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Porque 140 caracteres a veces no son suficientes

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Los Parásitos de la Ciencia

En relación con la ciencia, en el mundo hay tres tipos de personas: los que saben que la ciencia esta ahí y es importante, aunque no participen de su desarrollo pero tampoco lo obstaculicen (estos son la mayoría); los que hacen ciencia (lamentablemente una minoría); y aquellos que gozan de sus beneficios (como todos los anteriores) y que aún así la consideran un fenómeno intelectual y cultural tan arbitrario como la superstición o el mito (por suerte estos son una gran minoría).  A estos últimos, los llamaré aquí los “Parásitos de la Ciencia”

“Es por esto (http://bit.ly/columna-religion-ciencia) que hay que empezar a enseñar Ciencias Naturales en las Facultades de Humanidades en Colombia”
Enero 31 de 2014
http://bit.ly/trino-ciencias-fac-humanidades

El primer transistor construído en los Laboratorios Bell en 1947. Muchos Parásitos de la Ciencia hoy que hubieran vivido en aquel entonces habrían rechazado la cuantiosa inversión económica destinada a estudiar una tecnología inútil como esa

El primer transistor construído en los Laboratorios Bell en 1947. Muchos “Parásitos de la Ciencia” de hoy habrían seguramente rechazado en su momento la cuantiosa inversión económica destinada a estudiar una tecnología inútil como esta. Hoy la posibilidad que esos mismos parásitos tienen de comunicarse se debe a la ciencia inútil de ese pasado

La ciencia es uno de los proyectos sociales más fascinantes y prolijos en toda la historia de nuestra especie (y posiblemente de la vida en la Tierra como un todo).

Con apenas unos siglos de existencia, el pensamiento científico ha reducido a casi cero la mortalidad infantil en casi todo el planeta; nos ha dado la calidad de vida que necesitamos para explorar el Universo (tanto el exterior como el personal); y ha provisto los mecanismos necesarios para mantenernos en contacto con seres humanos en todo el planeta.  Entre muchos otros beneficios cotidianos, cuyo origen a veces olvidamos.

Ante la evidente realidad de que la ciencia ha sido parte fundamental del progreso de nuestra especie en los últimos cuatro siglos, no se entiende cómo todavía es posible encontrar a personas, supuestamente “cultas” y educadas, que tienen la osadía intelectual de sugerir que la ciencia, como aproximación al entendimiento del mundo, es tan o mas arbitraria que la superstición o el mito.

Solo se me ocurre una explicación para este absurdo: la educación científica, si bien es parte de la formación básica de casi todos los seres humanos (por lo menos de los que pueden pasar por una escuela), esta misteriosamente excluída de los programas profesionales de abogados, periodistas, artistas, administradores, entre otras profesiones que en Colombia y en países con un desarrollo similar, llevan las riendas del estado o son los líderes de la opinión pública.

Mientras que los programas de ciencias e ingeniería tienen que incluir por ley una dosis de formación humanística (lo que es absolutamente indispensable para formar profesionales integrales – un ideal, que como todos, no se logra siempre, al menos es mandado por ley), a un estudiante de Derecho, Comunicación Social o Periodismo o a uno de Artes Plásticas o Música, difícilmente se les enseña (y menos por mandato de la ley) principios elementales de biología, física, química o astronomía.  Para obtener sus “cartones” ninguno tiene que saber, más allá de lo que aprendió en la secundaria, como se organiza y funciona el mundo en el que viven (la mayoría, si son verdaderamente cultos, lo aprenderán por su cuenta)

Como resultado de esto, algunos importantes políticos, dirigentes y periodistas a duras penas entienden que es la ciencia y en casos extremos (como el documentado abajo) inclusive llegan a renegar de ella.  Eso sí, sin dejar por ejemplo de tomarse su “pastillita” matinal para la presión, es decir, de gozar de los beneficios de la ciencia que ignoran.

La semana pasada se publicó en un importante diario en Colombia una columna de opinión en la que uno de esos profesionales de las humanidades (confieso que desconozco su profesión aunque dudo que se haya graduado de un programa de ciencias naturales) argumentaba como las religiones y sus vicios sociales (muy criticados en estos días en nuestro país) eran tan arbitrarios como los de la “sacrosanta” ciencia.  En un reconocido estilo “posmodernista” (como se llaman ellos mismos en círculos académicos) el personaje, que se apoda a sí mismo “Atalaya” (dejo a todos sacar sus conclusiones sobre su afiliación ideológica), afirma que la ciencia no es más que una religión más y que los científicos (y otros intelectuales sensatos) se comportan actualmente como “sacerdotes de la razón”.

Me permito citar aquí algunos apartes de su columna que pueden encontrar completa en este enlace.  Me sirvo de ella porque es un excelente caso de estudio para mis estudiantes de ciencia.  Un caso típico de comparación inapropiada entre la Ciencia y la Superstición, vicio muy frecuente entre los “parásitos de la ciencia”.

