas las sociedades modernas) con los centros de educación universitaria, donde no solo se enseña a científicos sino a todo un ecosistema de profesionales, ha estado sin embargo viciado, creo yo, desde el principio.  La investigación en la Universidad, la inevitable docencia y todas las otras actividades que vienen adjuntas con la fortuna de tener un contrato de trabajo a tiempo indefinido, son normalmente consideradas actividades, sino totalmente independientes, por lo menos con una intersección mínima.

Obviamente todos reconocemos que las labores administrativas son las que garantizan que llegue la plata a nuestros proyectos de investigación; también sabemos que los cursos son una buena manera de descubrir estudiantes talento para convertirse en nuestros asistentes como investigadores.  Pero yo no me refiero a este tipo de “acoplamiento mínimo” entre la trinidad investigación-docencia-administración.  Al fin y al cabo, para lograr lo anterior, un investigador bueno podría prescindir de las actividades administrativas contratando una buena secretaria y no tendría que convertirse en un buen profesor o dictar cursos para que le llovieran estudiantes con talento.

Yo estoy convencido, y creo que así actuo en mi día a día como “Profesor Problema”, que intenta no serlo, que una posible salida para la problemática expuesta al principio es la de reconocer que la administración, la docencia y la investigación en las Universidades podrían tener un “acoplamiento máximo” que garantizara que tantos tipos inteligentes dieran lo mejor de sí en cada uno de esos frentes.

El aprendizaje y la enseñanza están posiblemente entre los problemas científicos más difíciles de todos los tiempos.  Investigador de cualquier disciplina de la ciencia que no reconozca algo de verosimilitud en esta afirmación es porque desconoce la literatura que se ha escrito  por décadas sobre el problema.  Hoy, este, que deberíamos llamar “El” Problema, sigue abierto y una solución satisfactoria, un modelo científico efectivo, parece estar lejos de encontrarse.  Me atrevería a apostar que sabremos primero qué es la energía oscura o para qué sirve el DNA basura, antes que develar satisfactoriamente los misterios del aprendizaje y la enseñanza.

Lo que parecen desconocer todos los genios investigadores de las Universidades, que repelen con vehemencia cualquier responsabilidad que los ponga en frente a un grupo de estudiantes, es que la única manera de resolver los misterios de la enseñanza y el aprendizaje es justamente haciendo lo que ellos son obligados a hacer.  Tal vez nadie les ha contado lo que tienen entre manos.  Tal vez quiénes administran la educación justamente son los que menos saben que más que una máquina para producir gente con habilidades intelectuales, la educación superior es en realidad un laboratorio de ciencia avanzada.  Ciencia que también produce papers para Science y Nature y en la que se pueden obtener recursos para viajar por el mundo y comprar computadores.

¿Cómo serían las universidades si a todos los investigadores que hacen docencia, esta actividad se les asignará no como parte de un trabajo rutinario, que deben hacer porque lo incluye su contrato de trabajo, sino como parte de su propia contribución al crecimiento de la ciencia?

Soy consciente que la respuesta de la mayoría será que a los Astrofísicos o los Químicos Computacionales no se formaron para hacer investigación “humana”.  Una “inmensa minoría” de esos profesionales altamente especializados raramente siente esa fascinación por los complejos mecanismos de la mente, propia de los que se formaron como psicologos o antropologos.  Pero, ¿no es esto en realidad un prejuicio?  Un buen científico es sencillamente una persona curiosa, dispuesta a poner sus habilidades a disposición de cualquier problema que pueda ser atacado con el rigor y la disciplina de la ciencia.  La enseñanza y el aprendizaje necesitan muchos buenos científicos trabajando día y noche para formular preguntas y proponer soluciones a sus problemas.

Lo que soy yo me le apuntaría a esta aventura. En realidad ya lo hice.  A principios de 2013 tuve la oportunidad de recibir (a regañadientes) una capacitación de un grupo de biólogos (doctores en biología) sobre una modelo de enseñanza que se conoce como “Scientific Teaching”.  A pesar de recibir inicialmente el modelo en cuestión con el mismo escepticismo (e incluso desprecio) con el que vemos los científicos los problemas de las ciencias humanas, no tarde mucho en darme cuenta de lo mal científico que había sido hasta ese momento al menos en lo que en relación con el problema de la educación se trataba.  Una frase de los instructores de aquel taller quedo martillando en mi cabeza desde entonces: “si eres un científico tan riguroso, que no escribe nada en un paper sin poner 2 o 3 citas a la literatura que soporte cada afirmación que haces, ¿cuántos papers de educación lees antes de dar una clase?”

Yo no sé ustedes, pero a mí esto me cayo como un baldado de agua fría.  En ese momento me di cuenta que en lo que a la educación respecta, había sido durante casi toda mi carrera como profesor universitario, un verdadero “tegua”; alguien que solo se había guiado por intuiciones y prejuicios y no por la evidencia científica acumulada sobre el problema.  Hoy trato de leer un poco la literatura científica sobre como funciona la mente de mis estudiantes e involucro métodos e instrumentos de medida (educativos) en mis clases.  Estoy a años luz de ser un investigador didáctico pero por lo menos hago el esfuerzo.  Y les confieso: la cosa me ha gustado y no esta muy lejos de lo que hago día a día como investigador en otras áreas.

Con la administración pasa algo parecido (guardadas las proporciones).  Creo yo que los científicos universitarios podrían hacerlo mejor si se les formulara la administración también como un problema de investigación.  Al fin y al cabo ¿no hay también problemas que resolver en la administración en los que una buena dosis de disciplina científica y habilidades especializadas no hagan falta?

Tuve también recientemente una experiencia con este tema cuando participando de un “comité” en mi Facultad (justamente de esos que todos los científicos-universitarios maldecimos) descubrí que había un problema que podría ser solucionado con los mismos métodos que estaba aplicando para la solución a problemas de mecánica orbital (!).  Cuando me di cuenta de ello, el comité se volvió para mí en una experiencia científica similar a una reunión con colegas para discutir el contenido de un paper.  Puse mi creatividad al servicio de algo para lo que no creía que pudiera servir.  Como resultado, hoy la solución que estoy ofreciendo para el problema ha prosperado en las divisiones administrativas de la Facultad y quién sabe ¡hasta un paper podría escribir sobre el tema!.

En conclusión es cierto que los profesores-investigadores-administradores de nuestro modelo presente de universidades parecen estar dando muchos problemas, por lo menos para uno de los protagonistas de esa “trinidad”, lamentablemente el más sensible: la docencia.  Sin embargo la solución no puede ser tener investigadores puros y profesores puros.  Los investigadores también tienén que ofrecer lo suyo a estudiantes y los profesores tienén que investigar para darle a los estudiantes una dimensión de a lo que se enfrentarán.  Una posible salida es considerarlos a todos investigadores, pero de problemas diferentes.  Y no hacerlo tan solo a nivel nominativo.  Se debería incluir consistentemente dentro de sus contratos de trabajo y compromisos adquiridos.  Los “investigadores” en general deberían tener una carga de “investigación docente” cada período y como en toda investigación presentar periódicamente “resultados” de sus labores (incluso en la forma de papers y participación en eventos)

Les aseguro que el resultado podría ser más significativo de lo esperado.  Se los dice un “Profesor Problema” que esta tratando de cambiar.

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