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Un Científico es de donde lo Cuidan

Siguiendo la lógica de los medios de comunicación, Colombia tiene dos o tres científicos que si no han estado a punto de ganar el premio Nobel podrían ganárselo en un par de años.  La triste verdad es que tecnicamente ninguno de esos colombianos es realmente un “científico colombiano”

“#Definición: Un científico es del país dónde financien sus ideas más alocadas. Lo demás es un injusto orgullo de la cuna que lo despreció” 
Diciembre 28 de 2013
http://bit.ly/trino-casa-cientifico

“No den al Gobierno Colombiano méritos que no tiene: ni Llinas, ni Ana María Rey son científicos colombianos. Los paga el Gobierno Americano” 
Diciembre 28 de 2013
http://bit.ly/trino-llinas-rey

Por estos días fue muy popular en las redes sociales la noticia de que Ana María Rey, egresada del Departamento de Física de la Universidad de los Andés y quién hoy ostenta una posición de profesora en la Universidad de Colorado en Boulder, Estados Unidos, había sido seleccionada en un exclusivo grupo de 102 científicos jóvenes que fueron honrados por la Casa Blanca por sus brillante carrera.

La noticia se produjo alrededor de los mismos días en los que estaba leyendo una entrevista que la Revista Bocas del diario El Tiempo le hizo al Doctor Rodolfo Llinás (y que a propósito recomiendo leer a todos en este enlace) Para quienes no lo conocen (en Colombia es una “celebridad”) Llinas es Director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York, autor del best-seller “El Cerebro y el Mito del Yo”, de familia catalana, nacido y educado (durante el pregrado en Medicina) en la ciudad de Bogotá.

Con Rey y Llinas, Se me vino también a la cabeza la Doctora Nubia Muñoz, Científica Emérita de la Unidad de Estudios de Campo de la Agencia Internacional de Investigacion del Cáncer (Lyon, Francia).  De origen Colombiano y formación en pregrado y posgrado (?) en la Universidad del Valle, la Doctora Muñoz estuvo en el partidor del Nobel de Medicina en 2008 por sus investigaciones de campo sobre la relación entre el cáncer de cuello uterino y el Virus del Papiloma Humano.

Tanto Rey como Llinas y Muñoz son presentados normalmente (especialmente por la prensa) como eminentes “científicos colombianos” que dejan muy en alto el nombre de nuestro país en comunidades normalmente dominadas por expertos de otras latitudes.  Nos llenamos la boca diciendo que una “colombiana” estuvo nominada al premio Nobel de medicina, que un colombiano es posiblemente uno de los neurocientíficos más sobresalientes del mundo y que una uniandina es una genio de la física “criolla” que ha revolucionado el estudio de los “átomos ultrafríos”.  Todo es verdad, excepto por el hecho de que ninguno de ellos es tecnicamente un “científico colombiano”.  El hecho de que hayan hecho sus primarias en Colombia (el pregrado es la primaria en el mundo de las ciencias) y que les haya tocado montar en esos colectivos colorinches de nuestras capitales cuando eran unos “nerds” inquietos, no los convierte automáticamente en Científicos de Colombia.

No.  Para ser un científico colombiano (lo que actualmente no se le desea ni a un referee sesgado) es necesario haber pasado por algunas vicisitudes bien conocidas por la fauna científica criolla.  Se debe, por ejemplo, haber recibido una calificación de 97/100 en un proyecto de investigación casi perfecto y no haber obtenido financiación porque otros 25 proyectos en áreas mas “pertinentes” (no me hagan mencionarlas siquiera) recibieron 100/100 de revisores de dudosa reputación.  O por ejemplo se requiere haber formado estudiantes de maestría y doctorado que trabajaban 3/4 de tiempo como profesores de cátedra en Universidades privadas para pagar sus onerosas matrículas de posgrado (porque en Colombia existen los pregrados públicos pero todos los posgrados son privados).  O tal vez haber estado 1 año en una lista de elegibles de Colciencias para salir descalificado en el último momento.  El científico colombiano asiste cada vez que puede a una conferencia internacional e incluso debe suplicar por ayuda de sus instituciones para que paguen en caso de que lo inviten.  Todo sin mencionar el hecho de que al científico colombiano le toca luchar contra los sesgos naturales del mundo científico que ven con recelo investigaciones realizadas en medio de las montañas de Colombia en lugar de las planicies heladas de Massachusetts.  Al científico Colombiano no lo afecta tener un apellido impronunciable en el mundo anglosajón o teutón y que se remonta claramente a saqueadores de la corona española, Pinzón, González, Muñoz.   Lo afecta no tener una afiliación de rancio abolengo ni estar emparentado científicamente con un Big Name.

No es que la vida de los científicos americanos como Llinás o Rey o de los franceses como Muñoz sea fácil.  Ellos tienen también grandes dificultades que superar.  Por ejemplo, tienen que ser extremadamente buenos en lo que hacen para sobresalir en una multitud de otros genios venidos de todas partes del mundo.   Tienen que hacer cosas realmente grandiosas e impactantes para recibir apoyos financieros multimillonarios.  Tienen que elevar el prestigio de sus instituciones hasta las nubes, ganar premios y formar muchos estudiantes de posgrado (todos becados) ¡Que vida tan difícil! ¡Ya se la soñaría cualquier científico colombiano decente!