La columna comienza así:

De un tiempo para acá parece ser “conditio sine qua non” para ser un intelectual, o simplemente alguien racional, informado y despierto, atacar a la religión, cualquiera que ésta sea.

Atacar doctrinas es justamente el centro del pensamiento científico, sean estas basadas en la superstición o en la razón misma.  Ha sido justamente la “persecución” del error y la “intolerancia” por el sinsentido, la clave del progreso en la ciencia. No hay entonces ningún viso de “moda” en esta actitud de intelectuales y científicos.  Es más bien una actitud natural ante el sinsentido de la superstición.

Lo extraño es que aquellas mentes elevadas que han desvelado los engaños de la religión utilizan un tono burlón, desdeñoso, al referirse a otros sistemas de creencias.

El sarcasmo y el humor son el único recurso que ha quedado en esta discusión centenaria.  Por milenios el poder ha protegido a la superstición.  El analfabetismo (y en general la falta de sentido común) son también presa fácil de la superstición.  Por todo esto la religión ha mantenido una posición importante en la sociedad,  aunque sus dogmas no inspiran sino una profunda sospecha en cualquier ser humano con sentido común.  De allí la necesidad de seguir intentando desenmascararla.

Ahora bien, y este es quizá el punto más importante aquí.  La ciencia no es un sistema de creencias, como sugiere el autor.  Aunque existen muchas definiciones diferentes (la mayoría más inteligentes que la que doy aquí), la Ciencia se podría definir como la suma de un “método” para formular preguntas sobre el mundo y buscar respuestas coherentes a esas preguntas y de un mecanismo social para desvirtuar respuestas arbitrarias, irracionales o incoherentes, tales como las provistas por la superstición y otros vicios humanos.

La ciencia es pues, una “pala” para escarbar en la ignorancia y un “colador” para escoger las “piedras preciosas” de la basura sin valor.  El colador no es perfecto; se nos pasan algunas piedras con menos valor del que creemos, pero ha demostrado ser el más poderoso en la historia de la humanidad.  El conocimiento científico es la suma de “piedras preciosas” y otras que no lo son tanto, todas encontradas con la pala y el cedazo que la definen.

El artículo continúa así:

[…] se tiene que ser muy inocente o descarado para seguir creyendo en la pureza de la academia, en la infalibilidad del método científico, en la transparencia de los procesos investigativos y, en general, en los corazones éticos, diáfanos y puros de científicos e intelectuales.

En esto estamos completamente de acuerdo con el observador desde la Atalaya.  Como buen humanista que parece ser, conoce mejor  el corazón humano y ve más fácilmente las fallas de los científicos y de la academia como sistema social de lo que lo vemos quienes estamos adentro. Es cierto que ser científico no lo hace a uno un dechado de virtudes.  Tampoco lo convierte a uno en un robot objetivo.  Sin embargo, y si lo piensan bien, esta es en realidad una de las cualidades más fantásticas de la ciencia como proyecto humano: la ciencia existe y funciona a pesar de los científicos.

Sigamos con la lectura:

Al igual que con la religión, las ciencias hoy en día están atravesadas por agendas políticas e intereses personales y comerciales. Tan así es que se celebra la funesta alianza universidad-empresa como algo deseable.

Hay que recordar en este punto que no todas las alianzas de la ciencia han sido malas a largo plazo.  Por ejemplo la alianza entre Ciencia y Milicia dio lugar a un fenómeno tecnológico y humano muy incluyente como lo es Internet (que a propósito usan el 80% de los lectores para leer la columna desde la Atalaya y este blog)  El egoismo y la ambición humana son fuerzas poderosas en todas las sociedades, incluída las sociedades científicas, pero de nuevo y misteriosamente, incluso las relaciones más tormentosas de la ciencia han terminado a largo plazo produciendo beneficios positivos.  Pero no se confundan.  No estoy diciendo aquí que este de acuerdo con todas las alianzas de la ciencia con otras fuerzas sociales; o que crea que el fin justifica cualquier medio en la ciencia.  Pero de nuevo, los métodos y filtros de la ciencia, han tenido históricamente el poder de excluir lo que no sirve y dejar conocimientos con un alto grado de valor práctico, justamente los que han contribuido al progreso que vemos.

Es la Ciencia y no los científicos, lo que esta en discusión aquí.

Quizá el punto más delicado de la perorata “anti científica” del columnista llega en este párrafo:

Una ciencia que día a día es más amoral y despilfarradora, destinada a trabajar para cumplir con la demanda de tecnologías fútiles, programadas para volverse obsoletas; una ciencia que fomenta y financia investigaciones intrascendentes (¿cuánto se critica el boato y el lujo de la Iglesia y nada se dice sobre el costo absurdo de descubrir el bosón de Higgs, por ejemplo, que no tiene un fin práctico?)

¡Válgame señor!  Comparar el despilfarro y los abusos históricos de las “religiones” (que solo gerencian superstición y hacen promesas de salud, riqueza y bienestar que difícilmente pueden cumplir sin la intervención de cosas muy reales como la economía o la ciencia misma) con la investigación científica básica, solo puede provenir de un verdadero Parásito de la Ciencia.  Un parásito es un organismo que se beneficia de lo que le provee su anfitrión, el mismo que ataca y puede llegar destruir.  Pero ni los parásitos en el mundo natural, pueden ser tan dañinos: saben bien que para sobrevivir y seguir haciendo lo suyo, necesitan mantener vivo aquello que atacan.

Veamos.  Mientras este “Homo Sapiens Postmodernum”  escribía esas palabras, señales electromagnéticas viajaban a través de semiconductores llevando sus “sabias reflexiones” hasta dispositivos de almacenamiento magnético de alta tecnología.  Más tarde sus reflexiones traducidas en la forma de 1s y 0s viajarían a través de cables de fibra óptica hasta el editor del periódico, que finalmente los hizo públicos en Internet.  

Todo lo que paso entre sus dedos calientes y el lector al que quería afectar, fue solo posible gracias al “despilfarro de la ciencia”.  Ese despilfarro pago el salario del Prof. James Clerk Maxwell en la Inglaterra de mediados de 1800s.  Este profesor, en lugar de dedicar sus días a algo útil y productivo para su época (diseñar por ejemplo mejores vehículos movidos por vapor), se dedico a hacer poesía con las matemáticas y física acumulada por otros inútiles como él.  Con el tiempo (y después de mucho dinero invertido por los contribuyentes ingleses) Maxwell predijo la existencia de las ondas electromagnéticas, sin ninguna aplicación reconocible en los 1800s y que hoy 150 años después, nos permite a todos, incluyendo a los parásitos de la ciencia, comunicarnos y dar a conocer nuestras ideas casi instantáneamente en todo el planeta. Pero este es solo un ejemplo de como la ciencia produce beneficios que no siempre ocurren a corto plazo (ejemplo que a propósito fue tomado directamente del fantástico libro “El Mundo y sus Demonios” de Carl Sagan, que todos los científicos y humanistas por igual deberíamos leer como parte de nuestra formación profesional)  Otros eminentes ejemplos fueron el desarrollo del Transistor y del LASER a mediados del siglo XX, ambos con pocas aplicaciones en su época e ingentes presupuestos implicados.

El artículo original continúa sobre estas líneas:

Una ciencia que, al igual que la Iglesia y sus secretos, tiene grupos de poder inaccesibles llamados pares académicos, sacerdotes del conocimiento práctico y estandarizado; una ciencia constreñida y corrompida por índices de citación y demás neoescolasticismos académicos que garantizan forma y no fondo

Nuevamente acierta el señor.  Estamos sufriendo de eso y de mucho más en las sociedades científicas.  Pero de nuevo, los descubrimientos siguen apareciendo.  Es cierto que ahora las buenas ideas, los verdaderos saltos en el conocimiento aparecen a veces enterrados en un “basurero” de ideas relativamente convencionales que se publican para mantener índices que son requeridos para conseguir un trabajo o progresar en él.  Pero aún así, esos vicios sociales no han reducido el progreso científicos.  Es cierto que debemos combatir estas prácticas en la ciencia, encontrar alternativas para organizar mejor el avance de la ciencia, pero el modelo original sigue intacto.

Más injustificada aún es la crítica que hace el columnista al lenguaje de la ciencia:

[…] una ciencia que es nicho de poder de intelectuales y académicos, quienes aíslan el conocimiento del público inventando conceptos enrevesados y lenguajes mágico-místicos a los cuales tan sólo unos pocos iniciados pueden acceder, manipulando fieles como antaño hacía la Iglesia medioeval con el latín, para seguir regodeándose en sus prerrogativas.

Tal parece que el autor no lee un libro de divulgación científica desde la infancia o la secundaria.  Su comentario parecería desconocer el boom actual de la literatura científica no especializada que ha puesto, al nivel de todos los seres humanos con una mínima educación científica y sentido común, hasta las investigaciones más sofisticadas.  Desconoce también que los científicos más reconocidos del presente se han convertido también en autores de best sellers aclamados, escritos para que los entiendan miles de millones.

Ahora bien.  Desconocer que la ciencia de frontera es muy cercana a un “club privado” a los que pocos pueden acceder, sería también una miopía imperdonable de mi parte.  Sin embargo, a diferencia de la superstición y del mito, el simbolismo y el lenguaje interno de la ciencia, también han progresado.  Así, para criar palomas hace 200 años solo necesitábamos algo de aritmética pero para buscar medicamentos hoy día se necesitan enrevesados conceptos de topología y teoría de números.  Pero esta no es una estrategia de exclusión.  Simplemente los problemas ahora son mucho más difíciles.