No podemos darle el gusto al Gobierno Colombiano, que poco ha hecho en la ya larga historia de las Ciencias Básicas en el país por garantizar un nivel decente de financiación para la ciencia, ni a las mismas Universidades de las que se graduaron estos ilustres científicos, de que se vanaglorien por el logro de profesionales que han sido pagados por gobiernos e instituciones con la visión suficiente para entender que invertir en la ciencia es tan importante como mantener uno de los ejércitos más grandes del mundo (es paradójico que el país con el ejercito más grande, en cambio, si deje un poco para mantener un alto nivel de desarrollo científico)

Ahora bien.  Una cosa es una Pelota Negra y otra una Negra en Pelota.  Una cosa es un “Científico Colombiano” y otra un “Colombiano Científico”.  Decir que estos tres destacados profesionales no son Científicos Colombianos no significa decir que no sean Colombianos de los que nos sentimos muy orgullosos todos sus compatriotas ¡ni más faltaba!  Tampoco quiere decir esto que no hayan verdaderos Científicos Colombianos (en el sentido técnico de la palabra).  Los hay, y muchos son realmente destacados (algunos incluso no nacieron en Bogotá, Medellín o Cali, así como Llinas tampoco nació en Nueva York ni Muñoz en Lyon).  Que los conozcan los medios, tal vez no.  Que los premie la Casa de Nariño, muchos menos.   Nuestras Universidades están llenas de ellos.  Gente que se quiebra la espalda tratando de sostener una reputación científica de nivel internacional con los centavos que el Gobierno les suelta para investigación.  Profesionales que, si bien ganan un salario extremadamente decente para el estándar Colombiano, tienen que hacer milagros para garantizarse un estudiante de posgrado de tiempo completo (cuyo salario cuesta mucho más de lo que el científico colombiano podría pagar con sus ahorros) o para conseguir financiación para los equipos que necesita para estar a la vanguardia de su propia disciplina.

Debo admitir también que soy consciente del hecho que entre los propósitos de resaltar las carreras de estos profesionales esta el de animar a las nuevas generaciones a seguir sus pasos.  Esforzarse más allá de sus límites para hacer carreras que en Colombia todavía tienen “mala reputación” entre sus familiares (¿física? ¿astronomía?) para que algún día logren sobresalir y ser valorados como los genios que pueden ser en países donde la ciencia si es importante.  Sin embargo, ahora mientras lo escribo me doy cuenta que tampoco esa es una buena justificación.  ¿Qué esperanza tiene un joven genio que sabe que para poder ser destacado, para hacer grandes cosas y cumplir sus sueños más alocados, debe dejar su país y vivir como inmigrante por el resto de su vida?

Si Colombia quiere a una Ana María Rey, a un Rodolfo Llinás o a una Nubia Muñoz, firmando sus papers con afiliaciones Colombianas debe mandarse la mano al bolsillo.  Debe cambiar el sistema educativo (especialmente a nivel terciario) y el político por ahí derecho y obviamente las leyes que determinan cuánto se destina a la investigación básica.  Debe invertir en las cosas más inútiles de la ciencia, un acelerador de partículas, un laboratorio de nano ciencias o uno de bajas temperaturas, una estación antártica, un supercomputador para hacer desde simulaciones cosmológicas hasta modelos climáticos a 100 años, un satélite con una carga útil científica, un observatorio astronómico o un radiotelescopio.  Todo esto, que es considerado por nuestros políticos y por el 95% de los Colombianos, un despilfarro miserable de recursos públicos es lo único que nos haría una sociedad preparada para resolver los problemas no de hoy sino del próximo siglo.

Antes de que eso pase me seguiré avergonzando cada vez que alguien diga que Rey, Llinás o Muñoz son Científicos Colombianos.

Actualización.  En el número de la Revista Semana del 5 de enero de 2014 se publica una lista muy interesante de 30 colombianos destacados con menos de 30 años.  ¡Aplaudo la iniciativa! Los jóvenes necesitan este tipo de exposición y reconocimiento muy temprano y no cuando sus carreras ya se han consolidado y quienes los premian son sus propios estudiantes.  Me sorprendió, sin embargo, descubrir que entre los únicos dos personajes con una relación directa con la ciencia, uno de ellos no solo no es un Científico Colombiano, en el sentido explicado aquí, sino que, me atrevería a decir seguro es también ciudadano Inglés (puedo equivocarme).  ¿No pudieron encontrar a un joven destacado en la Ciencia en Colombia? ¿será que no existe?  El personaje del que les hablo es el candidato a Doctor Gabriel Villar.  No lo conocía y naturalmente admiro sus logros.  Pero Gabriel estudio el bachillerato, el pregrado , la maestría (?) y esta haciendo el doctorado en el Reino Unido.  ¿Son estos los científicos Colombianos de los que nos debemos sentir orgullosos? Acaba de publicar un paper en la prestigiosa revista Science con sus colaboradores en la Universidad de Oxford y eso lo hace mejor, según la revista Semana, que todos los Profesores Jóvenes y estudiantes de Doctorado brillantes que conozco y están vinculados a la Universidad Nacional, la Universidad de Antioquia, la Universidad del Valle o la Universidad de los Andes.  La otra persona destacada en la lista es Vanessa Restrepo, una brillante joven paisa que ha cosechado, aún sin terminar sus estudios universitarios de pregrado, impresionantes logros científicos en el exterior.  Esperemos que Colombia tenga la visión para que Vanessa haga sus patentes y publique sus futuros Natures con una dirección que diga “Cra. X, No. N-M, Medellín (Colombia)” (o de cualquier otra ciudad que le alcahuetee sus más alocadas iniciativas)

Actualización, Enero 14 de 2013.  Mary en su comentario abajo aclara que el Doctor Rodolfo Llinás fue Director del Departamento de Fisiología y Neurociencia de la Universidad de Nueva York hasta el 2012.  Muchas gracias.

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