De otro lado la superstición y el mito siguen utilizando un lenguaje sencillo e incluyente.  Un lenguaje que poco ha evolucionado.  Esta es la clave por la que siguen siendo tan populares en los sectores menos favorecidos por la educación o peor entre gente educada pero con muy poco sentido común.  Esta es justamente la clave de que se los prefiera frente a formas más estructuradas de conocimiento.  Decir que la superstición es mejor que la ciencia porque usa un lenguaje entendible por todos es como creer que vivir en chozas es mejor que vivir en casas de ladrillo con electricidad, porque el material de las chozas esta disponible para que cualquiera lo recoja.

Sobre la fé, otro motivo de confusiones en la discusión ciencia-religión, dice el columnista:

Hemos trasladado nuestra fe en la religión a la ciencia, y así como hasta hace no mucho había asuntos religiosos incuestionables, que lo eran por razón de la infalibilidad de quienes los decían, hoy el método científico, pero sobre todo sus defensores fundamentalistas, posee esa carga de infalibilidad

La fé es una acto de sumisión intelectual y “conditio sine qua non” para estar afiliado a un sistema de superstición organizada.  Nada en la ciencia, sin embargo, requiere por definición un acto de sumisión de este tipo.  Quien quiera modificar un dogma en una religión, debe fundar en el proceso una religión nueva.  El científico que quiera revertir una hipótesis o un principio de la ciencia aceptada, no solo puede hacerlo, sino que esta en la obligación de intentarlo.

El autor confunde “fé en la ciencia” (que es una contradicción) con el respeto irracional por la ciencia y los científicos.  Los seres humanos asumimos muchas veces actitudes irracionales ante cosas que admiramos profundamente.  Pero esa admiración irracional no hace mala a la ciencia ni la hace comparable con la religión.

Pero hay irracionalidades de irracionalidades.  Seguir a un líder que exige el 10% de tu salario a cambio de favores sobrenaturales con la única excusa de la fé y admirar irracionalmente una forma de conocimiento que hizo desaparecer enfermedades que en el pasado mataron a millones, es ciertamente muy diferente.

Termino, insistiendo nuevamente en la separación entre ciencia y científicos, pero sobre todo entre ciencia y superstición.  Los humanos somos muy imperfectos, bien sea que dirijamos un instituto de investigación científica o una iglesia.  Pero el proyecto detrás de estas imperfecciones nos diferencia.  La Ciencia ha resistido la corrupción, los intereses ocultos, las alianzas y las mafias y ha demostrado ser una búsqueda prolija que ha cambiado el mundo.  En contraposición de las cientos de religiones en el mundo, llenas de santos y de mafiosos también, ninguna ha curado una sola enfermedad real (solo imaginarias) o ha alimentado a un solo pueblo durante una sequía o un invierno prolongado a punta de oraciones.

Una reflexión final: si aún en un mundo de gente “tan mala”, hemos llegado con la ciencia donde estamos, ¿cómo sería si todos los santos de la iglesia hubieran invertido su bondad y valioso tiempo para buscar respuestas a las preguntas fundamentales relacionadas por ejemplo con el cerebro o con la vida?

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Diario de un Paper

Para ver el diario del paper y las últimas actualización vaya a este enlace

“Ciencia en tiempo real: ¿por qué no publicar el diario de un paper desde su concepción, maduración y eventual publicación? Let’s do it!” 
Enero 6 de 2013
http://bit.ly/trino-diario-paper

“A veces, hacer públicos tus propósitos, es la única manera que tienes para asegurarte que realmente pasen” 
Enero 7 de 2013
http://bit.ly/trino-propositos

Papers, papeles, artículos, letters, cartas, reviews, etc.  Esta es la materia de la que esta hecha la ciencia.  Decía Goethe que la Historia de la Ciencia es la Ciencia Misma, y la literatura científica, materializada en esos escritos, es la manera como esa historia se escribe a diario.

Pero ¿cómo llega una idea, un cálculo o el análisis de unas observaciones a convertirse en un “paper” y eventualmente a ser parte de esa intrincada telaraña que es la ciencia?  Quienes han escrito papers como parte de su formación o ahora de su profesión, saben que detrás de esas 10 o 50 páginas, de esas figuras elaboradas, de las tablas interminables, y las incómodas listas de referencias, hay historias curiosas, ideas que llegan en la mitad del baño o en una cerveza con los amigos, discusiones difíciles con coautores, revisores y editores.

Les propongo un ejercicio, que hasta donde sé, no se ha hecho todavía (si conocen otro ejemplo háganmelo saber): hagamos el diario de un paper.  La historia desde que es tan solo una corazonada hasta que (si nos acompaña la suerte) se convierta en una entrada más en las innumerables bases de datos bibliográficas y se pueda considerar oficialmente “ciencia”.

¿Cuál es el propósito? La verdad es que soy medio adicto a escribir sobre casi todo lo que hago (por eso tengo una cuenta en twitter y tuve que abrir este blog en primer lugar).  Algunos dirán que es por narciso o exhibicionista (que lance el primer espejo el que no lo sea), pero la verdad es que he encontrado en esta manera de actuar un modo de almacenar las que creo son buenas ideas para el futuro, escribir una autobiografía incluyendo lo estúpido o inteligente que alguna vez fui, o simplemente para desahogarme, liberar energía intelectual que se acumula y que ni las clases, los papers o los viernes con los amigos pueden liberar.

Escribo papers como parte de mi profesión (investigador y profesor en una Universidad en Colombia) y podría seguir haciéndolo sin escribir este diario.  Pero me parece interesante compartir, especialmente con mis estudiantes presente y futuros (que espero lean esta página o me veré en la penosa situación de obligarlos), las experiencias, a veces no tan sublimes, detrás de la preparación de manuscritos científicos.

Trataré entonces de documentar, “día” a “día” (lamentablemente no puedo escribir sobre una base diaria, pero cuando lo hago no puedo parar), los pormenores de un paper que, hoy 9 de enero de 2014, estoy a punto de empezar a escribir con unos colegas.

No puedo prometerles que el paper se publicará, pero les aseguro que utilizaré, con mis coautores, todo nuestro “instinto salvaje” para conseguir que las ideas que intuimos y creemos demostrar ciertas, vean la luz en un Peer Reviewed Journal.

Antes de comenzar algunas reglas elementales:

  • Por respeto a mis co autores no puedo revelarles todos los detalles científicos del paper y tampoco obviamente los nombres de mis co autores.  Es decir, esta página no es un “diario de investigación”, que es una estrategia muy en boga en la ciencia y que yo apreció considerablemente (tengo mis propios diarios de investigación que pueden consultar aquí: http://astronomia.udea.edu.co/facom)
  • Lo importante es la historia del desarrollo del manuscrito.  Las cosas curiosas o divertidas, las dificultades inesperadas, las soluciones imprevistas a los problemas propios del desarrollo de las ideas, las discusiones con coautores, etc.  Les prometo hacer el diario lo más ameno posible.  De nada me sirve contarles sobre el cambio de tamaño de letra en las etiquetas de una figura sugeridas por uno de los coautores.  Pero tampoco exagerar el proceso para hacerlo parecer un “paseo de olla” (como decimos en mi tierra)
  • Los detalles completos del paper los revelaré solo hasta que tengamos el visto bueno del editor para realizar un proceso de revisión conducente a la publicación (esto ocurre normalmente después de la primera respuesta de los pares evaluadores).  Bueno, si es que llegamos a este punto.  Algunos papers pueden morir antes siquiera de ser sometidos.  Si esto pasa también se los haré saber.  Ahora bien lo anterior, revelar los detalles del paper, dependerá también de la autorización total de mis co autores.
  • La numeración de los días o semanas no será consecutiva.  Como ya dije no puedo escribir a diario (a veces ni siquiera puedo hacerlo por semanas; las ocupaciones docentes y administrativas no dejan).  “Día 5” no será el quinto día desde que comencé, sino el quinto día de trabajo real en el paper.
  • No les garantizo que el paper se publique.  Es el riesgo que todos los científicos corremos al emprender una empresa de esta naturaleza.  Por suerte no todo se publica.  Si así fuera la ciencia sería como un gran periódico de todos los laboratorios científicos del mundo.  Ahora bien, escribir un paper que no logra publicarse es también una historia que vale la pena contar.  Diría (y me corregirán mis colegas, si es que hay alguno que haya llegado hasta aquí) que esa es la historia del aproximadamente el ~30% de los papers que se escriben (un porcentaje que va disminuyendo a medida que tienes más experiencia y descubres cuáles ideas valen la pena desarrollar porque estas seguro, verán la luz al final del túnel)

Espero que disfruten de esta “novela”, que como muchas otras, suceden en secreto cada día en todos los rincones del planeta en los que se esta haciendo ciencia.

Espero que después de leer este diario, la próxima vez que lean un paper ajeno o escuchen una noticia del tipo “científicos de NASA han descubierto que…”, entiendan mejor el “drama” humano y profesional detrás de estos pequeños logros que van creando la telaraña de la ciencia en la que quedan atrapados y revelados los secretos más fascinantes del Universo.

Una confesión final: me he animado a escribir este diario porque es una manera para romper con la inercia propia del comienzo de cualquier empresa como esta.  Sabes que debes arrancar, pero el desconsuelo de saber todo el trabajo que te espera hace que lo aplaces: un síntoma clásico del procrastinador crónico.  Una vez en movimiento, empiezas a disfrutarlo y te olvidas de lo difícil que fue comenzar.  Pero siempre necesitas un empujón y este es el mío.

Para ver el diario del paper y las últimas actualización vaya a este enlace

La Novela Periódica

No hay mejor regalo para una persona que no esta acostumbrada a leer libros de corrido que un buen libro con el que pueda obsesionarse y leer en un par de sentadas.  La Cuchara Menguante es uno de esos libros.

[La Cuchara Menguante] es “[…] toda una obra de arte de la divulgación científica!” 
Diciembre 27 de 2013
http://bit.ly/trino-cuchara-menguante

Portada de la Edición en Español de la Cuchara Menguante

Portada de la Edición en Español de la Cuchara Menguante

Si quisieras contar una historia científica en modo novela, llena de personajes reales, historias truculentas de envidia y ambición, aventuras, romance, etc. pero manteniendo al mismo tiempo el tono informativo y fascinante de la divulgación científica, ¿sobre qué escribirías?

El físico Sam Kean encontró la respuesta: la Tabla Periódica.

Pero una cosa es reconocer que la enorme diversidad química y física que encierran los ciento y cacho de elementos químicos descubiertos a la fecha puede ser fuente de cientos de páginas de buena divulgación, y otra, es tener la madera literaria y científica para hacerlo.

La Cuchara Menguante es el resultado: 405 páginas de buena divulgación y una lección de física y química que envidiaría el mejor de los maestros de ciencias.  Lo que soy yo nunca volveré a pasear por las filas y columnas de ese “crucigrama cuántico” sin recordar con placer las historias que Kean recopila magistralmente en este libraco.

¿Qué más se puede decir? Léanlo, no pierdan el tiempo con esta entrada de blog, que no le puede hacer justicia a este libro exquisito.

Para los que no están convencidos todavía, les dejo aquí un anticipo de lo que son algunas de los datos y las historias más fascinantes que encontré entre sus páginas y que tuve la oportunidad de trinar como alma sin consuelo entre la última semana de diciembre de 2013 y la primera de enero de 2014, durante la que tuve la suerte de leer el libro entre filas en supermercados, interminables horas en piscina o mientras esperaba por algo de sueño en los insomnes días de las vacaciones.

Para empezar, la estructura del libro ¡Genial!  ¿Cómo contarías la historia de la Tabla Periódica? ¿Comenzarías desde los antiguos griegos especulando sobre la composición del mundo hasta llegar al descubrimiento de elementos químicos de los que no se han creado sino un puñado de átomos en el laboratorio? ¿navegarías por las filas y columnas de la tabla describiendo las historias de cada elemento químico? ¿contarías la historia del descubrimiento de algunos de los elementos más interesantes?

La Cuchara Menguante ofrece una solución ingeniosa: armar el esqueleto de esta “novela” alrededor de las historias, en lugar de los elementos químicos mismos.  En lugar de un recuento en orden cronológico (aunque es obvio que algunos capítulos finales se producen en las postrimerías del siglo XX y principios del XXI) o de una descripción pormenorizada elemento por elemento, Sam Kean arma su “novela periódica” enfocándose en temas como la guerra, la política, el origen de los elementos, los venenos, la vida, etc.

El nombre de los capítulos del libro lo dicen todo: “la geografía es destino”, “la genealogía de los elementos”, “los galápagos de la tabla periódica”, “los elementos de la guerra”, “se extiende la guerra fría”, “de la física a la biología”, “el pasillo de los venenos”, “tómese un par de elementos y llámeme por la mañana”, “elementos y dinero”, “la ciencia de las burbujas”, “instrumentos de ridícula precisión” y así continúa la lista (que a propósito no se encuentra en ninguna parte; la edición en español publicada por Planeta, extrañamente no tiene Tabla de Contenido)

Estos son algunos “¿sabías que…?” que no había encontrado en otro libro y que La Cuchara Menguante me regalo estas vacaciones:

  • ¿Sabías que si le quitas a un gas noble (Helio, Neón, Xenón) un protón y un electrón se convertirá en un gas energético y reactivo (Fluor, Cloro, Bromo, Yodo) y si le agregas lo mismo obtendrás un metal explosivo (Sodio o Potasio)?
  • ¿Sabías que el “Carborano”, un ácido hecho de Carbono y Boro, es el ácido más fuerte descubierto?: su PH es de -18 lo que implica que es unas 10 trillones de veces “mas ácido” q’el ácido gástrico cuyo PH es de +1.
  • ¿Sabías que el Silicio y el Carbono se parecen tanto que el uno podría reemplazar al otro en las moléculas de la vida casi sin que lo notáramos?… bueno, excepto porque si el Silicio fuera tan bueno, la vida en la Tierra estaría basada en este elemento que es 250 abundante que el Carbono en la corteza de la Tierra.  Pero la vida prefirió al escaso Carbono.  Por algo será.  De otro lado si el Carbono del CO2, un gas fundamental para la vida, fuera reemplazado por el Silicio, formaría una sustancia sólida, el SiO2 (o sílice, la componente más importante de la arena) que sería incapaz de absorberse y liberarse con facilidad en los fluídos de los que estaría hecha una silicea forma de vida.
  • ¿Sabías que (siguiendo con el Silicio) la proporción Silicio:Carbono en la vida decrece a medida que la vida se hace más compleja?  En la corteza de la Tierra la proporción es 250:1, en el humus (la materia orgánica del suelo) es 15:1, en el Plancton (el pasto y los “insectos” de los océanos) la proporción es 1:1, en los helechos 1:100 y en los mamíferos (incluyéndonos) 1:50000 [dicho sea de paso que, con el advenimiento de los dispositivos móviles y si incluímos los accesorios que visten algunos mamíferos esta última desproporción Silicio:Carbono se esta equilibrando]
  • ¿Sabías que capturar Nitrógeno (un elemento fundamental para formar casi todas las moléculas importantes de la vida) es para todos los organismos en la Tierra un reto muy difícil?.  El Nitrógeno es gaseoso y no es fácil capturarlo en esa forma.  Las sarracenias y las atrapamoscas son plantas que han encontrado una solución ingeniosa: capturan insectos para quedarse con su Nitrógeno.
  • ¿Sabías que si se rociará la Tierra con Cobalto-60, de modo que cada metro cuadrado contuviera tan sólo 1 gramo de este isótopo, toda forma superficial de vida en la Tierra moriría por la exposición a los rayos gamma productos de su desintegración radiactiva?
  • ¿Sabías que en los años 50 y 60 los químicos y físicos crearon elementos químicos que solo existieron por unos breves instantes al principio del Sistema Solar y que no habían estado por aquí en más de 4,500 millones de años?  El único sistema natural con la misma capacidad para fabricar elementos tan inestables es una Supernova de colapso estelar ¡vaya logro del intelecto humano!
  • ¿Sabías que el Cobre y sus aleaciones se usan en monedas y barandas públicas porque es un elemento autoesterilizante?: mata las bacterias para las cuales el metal es un poderoso veneno sin que lo sea para nuestros propios tejidos.
  • ¿Sabías que en toda la corteza de la Tierra que tiene ~3200 trillones de kilogramos hay solamente 7 kilogramos de Plutonio y 30 gramos de Francio?
  • ¿Sabías que el Berilio sabe a azúcar y el Telurio a ajo y la razón de ello es que engañan a las células responsables de identificar estos sabores en nuestra lengua?
  • ¿Sabías que los iones positivos de los metales que forman las denominadas “sales” son detectados por nuestra lengua y producen el inconfundible sabor de “salado”?  Es decir cuando algo es salado no es que sepa a Sodio y Cloro, sino que sabe a la carga positiva del Sodio.  Lo mismo con otras sales (el mar por ejemplo contiene gran cantidad de sales minerales diferentes al Cloruro de Sodio, que consumimos con la comida, e igual nos sabe a salmuera; hagan la prueba ¡lamiendo una roca!)
  • ¿Sabías que el sabor ácido es en realidad sabor a protones?  Las células sensibles de nuestra lengua son capaces de detectar la presencia de iones de Hidrógeno (es decir protones) y de esa manera crean el inconfundible sabor de por ejemplo los limones.
  • ¿Sabías que usando isótopos trazadores radioactivos se descubrió que una molécula de agua pasa en el cuerpo humano en promedio tan solo 9 semanas antes de ser reemplazada por otra?
  • ¿Sabías que el metal más costoso no es ni el Oro, ni la Plata, ni el Aluminio (como veremos adelante) sino el Rodio?  En 1979 Paul McCartney recibió un disco de Rodio por ser el cantante vivo que más discos había vendido en la historia.
  • ¿Sabías que hasta 1886 el Aluminio fue un metal precioso? Napoleón ofrecía cubiertos de Aluminio a los invitados especiales. A los demás les permitía usar la grosera cubiertería de Oro.
  • ¿Sabías que el nombre de los gases nobles “Neón”, “Xenón”, “Kriptón” hacen referencia a “cosas extrañas” (“Nuevo”, “Extranjero” y “Críptico” respectivamente)?
  • ¿Sabías que los gases nobles se caracterizan porque no forman compuestos químicos?.  Estos elementos no se alían ni con sus pares ni con otros elementos químicos.  Sin embargo físicos y químicos han creado el compuesto más inestable de la historia: el Flurohidruro de Argón.  Un compuesto que existe sólido a 265 grados bajo cero y que con solo “pensar en él” se descompone.
  • ¿Sabías que la física ha reconocido muchas otras fases de la materia distintas de los aburridos sólido, líquido y gaseoso?  También existen el plasma, el superconductor, el superfluído, los “super átomos”,  el plasma de quark y gluones, incluso el vacío (este no estaba en la Cuchara Menguante pero sí en otro fascinante libro del que les hablaré en alguna ocasión).  El más raro de todos podría ser el “condensado de Bose-Einstein” creado solo recientemente en el laboratorio.
  • ¿Sabías que en un Condensado de Bose-Einstein, átomos de Rubidio son enfriados a una temperatura tan groseramente baja que su velocidad promedio es tan solo de algunos milímetros por segundo?  Tan baja es la velocidad que obedeciendo al principio de incertidumbre de Heisenberg (entre más precisa es la velocidad menos cierta es la posición) el lugar de los átomos se hace tan incierto que todos ellos se “superponen” formando un solo “átomo efectivo” que podría incluso ser visto al microscopio.

Pero lo que hace más fascinante al libro son sus historias con protagonistas humanos, buenos y malos, famosos y anónimos, todos relacionados con el descubrimiento de los elementos químicos tabulados en este crucigrama cuántico.

Me sorprendió saber por ejemplo que Enrico Fermi, uno de los más grandes físicos del siglo XX, murió a los 53 años de Neumonitis por aspirar polvo de Berilio utilizado en sus experimentos sobre la fisión nuclear ¡muerto en su salsa! podríamos decir (con crueldad).  El mismo Fermi que recibió el premio Nobel, lo hizo después de anunciar que había descubierto nuevos elementos químicos.  La realidad era otra: lo que había descubierto eran los subproductos de la fisión nuclear, elementos convencionales que nadie esperaba encontrar allí.  Es decir, uno de mis ídolos científicos recibió un Nobel por un descubrimiento que no hizo  ¡vaya decepción!

La familia Curie tiene lo suyo en esta historia novelada de la ciencia.  La madre, la gran Marie Curie, ganadora de dos premios Nobel, uno de química, por el descubrimiento del Polonio y otro de física, murió de Cáncer de Ovario a los 63 años después de una vida dedicada a la investigación sobre la radioactividad.  Pero Marie no era una “nerd” cualquiera.  Después de enviudar se cuenta que tuvo sus amoríos con un hombre casado, el famoso físico Paul Langevin.  De ella también se cuenta que se encerraba en un armario con colegas para mostrarles la fluorescencia de algunas sustancias radioactivas.  Entre esos colegas se encontraba el no menos famoso J. J. Thomsom o Lord Kelvin, el Einstein del Siglo XIX y quien nunca se trago esas historias sobre la transmutación de los elementos químicos (no se cuenta si le pareció convincente la demostración de la inquieta Curie).  Otro colega que se metió con la Curie en el clóset recibió una dura reprimenda de su esposa por andar con una mujer que ya tenía cosechada una fama de quita maridos.  Mas triste en la historia de los Curie es la de la hija de la pareja, Irene Juliot-Curie que murió a los 59 años después de inhalar un poco de Polonio, el mismo elemento que le dio a su madre el premio Nobel.

Un Niels Bohr que parece haber robado una idea a un químico de menos prestigió, un Mendeleev con una personalidad que desconoceríamos en un hombre con el lugar que tiene en la historia, un Ernst Rutherford que pronunció la frase de “en la Ciencia solo hay física, lo demás es filatelia” para ganar después el premio Nobel de Química ¡Ja! Un Crick y un Watson que usaron los resultados de una mártir de la ciencia para adelantar su hipótesis de la estructura de doble hélice del ADN, grandes hombres de ciencia que creían que podría mejorarse la especie desanimando a los pobres y a los menos dotados para que se reprodujeran.  Todo al mejor estilo de un novelón Mexicano.  ¿Quién iba a creer que la Tabla Periódica, la compañera inseparable de todos los estudiantes del mundo que tienen en ella el único recurso al que pueden apelar en un examen, tendría por dentro tanto de ancho, de largo como de profundo?

Con el temor de haberlos agotado demasiado para iniciar la lectura de este maravilloso libro, les dejo finalmente una sola conclusión: no se debería volver a dar una clase de física moderna o de química sin haber leído La Cuchara Menguante.

Lo que soy yo haré que mis estudiantes de Astronomía y de Física lo lean sin falta antes de graduarse.

Recomendación final: hagan una copia de las Notas al final del libro, para que las tengan a la mano mientras lo leen.  Son 40 páginas de notas tan o mas interesantes que el contenido del libro. 

Nota mental: solo me queda una tarea, averiguar por qué el libro se llama así (La Cuchara Menguante o Disappearing Spoon en inglés).  Si alguien lo sabe deje su comentario.

Advertencia: algunos de los datos provistos en esta entrada pueden ser imprecisos.  Mi intención no era serlo completamente sino animarlos a leer el libro.  Excúsenme si he errado nombres o cifras y por favor indíquenlo en los comentarios abajo.

Actualización (Enero 9 de 2014).  Gracias a Cristiam Santa (ver comentarios abajo) por dilucidar el “misterio” del nombre del libro.  Todo el tiempo estuvo delante de mis narices y no lo ví.  Lo siento.  Lamentablemente una búsqueda trivial en el libro de la palabra “cuchara” no funciona.  La palabra que aparece rodeando el truco del Galio en la página 63 es “cucharilla”  ¡Les fallé como investigador literario y como científico!

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